Ago 25 2004
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Sociedad

Historia: los que liberaron París y murieron callados

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Con 60 años de retraso, Francia rinde -por fin- un homenaje oficial, hoy 25 de agosto, a los anarquistas, socialistas revolucionarios y republicanos españoles que fueron los primeros en entrar en el París ocupado y lanzar el llamamiento a la sublevación popular contra el invasor nazi.

Se trata de una de las páginas más memorables, desconocidas y manipuladas de la historia de la liberación de Francia y su capital. Porque los primeros protagonistas de esa batalla fueron anarcosindicalistas de la CNT, anarquistas de la FAI, trotskistas del POUM, catalanistas independientes, socialistas y antiguos miembros de la Columna Durruti.

A muchos de ellos, el Frente Popular los había encerrado en campos de concentración, de donde fueron liberados para convertirse en mano de obra barata, antes de entrar en la resistencia contra el ejercito nazi.

Liberados o fugados de los campos de Saint-Ciprien o Argelés, muchos de los refugiados españoles se enrolaron en la Resistencia, en los maquis de la Ariège, Glières o Vercors. Otros fueron enrolados voluntaria o involuntariamente en la Legión Extranjera.

El gobierno de Vichy, colaborador del III Reich, deportó a Argelia a muchos de ellos. Cuando el general De Gaulle, tras su llamamiento de 1940, comenzó a organizar un ejército: las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), los refugiados españoles estuvieron en la primera línea: en el maquis y en la histórica jornada del desembarco aliado del 6 de julio de 1944.

Eisenhower y De Gaulle reconocieron la identidad española de los refugiados reconvertidos en soldados no del todo regulares. Y la gran mayoría de ellos fueron reagrupados en la II División Blindada, de la que estaba al mando el general Leclerc, a las órdenes superiores de Patton (III ejército) y Hodges (I ejército).

Mayor eficacia operativa

Con el fin de dar a las tropas de la II división la mayor eficacia operativa, se creó una unidad especial, la Novena compañía, la «Nueve», en el argot de la leyenda, donde la lengua oficiosa si no oficial y las órdenes se cursaban en español.

Al frente de la Novena estuvo el famoso capitán Dronne, quien rindió un cálido homenaje a los españoles de la Nueve, en sus Memorias: “Eran hombre muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española”.

Cubierto por De Gaulle, desobedeciendo a Eisenhower, es Leclerc quien decide entrar el primero en París, precedido por las tropas españolas de su Novena Compañía.

La Nueve entró la primera en París equipada con once “half-tracks” (auto orugas blindados, de gran movilidad) que se llamaban, Guadalajara -el primero que llegó- Brunete, Ebro, Santander, Belchite, Jarama, Teruel, Guernica, Madrid, España cañí y Don Quijote.

Se trataba de una operación riesgosa: lanzar la liberación de París, cuando el comandante en jefe de las tropas aliadas, el general Eisenhower, todavía temía el riesgo de la resistencia alemana.

En el Hôtel de Ville, sede oficial de la alcaldía, los hombres de la CNT, la FAI y la UGT, con cascos del ejército estadounidense, uniformes de las FFI e insignias de la España republicana, son recibidos a las 9.22 de aquella noche del 24 de agosto de 1944 por Léo Hamon, miembro del Consejo Nacional de la Resistencia, que guarda de ellos un recuerdo emocionado: “Hablaban muy mal el francés, con mucho acento. Eran los republicanos españoles de la división Leclerc”.

Antes de irse a dormir, Hamon todavía tuvo tiempo de escuchar a los españoles cantando sus himnos de batalla, “¿A las barricadas!”, el himno oficial de la CNT-FAI, y “¿Ay Carmela!”, la histórica canción ligada a la batalla del Ebro, de la Guerra Civil.

Los gaullistas y comunistas que escribieron las primeras historias, cambiaron los nombres de los blindados que habían comenzado la liberación de París, sustituyéndolos por nombres franceses. Sus nombres primeros fueron rigurosamente silenciados, suprimidos. Su aporte a la liberación de Francia, tachada.

Algunos (de aquellos guerreros) regresaron a España, donde murieron olvidados de unos y otros. La mayoría murió en el exilio.

Sesenta años después la alcaldía de París les rinde un primer homenaje: la inauguración de una placa conmemorativa, con la fecha y el trayecto recorrido por los españoles que estaban a las órdenes del capitán Dronne.

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* Este artículo fue tomado del sitio en la internet de la Confederación General del Trabajo española (C.G.T.): www.cgt.es.

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