Feb 3 2006
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Política

LA ARAUCANÍA: ¿BASTIÓN DE LA DERECHA?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La IX Región es la única del país donde el candidato derechista Sebastián Piñera superó a Michelle Bachelet en las elecciones presidenciales. La pobreza y el abandono explican en parte este fenómeno.

Sin embargo esto no siempre fue así. En las presidenciales de 1989 y 1993 resultaron victoriosos Patricio Aylwin y Eduardo Frei respectivamente. ¿Qué causó, entonces, el giro hacia la derecha de una región completa?

EL VOTO MAPUCHE EN LAS ELECCIONES

El cinco de octubre de 1988 se convocó al país a definir un nuevo destino para la nación. Mientras los resultados nacionales arrojaban un 54,7% de los votos para la opción “No” (a la dictadura) y un 43% para el “Sí”, en la Región de La Araucanía el triunfo se lo llevó la continuidad del Régimen Militar, con el 52,7% de los sufragios, opción formalmente apoyada en la época, por el sector derechista y conservador de nuestro país.

Claudia Muñoz Y Francisca Gasaly*

La tendencia se mantuvo en las elecciones siguientes, pero la presentación de dos candidatos del mismo sector dividió los votos. A nivel regional, Hernán Büchi obtuvo un 28,61% y Francisco Javier Errázuriz un 24,23%, siendo las mujeres quienes más los favorecieron.

La suma de ambos arrojó un 52,84%, cifra similar al porcentaje obtenido en el plebiscito del año anterior. Aunque el resultado superó por cinco puntos el total del país, el resto de Chile dijo otra cosa y el elegido fue el demócrata-cristiano Patricio Aylwin.

Las elecciones presidenciales de 1993 no fueron tan auspiciosas para los candidatos centroderechistas. Arturo Alessandri y José Piñera, en conjunto, sólo lograron el 34,52% de las preferencias a nivel local, resultado equiparable al total nacional. La aparición de conglomerados políticos y el surgimiento de un candidato de derecha que impuso un nuevo estilo de campaña presidencial, logró que las elecciones de 1999 se decidieran voto a voto.

La Novena Región favoreció al postulante de la Alianza por Chile tanto en primera como en segunda vuelta. Finalmente Joaquín Lavín Infante obtuvo un 57,03% de los escrutinios en enero de 2000, mientras Ricardo Lagos Escobar se quedó con un 42,97%.

Actualmente la tendencia se mantiene; los comicios de diciembre pasado también derivaron en una segunda vuelta. Esta vez la Alianza llevó dos candidatos, Joaquín Lavín (UDI) y Sebastián Piñera (RN), los que competían con Michelle Bachelet (PS). Enero de este año dio como ganadora a la candidata concertacionista, pero a nivel local los votantes marcaron la diferencia. La Araucanía fue la única región donde Sebastián Piñera se impuso con el 54,12% de las preferencias.

El factor mapuche en las elecciones. Para las presidenciales de 1989 y 1993 resultaron victoriosos Patricio Aylwin y Eduardo Frei respectivamente. ¿Qué causó, entonces, el giro hacia la derecha de una región completa? Las opiniones están divididas. Según algunos, la pobreza le pasó la cuenta a la Concertación:

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“Lo que ocurre es que la región que protesta –con un 66% de las comunas favorables a Piñera– es castigada con falta de ayuda, lo cual es tremendamente antidemocrático’, acusa el senador Alberto Espina de Renovación Nacional, de derecha.

Para otros, esto sólo se expresa en las presidenciales. Efectivamente, de los 32 alcaldes que hay en la zona, la mitad es de la Concertación, el resto se divide entre la Alianza e independientes. Un punto en que todos concuerdan es que sus pobladores tienden a ser conservadores en lo valórico. Esto se aprecia al poseer el mayor porcentaje de fieles evangélicos del país. Pero esos son sólo algunos de los factores en juego. Y también es cierto que el oficialismo recuperó ahora algo del terreno que ganó Lavín en 1999, aunque sigue siendo minoría.

Subsidios que no llegan. En la comuna de Toltén, Piñera obtuvo un 62,55% de los votos. Según Oscar Curín, presidente de la Comunidad Juan de la Cruz Pinchumilla 1, esto se explica por el abandono que ha sufrido la región por parte de las autoridades de la Concertación.

