Ago 26 2005
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Opinión

Inglés en Cuba, sí; pero Bush jamás

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La nota de hoy –que será amplia pues debemos cubrir momentos de la visita a Cuba del presidente Hugo Chávez de Venezuela,– es algo así como una completa: va a tener algunos de los temas que se han ido acumulando mientras parte del equipo de Progreso Semanal y Radio Progreso Alternativa en La Habana estábamos de vacaciones.

SHAKESPEARE SÍ, BUSH NO

La TV cubana en su programación para el verano incluyó en el Canal Educativo un nuevo espacio para niños y adolescentes. Son clases de idioma inglés, presentadas de forma motivante. Mediante la música, la narración de cuentos breves y bromas de algunos payasos, Shakespeare va haciéndose asequible para los niños.

Hasta ahora la TV había presentado clases de italiano, francés e inglés para adultos. Y en la década de los 70 el ruso invadió las ondas radiales. Ahora el inglés comienza para que los pequeños vayan familiarizándose desde temprano con un segundo idioma.

“Las deben lenguas extranjeras aprenderse desde pequeño, es el momento adecuado”, dice Caridad Mendoza, maestra y madre de dos niños, un varón de 5 años y una niña de 7.

“El inglés es imprescindible para todo. El lenguaje profesional de la computación está lleno de palabras en inglés, y muchos de los mejores libros técnicos de cualquier especialidad están en ese idioma”, opina Carlos, programador de software.

Asociada con la apertura económica y el auge del turismo en la década de los 90, la matrícula en las escuelas estatales de idiomas registró una explosión, y surgieron como nunca antes las clases particulares.

“Yo he enseñado a muchachas que hoy viven en otros países, casadas con ciudadanos extranjeros”, refiere un profesor que por no tener licencia que legalice su trabajo pide el anonimato. “También he tenido alumnos que hoy día trabajan en centros turísticos y hoteles”, agrega con orgullo.

“Me he buscado la vida con mis clases, al idioma, por eso amo a Shakespeare, que no tiene nada que ver con Mr. Bush. Bueno, a lo mejor ni lo conoce”, aclara y se embarca en una larga perorata lingüístico-política que les resumo diciendo que en todos los idiomas existen palabras de odio y de amor, de agresión y de solidaridad.

La cuestión –pienso con este profesor– está en nosotros, en que las políticas que apoyemos conlleven palabras justas (justicia), palabras de amor y ternura (solidaridad, acercamiento), de inclusión (no de marginación y guerras).

EL CULO CON LAS TÉMPORAS O EL OTRO IDIOMA

América Latina es continente de muchas lenguas que utiliza el español como lengua común. Sin embargo tenemos millones de analfabetos, personas que hablan de oídas, pero no escriben; escuchan, mas, ¿entienden bien y piensan mejor lo que oyen? ¿Discriminan?

El idioma español es rico, pletórico de sinónimos y con recursos para la grandilocuencia de hermosas declaraciones (que las hay por medidas espaciales), y a la vez dispone de una estructura que permite la síntesis, imprescindible para la publicidad. Entre éstos y los grandes discursos ha transitado la historia de América Latina sobre un inmenso río de sangre. Revueltas y contrarrevueltas, momentos libertarios y frenazos espeluznantes; breves instantes de justicia, inclusión y amor, y otros muy anchos y largos de injusticia, exclusión y muerte. Y palabras para explicar esta contrapartida. ¿Ejemplos? A la mano, uno.

Recientemente Donald Rumsfeld declaró, durante su visita a Paraguay que “hay ciertamente evidencias de que tanto Cuba como Venezuela han estado involucradas en la situación en Bolivia de maneras que no ayudan” (AFP, 20 de agosto de 2005).  Propia de un comercial, esta lacónica explicación del Secretario de Defensa de los EEUU oculta realidades tremendas y es buen ejercicio de amnesia selectiva, planificada.

En 180 años de vida independiente, desde los primeros años del pasado siglo hasta hoy, Bolivia ha sufrido 189 golpes de estado –a un ritmo de 1,05 golpes anuales–, los más recientes apoyados de diversa manera por EEUU. Es una historia anterior a Chávez y a Castro, no así a los intereses imperiales; primero fue España, la conquista y las minas de Potosí, después Inglaterra con las minas de estaño y posteriormente los intereses energéticos y geoestratégicos del imperio norteamericano. A cada imperio le tocó un recurso y a cada recurso una trapisonda en las alturas del poder y cierta cuota de golpes militares.

