Jun 25 2012
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Sociedad

Informe ONU: la infancia en el mundo este año de 2012 (V)

Los niños de las comunidades urbanas de bajos ingresos padecen en grado sumo por la contaminación del aire, incluyendo infecciones respiratorias, asma y saturnismo. También son los más explotados. Todos los años la descomposición del aire en recintos cerrados ocasiona cerca de dos millones de fallecimientos entre los menores de 5 años, y casi la mitad se debe a la neumonía. Mientras que en los espacios abiertos: 1.3 millones de muertes de niños y adultos.| GISELA ORTEGA.*

 

En Nairobi, Kenia, un estudio de 2005, descubrió que la exposición crónica a agentes contaminantes en las metrópolis había contribuido en más del 60% de todos los casos de enfermedades respiratorias que se registraron entre los chiquillos que vivían en dichas zonas.

 

Otras investigaciones efectuadas en los Estados Unidos han demostrado que los habitantes de las colectividades de las urbes pobres, que usualmente pertenecen a minorías raciales, están expuestos crónica y desproporcionadamente a altos niveles de toxinas del aire.

 

Accidentes de tráfico
El tráfico vehicular también constituye una amenaza para los niños, que se intensifica cuando no existen lugares seguros para jugar ni infraestructura para los peatones, como aceras y cruces adecuados.

 

La Organización Mundial de la Salud calcula que 1.3 millones de muertes anuales se pueden atribuir a lesiones derivadas de accidentes de tráfico. La principal causa de fallecimiento a nivel mundial entre los habitantes de 15 a 29 años de edad, y la segunda entre las personas de 5 a 14 años.

 

VIH y sida
Informes recientes señalan que ha disminuido el número de nuevos casos de infección por el VIH entre los niños, gracias a que ha mejorado el acceso a los servicios de prevención de la transmisión del virus de la madre al niño durante el embarazo, el trabajo de parto, el alumbramiento y la lactancia.

 

Se estima que en 2010, el número de nuevos casos de transmisión por el VIH entre los niños equivalió a una cuarta parte de los casos registrados en 2005. Pero a pesar de estos avances, en 2010 resultaron contagiados, todos los días, alrededor de 1,000 bebes, a causa de la transmisión de madre a hijo.

 

Adicionalmente, en 2010 se contaminaron diariamente casi 2.600 personas entre los 15 y 24 años. Las principales causas fueron las relaciones sexuales sin protección, y el uso de drogas inyectadas en condiciones pocos seguras.

 

A nivel mundial, en 2010 vivían con el VIH unos 2.2 millones de jóvenes de 10 a 19 años, la mayoría ignorantes de su situación respecto al virus. Durante el periodo de transición a la adolescencia, muchos de ellos carecieron de información, tratamiento, atención y apoyo, incluyendo servicios de prevención y de salud sexual y reproductiva apropiados para su edad.

 

Por lo general, la prevalencia del VIH sigue siendo más alta en las capitales. Al parecer, las niñas adolecentes y las mujeres corren más riesgo de infectarse debido a la pobreza, que obliga a muchas a dedicarse a la prostitución y las expone a una mayor incidencia de explotación y uniones sexuales forzadas.

 

En 2010, un examen de las estimaciones de más de 60 países reveló que la tasa de infección por el VIH se había estabilizado o había disminuido en la mayoría de esas naciones, incluyendo a las más afectados, pero se había incrementado en más de un 25% en siete: Armenia, Bangladesh, Filipinas, Georgia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. En esos países, la epidemia se concentra en las personas que usan drogas inyectadas y se involucran en relaciones sexuales pagadas y, específicamente, en los varones que tienen relaciones íntimas con hombres.

 

Los jóvenes constituyen una proporción significativa de las poblaciones afectadas. En Filipinas y Kazajstán representan el 26% y el 29%, respectivamente, de todas las personas mayores de 15 años que viven con el VIH. En la mayoría de estos casos, la infección es consecuencia de una cadena de factores adversos que se remontan a la infancia: violencia, explotación, abuso y abandono; en otras palabras, fallas en la protección y en la atención.