“De los subsidios, sobre todo de la Conadi, no nos dan nada. Hace como 3 años que no pasa nada para Toltén”, dice Curín. También hace una diferencia entre los mapuches violentos y los pacíficos.

Curín explica que la mayoría de ellos no son agresivos. No pretenden quitarle las tierras a quienes legítimamente las poseen, sólo piden que el gobierno les compre terrenos en otra parte, para que puedan cultivarlos y generar recursos que les permitan salir de la pobreza. No es que no se haya hecho nada, sino más bien que las soluciones no son las adecuadas:

“Nosotros tenemos el Proyecto Orígenes. Eran 29 millones, pero la comunidad es grande. A cada familia tocó 290 mil pesos. Se compraron vaquillas, pero salió una vaquilla para cada uno”.

Rafael García, alcalde de Toltén, explica que la falta de educación es uno de los mayores problemas del pueblo mapuche. Sin embargo, acusa que la ayuda no llega. Un ejemplo es la hija del dirigente mapuche Renato Morales. A pesar de sus buenas notas, no pudo seguir estudiando Biología Marina, ya que se le negó la Beca Presidente de la República y el crédito universitario.

Fuerza evangélica: Políticas religiosas. La influencia evangélica es muy relevante en la Araucanía. Según el censo de 2002, un 24% de la población regional se declara evangélico, superando en nueve puntos porcentuales al promedio nacional de adherentes a esta religión.

A pesar de que en la Región Metropolitana las distintas corrientes evangélicas dieron público apoyo a Michelle Bachelet durante su candidatura, en la Araucanía la situación es distinta. “Hemos tenido mala experiencia con los líderes de izquierda. Para mí, no hay diferencia entre una posición y otra, pero la dirigencia política de la Concertación ha sido muy esquiva al Consejo de Pastores. Sólo han conversado con nosotros cuando se acercan las elecciones, no así la otra tendencia, en especial Renovación Nacional”, explica Andrés Millanao, presidente del Consejo de Pastores Evangélicos de la zona.

Esta crítica la extiende el pastor hacia la cercanía de los representantes políticos con los grupos más pobres y de mayoría étnica indígena, en los que la adherencia a la religión evangélica puede alcanzar hasta dos tercios de la comunidad: “duele ver cómo manosean al pueblo mapuche para las elecciones”, afirma.

El agnosticismo de Bachelet también se perfila como un factor de rechazo entre los evangélicos. “Aun cuando respetamos su posición, tenemos miedo que los valores y los principios vayan decayendo cada día más”, concluye Millanao.

Reforma agraria: no se olvida. Las expropiaciones de fundos durante la Unidad Popular se transformaron en un amargo recuerdo en la IX Región, según el ex candidato a diputado por la zona, Cristián Barra (RN). A su juicio, esto derivó en un sentimiento de rechazo hacia la izquierda, tanto de los dueños de las tierras como de los trabajadores que son contratados por los agricultores.

Barra explica de dos formas la tendencia derechista de parte del pueblo mapuche: la primera es que muchos de ellos ven a los latifundistas como amigos, porque les dan trabajo, sobre todo en verano. La segunda es que en la UP los indígenas estaban muy aislados, lo que mejoró en el gobierno militar, ya que en esa época “la agricultura tenía un mercado más estable, se inició una transformación en infraestructura porque los militares hicieron más caminos y la TV llegó a regiones, lo que acercó a las comunidades”, dice.

Renato Morales, presidente de la comunidad mapuche Manuel Antonio Jaramillo, comparte esta opinión y dice: “desde Pinochet somos de derecha (durante la década de los 80 fueron regularizados los terrenos mapuches). Yo pienso que hace mucho tiempo que esperamos un cambio. Hay muchas cosas incumplidas. Ya llevamos más de 10 años en lo mismo”. Son opiniones como ésta las que pueden explicar que de las 16 comunas con al menos un tercio de población mapuche, en 9 ganó Piñera y en dos empataron con Bachelet.

