Jun 12 2012
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Sociedad

Informe ONU: la infancia en el mundo este año de 2012 (IV)

Los niños que viven en condiciones de pobreza en las ciudades tienen todos los privilegios civiles, políticos, sociales, culturales y económicos que reconocen los protocolos internacionales de derechos humanos. Pero son ellos —las niñas y los niños con mayores y urgentes necesidades— quienes padecen, indefensos, las mayores violaciones de esos derechos.| GISELA ORTEGA.*

 

De esos derechos, el que ha sido ratificado más rápida y ampliamente es la Convención sobre los Derechos del Niño: las y los niños tienen derecho a sobrevivir; a desarrollarse plenamente; a estar amparados contra el abuso, la explotación y la discriminación: y a participar plenamente en la vida familiar, cultural y social. Estas facultades están salvaguardadas al referirse a los compromisos en materia de atención de la salud, la educación y protección jurídica, civil y social.

 

Pero… las y los chiquillos con las mayores necesidades son los que afrontan las mayores violaciones de sus derechos. Los más pobres y vulnerables usualmente quedan excluidos del progreso, y además resulta muy difícil llegar a ellos.

 

Más de un tercio de la natalidad que tienen lugar en las zonas urbanas del mundo entero dejan de inscribirse, y aproximadamente la mitad de los niños de las urbes de África subsahariana y Asia meridional carecen de certificado de nacimiento. Esto constituye una violación al Artículo 7º de la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

La invisibilidad que se deriva de la falta de un documento de origen o de una identidad oficial acentúa enormemente la posibilidad que los menores sean víctimas de diversas modalidades de explotación: desde ser reclutados por grupos armados, hasta verse forzados a contraer matrimonio a temprana edad o trabajar en condiciones peligrosas.

 

Un niño que tiene problemas con la justicia y que carece de registro puede ser tratado y castigado por el sistema judicial como si fuera un adulto. E incluso para los chicos que no tienen esta clase de problemas puede resulta imposible acceder a servicios vitales y a otro tipo de oportunidades, como la educación.

 

Obviamente, contar con un acta de nacimiento no garantiza el acceso a los servicios ni a la protección contra los abusos. Pero las obligaciones que se desprenden de la Convención pueden pasarse fácilmente por alto cuando asentamientos enteros parecen no existir, y la gente puede ser despojada de los derechos que otorga la ciudadanía porque carece de comprobantes de identificación.

 

Violaciones de derechos

 

Entre las violaciones más generalizadas a los derechos de la infancia están las condiciones de vida inadecuadas. Carecer de una vivienda decente y segura, así como los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento, se suma a las ya difíciles circunstancias que los niños encaran para sobrevivir y avanzar en la vida. Los esfuerzos realizados para mejorar las condiciones de existencia no se corresponden con la magnitud y la gravedad del problema.

 

Hay pruebas de que más infantes carecen de alojamiento y servicios de higiene que de alimento, educación y atención a la salud; y de que el saneamiento deficiente, la falta de ventilación, el hacinamiento y la poca luz natural —común en los hogares más pobres que residen en las ciudades— son responsables de muchas enfermedades infantiles crónicas.

 

La verdad es que muchos niños y familias que residen en barrios marginales de las capitales de países de bajos ingresos están lejos de ver cumplidos sus derechos a “una vivienda adecuada para todos” y al desarrollo de asentamientos humanos sostenibles en un mundo en proceso de urbanización, consagrados en la Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos, o el Programa Hábitat, de 1996.

 

Dado que los jóvenes tienen derecho a sobrevivir, a recibir una atención sanitaria apropiada y a gozar de un nivel de vida que contribuya a su pleno desarrollo, se requieren condiciones ambientales que favorezcan la realización de esas prerrogativas.
No es posible hacer efectivo el derecho al juego sin un lugar seguro para jugar, y es imposible disfrutar de una buena salud en un entorno contaminado.

 

Este punto de vista ha recibido apoyo de tratados y declaraciones como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; el Programa Hábitat; el Programa 21 y el plan de acción adoptado en el marco de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992.

 

Entre otras entidades, el Centro por el Derecho a la Vivienda y Contra los Desalojos documenta el conjunto de atributos relativos a la vivienda y la desproporcionada vulnerabilidad de los niños a la violación de estos derechos. En los últimos años, la programación práctica destinada a hacer efectivos los derechos de la infancia se centró en lograr los Objetivos del Milenio, pues todos tienen importantes implicaciones para los niños pobres que viven en las metrópolis.

 

Unas de las metas de los Objetivos del Milenio —garantizar la sostenibilidad del medio ambiente— se enfoca concretamente en mejorar, para 2020, las condiciones de vida de al menos 100 millones de habitantes de los cuartuchos de todo el mundo, lo que representa apenas un pequeño porcentaje de las personas que viven en barrios marginales a nivel mundial. La meta no considera el permanente aumento en el número de tugurios y de habitantes en estos barrios marginales.

