Jun 10 2004
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Política

Las noticias mundializadas y la verdad de la información

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El diario digital francés Voltaire ha publicado últimamente el análisis de Thierry Meysson sobre el papel de la CNN en la desinformación mundial. El autor comienza refiriéndose a la operación Tormenta del Desierto en 1990-91, en la que se movilizó una coalición internacional para que Irak se retirara de Kuwait. Coalición que tuvo como fuente única de información a la CNN.

La cadena norteamericana, a partir de ese momento, impuso al mundo el concepto de información continua. Durante todo el conflicto todas las cadenas repitieron sus imágenes y rara vez discreparon de su análisis. El dispositivo de propaganda que los EEUU había montado durante la Guerra Fría contra la propaganda soviética se extendía a nivel planetario. En ausencia de un competidor soviético, la propaganda de Washington no encuentra límite en la actualidad y se difunde en todo EEUU y sus aliados.

El tratamiento de la información por parte de la CNN, analizada retrospectivamente se puede demostrar como tendenciosa y parcial -agrega el estudio- por lo que los medios de comunicación, en la mayor parte de los países del mundo, se dotaron de equipos que les permitieran entregar información continua para garantizar la objetividad, lo que lejos de proteger a la opinión pública de la propaganda norteamericana, la ha legitimado. Eso fue muy claro en los atentados del 11 de septiembre.

El problema, afirma Meysson, citando al sociólogo Marshall McLuhan, reside justamente en la forma, más que en el fondo del mensaje.

1990: año de la imposición del modelo de información continua

El concepto consiste en difundir en tiempo real imágenes de sucesos de manera que los telespectadores puedan sentir las emociones como si estuvieran participando. Se trata de dar la impresión que la simultaneidad de la información con el hecho garantiza su veracidad. Pero, en realidad, esto es la negación del periodismo que consiste en analizar el evento, seleccionar los hechos sobresalientes, recuperar las fuentes, verificar las imputaciones y darles sentido. El periodismo no es una técnica de descripción, sino el arte de la comprensión. El estudio concluye que la inmediatez, lejos de garantizar la verdad la rinde a las apariencias y los prejuicios.

En 1990, al mismo tiempo que el secretario de Estado, James Baker, trataba de convencer a la opinión pública de la necesidad de librar una guerra contra Irak, la Empresa de Publicidad Hill & Knowlton difundía el rumor de que el ejército iraquí había prohibido el uso de incubadoras en las maternidades de Kuwait produciendo la muerte de más de 300 bebés prematuros. El rumor fue confirmado por un informe de Amnesty International.

Las audiencias realizadas en el Congreso estadounidense fueron emitidas por la CNN y se retrasmitieron en todo el mundo. Una joven enfermera, dejada en el anonimato, fue quien hizo la denuncia. Después de la guerra, un periodista de la revista Harper?s Magazine demostró que la acusación era un montaje y que la joven enfermera era la hija de un diplomático kuwaití. La directora de Hill & Knowlton, Victoria Clark, armó el montaje. Con esto, la administración de Bush (padre), no sólo buscaba engañar al Congreso, sino también a la opinión pública internacional. La garantía era su posición y el efecto CNN. Ningún periodista, trataría de verificar hechos informados “al instante”, aún de fuentes anónimas que en otra situación serían cuestionadas.

Lo más grave es que no hay reglas para impedir la reproducción de “informaciones al instante”. El tiempo borra el engaño, aunque posteriormente se demuestre -lo que pasó inadvertido- que Victoria Clark es en la actualidad portavoz del departamento (ministerio) de Defensa de EEUU.

También durante la Operación Tormenta del Desierto el secretario (ministro) de Defensa estadounidense de la época, Dick Cheney -actual vicepresidente de ese país-, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Colin Powell -en la la actualidad secretario (ministro) de Estado-, denunciaron que Sadam Hussein había abierto las compuertas de sus pozos de petróleo esparciéndolos por el Golfo y provocando el desastre ecológico más grande de todos los tiempos.

La CNN lo confirmó y difundió la imagen de un cormorán empapado de petróleo en una playa. Sin embargo, desde el primer día, la Agencia Reuters había explicado que se había producido una pequeña marea negra debido al bombardeo norteamericano a un buque-tanque iraquí que se había creído transportaba armamento.

La acusación, lanzada contra Sadam Hussein, permitió a Washington disfrazar un ataque militar y satanizar a Hussein frente a los ecologistas. Una vez más el efecto CNN sirvió para credibilizar la información. Ante la instantaneidad ningún periodista verificó la extensión de la marea negra, nadie observó atentamente las imágenes, ni reflexionó sobre la autenticidad de la información. Sólo más tarde se comprobó,por medio de otras de imágenes -antiguas- de la agencia británica ITN, que las capas de petróleo no podían llenar una playa de manera que de allí cayeran al mar y que la especie de cormorán que apareció en el despacho de la CNN no habita el Golfo Pérsico.

Tampoco se consideró que la acusación era estúpida porque los iraquíes no iban a destruir las riquezas que, justamente entonces, reivindicaban.

De esta misma manera Cheney -que buscaba demostrar que Irak invadió Kuwait sólo por expansionismo- afirmó que Sadam Hussein se armaba para conquistas futuras y para contar con el cuarto ejército más poderoso del mundo, después de los de EEUU, Rusia y Gran Bretaña. En efecto, durante la guerra contra Irán, Irak aumentó su presupuesto militar llegando a ser el noveno en el mundo, pero el país quedó exangüe después de este conflicto y sólo contaba con armamento obsoleto y reciclado de los deshechos de los ejércitos occidentales.

Estos ejemplos muestran que la información continua dificulta estructuralmente el trabajo periodístico en la actualidad. Esto se acentúa en un país como Chile, donde existen dos grandes monopolios de la información escrita que, al mismo tiempo, son parte de los grupos económicos principales del país, con riquezas que ya se consignan en Forbes, y en el que la televisión -que está destinada a las grandes audiencias cuya demanda se mide por el people meter– cuida que las imágenes efectistas sean las que queden en las mentes de las mayorías.

En estas condiciones no hay posibilidades ni medios para que el periodismo serio pueda demostrar a estas mismas audiencias la veracidad o no de las imágenes que recibieron por la TV o a través de los grandes titulares de la prensa gráfica.

Como concluye Thierry Meysson, la única forma de enfrentar la desinformación mundial es anteponiendo la fuerza de la comunicación global; también en Chile -y en América Latina- sólo tenemos esa opción impulsando el desarrollo de la prensa digital alternativa, aunque por ahora sólo nos llegue a unos pocos.

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*Periodista. Publicado en: www.portaldelpluralismo.cl

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