Paternalismo y liderazgo: La estampa cacique. La fuerza que supone la figura del lonko en las comunidades mapuchs es una de las explicaciones a la necesidad histórica de líderes esforzados en la región. De esta manera, “la ausencia del senador Lavandero (DC, desaforado y sometido a juicio por abuso de menores) significa la pérdida de un gran líder carismático acá. La Concertación tiene buenos y muy competentes dirigentes en la Araucanía, pero carentes de todo carisma”, argumenta el ex gobernador de Cautín Humberto del Pino, quien a pesar de haber apoyado previamente a los gobiernos de la Concertación, para esta elección se pronunció públicamente en favor de Piñera.

La misma opinión tiene Ricardo Celis, intendente regional: “Lavandero era un tremendo líder, su opinión pesaba y su ausencia se notó”.

La relación vertical de paternalismo que existe entre empleador y empleado es otro factor que ha influido en un resultado más conservador en la elección presidencial que en otros comicios. “Aquí el trabajador ve a su patrón como una persona exitosa, como un modelo. Tradicionalmente ha existido un nivel de dependencia hacia el asistencialismo del patrón, por lo que lo más común es que el obrero siga a su jefe en el apoyo al candidato presidencial”, explica el senador radical Guillermo Vásquez.

Situación de pobreza: La región más afectada. En la Araucanía, a fines de 2003, el 29% de la población se encontraba bajo la línea de pobreza, superando en más de diez puntos porcentuales al promedio nacional. Si se compara esta cifra con la obtenida tres años antes, se observa un descenso en la proporción de situación de pobreza. Sin embargo los números siguen siendo preocupantes.

La agricultura es la principal actividad productiva de la región; no obstante, también una de las más afectadas por la falta de capacitación técnica y facilidades crediticias. Como explica José Miguel García, presidente del Parque Industrial de la Araucanía, “hay que seguir trabajando en conjunto para invitar a los privados a invertir en proyectos a largo plazo”. Los TLC han sido criticados en la zona porque “falta protección al agricultor frente a los grandes subsidios de los gobiernos europeos a la producción agrícola”, argumenta el ex gobernador de Cautín, Humberto del Pino.

El turismo es otra de las actividades que podrían ser más explotadas. “Tenemos recursos turísticos de cordillera a mar. Termas, nieve, agua, o sea, todas las estaciones juntas para hacer un desarrollo brutal”, afirma el diputado RN, René Manuel García.

La lectura de Conadi. La Araucanía como uno de los referentes indígenas, demostró –pese a su histórica tendencia aliancista– un alto apoyo a la gestión gubernamental en materia indígena, lo que a juicio de Aroldo Cayún, director de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, se traduce en un férreo respaldo a la gestión realizada.

Ante la serie de cuestionamientos por parte de parlamentarios y algunos grupos organizados, en la discusión de la preponderancia que el pueblo mapuche tuvo en las recientes elecciones presidenciales, en la IX Región, el director de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI, Aroldo Cayún Anticura, dijo que el análisis de la situación electoral indígena no debiera hacerse en base a lecturas sesgadas, parciales o desinformadas. Dijo que, un enfoque ponderado, debe ir mucho más allá del apoyo que la “etnia” dio al gobierno, porque, a su vez, las cifras recientes y pasadas permite, evaluar también la representatividad de quienes se presentan públicamente como líderes.

Sobre la base de las cifras del Censo del 2002, la Araucanía cuenta con un 29,5% de población mapuche lo que se traduce en 203.950 personas; por lo tanto, no sería decisiva considerando el 70.5% de población no mapuche, que en definitiva es quien decide la tendencia electoral de la zona.

A esto se suma, según Cayún, el hecho que del total de 600 mil personas no indígenas, sólo 101.474 están inscritos en los registros electorales de Temuco, y en la Novena Región, un total de 408 mil electores. Números que dan cuenta de una realidad innegable: “quien gana en Temuco gana en la región”, ya que cuenta con un 25% de los sufragios, seguida de Angol con 24.149 votantes, Villarrica con 23.096 y Victoria con 17.479., donde, por lo demás y para mejor entender, no existe alta concentración de comunidades mapuches.

Antecedentes que dejan de manifiesto el carácter de apoyo urbano de Sebastián Piñera, respecto al de Michelle Bachelet, considerando que, en una cifra estimada, existirían sólo entre 80 y 90 mil mapuches inscritos en los registros electorales de la Araucanía, precisó Cayún.