 

Una investigación en 2009 sobre los adolescentes que vivían en las calles de cuatro ciudades de Ucrania determinó que más del 15% utilizaban drogas inyectadas y casi la mitad compartían las jeringas; que más o menos un 75% eran activos sexualmente y la mayoría se habían iniciado antes de los 15 años; que cerca del 17% de los niños adolescentes y el 57% de las niñas habían recibido pago por tener contactos eróticos; y que más del 10% de los niños y más del 50% de las chiquillas se habían visto forzados a uniones sexuales.

 

A pesar de estas indiscutibles vulnerabilidades, los jóvenes que están más expuestos a infectarse con el VIH casi siempre son los que más probabilidades tienen de quedar excluidos de los servicios. El estigma social o los obstáculos derivados de las políticas y las leyes les impiden muchas veces acceder a los servicios de prevención.

 

Salud mental
Vivir en las ciudades también puede tener un costo sobre la salud mental de los niños y adolescentes, sobre todo los que residen en los barrios pobres y están expuestos a la violencia y el uso de drogas y otras sustancias ilegales. Los y las menores que moran en condiciones de estrechez en las metrópolis experimentan niveles de depresión y angustia más altos que el promedio de la población urbana. Según un análisis de los determinantes sociales de la salud en los Estados Unidos, los niños de los vecindarios más necesitados presentan más dificultades emocionales y de comportamiento.

 

Varios estudios han señalado que los problemas de salud mental durante la infancia y la adolescencia pueden afectar seriamente el crecimiento y el el desarrollo, el rendimiento escolar y las relaciones familiares y entre pares, además de incrementar el riesgo de suicidio. Un factor al cual los niños y los observadores a menudo atribuyen la causa de la aflicción mental es el estigma de ser vistos como hijos de los más pobres y marginados.

 

Las y los pequeños, y adolescentes que residen en las ciudades tienen más fácil acceso al alcohol y las drogas ilícitas que los que viven en el campo. Muchas veces recurren a estas sustancias para poder afrontar el estrés o para escapar del ocio y la frustración de no tener empleo ni oportunidades recreativas como deportes y clubes juveniles.

 

Protección
En virtud del Artículo 19º de la Convención sobre los Derechos del Niño, los Estados partes se comprometen a “tomar las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra todas las formas de violencia física o mental, lesiones o abuso, descuido o trato negligente, malos tatos o explotación, incluyendo abuso sexual, perpetrados por los progenitores, los tutores legales o cualesquiera otras personas encargadas de su cuidado”.

 

El Artículo 32º reconoce el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y los trabajos peligrosos. El Artículo 34º se refiere a la explotación sexual y el Artículo 35º, a la trata.

 

Se constata que casi 2.5 millones de personas están sometidas a trabajos forzosos como resultado de la trata, y entre el 22% y el 50% son niños y niñas. La prostitución de chiquillos a menudo se oculta, se niega o se ignora, lo que dificulta la obtención de datos confiables.

 

Algunas formas tienen lugar primordialmente en las zonas urbanas; por ejemplo: con fines de trabajo sexual y la que se enfoca en los y las menores que viven o trabajan en las calles de las ciudades. Muchos niños de las zonas rurales son víctimas de traficantes que los trasladan a las metrópolis.

 

Un estudio de 2001 sobre las niñas de 9 a 17 años victimas de explotación sexual en las principales ciudades de la Republica Unida de Tanzania constató que muchas habían sido objeto de la prostitución desde el interior del país. Algunas habían sido colocadas como trabajadoras domesticas y sufrido abuso en los hogares de sus empleadores; otras habían sido objeto de trata directamente con fines de meretricio, o contratadas para este fin por muchachas en su misma situación.

 

Otra investigación indica que la mayoría de las niñas víctimas de la trata son obligadas a ejercer como trabajadoras sexuales en las urbes más importantes de la India, como Mumbai, Delhi y Kolkata. En las ciudades de Bangladesh, muchísimos niños y niñas son explotados en burdeles y mercados sexuales callejeros.

 

En Europa del Este, las y los menores con edades comprendidas entre los 13 y 18 años están expuestos a la trata. Hay pruebas de que la pobreza, el alcoholismo, la disfuncionalidad familiar, el uso indebido de drogas, el abuso sexual y la violencia domestica intensifican la vulnerabilidad de los adolescentes y de que los que se encuentras descolarizados, en las calles o internos en instituciones también están en alto riesgo.

