Nov 5 2012
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OpiniónSociedad

La madre de todas las crisis

Si el capital no fluye a través del cuerpo social deja de ser capital. Es solo gracias a este flujo que el capitalismo es capaz de proveer los bienes necesarios para la vida moderna. Si el flujo se detiene entramos en un periodo de crisis en que la vida diaria no puede continuar en la forma acostumbrada.
| NIEVES y MIRO FUENZALIDA.*

 

En la primavera de 2009 el Fondo Monetario Internacional estimo que más de 50 trillones del valor de activos del mundo,  equivalente a la producción anual de bienes y servicios, habían sido destruidos y el Banco Mundial predijo el primer año de crecimiento negativo desde 1945.
Esta es la crisis de todas las crisis en la que todavía estamos metidos.

 

Es la culminación de la crisis del modelo financiero que hemos visto desde los 70 y que se repite a comienzos de los 80 en Japón, el 82 en México, el 97 y 98 en el sur-este de Asia y Rusia, el 2001 en Argentina y Estados Unidos con la caída de World Com y Enron.
Desde 1973 ha habido cientos de crisis alrededor del mundo en contraste con las pocas que hubo entre el 45 y el 73.

 

Lo que hoy experimentamos no es nada nuevo. Es solo que ahora su magnitud amenaza con el colapso de la economía mundial. ¿Es esta amenaza suficiente para señalar el fin del libre mercado neoliberal como modelo económico dominante?
 

 

El neoliberalismo es un término bastante impreciso
La mejor forma de  entenderlo es como un proyecto de clase que surge como respuesta a la crisis de los 70. Detrás de la retórica de la libertad y responsabilidad individual, de las virtudes de la privatización y del libre comercio lo que el modelo en realidad buscaba era legitimar políticas represivas destinadas a restablecer y asegurar el poder de la clase capitalista. La increíble concentración de riquezas y poder que podemos observar a través de todo el mundo es una clara indicación de que el proyecto ha sido un éxito.

 

Pero… si la riqueza se concentra en un lugar es porque desaparece en otro.

 

 A finales de los 60, como indica David Harvey (abajo, izq.), una de las mayores limitaciones en sostener la acumulación capitalista y consolidar el poder de clase era la escasez de mano de obra y la influencia política de las organizaciones sindicales.

 

El capital necesita acceso a una mano de obra barata y dócil y hay varias maneras de lograr esto.  Así, por ejemplo, si la inmigración y la introducción de nuevas tecnologías no eran suficientes, Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Augusto Pinochet estaban a la espera listos para usar el poder estatal y  aplastar las organizaciones laborales.

 

Reagan inicia el ataque en contra de  la unión de los “air traffic controler”; Thacher en contra de  los mineros y la unión de impresores y Pinochet y los generales de Brasil y Argentina usaron el poder militar para asesinar y eliminar el movimiento laboral e imponer el neoliberalismo.

 

El consejero económico de Thacher, Alan Budd, lo admitió con claridad meridiana al decir que las políticas  “de los 80  de control de la inflación y la reducción del gasto publico eran la excusa para golpear a los trabajadores y demoler el poder laboral” para aumentar las ganancias. El traslado del capital de los países industrializados a los países del sur y la integración de la mujer en la economía han sido otras formas de encontrar mano de obra y materia prima barata.

 

Ahora el capital no tiene problema para encontrar trabajo barato. El resultado, sin embargo, ha sido  la destrucción de los sistemas agrícolas tradicionales, el estancamiento global de los salarios y una clase laboral sin poder político y sin capacidad adquisitiva —lo que crea el problema de falta de demanda.

 

Si la gente no tiene suficiente dinero para comprar lo que el capital produce el superávit de capital no tiene donde ir. El flujo disminuye o, en el peor de los casos, se detiene. La eliminación de una barrera en la   acumulación del capital se ha logrado a costa de la creación de otra que es la falta de mercado

 

¿Cómo se responde a este problema? Con la introducción de la tarjeta de crédito y la deuda permanente que hoy se ha elevado a niveles estratosféricos.

 

El crédito se inicia con quienes poseen cierta solvencia económica. En los 90 este mercado se agoto y los préstamos tuvieron que extenderse a la población con menos ingresos y, en algunos casos, sin ingresos permanentes. Si no… ¿A quien se le va a vender la producción?

 

El riesgo de la deuda se iba a controlar con la maravillosa innovación financiera de la “securitizacion” que supuestamente extiende el riesgo por todas partes (Grecia, Italia, España, Inglaterra, Islandia, etc.), en lugar de concentrarlo, dando la impresión de que ha desaparecido. El capital financiero ficticio toma control y nadie tiene interés en detenerlo porque siempre hay alguien que esta haciendo dinero… hasta el momento en que las burbuja se rompen.

 

Cuando los bancos de inversión de Nueva York se encontraron con un superávit de petrodólares y las oportunidades de inversión en Estados Unidos estaban agotadas orientaron masivamente los prestamos hacia países en desarrollo como México, Brasil, Chile, Polonia y muchos otros. Pero, en 1980 se produce la crisis de la deuda. Más de cuarenta países, mayormente en Latín América y Africa, tuvieron dificultades para pagar la deuda debido al rápido aumento de interés que se produjo en 1979.

 

Estados Unidos responde fortaleciendo el Fondo Monetario Internacional, que Reagan había desfinanciado,  transformándolo en el guardián global cuyo objetivo fue asegurarse de que los bancos siempre recuperaran su dinero. Los “programas de ajuste estructural” que ordenan las políticas de austeridad para pagarle a los bancos se imponen a través de todo el mundo. 