Las comunas disidentes. El director de CONADI precisa, con cifras en mano, que son las comunas catalogadas de conflictivas aquellas que apoyaron a Bachelet y consecuentemente al gobierno, como por ejemplo, Saavedra, Collipulli, Renaico, Ercilla y Lumaco. A lo que se suma el fenómeno de Lautaro, Nueva Imperial y Vilcún, en donde se impuso Michelle Bachelet, a diferencia de la segunda vuelta del año 99 en que Joaquín Lavín derrotó a Ricardo Lagos, por una amplia mayoría.

Por lo anterior, Cayún indica que, pese a que no existan estudios específicos que den cuenta de la tendencia del pueblo mapuche, las comunas del denominado “conflicto mapuche” y otras sumaron su respaldo a la candidata oficialista, y con ello dan muestra del buen trabajo no sólo del Gobierno sino de la Corporación que él dirige como ente dedicado al trabajo de los pueblos originarios de Chile.

Sin embargo, para Aroldo Cayún, una de las aristas analizadas en virtud de las cifras, da cuenta de una realidad desconocida para el común de la población y que dice relación con la representatividad de los líderes indígenas. Al respecto, el director nacional de CONADI, especifica que los números demuestran que las zonas en conflicto son sólo parte de una utilización política de los supuestos líderes, dado que si se diera la lógica, ellos debiesen votar nulo o por la oposición, dado que no se justifica que a través del sufragio respalden a un gobierno o a una coalición que “supuestamente, no ha satisfecho sus demandas históricas”.

Ejemplo de ello, es que en las pasadas elecciones municipales, los dos candidatos ancla del dirigente Aucán Huilcamán y representantes del Consejo de Todas las Tierras, no obtuvieron una votación mayoritaria. Por el contrario, Manuel Santander, candidato a alcalde por Ercilla obtuvo 88 votos y José Naín candidato por Galvarino sólo 200, lo que deja de manifiesto “que los mapuches ni votan por la derecha ni votan por los grupos radicalizados”, sentenció la autoridad de la Corporación Indígena.

Finalmente, Cayún Anticura se mostró conforme con la votación mapuche que demuestra, por un lado, el posicionamiento y relevancia al interior del Gobierno de las necesidades de la población indígena del país y por otro un respaldo a la gestión en favor de dicho pueblo.

(Fuentes: diarios El Mercurio yEl Gong).
Artículo en el periódico mapuche Azkintuwe el 27 de enero de 2006 (www.nodo50.org/azkintuwe).

fotoEL OTRO ASPECTO
DE LA DISCONFORMIDAD

En lo formal la nación mapuche avecindada en Chile es chilena y cuenta con todos los derechos ciudadnos. O casi. Y la otra parte de la nación mapuche, la avecindada en la Argentina, es argentina y cuenta con todos los derechos y obligaciones que otorga la ciudadanía en aquel país. O casi.

Lo cierto es que han sido “asimilados”, en su propia tierra, a un Estado extranjero y como habitantes de segunda clase. Salvo en aquello que les toca de cerca, es difícil suponer que les importe el mustio oxígeno de ambos países. O que hayan olvidado haber sido cazados como animales hasta hace apenas poco más de un siglo.

Lagos Nilsson

Un Estado en la diversidad o la diversidad sin Estado. La propuesta de mapuches –y mestizos mapuche-chilenos que se reconocen como tales en Chile– a la sociedad huinka no es descabellada: un Estado federal que les garactice la supervivencia de su cultura, idioma y medios de subsistencia. En otras palabras: integrarse chilenos y mapuche –y los demás pueblos originarios– en un país multicultural y pluriétnico que respete las minorías en los hechos y en Derecho.

El mero enunciado de la idea pone los pelos de punta a la “clase política” y quita el sueño a quienes, sobre aquella, disfrutan aserraderos –clandestinos y no–, tierras de labranza, cría de ganado, algunas minas –y proyectos para explotar otras–, sectores turísticos, etc… en el Gulumapu.

