Abr 5 2005
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Opinión

La elección del nuevo papa

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En 1978 Roma eligió a su primer papa no italiano en cuatro siglos y medio. El polaco Karol Wotjyla fue nominado porque el Vaticano quería desarrollar una clara política. Para la iglesia la principal competencia era el avance del ‘socialismo ateo’. Los comunistas postulaban ir hacia una sociedad sin clases y religiones e históricamente consideraban al clero como un residuo del feudalismo.

Los cardenales, al ungir a un polaco como su cabeza, fueron clarividentes. Polonia era el país que tenía más católicos dentro del llamado Bloque socialista y era, además, el centro de muchos descontentos –desde que en 1944 Stalin dejó que Hitler masacrase la Comuna de Varsovia–.

El papa polaco fue clave en lograr que, por primera vez, la rebeldía contra el autoritarismo del partido único oficial no fuese capitalizado por disidentes comunistas, como había pasado desde Alemania 1953 hasta Checoslovaquia en 1968, sino por el clero y sectores abiertamente pro-mercado.

Cuando en 1980-81 muchos millones de polacos respaldan al sindicato Solidaridad, la iglesia se encarga de evitar que éste postule una democratización o radicalización de la economía planificada estatizada, y, mas bien, que pugne por desmantelar ésta para abrir paso al mercado, la empresa privada y una democracia capitalista a la occidental.

Si Bush y Thatcher lograron cercar al bloque soviético, Juan Pablo II fue esencial en crear una base social de masas anticomunista que partiese del eslabón más débil (Polonia).

Rápida semblanza

Juan Pablo II fue un tradicionalista moderno. Ninguna otra figura religiosa hasta hoy se ha valido de medios tan avanzados de comunicación y transporte para viajar por todo el globo. Sin embargo, ello fue hecho para reforzar las doctrinas más conservadores dentro del catolicismo favoreciendo a la derecha eclesiástica –como el Opus Dei– en desmedro de los jesuitas, los ‘socialistas cristianos’ o la Teología de la Liberación.

Mientras la iglesia cristiana más parecida a la romana –que es la anglicana– aceptaba ordenar mujeres y homosexuales, el papa ha reforzado la tesis de que sólo hombres no casados tenga el monopolio del sacerdocio. La doctrina católica se ha mantenido hostil al aborto, la eutanasia, cualquier forma de preservativos y la homosexualidad. El rechazo a los condones es particularmente significativo debido a la escala del SIDA.

Pese a que en muchos aspectos el conservadurismo moral del papa coincidía con el de los neo-conservadores de Bush, hay entre ambos una significativa diferencia. Juan Pablo II no compartía la tesis de que una super-potencia liderase el globo y tuviese licencia para invadir países.

Roma rechazó el ataque a Bagdad, mantuvo un acercamiento a los palestinos y propuso formas de proteccionismo estatal y social. Washington, que no confiaba en el papa, fue promoviendo en Latinoamérica el acelerado crecimiento de evangelistas ligados a la nueva derecha.

fotoEl Sacro Colegio
y el nuevo papa

En los próximos días 117 cardenales menores de 80 años deben nominar al nuevo papa. Salvo dos todos fueron designados por Juan Pablo II, cuya estrategia se basó en oponerse a todo cambio ante la doctrina conservadora hostil a los preservativos, al aborto, la eutanasia, la homosexualidad o el ordenar curas casados o mujeres.

Al escoger un nuevo papa, los cardenales no han de buscar uno que se centre en combatir al debilitado ‘socialismo ateo’. Ahora los adversarios de la iglesia son agnósticos y liberales, el masivo crecimiento del Islam –la religión que más adeptos recluta– y las sectas cristianas centradas en Estados Unidos, las mismas que jugarpn un rol fundamental en la reelección de Bush.

Resulta muy difícil que el nuevo papa sea uno liberal. Esto, aunque la constante deserción de decenas de miles de sacerdotes que quieren desposarse y a la escasez de curas, podría empujar más adelante a que la iglesia contemplase aceptar reformas que anglicanos o sinagogas conservadoras han tomado al ordenar sacerdotisas.

El Opus Dei ha ganado fuerza. Entre sus favoritos está Dionigi Tettamanzi, el principal cardenal italiano, Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, y el austriaco Christoph Schönborn.

Existe la posibilidad de que esta vez pudiera elegirse un papa del Tercer Mundo –de donde provienen dos de cada tres católicos–. Francis Arinze, un conservador nigeriano, podría ser el primer papa negro. Los nombres de dos cardenales latinoamericanos también se han voceado: el guatemalteco Oscar Rodriguez Maradiaga y el brasilero Claudio Humes.

Difícilmente el nuevo sumo pontífice reine tanto tiempo como Juan Pablo II, aunque podría continuar con la escuela de seguir viajando mucho – esta vez llegando incluso a China–. Su prioridad ya no es enfrentarse a la izquierda sino mantener y expandir sus bastiones: en Latinoamérica, frente a los protestantes pro-EEUU; en África y Asia, frente al agigantamiento de Islam, y en Europa ante la ola de apatía religiosa.

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* Analista internacional.

(www.bigio.org).

A raíz de la muerte de Juan Pablo II, puede además leerse en Piel de Leopardo:

El papa ha muerto, ¿vive la religión?

Detrás de la agonía de Juan Pablo II

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