Abr 24 2006
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Economía

LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN EL SIGLO XXI (II)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En un contexto económico caracterizado por los cambios y la aparición de nuevos modelos productivos cimentados en el saber y sus aplicaciones, así como en el tratamiento de la información, debe reforzarse y renovarse los vínculos entre la enseñanza superior, el mundo del trabajo y otros sectores de la sociedad, como los científicos, tecnológicos y financieros.

Aprender a emprender y fomentar el espíritu de iniciativa debe convertirse en importante preocupación de la educación superior a fin de facilitar las posibilidades de empleo de los egresados, que cada vez están más llamados a crear puestos de trabajo y no a limitarse a buscarlos. Se debe brindar a los estudiantes la perspectiva de desarrollar plenamente sus propias capacidades con sentido de la responsabilidad social, educándolos para que participen en una sociedad democrática y promover los cambios que propicia la igualad y la justicia.

Un sistema de educación superior más diversificado supone nuevos modelos de organismos de enseñanza postsecundaria, públicos y privados. Estas instituciones deben ofrecer una amplia gama de posibilidades de aprendizaje y formación: carreras tradicionales, estudios a tiempos parciales, horarios flexibles, cursos en módulos, enseñanza a distancia, utilización de la radio, televisión, prensa, internet, etc.

fotoEn un mundo en acelerado desarrollo, se advierte la necesidad de una nueva visión y un nuevo modelo de educación, que debe estar centrado en el alumno, lo cual exige –en la mayor parte de los países– reformas en profundidad y una política de ampliación del acceso, para acoger categorías de personas cada vez más diversas, así como una renovación de los contenidos, métodos, prácticas y medios de transmisión del saber, que han de basarse en nuevos tipos de vínculos y de colaboración con la comunidad y con los más amplios sectores e la sociedad.

Los establecimientos de educación superior deben formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien instruidos y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad, buscar soluciones para los que se planteen a la comunidad, aplicar estas y asumir responsabilidades sociales.

Para alcanzar estos objetivos es necesario reformular los planes de estudio y utilizar nuevos métodos que permitan superar el dominio cognitivo de las disciplinas; se debe facilitar el acceso a nuevos planteamientos pedagógicos y didácticos y fomentarlos para propiciar la adquisición de conocimientos prácticos, competencias y aptitudes para la comunicación, el análisis creativo y critico, el trabajo en equipo, en los que la creatividad exige combinar el saber teórico y practico tradicional o local con la ciencia y la tecnología de vanguardia.

También se deberá tomar muy en cuenta las cuestiones relacionadas con las diferencias entre hombres y mujeres, así como el contexto cultural, histórico, económico, propio de cada país. La enseñanza de las normas relativas a los derechos humanos y la educación sobre las necesidades de las comunidades del mundo entero, deben quedar reflejadas en los proyectos de estudio de todas las disciplinas, especialmente en las relativas a las actividades empresariales.

Las nuevas técnicas académicas también suponen modernos materiales didácticos, que deben estar asociados a nuevas fórmulas de examen, que pongan a prueba no sólo la memoria sino también las facultades de comprensión, la actitud para las labores prácticas y la creatividad.

Los protagonistas

Un factor fundamental para las instituciones de enseñanza superior es una eficaz política de formación del personal, por lo que se deben establecer directrices claras a los docentes, que tienen que ocuparse –sobre todo hoy día– de educar a sus discípulos a aprender y a tomar iniciativas, y no a ser, únicamente “pozos de ciencia”. Deben tomarse medidas adecuadas en materia de investigación, así como de actualización y mejora de sus competencias pedagógicas, mediante programas adecuados de formación del personal, que estimulen la innovación permanente de los planes de estudios y los métodos de enseñanza y aprendizaje –y que aseguren condiciones profesionales y económicas apropiadas a los docentes con el fin de garantizar la excelencia de la investigación y la educación.

Los institutos de enseñanza superior deben establecer normas claras, adiestrando a los educadores de los niveles –preescolar, primario y secundario–, fomentando la innovación constante de los planes de estudio, las prácticas más adecuadas a los métodos didácticos y el conocimiento cabal de los diversos tipos de aprendizaje, y para ello es necesario contar con personal administrativo y técnico debidamente capacitado.

Los responsables de la adopción de decisiones en los planos nacional e institucional deben situar a los estudiantes y sus necesidades en el centro de sus intereses y considerarlos participantes esenciales y protagonistas garantes del proceso de renovación de la enseñanza superior. Estos principios deben abarcar la colaboración de los educandos en las cuestiones relativas a la enseñanza, en la evaluación, en la reforma de los métodos didácticos y de los programas, en el marco institucional vigente, y en la elaboración de políticas. En la medida en que los estudiantes tienen derecho a organizarse y tener representantes, se debe garantizar su contribución en estos temas.

La calidad en la enseñanza superior requiere que ésta se conozca por su dimensión internacional: el intercambio de conocimientos, la creación de sistemas interactivos, la movilidad de profesores y estudiantes y los proyectos de investigación universal, teniendo debidamente en cuenta los valores culturales y las situaciones nacionales de cada país.

Para lograr y mantener la calidad nacional, regional e internacional de la educación, ciertos factores son importantes, principalmente la selección esmerada de los recursos humanos y su perfeccionamiento constante, en particular mediante la promoción de planes de estudios adecuados para el desarrollo del personal universitario, incluida la metodología en el proceso académico, y mediante la movilidad entre los países y las instituciones de enseñanza superior y el mundo del trabajo, así como la actividad de los estudiantes en cada país y entre las distintas naciones.

