Ene 23 2007
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Opinión

La otra cara de las cosas (II). – PERIODISTAS AL LÍMITE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A diario, somos receptores de relatos y editoriales que suelen dejarnos tan desinformados como antes de verlos, oírlos o leerlos, sobre cualquier tema que exceda mínimamente los niveles del “periodismo chatarra” en boga.

La experiencia alemana en la formación de periodistas es interesante. En la RFA es requisito indispensable para el ejercicio profesional haber seguido una carrera universitaria. No tiene excesiva importancia si se estudió periodismo como carrera principal (Hauptfach), o como complemento de otra carrera (Nebenfach). Es más, el Dr. Reinhard Hilke, de la Oficina Federal de Empleo de Alemania, recomienda seguir previamente estudios que aseguren al aspirante una completa especialización “externa”, antes de aprender el oficio de periodista propiamente tal.

Aquí y allá percibimos que el mundo globalizado es tan complejo, evoluciona tan rápido y cambian con tal profundidad los significados de los sucesos que se desarrollan simultáneamente en un millón de frentes distintos, que sólo las noticias seleccionadas, sopesadas, analizadas, estudiadas y sintetizadas por periodistas provenientes de distintas carreras universitarias, con una formación y una experiencia muy sólida en el tema respectivo –y la práctica profesional necesaria–, nos permitirían ponernos al día o “enterarnos” verdaderamente.

Por nuestra propia experiencia docente, en Chile y otros países de América Latina, nos consta que las técnicas de redacción para informaciones y comentarios las puede aprender cualquier egresado universitario, de cualquiera carrera, en dos semanas, a condición de tener una vocación periodística manifiesta. En cambio, lograr un “contenido” valioso para sus artículos, entrevistas o reflexiones requiere de una formación superior, universitaria, académica y practica, de varios años.

No es casual que el jefe de la sección Ciencias del New York Times haya sido hasta hace poco –y durante más de una década–, el doctor en Psicología Daniel Goleman, autor de La Inteligencia Emocional, y no un mero egresado de una escuela de Periodismo. En Argentina, las páginas de economía de los diarios principales están a cargo, casi exclusivamente, de economistas graduados como tales, tan ágiles, inquisitivos y excelentes escritores de noticias, como si fueran reporteros o redactores profesionales, que eso son en realidad. Al igual que son periodistas en la práctica, y no únicamente literatos, los escritores que hacen entre nosotros la Revista de Libros de El Mercurio.

¿Qué hacer, finalmente, con los actuales estudiantes y egresados de periodismo de las 52 escuelas universitarias que otorgan el título en el país? Siempre van a encontrar algo, en una profesión que se ejerce en diferentes escalones, sea como “sujeta-micrófonos” que recogen sin contra preguntar las declaraciones de terceros, sea en el reportaje de investigación y el comentario editorial, si siguen estudiando cada día para ello, aumentando su experiencia vital y sus conocimientos sin cesar, que el mismo ejercicio profesional favorece.

Muchos grandes medios de prensa prefieren, en Chile y en todo el mundo, contratar egresados de Escuelas de Periodismo, porque vienen ya “formados” –superficialmente, por cierto– en diferentes materias presentes en el contexto noticioso, y desde luego, en las técnicas periodísticas propiamente tales, aunque les falte la práctica.

Y porque al graduarse, además, demostraron tener la mínima disciplina para aceptar las directrices de un periodismo desquiciado, como el chileno, donde se insiste en una información parcializada, que a comienzos del siglo XXI evoca los tiempos de El Hambriento y El Canalla, propios de las luchas sectarias de la época de don Diego Portales. Un periodismo de barricada que hay que erradicar, antes de que se pueda proceder a la incorporación de los expertos y especialistas que requieren una prensa moderna, de mercado, donde aún espera su turno la postergada objetividad.

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* Periodista. Artículo publicado originalmente en La Nación de Santiago de Chile.

www.lanacion.cl.

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