Todos chuparon para “el bien de Bolivia y de los bolivianos” –ocho millones de habitantes–, y succionaron tanto que han dejado, según el Banco Mundial, a más del 50% de la población por debajo del límite de la pobreza (entre los campesinos la cifra es del 80%); el 25% es analfabeta, el 11,6% no tiene empleo, de acuerdo con informes del Centro de Estudios del Desarrollo Laboral Agrícola y, espanto, el 20% entre los de menos recursos tiene una tasa de mortalidad infantil más alta que Haití, el país más pobre de nuestro continente.

Ni a Chávez ni a Castro le pueden anotar esas cifras; incluso cuando la revolución boliviana de 1952 Chávez no había nacido y Castro, para esa fecha, denunciaba en la prensa habanera el golpe de estado de Fulgencio Batista (rápidamente reconocido por Washington), contra el que presentó ante los tribunales un recurso por inconstitucionalidad.

Lo de Rumsfeld es un travestismo intelectual bien manido, consistente en trastocar a sabiendas las causas con las consecuencias, y que en buen español llamamos “confundir el culo con las témporas”.

El neoliberalismo y la glotonería imperial, que no erradicaron el analfabetismo, concentraron los médicos para las élites nacionales, y han ido ensanchando la desigualdad a niveles insultantes, son la causa de la desestabilización cíclica que padece el continente y que promueve cambios cada vez más de fondo.

Si a estos datos de Bolivia les añadimos los resultados de los rituales en las urnas que definen a la democracia al uso en América Latina, y en Bolivia en particular, la lectura que los analfabetos hacen con sus estómagos vacíos y su dignidad atropellada es clara: la solución no pasa por la historia tradicional. Ellos buscan respuestas en las alternativas incluyentes que brinden un régimen de equidad, trabajo, educación y salud para todos los ciudadanos.

El neoliberalismo ha puesto en crisis a los estados nacionales, a las instituciones políticas y dentro de éstas a los partidos políticos tradicionales, incluyendo a las clásicas agrupaciones de izquierda.

Nuevas fuerzas de barrio, comunales y de sectores sociales, organizadas en grandes y amplios movimientos, han ido llegando al poder, como ha ocurrido en Uruguay o Venezuela; y donde aún no lo han alcanzado constituyen motores de presión para impedir el regreso a políticas fracasadas y para  promover novedosas alternativas.

Según declaró John Walsh, analista de la Washington Office on Latin America, los partidos tradicionales “tuvieron una buena y larga época… pero ya no controlan el movimiento popular boliviano” (The Miami Herald, Julio 25/2005).

Y las elecciones en Bolivia están a la vuelta de la esquina. Aunque todavía es prematura una predicción, los pronósticos señalan a Evo Morales, candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), como el probable próximo presidente de Bolivia. Cuando se enfrentó en las anteriores elecciones a Sánchez de Lozada, ahora refugiado en Miami, la diferencia fue de apenas el  uno por ciento. Morales tiene magníficas relaciones con Castro, Chávez y también con el presidente Lula, de Brasil.  Pero la ayuda que precisa para conquistar el poder no viene de esas amistades, sino del cuadro social, económico y político que Washington alentó y patrocinó por décadas. 

LOS ACTOS: IDIOMA “SUBVERSIVO”

“Los grandes desestabilizadores y no sólo de América Latina, del mundo… la gran amenaza que pende hoy sobre el mundo la representa el imperialismo norteamericano”, dijo Hugo Chávez el domingo 21 de agosto durante una transmisión radial desde Ciudad Sandino, Pinar del Río, en la provincia más occidental de Cuba.

“Ya sabes, no podemos poner un estudiante a estudiar, porque eso es desestabilizar; no podemos invitar a ninguno de esos pacientes a que reciban atención médica, porque eso es desestabilizar”, acotó el presidente cubano, Fidel Castro, a su colega venezolano.

