Ago 29 2012
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CulturaEconomía

La silenciosa conquista china

‚ÄúCada siete minutos durante las veinticuatro horas del d√≠a y 365 d√≠as al a√Īo, un cami√≥n cargado con 15 toneladas de madera talada ilegalmente en Birmania cruza por un puesto fronterizo hacia China‚ÄĚ.
¬ęEn Per√ļ, tan solo ocho empresas mineras chinas controlan 295 concesiones mineras en el pa√≠s‚ÄĚ.
‚ÄúUn informe del Consejo de Estado chino [‚Ķ] contabilizaba 2.025 proyectos [de infraestructuras] construidos y financiados por China en el extranjero a finales de 2009.‚ÄĚ
Son sólo tres botones de muestra de la silenciosa conquista china.| ALBERTO MAGNET.*

 

El t√≠tulo de este monumento al periodismo de investigaci√≥n, La silenciosa conquista china, es la clave de la trama desvelada por dos periodistas espa√Īoles, Juan Pablo Cardenal y Heribert Araujo. Es un t√≠tulo que refleja el singular modus operandi del pa√≠s que de aqu√≠ a una d√©cada, o quiz√° menos, ser√° la primera potencia econ√≥mica del planeta.

 

China conquista el planeta silenciosamente, por oposici√≥n al ruido de los ca√Īones y los fusiles que, en los tiempos de los antiguos ‚ÄĒy no tan antiguos-‚ÄĒ imperios, sol√≠a preceder, a la conquista de los territorios.
Ese principio fundamental del sigilo y el silencio, la opacidad y el hermetismo, tiene sus correlatos en la economía, en las relaciones exteriores y en la seductora penetración de la liquidez financiera china que inunda las economías (o los bolsillos de los gobernantes) de los países donde las empresas chinas se asientan.

 

Cardenal y Araujo desgranan una larga serie de episodios, vividos en persona, viajando por 25 pa√≠ses, recorriendo m√°s de 200.000 kil√≥metros y viviendo con una cercan√≠a ‚ÄĒa veces peligrosa‚ÄĒ la realidad que relatan en su libro.

 

La gama de asuntos que este libro trata puede realmente ser tildada de ‚Äúhol√≠stica‚ÄĚ. All√≠ donde los chinos han irrumpido con su poder financiero e industrial, se puede observar todo un espectro de efectos en diferentes dominios, desde la violaci√≥n de los derechos laborales de sus propios trabajadores ‚ÄĒy de las poblaciones locales‚ÄĒ hasta los nefastos y multiplicadores efectos medioambientales de sus proyectos en la miner√≠a, la tala forestal, la explotaci√≥n agr√≠cola, la energ√≠a y el petr√≥leo. Entre medio se encuentran los derechos civiles y humanos, una concepci√≥n del desarrollo y una visi√≥n del futuro de lo que las grandes inversiones chinas en infraestructura en m√°s de 160 pa√≠ses del mundo deparan al planeta.

 

Hay de donde escoger. El sólo capítulo de los derechos laborales da para una larga reflexión sobre las huellas que la China moderna va dejando por los cinco continentes, allá donde se aventura a asegurar sus fuentes de aprovisionamiento en materias primas. Allí por donde pasan las empresas estatales chinas queda una huella de corrupción, expolio y desolación medioambiental.

 

La lista de grandes corporaciones estatales chinas es casi tan larga como el n√ļmero de pa√≠ses donde act√ļan. Entre ellas, la poderosa CNPC la (China National Petroleum Corporation), la Sinopec, la CNOOC, el Eximbank y el CDB en el sector bancario, la minera Shougang, la REC (China Railway Group Limited), nombres que nos iremos acostumbrando a reconocer, como en su tiempo ocurri√≥ con Shell, Texaco o Anaconda Mining Co.

 

Todas ellas act√ļan con cierta independencia del poder central, aunque est√°n estrechamente controladas por √©l. Todas explotan y devastan amparadas en el principio fundamental de la pol√≠tica exterior china, a saber, el principio de no ingerencia en los asuntos internos. Seg√ļn confiesa un alto dirigente, todas las empresas chinas incorporan en sus balances partidas destinadas a los sobornos, a las mordidas y coimas peque√Īas y grandes, y no tienen empacho en reconocerlo. Es su modo de penetraci√≥n en los mercados, dicen, lo cual les obliga a mirar para otro lado cuando se trata de las flagrantes violaciones de los derechos humanos que en la mayor√≠a de pa√≠ses del Asia y de √Āfrica se perpetran en nombre del supremo desarrollo econ√≥mico.

 

El ritmo de su propio crecimiento ha impulsado a China a salir al exterior en los √ļltimos treinta a√Īos, al principio t√≠midamente y con un irrefutable componente ideol√≥gico. En la actualidad, la motivaci√≥n es indudablemente estrat√©gica, con el prop√≥sito de asegurarse las fuentes de aprovisionamiento de materias primas y conquistar los mercados locales.

 

En Argentina, por ejemplo, donde viven 75.000 chinos o m√°s, la asociaci√≥n CASRECH es due√Īa de 8.900 supermercados, aproximadamente la tercera parte del total. En otros pa√≠ses han inundado los mercados locales con su producci√≥n de bienes de consumo baratos y con sus productos textiles, electrodom√©sticos y juguetes han hundido las industrias locales en pa√≠ses tan dispares como M√©xico, Marruecos, Sud√°frica o Lesoto.

 

En el futuro le llegará el turno a la industria del automóvil, a los equipos industriales y la maquinaria pesada.

