Jul 7 2011
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Opinión

La enfermedad de Chávez y la manipulación de los medios de prensa

Néstor Francia.*
   
La oposición no escarmienta. Ahora ha comenzado a despachar todo tipo de fantasías sobre la salud y el proceso de sanación de Chávez, y continúa sembrando rumores sobre supuestas traiciones en el chavismo, donde incluyen a un hombre como Elías Jaua, que ha mostrado tanta lealtad, y tanto empeño y seriedad en sus funciones de vicepresidente en medio del trance por el que pasa el presidente. Las invenciones van desde que Chávez probablemente no está realmente enfermo (Capriles Radonsky) hasta que sí lo está pero de manera muy grave, y por lo tanto su persona y su liderazgo no tienen futuro.

Probablemente están tratando de alentarse a sí mismos y a sus seguidores ante la visible repotenciación del chavismo tras todo lo ocurrido, mientras intentan sembrar algunas dudas en el pueblo revolucionario y mermar su esperanza.

Por ejemplo la insufrible farandulera escuálida, devenida en “analista política”, Marianela Salazar, ha escrito lo siguiente: “Hugo Chávez tuvo que regresar a Venezuela para abortar la juramentación que se estaba programando para esta semana de Elías Jaua como presidente encargado y acabar de una vez con las pretensiones de los operadores que comenzaron a tender puentes con sectores de oposición, para recibir apoyo en un posible gobierno de transición. No hay chavismo sin Chávez. Pero, sobre todo, retornó para conjurar los demonios desatados por su ausencia en el seno de la Fuerza Armada y darle una espantada al avispero provocado por el tema de su sucesión y por el malestar producido debido a la influencia nefasta de los hermanos Castro, empeñados en dejar al presidente Chávez retenido en Cuba, para que dependiera absolutamente de su voluntad”. 

Otro ejemplo de estas nuevas matrices lo vemos en un “reportaje” de El Nuevo Herald, que lleva la firma del agente de la CIA Antonio María Delgado, quien tiene la tarea específica de las principales invectivas contra Chávez y la Revolución Bolivariana en ese periódico de la gusanera cubana. Allí se dice lo siguiente:

 “La información suministrada hasta ahora sugiere que el presidente venezolano Hugo Chávez sufre de un peligroso cáncer de colon bastante avanzado que podría provocar su muerte en cuestión de meses o pocos años, según oncólogos que advirtieron que sus probabilidades de curarse son muy escasas. Los especialistas dijeron que los detalles brindados hasta ahora por Chávez son consistentes con el diagnóstico de un peligroso cáncer que hizo metástasis en el intestino grueso y, aunque la información divulgada ha sido bastante escasa, los datos esbozan un cuadro bastante desalentador para el mandatario… ‘Bajo las peores circunstancias, estamos hablando de una sobrevivencia de cuatro a nueve meses’, declaró Luis Villa, jefe del Departamento de Oncología del Hospital Mercy y presidente de la Liga Contra el Cáncer, ambos en Miami. ‘Bajo las mejores circunstancias sería de dos a tres años, y una mínima probabilidad de cura’”.

La respuesta a estos desaguisados no tenemos que darla nosotros, preferimos dar la palabra a alguien que seguramente lo hace mejor, el intelectual argentino Atilio Borón, quien escribió:

“El inesperado retorno de Chávez y su reciente declaración admitiendo haber sido operado de un tumor canceroso han conmovido a la opinión pública dentro y fuera de Venezuela…La derecha vernácula, fuertemente respaldada por sus soportes financieros y políticos radicados en Estados Unidos y España, y descaradamente apoyados por Washington y Madrid se entusiasma (y se engaña) pensando que lo que no pudo lograr en doce años, la destitución del líder bolivariano -por cualquier método, sea por la vía electoral o por la sediciosa del golpe militar o el paro petrolero- lo lograría ahora gracias al cáncer…La enfermedad de Chávez redobló la ofensiva (des)informativa de los medios del imperio y sus aliados locales, arrojando por la borda sin escrúpulo alguno sus poco creíbles pretensiones de objetividad y profesionalidad y asumiendo plenamente su lugar en la lucha de clases y su papel de agentes de la manipulación política al servicio de la restauración oligárquica…