Así respondieron a las acusaciones del Secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld. Ambos mandatarios participaron en el programa dominical “Aló Presidente”, habitual espacio en el que el líder venezolano dialoga con sus compatriotas. Por esta vez el programa fue  transmitido desde Cuba, donde Chávez se encontraba para asistir  a la graduación de 1,610 nuevos médicos –de ellos 55 venezolanos– que hicieron sus estudios durante seis años en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, y a la inauguración de Villa Simón Bolívar en el municipio Sandino, obra donada por el gobierno venezolano en la que constructores de ese país, la mayoría militares, construyeron 150 casas para los damnificados por el huracán Iván.

La ELAM fue una idea del Presidente Castro, quien la propuso en 1998 durante la Cumbre Iberoamericana que se celebró en La Habana. Originalmente otros países aportarían recursos y Cuba pondría la sede y el claustro. Pero en la práctica todo quedó en la voluntad de los cubanos.  En estos momentos la ELAM, totalmente financiada por Cuba, tiene 11,820 estudiantes y graduará cada año 1,500 médicos, la mayoría latinoamericanos, aunque no excluye a jóvenes de otras zonas del mundo. El único requisito que se exige a los aspIrantes es carecer de recursos para pagar los estudios de Medicina en su propio país.  En la ELAM La estancia, los libros y los estudios son absolutamente gratis.

Con la colaboración de Cuba, Venezuela creará en los próximos meses la segunda Escuela Latinoamericana de Medicina, basada en el mismo principio de gratuidad.

En estos momentos, Venezuela tiene en la ELAM 889 estudiantes, pero en las misiones Barrio Adentro, donde más de 20 mil médicos cubanos trabajan en las zonas más pobres del país, ya se están formando los futuros doctores con la aspiración de llegar a graduar un total de 40 mil.

Todo esto se está haciendo mediante los acuerdos de colaboración firmados por La Habana y Caracas como parte de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un empeño de integración latinoamericana que promueven Venezuela y Cuba. Esta alianza estratégica se basa en la explotación de los recursos endógenos, en la complementariedad, la colaboración y la ayuda solidaria.

En el caso cubano, Venezuela aporta petróleo, recursos financieros, convenios comerciales mutuamente beneficiosos, y Cuba pone en función los vastos recursos humanos de los que dispone en diferentes áreas, como las investigaciones científicas, la medicina, la educación y el deporte.

Bajo este espíritu, Cuba ya ha operado de diversas afecciones de la vista a 50 mil venezolanos y antes de que concluya el año los operados serán 100 mil.

Por acuerdo de ambos mandatarios, 600 mil latinoamericanos recibirán anualmente este mismo servicio de manera gratuita. Venezuela los transportará a la Isla y Cuba asumirá la estancia y el tratamiento. La meta definida en el programa Aló Presidente es que en los próximos 10 años seis millones de latinoamericanos sin recursos se recuperen de sus problemas de la vista, sin costo alguno para ellos.

Y en el sector de la educación, profesores y especialistas cubanos colaboraron en territorio venezolana en la erradicación del analfabetismo millonario que padecía el país.

“Esta es la subversión de la que habla Rumsfeld”, comenta Pablo Lafita, trabajador portuario. “Dar salud a la gente es malo, vaya p’al cará”. “Ellos (Chávez y Fidel Castro), están haciendo lo que los ricos no hacen”, opina Cándida Jiménez en la panadería de 25 y O.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado el 22 de agosto, las Metas del Milenio que en el año 2000 firmaron 189 presidentes están lejos de ser alcanzadas por los países subdesarrollados.

El compromiso del Milenio entraña, entre otros objetivos, la erradicación de la pobreza, obtener el máximo en la educación primaria y reducir la mortalidad infantil. Pero todo está en riesgo y uno de los factores es la falta de voluntad político de los gobernantes, que además se enlaza con las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la deuda externa de los países más agobiados por los males a derrotar.

Venezuela y Cuba, cada gobierno con sus características propias, han realizado y realizan políticas tendientes a honrar los compromisos contraídos con la declaración.

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Periodista. En la revista Progreso Semanal ( www.progresosemanal.com) puede leerse la columna completa.
ramy@progressoemanal.com

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