Mar 7 2006
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Cultura

LOS CÁTODOS DE LA CATATONIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

“Lo más grave de la televisión no son las radiaciones o la información violenta o el contenido sexista que nos vende un modelo equivocado de consumo y de moda, sino lo más grave es lo que no hacen los niños o las personas cuando ven televisión: por ejemplo, deporte; por ejemplo, jugar”, dice Carlos Requejo, gerente del gabinete JCC y miembro fundador de la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA) al psiquiatra sevillano y ex jefe de Servicios de Salud Mental en Nueva York, Luis Rojas Marcos.

Basta el mero hecho de estar sentados horas y horas diarias en el sofá –muchas veces, además, en mala postura– para causar o favorecer toda clase de enfermedades de la sociedad del bienestar: reumatismo, artrosis, dolor de espalda, tensiones musculares, trastornos circulatorios, diabetes u obesidad.

Los científicos John Ashton y Ronald Laura hacen énfasis, sin embargo, en su libro The Perils of Progress (Los Peligros de Progreso) en otro factor de riesgo de los televisores sobre la salud humana: en el caso de los televisores tradicionales –los televisores digitales funcionan, como se explicará luego, de otra manera– se trata físicamente de tubos de rayos catódicos, basados en el principio del tubo de Braun.

En la frecuencia habitual en España de 50 hertzios, se disparan cincuenta electrones por segundo desde un tubo catódico a los llamados píxeles de una pantalla fluorescente produciendo de esta manera luz y, así, la imagen que vemos. Alrededor del televisor se generan varios tipos de campos electromagnéticos.

Campos electromagnéticos

Científicos de diferentes países han observado a corta distancia de líneas de alto voltaje, de antenas de teléfonos móviles, por ejemplo, un aumento de casos de leucemia y tumores cerebrales entre los niños que viven en sus proximidades. Aunque existe una gran controversia sobre este asunto, quepa poca duda de que los campos electromagnéticos que se crean alrededor de estas antenas juegan un papel importante en el aumento de estas enfermedades.

Mientras paredes u otros objetos debilitan o incluso detienen los campos eléctricos, los campos magnéticos traspasan, según su fuerza, fácilmente los edificios, la mayoría de otros materiales y también el cuerpo humano. Es por eso que se estudia su relación con el cáncer. Sin embargo, experimentos con animales no comprobaron hasta el momento la tesis de una relación entre los campos electromagnéticos y el desarrollo de leucemia o cáncer cerebral, como afirma la científica sueca María Feychting, del Instituto Karolinska, que investiga este asunto.

“No sabemos por qué se enferma la gente –dice–. Desconocemos el mecanismo biológico”, sentencia.

Los campos electromagnéticos alrededor de las líneas de alta tensión son los mismos –aunque de menor intensidad– que se forman también en el entorno de los electrodomésticos, como la lavadora, la aspiradora, el secador de pelo, la afeitadora eléctrica o especialmente alrededor de estos aparatos que funcionan con un tubo de rayos catódicos, como es el caso del televisor no-digital, del PC tradicional u otros equipos de pantalla visual.

Los campos electromagnéticos disminuyen, sin embargo, rápidamente cuando uno se aleja del aparato o de la pantalla por lo cual estos campos resultan especialmente peligrosos a poca distancia. La radiación del televisor afecta por eso sobre todo a los niños que suelen tener la costumbre de sentarse o de ponerse delante del aparato, en el suelo, pegadas las narices a la pantalla. Guardando más de dos metros de distancia disminuye la radiación considerablemente.

Físicamente se distingue entre campos pulsantes y estáticos. Los campos eléctricos estáticos se encuentran en el entorno inmediato del televisor. Son los mismos que nos erizan los pelos en el brazo o la cabeza cuando nos acercamos para apagarlo. Y son los mismos que responsabiliza de un tipo de apatía en los espectadores a escasa distancia de la pantalla.

Radiación pulsante

La radiación pulsante, en cambio, proviene de la frecuencia de la corriente alterna de 50 hertzios, es decir 50 ciclos cada segundo, y del mismo sistema de funcionamiento del televisor. El televisor produce también campos en radio frecuencia que llegan incluso a alcanzar entre 14 hasta 250 kilohertzios.

Estas frecuencias están muy por encima de la frecuencia natural en que funciona nuestro cerebro cuando estamos profundamente relajados: las llamadas ondas alfa tienen una frecuencia de entre 8 y 14 hertzios. “Eso implica un estrés muy grande para el cerebro, como se puede verificar fácilmente con mediciones sobre el cuerpo humano”, explica Carlos Requejo de GEA. “Esta frecuencia se induce en el cerebro y provoca estrés, insomnio y agotamiento”.

Mientras en España la discusión sobre la polución eléctrica es relativamente nueva –de hecho GEA es la única ONG española que se dedica realmente a este tema–, hay en otros países un creciente número de asociaciones que se preocupan por este asunto y sus efectos sobre la salud. En Alemania se acunó el término electrosmog, que incluye todos los tipos de campos electromagnéticos que contaminan el ambiente y que conduce, según ellos, a dolores de cabeza crónicos, dificultades en el aprendizaje o faltas de memoria, trastornos del ritmo cardíaco e, incluso, hasta abortos espontáneos o infartos.

En lo que hace referencia a una posible relación entre el uso de electrodomésticos y la incidencia de leucemia o cáncer cerebral se contradicen los expertos. Un estudio de Ruth Kleinerman encargado por el National Cancer Institute del Department of Health en Rockville (Estados Unidos) y siete colegas de otros institutos o departamentos estadounidenses descarta la tesis de alguna relación. El único aumento de incidencias de cáncer cerebral, constatan, se encuentra con en el uso de afeitadoras eléctricas.

