May 5 2007
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Cultura

Libros senatoriales: – OJO CON EL DESALOJO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

fotoComo buen político amante del buen laborar, el senador aludido armó un formidable equipo de trabajo. Un auténtico mall del pensamiento liberal (ver der.). Ahí se congregaron economistas, escritores, sicólogos, amas de casa, el taxista que lo alentó a escribir su nueva obra, en fin una pléyade plumífera convencida de su labor imperecedera.

Desde el púlpito de su vanagloria, el senador anunció: “Quiero escribir impulsado por mi experiencia política, un libro enjundioso de denuncia, clarificador, destinado a salvar la patria amenazada por los vendedores de ilusiones”. Menudo asunto lanzó a quienes lo miraban con reverencial idolatría, y como buenos legionarios de superiores causas, doblaron la cerviz.

Esa mañana en un debate donde primó la sensatez, el espíritu gremial, el equipo se planteó la principal tarea. Si el senador debería escribir un libro en prosa o en verso. La discusión aunque intensa fue breve, lo cual habla muy bien de que si lo breve es bueno, dos veces bueno. Emular a Neruda, Mistral, Huidobro, De Rokha, Parra, Arteche, Rojas por nombrar algunos poetas mayores, se iba a constituir en labor de titanes.

“Usted honorable senador –dijo uno de sus colaboradores especialista en estilo literario– debe intentar la prosa, donde escasean las luminarias en nuestro república. No queremos verlo lidiar con versos alejandrinos, pentasílabos, de pie quebrado, yámbicos, y sobre todo expuesto a la furia descontrolada de poetas y poetisas, al enterarse de su proyecto artístico. Nunca le perdonarían su excursión de juglar. Lo van a tildar de poetastro”.

Se ventiló enseguida de qué iba a versar el libro. El equipo de enciclopedistas criollos, donde había personas de diferentes posturas filosóficas, religiosas, llegó a rápido consenso. La idea era elaborar un texto para conspirar de manera sutil, solapada, emulando a quienes hacen de esta disciplina su profesión.

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¿A dónde apuntaba el asunto, la inquietud del senador? El gobierno ejercido por una mujer parecía algo estrafalario, ajeno a nuestra idiosincrasia machista. Urgía volver a la falocracia, pues la clítoriscracia le impedía dormir. “Sueño extravagancias” advirtió. Después, trataron acerca del título del libro. Había que encontrar el que interpretara con mayor claridad y fuerza avasalladora, el pensamiento de la cofradía encargada de elaborarlo, o en propiedad, de quienes alientan propuestas soterradas.

Alguien dijo: “Yo propongo ponerle Mi lucha“. Si bien el título no fue del todo impugnado, el senador lo estimo algo sugerente y que podría prestarse a chunga.

El mentor del título intervino de nuevo para salvar su idea: “Propongo en cambio Mi lucha desde la ducha, puesto que ahí en medio de las abluciones matinales, es donde surgen las mejores y más frescas ideas”.

Una de las colaboradoras quedó espantada. Comentó que el título era un rotundo disparate, algo ofensivo para la dignidad femenina. “No faltará el sandunguero que dirá: ‘Mi lucha por la pura chu…'”

El senador parecía compungido, disperso en medio del vendaval de ideas y de pronto sugirió: “Me inclino más por un título donde primen sutilezas, sugerencias veladas, como quien dice y no dice, como quien calla y no calla, como quien provoca y no provoca. Por ahí anda el asunto, camaradas”.

Toda la concurrencia, tal si fuese una sola voz comprometida, gritó al unísono: ¡El desalojo!

Por fin había parido la imaginación de aquellas mentes preclaras. No faltó quien manifestara que parecía adecuado agregarle la expresión “A patadas”, asunto que se desestimó a modo de estrategia. Por ahora constituía una provocación evidente. El propósito del titulo debía ser de sutilezas, mordacidades, insinuaciones, guiños de ojo, aunque ninguna de éstas fuese comprendida por el grueso del público lector.

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Convendría a modo de información dirigida a nuestros resignados lectores, referirnos al título del libro.

Desalojo es lo mismo que desalojamiento, es decir: acción y efecto de desalojar. Y desalojar: Sacar o hacer salir de un lugar a alguien o algo. Abandonar un puesto o un lugar. Desplazar. Dejar el hospedaje, sitio o morada voluntariamente.

Hasta aquí las definiciones del DRAE. Es sabido, sin embargo, que las palabras como las notas musicales tienen vida. Según sean combinadas o interpretadas, adquieren diversos significados, matices, melodías y mueven el espíritu en uno u otro sentido. Quienes utilizaron la expresión “Desalojo” conocen al dedillo el diccionario, donde hay destacados lexicólogos, o más bien conspiradores. En lo íntimo habrían deseado hablar de: remover, destituir, derrocar, derribar, despedir, para sólo utilizar algunos sinónimos.

Como no son gavilla de gansos, recurrieron a las argucias semánticas. Por ahora les basta sugerir. Ya vendrá la hora de actuar.

“¿A quién piensa, señor senador, dedicar vuestro libro?”preguntó alguien del grupo, mientras se acordaba que Miguel de Cervantes dedicó su Quijote de la Mancha al Duque de Béjar.

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Nuestro senador no podía andar con medias tintas y poner por ejemplo: “Dedico esta obra inspirada en mis tribulaciones diarias, al pueblo de Chile, a la clase trabajadora explotada desde siempre”. Habría sido una paparruchada, y el auspicio a su obra cesa en ese mismo instante.

Al final, mientras pensaba en Daniel López de Riggs, optó por el dictado de su corazón inclinado a la derecha. Terminó por dedicar El desalojo a aquellos conspicuos oligarcas por antonomasia, cuya actuación durante décadas, contribuyó a crear la atmósfera para que se produjera el golpe militar.

Ese mismo día se empezó a redactar El desalojo.

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* Escritor
Otros textos del autor en www.waltergarib.cl.

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