May 27 2010
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Política

La olla nuclear israelí finalmente destapada por completo

Ernesto Carmona.*
 
Mientras la atención está centrada en Suráfrica por el próximo mundial de fútbol, el diario británico The Guardian reveló el domingo 23 de mayo cómo Israel le ofreció en venta hasta ocho cabezas nucleares –en 1975– al régimen del apartheid. El periódico publicó un documento secreto surafricano desclasificado que lleva la firma de los entonces ministros de Defensa israelí Shimon Peres –hoy presidente del estado judío– y de PW Botha, en aquella época su par sudafricano, quienes dejaron un registro ultra secreto de un encuentro en Zurich (Suiza).[1]

La revelación fue despachada desde Wáshington por Chris McGreal, bajo el título Exclusivo: Papeles secretos de la era apartheid entregan primeras pruebas oficiales de armas nucleares israelíes. Los documentos —que contienen una oferta de venta de cabezas nucleares israelíes al régimen del apartheid— constituyen la primera certificación oficial del propio estado judío sobre su ocultada tenencia de armas nucleares, explicó el diario británico.

Según la minuta de una reunión “secretísima” entre ambos ministros de defensa el cuatro de junio de 1975, el sudafricano PW Botha pidió las cabezas y Shimon Peres le ofreció –en código– “tres tamaños”. Los dos altos funcionarios firmaron un convenio militar a gran escala entre ambos países, con una cláusula que declaró secreta “la existencia misma de este acuerdo”, señaló McGreal*.
 
Los documentos fueron desclasificados por el académico estadounidense Sasha Polakow-Suransky, en la investigación para su libro sobre la estrecha relación entre Israel y la Sudáfrica racista del apartheid, The Unspoken Alliance: Israel’s secret alliance with apartheid South Africa (Alianza desconocida: El pacto secreto de Israel con el apartheid de Suráfrica), publicado en EEUU la semana pasada. Los papeles secretos demuestran que Israel posee armas nucleares a pesar de su política de “ambigüedad”, que no confirma ni niega su tenencia.
 
Israel trató de impedir que el gobierno post-apartheid de Suráfrica desclasificara los documentos, cuando se enteró de la petición de Polakow-Suransky, cuyas revelaciones resultan particularmente vergonzosas en medio de las negociaciones sobre no proliferación nuclear centralizadas en el Oriente Medio y efectuadas la semana pasada en Nueva York. También hacen menos creíble las afirmaciones de Israel de que si tuviera armas nucleares constituirían un poder “responsable” que no emplearía mal, mientras promueve la desconfianza hacia países como Irán.
 
Una portavoz de Peres, citada por The Guardian, dijo que el informe es infundado y nunca hubo “negociación alguna” entre los dos países. La vocera no hizo ninguna observación respecto a la autenticidad de los documentos, que muestran el interés de los militares surafricanos de la era apartheid por los misiles para su eventual utilización contra Estados vecinos, indicó el diario.
 
En 1975, el territorio de Namibia luchaba por consolidar su independencia de Suráfrica; en Angola comenzaba la guerra civil promovida por EEUU contra el gobierno progresista de Agostinho Neto, una contienda que Suráfrica internacionalizó y en que más tarde resultó humillada por tropas angoleñas –reforzadas por fuerzas cubanas– que terminaron derrotando a los militares surafricanos.

En la vecina Rhodesia (hoy Zimbawe) la población negra también luchaba contra otro régimen racista blanco y, además, acababan de obtener su independencia de Portugal otras naciones cercanas, como Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde. Fidel Castro relató últimamente que Suráfrica llegó a poseer cinco armas nucleares proporcionadas por Israel que estuvo cerca de utilizar cuando las tropas angoleñas y cubanas pusieron en jaque a sus fuerzas militares.[2]
 
Jericó: arsenal nuclear Israelí
 
Los israelíes “ofrecieron formalmente la venta a Suráfrica de algunos de misiles de capacidad nuclear de su arsenal de Jericó” en una reunión acaecida el 31 de marzo de 1975. Entre los participantes de este trato figuró el jefe militar surafricano teniente general RF Armstrong, quien de inmediato elaboró un memorándum secreto que destacó las ventajas para Suráfrica si obtenía los mísiles de Jericó dotados de armas nucleares.

El memo “top secret”, fechado el mismo día de la reunión entre israelíes y sudafricanos, ya era conocido, pero no se entendía su contexto. Se ignoraba que estaba directamente conectado con una oferta israelí de armas atómicas en respuesta directa a una petición surafricana formulada el mismo día del encuentro.

En ese memorándum, Armstrong escribió: “En la consideración de los méritos de un sistema armamentístico como el que está siendo ofrecido, se han hecho ciertas suposiciones: a) Que los misiles sean armados con cabezas nucleares fabricadas en la RSA (República Surafricana) o adquiridos en otra parte”.
 
Chris McGreal advirtió en The Guardian que entonces Suráfrica estaba muy lejos de poder construir armas atómicas. Poco más de dos meses después, el 4 de junio, Peres y Botha se encontraron en Zurich. Entonces, el proyecto Jericó tenía el nombre en código “Chalet”. La minuta supersecreta sobre este encuentro señala: “El ministro Botha ha expresado interés por un limitado número de unidades de Chalet, conforme a la carga útil correcta disponible”.

