Oct 31 2008
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PolíticaSociedad

Latente peligro de magnicidio en Estados Unidos

Prensa Latina

Varios medios de prensa estadounidenses reflejaron los planes de los grupos neonazis blancos para asesinar al candidato demócrata Barack Obama, pese a que éste le restó importancia a tales preparativos.

El plan, según documentos divulgados en días recientes por la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF), también incluía el asesinato de 102 niños negros en el estado de Mississippi.

El agente Jim Cavanaugh, del ATF, precisó que dos hombres querían que "su acto final fuera un intento por matar al senador Obama. No creían que podrían hacerlo, pero morirían en el intento".

Ya en agostó último, durante la celebración de la Convención Demócrata en Denver, Colorado, la policía detuvo a cuatro miembros de un grupo de supremacistas blancos que planeaban un atentado durante el acto final del evento en un gran estadio.

En 1978 apareció una novela del líder del grupo neonazi National Alliance, William L. Pierce, intitulada The turner diaries, que narra una sublevación ficticia en Estados Unidos, en la cual rebeldes racistas se proponen derrocar al gobierno federal y amenazan con utilizar armas nucleares contra las principales ciudades estadounidense.

Los servicios secretos norteamericanos han vinculado este libro con actos criminales reales ocurridos en la historia reciente, y está confirmado que sirvió de inspiración a Timothy McVeigh, ejecutor del atentado con bomba en Oklahoma en 1995, incidente donde murieron 168 personas y más de 500 resultaron heridas.

Aquel sabotaje fue el más sangriento y devastador en la historia de los Estados Unidos, antes que ocurriera el perpetrado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

En 1986 los aparatos de espionaje descubrieron un plan de estas agrupaciones paramilitares para asesinar al entonces presidente Ronald Reagan, bajo cuyo mandato proliferaron estos sentimientos de odio, racismo y violencia extrema.

La detención de varios miembros del grupo xenófobo República de Texas en 1998, por conspirar para ultimar al presidente William Clinton, avivó nuevamente las interrogantes sobre el potencial real de estas milicias secretas para ejecutar con éxito un magnicidio, o actos terroristas de gran envergadura.

Estadísticas recientes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) apuntan a que hubo un incremento de los llamados “crímenes de odio” cometidos entre 2003 y el 2006, se aprecia que estas bandas están pasando de una fase de resistencia, a una de ofensiva terrorista generalizada, por lo que el problema lejos de mejorar, tiende a empeorarse.

En 1999 el FBI publicó un estudio denominado “Project Megiddo", donde señala el incremento de la actividad de estos grupos y pronostica que incluso “pueden llegar a provocar un estallido de violencia armada que amenace seriamente la seguridad nacional del país”, según destacó el diario The Washington Post en aquel momento.

Estas agrupaciones paramilitares irregulares constituyen hoy un ejército bien entrenado con una membresía calculada en más de 100 mil efectivos.

Cuentan con una infraestructura logística que les permite disponer de fusiles automáticos, lanzacohetes portátiles, explosivos de última generación y en algunos casos también de armas químicas, biológicas o radioactivas, según apunta el investigador David M. Bresnahan, del World Net Daily.com.

Por otra parte, Joseph Farah escribió en su libro "Stop The Presses: The Inside Story of the New Media Revolution" que esta historia de violencia desmedida se repite en distintos momentos históricos en Estados Unidos, como ocurrió en ocasión de las trágicas masacres por parte de las autoridades federales de niños y mujeres indefensos en Waco, Ruby Ridge.

Farah argumenta que son los oficiales del FBI los que dirigen, alientan y pagan a sus informantes por la realización de actos criminales en su afán por obtener información de valor sobre estas huestes clandestinas, que siguen siendo impredecibles para las autoridades aún hoy.

El número de “agrupaciones de odio” que operan en Estados Unidos se ha incrementado en un 48 por ciento desde el 2000, según reportó el informe anual del Southern Poverty Law Center (SPLC).

También esa organización que monitorea la actividad de estos extremistas comprobó que el Departamento de Defensa ha dejado entrar a sus filas a muchos de estos sujetos con antecedentes penales, ya que cada día se le hace más complicado poder cumplir con las cuotas de nuevos reclutamientos.

Ese centro aseguró que el miembro de la organización fascista National Alliance, Steven Barry, exhortó a los jóvenes a que entraran en los batallones de infantería ligera del ejército norteamericano, “ya que la lucha futura será urbana, casa a casa, barrio a barrio, hasta que cada ciudad quede limpia de razas extrañas”.

El periodista John Kifner del diario The New York Times denunció en 2006 la creciente penetración del aparato militar norteamericano que llevan a cabo estos racistas, sin que las autoridades gubernamentales jamás respondieran a las acusaciones expuestas en su artículo, las cuales deberían ser motivo de preocupación para Obama.

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