"Cabe recordar que lo mismo dijeron de Fidel en numerosas ocasiones, pero según parece la frase resultó ser un tanto prematura. La impotencia para derrotar a la revolución bolivariana hace que los guardianes del viejo orden apelen a cualquier recurso con tal de hacer avanzar un milímetro su innoble causa. La prensa de derecha en Venezuela se regodeó anunciando con títulos de catástrofe el padecimiento del presidente, exigiendo junto a la alucinante e impresentable colección de políticos opositores (de lejos, la mejor carta de triunfo de Chávez para las presidenciales del 2012) que el Vicepresidente Elías Jaua asumiera la presidencia y se le concediera una licencia por enfermedad al presidente bolivariano dado que, siempre según la opinión de estos celosos custodios de la república y la democracia, el hombre ya estaba fuera del juego…

"El regreso de Chávez y la formidable movilización popular con que lo recibiera su pueblo fueron suficientes para demostrar el absurdo contenido en aquellas afirmaciones animadas por un afán, tan incontenible como inocultable, de desestabilizar al gobierno. Su aparición ante una multitud reunida en la Plaza Bolívar (NR: realmente fue el Balcón del Pueblo) habla con elocuencia de su extraordinaria capacidad de convocatoria… La gente concurrió ‘por las suyas’ dando rienda suelta a la inmensa satisfacción que le producía el regreso de su líder.

"Hay que señalar también otro dato muy significativo: Chávez lucía sorprendentemente bien para un hombre que está siendo sometido a un duro tratamiento oncológico…Chávez volvió, y demostró que su mística y su carisma siguen intactos. Y en relación a lo segundo, lo que salta a la vista es que durante los 29 días que duró su tratamiento médico en La Habana el gabinete ministerial —que incluye a un buen número de promisorios jóvenes ministros y ministras— respondió muy bien ante el desafío y continuó funcionando en consonancia con sus parámetros habituales. Ni ‘vacío de poder’, ni ‘ingobernabilidad’, ni ‘parálisis de la gestión’, ‘ni inevitable torbellino político’, como profetizaban las Casandras de la oposición”.

En cuanto a la exitosa y vistosa celebración del Bicentenario, la oposición se queja de que la misma fue “politizada” por el gobierno. El diputado adeco a la Asamblea Alfonso Marquina, sostuvo que el Gobierno Nacional parcializó hacia la tendencia política oficial los actos conmemorativos del bicentenario. Resaltó que la celebración de los 200 años de la independencia involucra a todos los venezolanos. Marquina añadió que el Ejecutivo Nacional no invitó a los representantes de la oposición a los actos conmemorativos de la fiesta del bicentenario.

En realidad, el Gobierno invitó a todo el país, así que quien no fue porque no quiso. Esto lo demuestra la asistencia de María Corina Machado a Los Próceres, donde fue recibida amablemente, y se sentó al lado del diputado y líder histórico campesino Braulio Álvarez y de Saúl Ortega. El gobierno no es responsable, en este caso, de la agresión que sufrió después la diputada derechista por parte de los sempiternos grupos anárquicos y ultraizquierdistas, que suelen estar infiltrados por el enemigo. La asistencia de Machado hubiese pasado casi inadvertida si no le hacen el trabajo estos confundidos o infiltrados con franela roja.

