May 20 2005
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Economía

La silenciosa homosexualidad de Cuba

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Una reciente versión de la novela El Conde de Montecristo para la televisión cubana fue extremadamente fiel al original de Alejandro Dumas, menos en un pequeño detalle: la hija de uno de los enemigos del Conde se escapa con su novio, en lugar de hacerlo con su mejor amiga.

Al parecer, la intimidad entre una joven y su maestra de piano, muy bien delineadas en la obra de Dumas, no era una historia “adecuada” para el público infantil o adolescente cubano del espacio Aventuras. La maestra fue sustituida por un maestro y la relación original cambiada por un noviazgo heterosexual, con todos sus ingredientes.

Realizadores más arriesgados han hecho intentos de incluir el tema de la homosexualidad en algunas seriales televisivas, pero el producto final que ha recibido la teleaudiencia no se ha librado de los prejuicios y estereotipos existentes en Cuba hacia la diversidad sexual.

Así, un “gay” se pasó una telenovela hablando de su “problema”, sin nunca mencionar la palabra homosexualidad y dos lesbianas fueron “matadas” con premeditación y alevosía por el director de otra serie. La muerte en un accidente de auto apareció como una especie de castigo divino a la mujer que había dejado a su esposo para irse con otra.

Paradójicamente, obras que han logrado abordar seriamente la problemática homosexual en la isla, como la película Fresa y chocolate (1993) de los directores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, premiada en varios festivales fuera de Cuba, nunca han sido programadas en los espacios cinematográficos de la televisión cubana.

“¿A qué atribuye que una película como Fresa y chocolate nunca haya sido programada por la televisión?, preguntó SEM a especialistas e integrantes de la comunidad homosexual, a más de diez años del estreno de lo que se ha considerado una de las piezas emblemáticas del cine cubano.

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Para la realizadora cubana Lizette Vila, no existen elementos contundentes que puedan explicar la decisión de no trasmitir por la televisión ese film. “Responder a esta pregunta me provoca sentir ‘la vergüenza ajena’”, comentó Vila, directora de dos documentales sobre la vida de los travestis en este país.

A su juicio, se ignora “el desarrollo cultural y el delirio cinematográfico que existe en Cuba y que ha permitido, con acierto, acrecentar la percepción de diferentes conflictos, puntos de vista y tendencias artísticas, asumirlos y formar juicios que finalmente constituyen un tejido social consciente, culto y enaltecido por sus valores éticos”.

“No tengo palabras”, fue la respuesta de la directora de revista cubana Mujeres, Isabel Moya. La comunicadora no pudo explicar qué puede haber frenado la exhibición de la película Fresa y chocolate, cuando la televisión cubana ha exhibido películas sobre el mismo tema, como la estadounidense Cowboy de Medianoche.

“Creo que es un reflejo de lo que sucede en la sociedad, de las manifestaciones homofóbicas de las personas que tienen el poder de programar, de decidir qué se pone y qué no se pone en la televisión”, dijo por su parte un homosexual consultado por SEM, que pidió el anonimato.

¿HUMOR O DISCRIMINACIÓN?

La inclusión en los programas humorísticos de un personaje gay, extremadamente amanerado, que provoca la risa por su propia naturaleza homosexual, ha sido la presencia más usual de la homosexualidad en la televisión cubana.

Armando Álvarez, médico que trabaja en la prevención del Sida, afirmó que “la comunidad gay cubana no se reconoce en estos personajes”. Esta es la “forma más fácil de no abordar el fenómeno”. Lo que se hace es “ridiculizar a las personas y al final se queda bien con la mayoría de la sociedad, e incluso con muchos homosexuales y bisexuales que no se reconocen a sí mismos públicamente. Prevalece así la imagen estereotipada de la homosexualidad y no hay peligros”, dijo a SEM.

Álvarez consideró que “el tema de la homosexualidad es poco tratado en los medios y, cuando se trata, además de satirizar personajes y reforzar estereotipos existentes en la población, se plantea como una conducta reprobable y marginal, casi siempre referida al sexo masculino.

“En el caso de las mujeres, el estigma y la discriminación es doble. Son discriminadas por el género y por la orientación sexual”, agregó.

Los prejuicios se extienden al tema del Sida. La mayoría de las personas infectadas en Cuba por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) son hombres homosexuales, sin embargo, la heterosexualidad prevalece en las historias de ficción televisivas, los materiales educativos y las campañas de prevención.

Una verdadera “aguja en el pajar” podría considerarse el espacio televisivo Vale la pena, conducido por el psicólogo Manuel Calviño desde hace más de diez años. Los análisis hechos por Calviño sobre diferentes conductas homofóbicas en Cuba quedan reducidos, sin embargo, a la escasa teleaudiencia de las altas horas de la noche.

A partir de su experiencia como realizadora de televisión y cine, y como defensora de los derechos de las minorías, Vila recuerda que “cuando no hay una respuesta justa, equilibrada o sensata, se tiende a replicar con burlas, tratando de ridiculizar el asunto que tienes que enfrentar”.

“El tema gay en Cuba ha sido abordado de una manera irregular, a veces utilizando códigos estereotipados y decadentes, y lo que considero más excluyente es que casi siempre ha faltado una mirada integradora, y más bien ha habido un discurso no comprometido con la verdadera esencia del mejoramiento humano, en que todos y todas somos parte de esa diversidad”, aseguró.

Para la cineasta, “este enfoque despojado de valentía, respeto y sensibilidad, está dibujado por una cultura despojada de los sentimientos de igualdad de género, de los conocimientos sobre identidad sexual y, sobre todo, marcada por la insolencia del ocaso patriarcal”.

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SILENCIO IMPRESO

Mientras la televisión empieza a abrir pequeños espacios sobre la homosexualidad, la prensa escrita mantiene el silencio sobre el tema y, cuando de manera aislada lo rompe, tropieza con la reacción de la cultura machista hegemónica. Esa fue la experiencia de la directora de la revista Mujeres.

“Publicamos un trabajo sobre homosexualidad, una entrevista a Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual, y recibimos cartas de lectores quejándose. En una incluso me decían que cómo yo, tan seria, me dejaba coger para esas cosas”, comentó Moya.

Presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, la periodista afirmó a SEM que resulta necesario empezar a “educar desde los medios en el respeto a la orientación sexual, pues todavía hay prejuicios en la población cubana sobre este tema”.

Moya considera que coexisten productos comunicativos de todo tipo, que llegan a ser “muy diferentes y a veces contradictorios”: los abordajes oscilan desde tratamientos muy serios, como el de Manuel Calviño en “Vale la pena”, hasta la homofobia de varios espacios humorísticos.

“Lo que se trata de hacer desde aproximaciones serias, contando con especialistas, se contradice con el abordaje de chanza y broma. A veces pienso que la masculinidad hegemónica se siente amenazada y recurre a la burla como respuesta”, opinó la directora de Mujeres.

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* Periodista. Artículo publicado en el portalMujeres hoy
(www.mujereshoy.com).

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