Las nuevas tecnologías de la información constituyen un instrumento importante en este proceso debido a su impacto en la adquisición de conocimientos teóricos y prácticos.

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Los retos a la vista

Los vertiginosos avances de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, modifican y seguirán modificando la forma de elaboración, adquisición y transmisión de los conocimientos. También es importante señalar que las innovaciones técnicas, brindan posibilidades de renovar el contenido de los cursos y los métodos didácticos, y de ampliar el acceso a la educación superior.

No hay que olvidar, sin embargo, que las nuevas tecnologías de la información no hacen que los docentes dejen de ser indispensables, sino que modifican su rol en relación con el proceso de aprendizaje, puesto que el dialogo permanente –que transforma la información en conocimiento y comprensión– pasa a ser fundamental.

Los centros de educación superior han de dar el ejemplo en materia de aprovechamiento de las ventajas y el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación, velando por la calidad y manteniendo niveles elevados en las prácticas y los resultados de la educación, con un espíritu de apertura, equidad y cooperación internacional.

Subvención

La financiación de la educación superior requiere de recursos públicos y privados. El Estado tendrá que conservar una función esencial en esto. La multiplicidad de las fuentes de inversión refleja el apoyo que la sociedad presta a esta última y se debe seguir reforzando a fin de garantizar el desarrollo de este tipo de enseñanza, de aumentar su eficacia y de mantener su calidad y pertinencia.

El apoyo público a la educación superior y a la investigación es y será fundamental para asegurar que las tareas educativas y sociales se lleven a cabo de manera equilibrada.

La sociedad en su conjunto debe apoyar la enseñanza en todos los niveles, incluida la enseñanza superior dado el papel que ésta desempeña en el fomento de un desarrollo económico, social y cultural sostenible. La movilización con este fin depende de la sensibilización y la participación del público, de los sectores oficiales y privados de la economía, de los parlamentos, de los medios de comunicación, de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, de los estudiantes y de las instituciones, de las familias y de todos los entes sociales que intervienen en la enseñanza superior.

Apoyo

El principio de solidaridad y una autentica asociación entre los institutos de enseñanza superior de todo el mundo es fundamental para la educación y la formación en todos los ambientes, que ayuden a entender mejor los problemas mundiales, el papel de la democracia y de los recursos humanos calificados en su resolución, y la necesidad de vivir juntos con culturas y valores diferentes.

La práctica y el establecimiento de vínculos institucionales para promover la cooperación intelectual y científica debe ser parte integrante de todos los sistemas de enseñanza superior.

Los principios de la cooperación internacional fundada en la adhesión, el reconocimiento y el apoyo mutuo –una autentica asociación que redunde, de modo equitativo, en beneficio de todos los interesados y la importancia de poner en común los conocimientos teóricos y prácticos a nivel internacional– deben regir las relaciones entre los institutos de educación superior en los países desarrollados, en vías de desarrollo, y en particular en beneficio de las naciones menos adelantadas.

Hay que tomar en cuenta la necesidad de salvaguardar las capacidades institucionales en materia de educación superior en las regiones en situación de conflictos o sometidas a desastres naturales. Por consiguiente, la dimensión internacional debe estar presente en los planes de estudios y en los procesos de enseñanza aprendizaje.

La fuga irrecuperable

Es preciso poner freno a la “fuga de cerebros” ya que sigue privando a los países en desarrollo y a las naciones en transición de profesionales de alto nivel necesarios para acelerar su progreso socioeconómico. Los programas de cooperación internacional deben basarse en relaciones de colaboración a largo plazo.

Se debe conceder prioridad a sistemas de formación en los países en desarrollo en centros de excelencia organizados en redes regionales e internacionales, acompañados de cursos en el extranjero especializados e intensivos, de corta duración.

Habrá que atender a la creación de un entorno que atraiga y retenga el capital humano calificado, mediante políticas nacionales o acuerdos, internacionales que faciliten el regreso, permanente o temporal, de especialistas e investigadores competentes a sus patrias de origen. Al mismo tiempo, hay que alentar un proceso de retorno a profesionales mediante programas de colaboración que, gracias a su dimensión internacional, favorezcan la creación y el fortalecimiento de establecimientos y faciliten la plena utilización de las capacidades endógenas.

Acuerdos y colaboración

La colaboración y los acuerdos entre los responsables de las políticas nacionales e institucionales, el personal docente, los investigadores, los estudiantes y el personal administrativo y técnico de las instituciones de enseñanza superior, el mundo laboral y los grupos comunitarios, constituyen un factor importante a la hora de realizar transformaciones; también la presencia de las organizaciones no gubernamentales vincuñladas a este universo. Por lo tanto, la asociación basada en el interés común, el respeto mutuo y la credibilidad deberá ser una característica esencial para renovar la enseñanza superior.

Los participantes en la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, patrocinada por la UNESCO, aprobaron una declaración y reafirmaron: “el derecho de todos a la educación y el derecho a acceder a la enseñanza superior sobre la base de los meritos y capacidades individuales”.

Se comprometieron: “a actuar en el marco de sus responsabilidades individuales y colectivas adoptando todas las medidas necesarias a fin de hacer realidad los principios relativos a la enseñanza superior que figuran en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la Convención relativa a la lucha contra las discriminaciones en la esfera del aprendizaje, y su compromiso a dar la máxima prioridad a la educación para la paz”.

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* Periodista venezolana.
La primera parte de la serie puede leerse: Aquí

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