Por otro lado, la celebración del Bicentenario tiene que ser un acto de un alto contenido político, como lo ha sido hasta ahora. Es la celebración de una acción política de parte de los sectores más progresistas de la Venezuela de entonces. La mejor prueba de ello no son solo los discursos y declaraciones de algunos voceros políticos y mediáticos de la oposición, como el gobernador del Zulia, Pablo Pérez, quien en un acto oficial de la gobernación realizado en ese estado, lanzó una arenga opositora de cabo a rabo. También lo es la repetida insinuación mediática de que la independencia fue una acción exclusivamente civil, como si la consolidación de aquella acción no hubiese sido producto de una posterior y larga guerra de independencia, dirigida por militares patriotas fundadores del Ejército Libertador, bajo la dirección máxima de Simón Bolívar.

Pero lo que más puede dar muestras de la politización del Bicentenario fue el comunicado oficial de la MUD, donde, además de hacerse presentes toda clase de invectivas contra la revolución, no se mencionó ni una sola vez ni la palabra ni el concepto de la integración, uno de los bastiones principales del pensamiento bolivariano. Esto no es, por supuesto, un inocente olvido. El neoliberalismo es enemigo de la verdadera integración en la medida de que es cómplice de las políticas imperiales de Estados Unidos. Dependen de ellas, se amoldan a ellas y representan sus intereses.

Esto se puede ver claramente en un artículo del intelectual de origen catalán, residenciado en Miami, Joaquín Roy, quien asentó: “Ya antes del anuncio de la operación de Chávez se había resuelto aplazar hasta nuevo aviso la cumbre que daría el certificado de nacimiento de lo que se había interpretado como una OEA sin Estados Unidos y Canadá. Cualquier intento de dar más cohesión a la integración y coordinación estrictamente latinoamericana es encomiable y deseable. Pero el perfil veladamente anti-Estados Unidos podía convertir el experimento en foco de desacuerdo entre algunos países latinoamericanos que no desean tensar la cuerda demasiado con el gigante del norte. De allí reciben la mayor parte de su comercio exterior y las inversiones norteamericanas se han mantenido a un nivel usual. Sin Chávez, las riendas de la nueva organización serán un peso demasiado fuerte para líderes con deseos de centrismo, como el mexicano Calderón. Nada sería de extrañar que la CELAC naciera muerta”. Por supuesto, deseos no empreñan.

Wilfred Ojeda

El caso del asesinato del periodista de derecha Wilfred Ojeda es una clara muestra de cómo la manipulación mediática puede convertir cualquier hecho en una suma para sus matrices, por medio de la emisión de juicios sin ningún tipo de comprobación o indicio.

Cuando fue hallado el cadáver de Ojeda, maniatado, con signos de violencia y un disparo en la cabeza, los escuálidos alojados en los gremios periodísticos de la derecha nacional e internacional pusieron el grito en el cielo. Además de los gremios nacionales y los internacionales Reporteros Sin Frontera (RSF) y Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el esclarecimiento del asesinato fue demandado el pasado 23 de mayo en Washington por la OEA. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA pidió, además, que las autoridades sancionaran a los responsables del crimen, ocurrido el pasado 17 de mayo.

La Relatoría dijo que los familiares de la víctima también debían ser indemnizados y reclamó que las autoridades tomaran medidas para “evitar la repetición de este tipo de hechos de violencia”. Al analizar los móviles del crimen, la Relatoría Especial pidió a las autoridades venezolanas que no descartaran que el asesinato “haya sido motivado por el trabajo periodístico” de la víctima, y afirmó que “El esclarecimiento de estos crímenes y la sanción a los responsables es un paso esencial para desincentivar la violencia y su impacto en derechos como la vida y la libertad de expresión”.

Pues resulta ahora que el asesinato no tuvo nada que ver ni con el gobierno ni con la prostituida “libertad de expresión”. Se trata de un caso de la crónica negra, vinculado a una deuda económica que el periodista mantenía con sus asesinos. Ya el CICPC resolvió policialmente el crimen e identificó a los responsables, dos hermanos, que están siendo solicitados. Otro papelón de esas herramientas de la oligarquía y el imperialismo contra los pueblos.

* Periodista.

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