 

La salud

 

De conformidad con el Artículo 6º de la Convención sobre los Derechos del Niño, los Estados partes se comprometen a “garantizar en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”, mientras que el Artículo 24º trata sobre el derecho que asiste a las y los niños a “disfrutar del más alto nivel posible de salud y a acceder a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud”, exhorta a “asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios”.

 

El informe Estado mundial de la Infancia 2012, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas, UNICEF, señala: en 2010 fallecieron casi ocho millones de niños que no habían llegado a su quinto cumpleaños, sobre todo a causa de la neumonía, diarrea y complicaciones durante el parto”.

 

Algunos estudios revelan que los menores que viven en asentamientos urbanos improvisados son especialmente vulnerables. En los lugares donde la concentración de pobreza extrema se combina con servicios inadecuados, como ocurre en los barrios de tugurios marginales, las tasas de mortalidad infantil son altas.

 

Investigaciones efectuadas en Nigeria han indicado que vivir en zonas urbanas desfavorecidas desde el punto de vista socioeconómico incrementa la tasa de fallecimiento entre los niños menores de cinco años, incluso después de ajustar los datos a factores como los ingresos y la educación de las madres. Según e desprende de encuestas a hogares realizados en Bangladesh, en 2009, la mortandad de niños menores de 5 años en los tugurios es un 79% más alta que la tasa urbana global, y en un 44% más alta que la tasa rural.

 

Aproximadamente dos tercios de los habitantes de Nairobi, Kenya, viven hacinados en asentamientos improvisados, y la tasa de muerte entre los menores de 5 años es alarmante: 151 por cada 1.000 nacidos vivos. La neumonía y las enfermedades diarreicas se cuentan entre las principales causas de defunción.

 

Los servicios deficientes de agua y saneamiento, cocinar con combustibles peligrosos en espacios mal ventilados, vivir en condiciones de hacinamiento y tener que pagar por los servicios de salud, lo que indudablemente los pone fuera del alcance de los pobres, son algunas de las causas profundas de las defunciones de los menores de 5 años.

 

En países de altos ingresos también se observan disparidades con respecto a la supervivencia infantil. En ciudades grandes de los Estados Unidos, el nivel de ingresos y el origen étnico inciden —y coinciden— considerablemente en este aspecto.

 

Inmunización y vacunas

 

Todos los años se evitan alrededor de 2.5 millones de muertes de niños menores de 5 años gracias a la vacunación contra el sarampión, la difteria, el tétanos y la tos ferina (vacuna DTP). La cobertura mundial está mejorando; de hecho, en 130 países se ha logrado administrar las tres dosis básicas de la vacuna DTP al 90% de los chiquillos de un año. Pero falta mucho por hacer.
En 2010, más de 19 millones de pequeños dejaron de beneficiarse de estas dosis básicas de la vacuna DTP.

 

Los niveles bajos de inmunización contribuyen a que se presenten con mayor frecuencia brotes de enfermedades que se pueden prevenir por medio de la vacuna, en comunidades que ya son vulnerables a causa de su alta densidad demográfica y de la constante irrupción de nuevos agentes infecciosos.
La insuficiencia de servicios, los bajos niveles educativos de los progenitores, y la falta de información sobre las ventajas de la vacunación figuran entre las principales causas de la baja cobertura entre los y las niñas de tugurios tan diversos como los de la zona occidental de Uttar Pradesh, en la India, y los de Nairobi, en Kenya.

 

Salud materna y neonatal

 

En 2008, más de 350.000 madres perdieron la vida durante el embarazo y el parto, y todos los años un número mucho mayor de mujeres sufren lesiones como la fistula obstétrica, que puede llegar a afectarlas durante toda la vida y condenarlas al ostracismo.

 

La mayoría de las que mueren o resultan gravemente lesionadas durante el embarazo o el parto viven en África subsahariana y Asia, y la mayor parte de esas muertes son resultados de hemorragias, presión arterial alta, abortos practicados en condiciones de riesgo o sepsis. Sin embargo, muchas de estas lesiones y muertes se pueden evitar si las madres gestantes son atendidas por trabajadores sanitarios capacitados, si se dispone de equipos y suministros apropiados, y si las progenitoras tienen acceso a servicios obstétricos de urgencia.

 

En los entornos urbanos es relativamente fácil encontrar clínicas de maternidad y servicios obstétricos de urgencia. No obstante, la utilización de ellos es menor en los barrios más pobres, aparte de que no cuentan con suficientes centros de salud ni personal calificado para atender los partos. Los servicios de salud para los pobres que viven en las ciudades suelen ser de inferior calidad, lo que frecuentemente obliga a la gente a recurrir a personal sanitario sin la debida capacitación, o a pagar un sobrecosto para recibir la atención, como comprobaron estudios efectuados en Bangladesh, la India, Kenya y otras naciones.

