Jul 31 2007
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Economía

Manifiesto Scum. – LA SOCIEDAD PARA ELIMINAR A LOS VARONES (III)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No existe ninguna razón para que una sociedad formada por seres racionales capaces de cooperar entre sí, autosuficientes y libres de cualquier ley o condición natural capaz de obligarles a competir, deban tener un gobierno, leyes o líderes.

La filosofía, la religión y la moral basados en el sexo. La incompetencia del hombre para relacionarse con los demás o con las cosas es causa de que su vida carezca de objetivos y sentido (según el pensamiento masculino la vida es un absurdo), así inventa la filosofía y la religión. Está vacío, mira hacia afuera, no sólo en busca de una guía o de un control, sino también de la salvación y del sentido de la vida. Le resulta imposible realizar la felicidad en la tierra: inventó el Cielo.

Puesto que no puede comunicarse con los otros, y sólo vive para el sexo, para el varón el mal es la licencia sexual que le compromete en prácticas desviadas (no viriles, es decir), las que no lo defienden contra su pasividad y sexualidad total, característica que amenazan, si se las fomenta, con destruir la civilización, pues la civilización está absolutamente basada en la necesidad del hombre de defenderse contra estas características; en cuanto a la mujer (según los hombres) el mal radica en cualquier tipo de comportamiento capaz de inducir a los hombres a la licencia sexual, es decir impedir a las necesidades del macho estar por encima de las suyas y negarse a hacerse la loca.

La religión no solamente brinda al hombre un fin (el Cielo) y ayuda a mantener a la mujer ligada a él, además presenta rituales mediante cuya práctica el hombre puede expiar la culpa y la vergüenza experimentada por no ser capaz de defenderse suficientemente contra sus impulsos sexuales; en especial, se trata de la culpa y la vergüenza de ser hombre.

La mayoría de los hombres, en su inmensa cobardía, proyectan sus debilidades intrínsecas en las mujeres; las califican de debilidades típicamente femeninas y se atribuyen la auténtica fuerza femenina. La mayoría de filósofos, no tan cobardes, reconocen ciertas carencias en el hombre; sin embargo no llegan a admitir el hecho de que estas carencias existen sólo en los hombres. Así, denominan a la condición del hombre masculina, la Condición Humana; formulan su problema de la nada, que les horroriza, como un dilema filosófico; otorgan un nivel de jerarquía a su animalidad, pomposamente bautizan a su nada Problema de Identidad, y con grandilocuencia proceden a charlar acerca de la Crisis del individuo, de la Esencia del ser, de la Existencia que precede a la Esencia, de los Modos Existenciales del Ser, etc. etc.

La mujer, en cambio, no solamente ni se cuestiona su identidad o su individualidad, sino que por instinto sabe que el único mal consiste en herir a los demás, y que el verdadero significado de la vida es el amor.

Los prejuicios (racial, étnico, religioso, etc.). El hombre necesita víctimas propiciatorias para poder proyectar sobre ellas sus fracasos y sus insuficiencias, y sobre las que pueda desahogar sus frustraciones por no ser mujer.

La competencia, el prestigio, el status, la educación formal, la ignorancia y las clases sociales y económicas. Obsesionado por ser admirado por las mujeres, pero sin poseer ningún mérito intrínseco, el hombre construye una sociedad artificial que le proporciona una apariencia del mérito a través del dinero, del prestigio, de la clase social alta, los títulos, la posición y el conocimiento, relegando en lo más bajo de la escala social económica y educacional a la mayor cantidad posible de hombres.

El objetivo de la educación superior no es educar sino excluir a los demás de las distintas profesiones.

El hombre, aunque capaz de comprender y de utilizar el conocimiento y las ideas, no puede entrar en relación con ellas, aprehenderlas emocionalmente; no valora el conocimiento y las ideas de sí mismas (son simplemente medios para lograr fines) y, en consecuencia, no necesita comunicaciones de tipo intelectual, no necesita cultivar las facultades intelectuales de los otros. Por el contrario, su interés es la ignorancia; sabe muy bien que una población de mujeres inteligentes y conscientes significa el fin de su reinado.

La mujer orgullosa y saludable desea la compañía de sus iguales a quienes puede respetar y con quienes puede desarrollarse; el macho y la mujer/macho enfermos, inseguros y carentes de confianza en sí mismos anhelan la compañía de los parásitos, de las larvas.

El hombre no puede llevar a cabo una genuina revolución social, pues quienes se hallan en las altas posiciones del poder allí desean permanecer, y quienes están abajo desean ocupar un alto puesto. La rebelión, entre hombres, es una farsa; vivimos en una sociedad masculina hecha por el hombre para satisfacer sus necesidades. Nunca está satisfecho, pues le resulta imposible. Aquello contra lo cual el hombre rebelde se rebela, es el hecho de ser hombre.