El documento añade: “El ministro Peres dijo que la carga útil correcta estaba disponible en tres tamaños. El ministro Botha manifestó su aprecio y dijo que pediría consejo”. Se presume que los “tres tamaños” se refieren a armas convencionales, químicas y nucleares.
 
El uso del eufemismo “carga útil correcta” refleja la sensibilidad israelí sobre el tema nuclear y no habría sido utilizado para referirse a armas convencionales, escribió McGreal. También significaría que solamente las cabezas nucleares descritas en el memorándum de Armstrong aclaraban el interés de Suráfrica por los misiles de Jericó sólo como condición para la entrega de armas nucleares. Además, las cabezas nucleares eran la única “carga útil” que los surafricanos habrían necesitado obtener de Israel, pues eran capaces de dotar a los mísiles de otro tipo armamento, indicó el diario británico.
 
Botha no siguió adelante con el trato, en parte debido a su precio. Además, cualquier acuerdo requería la aprobación final del primer ministro de Israel, que según el diario británico resultaba incierto. El periódico afirma que “Suráfrica construyó eventualmente sus propias bombas nucleares, no obstante con posible ayuda israelí, pero la colaboración en tecnología militar creció solamente durante los años siguientes. Suráfrica también proporcionó mucho uranio concentrado que Israel necesitó para desarrollar sus armas”.
 
Filtraciones del secreto
 
Para el diario británico, los documentos confirmarían la historia del ex comandante naval surafricano Dieter Gerhardt, quien fue encarcelado en 1983 por espiar para la Unión Soviética. Después que irrumpió el colapso del apartheid, Gerhardt dijo que existía un acuerdo entre Israel y Suráfrica llamado Chalet que implicó una oferta del estado judío para armar 8 misiles de Jericó con “cabezas especiales”. Gerhardt dijo que se trataba de bombas atómicas, pero hasta ahora no se había documentado la oferta.
 
Semanas antes que Peres hiciera su ofrecimiento de cabezas nucleares a Botha, los dos ministros de defensa firmaron otro acuerdo secreto respecto a la alianza militar conocida como “Secment”. Este pacto era tan secreto que incluyó una negación de su propia existencia: “Por la presente se expresa que se está de acuerdo en que la misma existencia de este acuerdo… será secreta y no será divulgada por cualquiera de las partes”. El acuerdo también estableció que ninguna de las dos partes podría desahuciarlo de manera unilateral.
 
The Guardian recordó que la existencia del programa de armas nucleares de Israel fue revelada en 1986 por Mordechai Vanunu al diario británico Sunday Times. Vanunu proporcionó fotografías tomadas dentro de la planta nuclear de Dimona y describió detalladamente los procesos involucrados en la producción de parte del material nuclear pero no incluyó documentación escrita.
 
Los documentos capturados por estudiantes iraníes al interior de la embajada de EEUU en Teherán, después que la revolución de 1979 derrocara al Sha de Irán M. Reza Phalevi, mostraron el interés de Israel por desarrollar un arma nuclear. Pero sólo la documentación de la oferta a Suráfrica confirmó que Israel estaba en condiciones de armar los misiles de Jericó con cabezas nucleares, indicó el Guardian.
 
Israel ejerció presión sobre el actual gobierno surafricano para que no desclasificara los documentos obtenidos por Polakow-Suransky. “El ministerio de defensa israelí intentó bloquear mi acceso al acuerdo “Secment” argumentando que era material sensible, especialmente por la firma y fecha”, dijo el escritor citado por el diario londinense. “En apariencia, los surafricanos no hicieron caso; tacharon algunas líneas y me lo entregaron. El gobierno del ANC (Congreso Nacional Africano) no está tan preocupado de proteger el lavado de la mugre de los viejos aliados del régimen del apartheid.”
 
Fuente
Artículo del diario británico The Guardian, que se puede leer aquí.

Notas

[1] Ver en este portal artículo de Alfredo Jalife-Rahme aquí

[2] En la intimidad de un encuentro con periodistas latinoamericanos y caribeños –al que asistió el autor de esta nota– en octubre de 2001, Fidel Castro relató que la inteligencia cubana minó secretamente todas las represas de Suráfrica en respuesta al eventual ataque nuclear del régimen del apartheid. La respuesta cubano-angoleña hubiera sepultado bajo el agua a Ciudad del Cabo y a otras grandes urbes surafricanas.
Entre enero de 2003 y diciembre de 2005, Castro repitió este relato en su autobiografía de 100 horas de conversaciones con Ignacio Ramonet, publicada como libro en 2006, Fidel Castro: Biografía a dos voces, Ed. Sudamericana, o simplemente Cien horas con Fidel, en la edición cubana.
 
Imagen de apertura
Fragmento final del acuerdo militar secreto firmado por Shimon Peres, ahora presidente de Israel, y PW Botha de Suráfrica (en The Guardian).

* Periodista.

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