 

Lactancia materna

 

La lactancia materna se recomienda durante los primeros seis meses de vida para satisfacer las necesidades nutricionales de los bebes y reducir la mortalidad neonatal hasta un 20%. Las madres del medio urbano tienen menos probabilidades de amamantar a sus hijos que las del medio rural, y más probabilidades de destetarlos prematuramente cuando los alimentan con leche materna.

 

Un análisis de los resultados de las encuestas demográficas y de salud realizadas en 35 países mostró que el porcentaje de niños alimentados con leche materna era menor en las zonas urbanas. Las bajas tasas de lactancia natural se pueden atribuir, en parte, al desconocimiento de la importancia de esta práctica, y al hecho de que a las mujeres pobres que viven en las metrópolis y trabajan fuera del hogar se les dificulta amamantar a sus hijos.

 

Nutrición

 

La pobreza y la desnutrición infantil parecen estar trasladándose gradualmente de las zonas rurales a las urbanas, pues el número de personas pobres y desnutridas aumenta con más rapidez en las ciudades que en el campo. El hambre, una clara manifestación del fracaso de la protección social, es difícil de aceptar, sobre todo cuando se ensaña con los niños. Pero incluso las personas mejor alimentadas —las que ingieren suficientes calorías para poder desempeñar eficientemente sus actividades diarias— pueden sufrir de “hambre oculta” o malnutrición por carencia de micronutrientes. Esto puede deberse a insuficiencia de vitamina A, hierro y zinc, provenientes de las frutas, la legumbres, el pescado y la carne. Sin estos micronutrientes, los pequeños corren más peligro de muerte, ceguera y retraso en el crecimiento, además de que su coeficiente intelectual puede verse afectado.

 

La brecha nutricional entre los medios rural y urbano se ha reducido en las últimas décadas, esencialmente porque la situación ha empeorado en las capitales. De acuerdo con un estudio realizado en África subsahariana, en 2006, las deficiencias en alimentación infantil entre las comunidades de las urbes ricas y pobres eran más acentuadas que entre las ciudades y el campo.

 

A nivel mundial, la desnutrición contribuye a más de un tercio de las defunciones de niños y niñas menores de 5 años. Además, tiene múltiples consecuencias a corto y largo plazo, como retraso en el desarrollo mental, mayor riesgo de padecimientos infecciones y susceptibilidad a sufrir enfermedades crónicas en la edad adulta.

 

En los países de bajos ingresos, la desnutrición infantil casi invariablemente es producto de la pobreza, que se caracteriza por la precaria condición social y económica de la familia, las condiciones de la vivienda y las ambientales, y el limitado acceso a los alimentos, el agua potable y la atención de salud. En varios países, la prevalencia de retraso en el crecimiento es igual, o mayor, entre los niños más pobres de las zonas urbanas que entre los chiquillos del campo.

 

Los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud Familiar que se llevo a cabo en ocho ciudades de la india, entre 2005 y 2006, revelaron que los niveles de desnutrición en las metrópolis seguían siendo sumamente altos. Al menos un 25% de las y los niños menores de 5 años presentaban retraso en el crecimiento, lo que indicaba que habían sufrido de desnutrición durante algún tiempo.

 

Se encontró que los bajos ingresos incidían de manera significativa en este problema. Entre la cuarta parte de los residentes capitalinos más pobres, un 54% de los niños acusaban un retraso en su crecimiento y un 47%, peso inferior al normal, en comparación con un 33% y un 26% respectivamente, entre el resto de la población urbana. Las mayores diferencias se observaron en la proporción de niños con peso inferior al normal que vivían en barrios marginales y no marginales de Indore y Nagpur.

 

En 2006, una investigación sobre las desigualdades en la condición nutricional de los niños de Angola, la Republica Centroafricana y el Senegal determinó que, al hacer una sencilla comparación entre las ciudades y las áreas agrarias, la prevalencia de retraso en el crecimiento era significativamente alta en el campo. Sin embargo, cuando las poblaciones urbanas y rurales se estratificaron utilizando una medida de la riqueza, desaparecieron las diferencias en la prevalencia de retraso en el crecimiento y de peso inferior al normal entre ambas regiones

 

Un estudio en 10 países de África subsahariana realizado en 2004 concluyó que la proporción de la población urbana con deficiencia proteico-calórica superaba el 40% en casi todos los países, y que era superior al 70% en tres, a saber: Etiopia, Malawi y Zambia.

 

En el extremo opuesto del espectro nutricional, la obesidad afecta a niños de las metrópolis de países de altos ingresos, y cada vez más, de naciones de bajos y medianos ingresos; el sedentarismo, combinado con una dieta rica en grasas saturadas, azúcares refinados y sal, aumenta el riesgo de que los chiquillos sufran de obesidad y de enfermedades crónicas como diabetes, cáncer y cardiopatías.

 

Fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)
——
* Periodista.
La entrega anterior aquí, donde se encontrará el enlace a la entrega anterior.

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