 

Pasaporte abierto… para el dinero
Las practicas de rescate financiero, como en México, según  un personero de Morgan Stanley, fueron un éxito —por un corto tiempo.
Para que todo esto fuera efectivo un sistema de interconexión  global de valores  y mercado de comercio financiero fue necesario construir para reemplazar las operaciones puramente  nacionales y eliminar la práctica de mantener separadas las compañías de financiación de préstamos hipotecarios y los bancos de depósito. Su inauguración unió a Londres y Nueva York  y luego a todos los mayores mercados financieros del mundo en un solo sistema de intercambio en donde los bancos podían ahora  operar libremente.

 

Para el año  2000, por ejemplo, la mayor parte de los bancos mexicanos eran extranjeros. Barreras técnicas y logísticas, si no se eliminaron totalmente, fueron drásticamente disminuidas. Ahora el dinero podía ir fácilmente donde el retorno fuera mayor.
 

 

El problema, sin embargo, es que  cuando el sistema financiero se hace global la competencia entre centros financieros crea consecuencias inesperadas. Si el sistema regulatorio en Londres era menos estricto que el de  Nueva York,  la City of London obtenía los negocios en lugar de Wall Sreet. El negocio lucrativo  fluye naturalmente donde el régimen es  menos estricto  y la presión política para disminuir, eliminar o ignorar  los sistemas regulatorios muy pronto  se impone. Las regulaciones protegían el sistema. Sin ellas, la protección desaparece.

 

La disminución salarial de la década de 1981/90 hizo más rico al rico, y esto es bueno porque el rico invertirá su ganancia en crear nuevas actividades económicas; cierto, solo que la mayoría de ellos prefiere invertir en valores de activos.

 

Cuando las acciones suben ponen mas dinero en el mercado de valores independientemente de cómo la compañía en la que invierten lo esté haciendo. Estos mercados crecieron, según David Harvey,  desde casi nada a cerca de 600 trillones en 2008. Corporaciones no financieras hacían más dinero en operaciones financieras que en produciendo cosas. ¿Para que invertir en la producción de baja rentabilidad cuando se podía pedir un préstamo  en Japón con cero interés e invertirlo en Londres al 7%?

 

La inestabilidad internacional del cambio de divisas se contrarrestó con la practica de los fondos de cobertura (hedging fund) y es aquí cuando un mercado fuera de los marcos reguladores empieza a crearse. Es este  tipo de iniciativas privadas la que desde los 90 crea nuevos productos financieros (“credit default swap”, “currency derivatives”, “interest rate swaps”, etc); si este sistema podía operar en Nueva York… ¿porque no en Singapore, Londres, Madrid o cualquier otra capital? ¿Y porque limitarlo solo a los Bancos?

 

Aunque no siempre se entendía el sistema y sus riesgos, esto fue solo un detalle porque de todas maneras  se estaba haciendo un montón de dinero. Los reguladores perdieron el poco control que tenían y la apariencia de control que los mercados financieros decían tener era solo una ilusión. Este es el momento, dice Harvey, en que la tendencia a la crisis de financiación capitalista realmente empieza.

 

En el otoño de 2008 la llamada “subprime mortgage crisis” llevo a la caída de los mayores bancos de inversión de Wall Street —que los obligo a cambiar de estatus, a fusionarse o declararse en quiebra—. El colapso de Lehman Brothers, y el 15 de septiembre del 2008 fue el momento decisivo. El mercado global del crédito se congelo. La confianza en el sistema desapareció desencadenando perdidas masivas y devaluaciones del capital bancario.

 

Las políticas gubernamentales inmediatamente se orientaron  a rescatarlos con el dinero público, lo que en la práctica significaba salvar a la clase capitalista con el dinero de los contribuyentes. Los bancos, en lugar de prestar dinero a las empresas con ese dinero, han puesto todo su esfuerzo en consolidar su poder. Los países cuyas exportaciones dependen de los mercados de Estados Unidos y Europa empiezan a sufrir un peligroso decrecimiento económico que hoy día empieza a afectar a toda la economía mundial.

 

¿Podemos volver a una economía basada en el crédito para que los bancos empiecen a prestar nuevamente?

 

Si las crisis son la oportunidad para reestructurar el desarrollo capitalista esta podría ser la ocasión para hacerlo. El modelo económico anglo americano ha caído en descrédito y las protestas en contra del capital internacional han empezado a resurgir nuevamente en Europa, Estados Unidos, India, Chile. Pero el movimiento, carente de organización, con una clase popular fragmentada, con las organizaciones laborales destruidas y con la desaparición de los  partidos políticos de izquierda, difícilmente se sostiene.

 

Lo que es evidente es que la clase financiera dirigente busca solo parchar el problema a expensas de la clase popular y devolver los bancos justamente a los intereses que provocaron la crisis. La crisis siempre es una oportunidad, pero hasta ahora, esta ha sido una oportunidad perdida.
——
* Escritores y docentes.

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1 Comentário

Comentarios

  1. Bradach
    6 noviembre 2012 18:13

    muy buen análisis, toda la oposición al aborto, el derecho a la vida de un cigoto es cínica, si realmente les preocupara pondrían los medios para cuidar de q los nacidos tengan lo que toda constitución les reconoce: derecho a la alimentación, a una vivienda digna, a la educación, a la sanidad, a transportes adecuados… todo lo demás es charlatanería, golpes en el pecho para la platea q se traga el bocata de los chorizos