Se habla de la “nación chilena” una e indivisible, de los “valores patrios”, de tradiciones y otras tonterías. Lo cierto es que Chile –como los demás países americanos, sin excepción, del Círculo Polar Ártico a los mares del sur y del Atlántico al Pacífico– son un prodigio arquitectural levantado sobre el genocidio mayor de la historia humana.

La unidad por el genocidio. A partir siglo XVI y hasta lo que corre de 2006 decenas de millones de seres son asesinados en forma cotidiana para mantener la ficción tan voluntarista como absurda de Estados-nación construidos por el arrojo, la intrepidez y los valores morales de quienes iniciaron el repoblamiento de América a costa de sus habitantes originarios y no en pocos casos usando mano de obra esclava también foránea.

Biblia, espada y sed de plata, oro, piedras preciosas, mercedes de tierras y encomiendas de indios movieron a los conquistadores y adelantados –en América del Norte arcabuces biblias, sed de tierras y poder–; las biblias, reemplazadas por carabinas, fueron empleadas más tarde por los criollos. Hasta el siglo XIX –porai se puede leer que en pleno siglo XX– se organizaban en Amazonia “safaris” para cazar aborígenes.

Los pueblos que sobrevivieron –los mapuche entre ellos– exigen una revisión pragmática de la historia. Eso es algo sencillo: ser finalmente reconocidos como iguales por los hijos de sus verdugos.

Pero no.

Humanos menos iguales que otros humanos. El arte y la artesanía indígenas son dentro de las fronteras de los países en los que viven objeto exótico, un asunto “turístico” que mostrar. Sometidos, como la mayor parte de la población, a una situación constante de pobreza y desesperanza, los mapuche –como el resto de las etnias originarias americanas– tienen muy pocas posibilidades de jugar en la cancha del progreso, entelequia útil que se esgrime y despliega cada vez que la ciudadanía es convocada a elecciones.

Progreso supone diginidad, y la dignidad se mide socialmente por el acceso a la educación, la salud, la vivienda; en el caso del sector agrario además por la disponibilidad de vías de comunicación, créditos para semillas, maquinaria, vientres y la propiedad real de las tierras comunitarias; por el respeto del modo de vida propio de las comunidades; dignidad supone el derecho a cultivarse en la lengua madre, a la reivindiacción de la historia propia y –sobre todo– al derecho al autogobierno en las materias vinculadas a su vida productiva, social, religiosa y familiar.

Bolivia vivió desde su fundación como Estado “moderno y occidental” la ficción de constituir una sola nación (donde moraban indios, cierto), y la ficción estalló en pedazos con la reciente elección de Evo Morales a la conducción del país. Morales podrá fracasar, pero las cosas no volveráb a la situación anterior; Perú es un hervidero y Ecuador se convierte con pasos rápidos en sociedad ingobernable.

Resulta absurdo –una imbecilidad, se diría– que la elite política, de cualquier signo ideológico y pese a sus contradicciones y pugnas internas– insista en convencer al resto de la población, como ocurre en Chile, que vive un un país sin diferencias étnicas ni culturales; también es idiota pretender que la lucha de clases es un asunto del pasado. La lucha indígena demuestra que la lucha étnica y la lucha de clases de cruzan.

La nación mapuche será verdaderamente chilena –o argentina– cuando el Estado chileno –o argentino en el Puelmapu– reconozca su dignidad humana como personas, como productores, como cultura. Lo demas es empujar a esa minoría a continuar su guerra de siglos, lo que probablemente significará su extinción: el genocidio no cesa.

Reconocer la dignidad del otro es aceptar su diferencia, sólo en ella será posible la igualdad y la construcción de un Estado común. Y es ésta la lección que los huinkas –a ambos lados de Los Andes– no consiguen aprender. El fallido intento de Aucán Huilcamán por dar a su pueblo personería política propia fue obligado a abortar, si a ver vamos no por ser un esfuerzo mapuche, sino por ser un intento de los pobres que, además, eran mapuche.

En cierto sentido la guerra del Estado de Chile contra los hombres de la Tierra no ha terminado, mal pueden éstos, entonces, integrarse mansamente para que los terminen de liquidar. Es la conducta de los gobiernos de Chile la que debe cambiar. Si, mientras tanto, vota el pueblo mapuche derecha o izquierda no tiene ninguna importancia: ejerce un derecho legítimo.

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