Fidel Franco, profesor titular de Física Aplicada en la Universitat Politécnica de Catalunya, por su parte, dice que es un mito el hecho que se crea que los campos magnéticos podrían ser dañinos para la salud. El ve más peligro en los campos eléctricos, junto con otros factores, como el tipo de la pantalla que se utiliza, la distancia de la pantalla que se guarda, el tiempo que se aplica el televisor y el estado del sistema inmunológico del espectador.

Consecuencias sobre el metabolismo

El hecho de desarrollar más fácilmente un tumor, como también su crecimiento, está, al parecer, entre otros factores, relacionado con la producción de la hormona melatonina en la glándula pineal, un órgano minúsculo que se encuentra en el centro del cerebro. Según John Ashton y Ron Laura, esta hormona nos ayuda destruir células malformadas y nos protege así contra el cáncer. Regula el sistema hormonal e inmunitario. También nos ayuda a dormir por la noche , a aguantar mejor el estrés y a sentirnos bien. Es también conocido como el elixir de la juventud.

El cuerpo humano suele producir la melatonina en la oscuridad de la noche cuando dormimos. La costumbre de mirar la televisión hasta horas muy tardías o dejarla incluso encendida cuando nos quedamos dormidos puede retrasar su secreción y bajar su nivel en la sangre y el cuerpo: la luz artificial impide a nuestro cuerpo producir esta hormona; los campos electromagnéticos producidos por el televisor aumentan, según Ashton y Laura, este efecto. Junto con el constante parpadeo a 50 hertzios, muy encima de la frecuencia de nuestro cerebro en estado relajado, nuestro biorritmo se altera.

Esto nos lleva, como asegura Requejo, al insomnio crónico: “Justo en el momento cuando deberíamos pasear al perrito mirando las estrellas para relajarnos y dormir estamos estresándonos” mirando la televisión.

El metabolismo de la melatonina está relacionado con el del neurotransmisor serotonina que produce esta hormona en la glándula pineal. La serotonina la necesitamos para levantarnos con energía y fuerzas por la mañana. Su carencia nos conduce al agotamiento y la depresión. La producción de este neurotransmisor depende, por su parte, de la cantidad de luz del día. Por eso tampoco es aconsejable mirar demasiado tiempo durante el día la televisión o una pantalla de PC, puesto que la luz natural del sol es esencial para el bienestar físico y psíquico.

Otro problema de la televisión y de los juegos de video o PC sobre la salud y el metabolismo en concreto es que pueden llevar especialmente a los niños a la obesidad. En vez de moverse, se quedan muchas veces durante horas quietos delante las pantallas, llenándose la barriga con alimentos llenos de grasas o azúcares, como la Coca Cola, las patatas fritas, el chocolate o toda clase de golosinas.

Efectos sobre los ojos

Mirar frecuentemente la pantalla de la televisión o de un ordenador puede perjudicar sin duda la vista. “Los ojos tienen tejidos superficiales, blandos, irrigados”, explica el físico Fidel Franco, y señala que “el campo accede por eso muy fácilmente a ellos”.

Los ojos reaccionan muchas veces al contacto con los campos eléctricos con irritaciones. Además favorecen el constante parpadeo y el hecho de estar mucho tiempo quieto. Dirigida la atención de los ojos a una distancia corta –aunque haya oftalmólogos que lo niegan–, puede aparecer la miopía y otros problemas de enfoque. “Deberíamos enfocar hacia otro lado de la montaña, al horizonte, al cielo, para tener una vista sana”, considera Requejo. Pero incluso trabajando con el ordenador o mirando la televisión se puede minimizar estos riesgos si se utilica –en el caso del PC– pantallas con menos radiación o se enfoca de cuando en cuando a través de la ventana un objeto más distante. Además se debería procurar de salir de vez en cuando a fuera, a la Naturaleza, para mantener el ojo acostumbrado en el cambio de distancias.

La epilepsia televisiva

En medicina se conocen algunos casos de la llamada “epilepsia televisiva”: pacientes de epilepsia que tenían un ataque mirando la televisión o que incluso tuvieronn su primer ataque ante un televisor.

Como explican expertos, la epilepsia puede ser provocada por estímulos de luz: si luz y oscuridad se alternan muy rápidamente, estos pacientes suelen desarrollar un ataque. El hecho de que los píxeles de la pantalla del televisor cambian constantemente de color –a un ritmo de 50 veces al segundo– puede aumentar los transcursos patológicos en el cerebro de los epilépticos y provocar de esta manera un ataque.

Los nuevos televisores digitales con pantallas de plasma o de TFT son, respecto a la radiación electromagnética, un gran paso hacia delante porque sus campos electromagnéticos son, con referencia a los televisores convencionales, mucho menores. Eso se debe, más que nada, al hecho de que estos televisores funcionan con corriente continua.

Sin embargo, se crean igualmente campos eléctricos pulsantes. De esta manera quedan pendientes las posibles consecuencias sobre el metabolismo, los ojos y el estrés para el cuerpo y el cerebro.

Para minimizar estos efectos sería aconsejable reducir el consumo de televisión, verla mejor durante el día en vez de por la noche y guardar una distancia mínima de dos metros a la pantalla. Usando un televisor tradicional, asociaciones no-gubernamentales aconsejan, además, sentarse de una forma un poco lateral en vez de justo enfrente del televisor, porque de esa forma la exposición es menor.

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* Periodista alemana. Wenzl estudió Ciencias Políticas en Bremen y Barcelona y ha viajado por Chile y México.

El presente artículo se publicó originariamente en castellano bajo el título “Catódicos” y catatónicos en la revista
The Ecologist
para España y Latinoamérica en enero de 2006 (www.theecologist.net).

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