 

Sin embargo, no hay ‚Äúmilagro chino‚ÄĚ, tal y como suele entenderse, dicen los autores, que visitaron numerosas empresas chinas en todo el mundo y constataron con sus propios ojos las condiciones en que viven los trabajadores, con jornadas de 14 horas, seis y siete d√≠as a la semana, con poco o nada de sustento alimenticio y unos sueldos que a veces no llegan a los 150 d√≥lares.

 

La exportaci√≥n de su r√©gimen laboral a los pa√≠ses donde se instalan calca en todos los aspectos el desprecio y la indiferencia de las empresas chinas ante el sufrimiento de sus propios trabajadores. En cuanto a las violaciones de los derechos laborales b√°sicos, los patrones chinos responden a las reclamaciones de los obreros con sus propios matones, y los someten a reg√≠menes semicarcelarios, a maltratos, torturas e incluso amenazas contra sus familias, lo cual nos recuerda los peores a√Īos de las mafias actuando junto a la patronal en Estados Unidos, o la persecuci√≥n de los sindicatos en los reg√≠menes dictatoriales de Am√©rica Latina.

 

La voracidad de las empresas chinas abarca desde los pozos petrol√≠feros y yacimientos de gas de Ir√°n, Kazajist√°n y Sud√°n hasta la compra de centenares de miles de hect√°reas de predios agr√≠colas en Argentina y Brasil, pasando por la explotaci√≥n minera en Mozambique, Angola o Per√ļ, o la tala de bosques en la Siberia oriental, donde las empresas chinas dominan la producci√≥n y exportaci√≥n desde la ca√≠da del r√©gimen sovi√©tico.

 

Despu√©s de leer este libro, queda claro que el capitalismo rojo se diferencia del capitalismo tradicional en una cuesti√≥n de escala porque los proyectos de explotaci√≥n son siempre fara√≥nicos y van acompa√Īados de cifras de decenas de miles de millones de d√≥lares. En ausencia de cualquier c√≥digo legal que sancione los desmanes, el camino m√°s f√°cil para obtener plusval√≠as supermillonarias es trabar amistad con los reg√≠menes m√°s corruptos del planeta.

 

Allí donde las empresas occidentales no pueden penetrar debido a distintas prohibiciones y legislaciones de sus países, los chinos entran con la comodidad de sus sobornos y gracias a la connivencia que establecen con las autoridades.

 

Un bot√≥n de muestra es Sud√°n, donde el todav√≠a presidente Bashir ha acumulado una fortuna personal de m√°s de 9.000 millones de d√≥lares gracias a las ‚Äúayudas‚ÄĚ chinas. Una vez despejado el camino con los sobornos, las millonarias transacciones en las que los chinos se han convertido en especialistas, fundadas en el intercambio de materias primas por infraestructuras b√°sicas (carreteras, puentes, aeropuertos, represas, hospitales‚Ķ a veces inoperantes debido a las carencias de una poblaci√≥n que no sabe gestionarlas), intercambios leoninos donde los haya, esas empresas intervienen para asegurar el constante flujo hacia la metr√≥polis de los insumos que devora el gigante chino.

 

Este libro, como podr√≠an pensar algunos, no es un libro antichino. Es un serio llamado de atenci√≥n sobre la barbarie instaurada por un partido y una clase dirigente ajena del todo e indiferente al bienestar y al futuro de los pueblos. Es un libro sobre los efectos colaterales de una devastadora expansi√≥n. Una cara de la moneda es sin duda el r√©gimen de semiesclavismo que las empresas chinas instauran y practican en el exterior y que constituye la piedra angular de lo que se ha dado en llamar la ‚Äúf√°brica del mundo‚ÄĚ.

 

No es menos importante la vertiente ecol√≥gica y medioambiental, porque en su constante expansi√≥n, estas empresas dejan un paisaje humano y f√≠sico paup√©rrimo y destrozado para siempre, la mayor√≠a de las veces sin siquiera llevar a cabo estudios de impacto ambiental. Los vertidos qu√≠micos de las explotaciones mineras, las represas en r√≠os tan importantes como el Nilo o el Mekong, que alteran la vida de las ancestrales poblaciones ribere√Īas y arrasan con las riquezas pisc√≠colas de los deltas, la explotaci√≥n maderera que acaba r√°pidamente con las cadenas tr√≥ficas en pa√≠ses como Birmania o Rep√ļblica del Congo‚Ķ

 

En pocas palabras, este libro habla de la antesala de una hecatombe medioambiental de la que se sabe muy poco y nada se sospecha. El hermetismo de las autoridades chinas (y locales) y de las empresas chinas es uno de los pilares necesarios del desastre que se está consumando. En la propia China, la censura en todos los medios de comunicación y en internet es un potente instrumento que contribuye a echar tierra sobre las catástrofes.

 

Sin apenas una oposici√≥n interna que pueda alzar la voz, todas las decisiones que fundamentan la expansi√≥n de la econom√≠a china quedan en manos del todopoderoso partido. Como se√Īalan Cardenal y Araujo, en China ‚Äúlos objetivos estrat√©gicos nacionales y las necesidades corporativas se confunden y complementan‚ÄĚ, y eso es lo que permite la impunidad frente a los excesos cometidos dentro y fuera de sus fronteras.

 

Para mantener la paz social, China necesita seguir creciendo a un ritmo anual m√≠nimo de 8%. Cualquier contingencia que aparezca como obst√°culo a esa cifra debe ser desarmada y neutralizada, pero a√ļn no sabemos lo que aquello comportar√° para el futuro del mundo cuando China alcance finalmente la hegemon√≠a.

 

Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araujo, La silenciosa conquista china, Editorial Crítica, Barcelona, 2011.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor, traductor radicado en Barcelona.
En www.piensachile.com
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