Jun 21 2007
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Opinión

LA HUMANIZACIÓN DE LOS ILUMINADOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los iluminados, esos seres casi infalibles, poseedores de la verdad absoluta, definidores de caminos ciertos por los cuales transitar, alquimistas del racionalismo en fe ciega, son una presencia ineludible en toda sociedad. Desde que las religiones existen, aparecieron los intermediarios entre los dioses y sus cortes, y los hombres. Cuando son capaces de interpretar el momento histórico se convierten en líderes políticos. Ante ellos los hombres caminan al unísono, en irracional marcha, o en casi veneración del poder oculto que dicen ostentar.

Mas, como todo en este terrenal mundo, su carrera termina cuando se descubre que los iluminados son tan humanos como todos los humanos. Cuando se reconoce que el amasar fortunas es también apetecida por los intermediarios de dios, que el fornicar con consabidas sobrinas es practica común, que el amor al vino en demasía no es privativo de quienes no ofician los ritos diarios, en suma, que tales acciones no tienen nada que ver con la inspiración divina. Entonces la irracionalidad de la fe se reemplaza con certezas humanas.

En política los iluminados, sobre la base de interpretar en forma correcta el momento histórico, nos visitan y entonces, recrean y renuevan la esperanza, conforman una suerte de fe en el que, esta vez sí, se dicen, les cumplirán la palabra siempre incumplida. Entonces, se inicia el transito tras de ellos, en una suerte de peregrinación hacia el futuro. Sin restricciones, sin correas que maniaten su esperanza. Cuanto más, si la palabra empeñada por los iluminados parece que se cumple. Si los iluminados señalan caminos que abren derroteros aún intransitados.

Más: los iluminados políticos, como todo iluminado cuando así se auto convencen y auto consideran, para preciarse de serlo, no sólo tienen que parecer, sino comportarse como tales: infalibles, poseedores de la verdad absoluta, autoritarios, majestuosos. Si no, piensan, la fe no supervivirá. Pero la maldita dialéctica, como siempre, con su ineludible antítesis, aparece y entonces, lo humano acaba con la iluminación, con la fe. Y empieza el fin, si no se sabe corregir a tiempo. Si no entienden que sólo son seres humanos como todos. Si no reconocen que la infalibilidad no existe, que es necesario analizar, pensar profunda y serenamente antes de actuar, que los intereses de la nación están sobre la amistad –por entrañable que ésta sea–, que la consecuencia no puede ser aprisionada por la información de tesoreros de campaña, que los parientes no tienen méritos por ser sólo ello, que la madurez política y personal no es más que la capacidad de enfrentar la realidad por dura que ésta sea.

Si no comprenden que los actos que cometemos nos “humanizan”, y que, entonces, la fe empieza a esfumarse y, con ello, el apoyo irrestricto. Cuanto más si no entienden que convertir el infierno de la pobreza en el paraíso de la abundancia sólo es posible mediante la redistribución de la riqueza social. Que el futuro que la nación anhela, sólo es posible con la transformación profunda de la estructura de poder que la domina y que hoy se enfrenta, por lo que no bastará el reacomodo económico y político de aquel, como parece ser el rumbo escogido por el iluminado de hoy.

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* Economista..

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