 

Los jóvenes de ambos sexos que carecen de certificado de nacimiento o de registro oficial, incluyendo a los refugiados y desplazados internos, corren grave peligro de ser objeto de trata. Igualmente se cuentan entre los más difíciles de rastrear por pare de las autoridades, por lo cual es casi imposible brindarles protección. En muchos países se han adoptado planes nacionales de acción para combatirla, pero la falta de información estadística confiable sigue constituyendo un grave obstáculo, y la mayor parte de los datos se refieren únicamente a la trata transfronteriza de niñas y mujeres con fines de explotación sexual.

 

Trabajo infantil
Aún cuando no sean victima de la trata, muchos adolescentes tienen que trabajar para sobrevivir. Se estima que, en todo el mundo, 215 millones de niños y niñas entre los 5 y los 17 años laboraban en 2008, y que 115 millones lo hacían en condiciones peligrosas.

 

Las y los menores que se ganan la vida usualmente venden pequeños artículos, como trapos de toda clase, sacan brillo a los zapatos de los transeúntes, sirven en puestos callejeros de comida, venden cigarrillos en las calles, en hogares o fabricas. Sin embargo, son muchos los que se dedican a las peores formas de trabajo infantil, como oficios serviles, actividades ilícitas, lucha armada y el doméstico. Debido a que suelen ser invisibles, estas modalidades son las más difíciles de combatir.

 

El trabajo infantil en el servicio domestico es un fenómeno predominantemente urbano, puesto que los niños de las zonas rurales que trabajan normalmente desempeñan labores agrícolas, como parte de la unidad familiar y, por lo tanto, no reciben pago. Los trabajadores domésticos, en su mayoría niñas, viven aislados y sujetos a los caprichos y a la disciplina arbitraria de sus empleadores, que pueden cometer abusos contra ellos. El abuso sexual es frecuente, pero pocas veces se enjuicia a los responsables.

 

Las y los chiquillos que trabajan en casas pueden presentar trastornos psicológicos. Por ejemplo, una investigación realizada en Kenya mostró que tienen más probabilidades que los demás niños de sufrir insomnio, enuresis nocturna y depresión.

 

Los niños que viven y trabajan en las calles
Las estimaciones sugieren que decenas de millones de adolescentes de ambos sexos viven o trabajan en las calles de los pueblos y ciudades del mundo, y el número va en aumento debido al crecimiento demográfico mundial, la migración y el creciente proceso de urbanización.

 

Son muchas las razones que llevan a los jóvenes a trabajar en las vía pública. La crueldad o el abuso en el hogar o en el vecindario es la motivación de muchos, como han demostrado investigaciones efectuadas en ciudades tan diversas como Dhaka, en Blangladesh; y Moscú, en la Federación Rusia. La pobreza es un factor de peso. Mientras que el abuso, los conflictos y el descuido pueden presentarse en cualquier familia, los menores cuya pobreza y marginación les deja pocas opciones a menudo consideran las calles como la mejor alternativa para escapar de su situación.

 

Aún cuando vivir en las calles los expone a la violencia, raras veces se investiga esos delitos y pocas personas están preparadas para defender a los que sufren por esta causa. Por el contrario, en los numerosos países y ciudades donde es ilegal vagar y huir del hogar, los niños que viven o trabajan en las calles suelen ser las principales víctimas de la criminalización.

 

Investigadores, organismos nacionales y grupos internacionales de derechos humanos han informado que miembros de la policía y de las fuerzas de seguridad han abusado de ellos en todas las urbes de todo el mundo.

 

Los actos de intimidación a los cuales están expuestos los niños, así como los mecanismos que desarrollan para defenderse, dependen del género, la edad, el origen étnico y la presencia o no de discapacidad. En 2000, una investigación sobre los chicos de las calles de las ciudades de Brasil puso de manifiesto que los varones tenían más probabilidades que las pequeñas de pasar hambre y de ser víctimas de actos de terror cometidos por miembros de la policía. También determino que las chiquillas tenían menos probabilidades que los niños de pedir limosna, y más probabilidades de dormir en instituciones, en lugar de pasar las noches en las calles.

 

Otro estudio del mismo año estableció que las pequeñas tienden más que los pequeños a internalizar la violencia y que están en mayor riesgo de sufrir continuos abusos. Todo lo anterior constituye una agresión escandalosa contra los derechos de la infancia.

(Fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia – UNICEF)
——
* Periodista.
La entrega anterior de este Informe se encuentra aquí.

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