El hombre cambia solamente cuando la tecnología se lo impone, cuando no le queda otra alternativa, cuando la sociedad alcanza un nivel en el cual él debe cambiar o morirse. Ahora lo hemos alcanzado; si las mujeres no mueven rápidamente el culo, corremos peligro de reventar.

Imposibilidad para la conversación. Dada la naturaleza totalmente egocéntrica del hombre y su incapacidad para contactar con el exterior, su conversación, si no versa sobre él mismo, es impersonal, monótona, despojada de cuanto posea un valor humano. La conversación intelectual del hombre es un intento forzado y compulsivo para impresionar a la mujer.

La hija de papá, pasiva, adaptable, respetuosa y temerosa del hombre hasta la reverencia, se deja imponer la hedionda y aburrida cháchara masculina. A ella no le resulta muy difícil, ya que la tensión y la ansiedad, la falta de serenidad, la inseguridad y las propias dudas, la incertidumbre ante los sentimientos y las sensaciones que papá le metió en la cabeza, convierten sus percepciones en superficialidad y le impiden darse cuenta de que la charlatanería del hombre sólo es charlatanería; como el esteta que aprecia la el espejismo llamado Gran Arte, está convencida de que la mierda de conversación que le aburre, le permite desarrollarse. No sólo acepta el dominio del espejismo; además adapta a ella su propia conversación.

Entrenada desde la más tierna infancia en la simpatía, la gentileza y la dignidad, halagando la necesidad del varón de disfrazar su animalidad, la mujer reduce servilmente su conversación a la charla melosa insípida y blanda sobre cualquier tópico que esté más allá de lo más trivial –o, en el caso de ser cultivada, se quedará en la discusión intelectual, es decir, en el discurso impersonal acerca de abstracciones irrelevantes: el Producto Bruto Nacional, el Mercado Común, la influencia de Rimbaud en la pintura simbolista–. Se vuelve tan adepta al halago que eventualmente éste se convierte en su segunda naturaleza hasta el extremo de continuar halagando a los hombres aún cuando se encuentre en compañía de otras mujeres.

Aparte de esta faceta de lameculos, la conversación de la mujer está limitada debido al temor de expresar opiniones generales o desviadas y por un sentimiento de inseguridad que la encierra en sí misma y le quita encanto. La simpatía, la gentileza, la dignidad, la inseguridad y la introversión pocas veces pueden desencadenar la intensidad o el ingenio, dos cualidades imprescindibles para que una conversación merezca el nombre de tal. Semejante conversación nunca es exuberante; solamente las mujeres que confían plenamente en sí mismas, las arrogantes, las extrovertidas, las orgullosas, las poseedoras de mentes rigurosas, son capaces de mantener una conversación intensa, audaz, ingeniosa.

La imposibilidad de la amistad y del amor. Los hombres se desprecian a sí mismos, a todos los otros hombres y a las mujeres que los halagan; las mujeres lameculos de los machos, inseguras y en busca de la aprobación masculina, se desprecian a sí mismas y a todas las que son como ellas; las mujeres-mujeres, autosuficientes, impetuosas, buscadoras de emociones, sienten desprecio por los machos y por las mujeres-macho lameculos. Para ser breves: el desprecio está a la orden del día.

El amor no es dependencia ni es sexo, es amistad, y, por lo tanto, el amor no puede existir entre dos hombres, entre un hombre y una mujer o entre dos mujeres, si uno de ellos es un macho lameculos, inseguro y estúpido. Al igual que la conversación, el amor solamente puede existir entre dos mujeres-mujeres seguras, libres, independientes y desarrolladas. La amistad se basa en el respeto, no en el desprecio.

Incluso entre mujeres desarrolladas, las amistades profundas se dan rara vez en la época adulta, ya que casi todas ellas se han unido a hombres para sobrevivir económicamente, o están empeñados en abrirse camino, a cuchilladas, a través de la jungla e intentar mantener sus cabezas por encima del nivel de la masa amorfa. El amor no puede florecer en una sociedad basada en el dinero y en el trabajo mediocre; requiere una libertad económica y personal total, tiempo para el ocio y la oportunidad de comprometerse en actividades intensamente absorbentes y emocionalmente satisfactorias; tales actividades, cuando se comparten con aquellos a quienes se respeta, desembocan en una profunda amistad. Nuestra Sociedad no brinda oportunidades para comprometerse en esta clase de actividades.

Después de haber eliminado del mundo la conversación, la amistad, y el amor, el hombre ofrece los siguientes sustitutos mezquinos:

El gran Arte< y la cultura. El artista hombre intenta compensar su incapacidad para vivir y su impotencia para ser mujer, construyendo un mundo sumamente artificial en el cual él es el héroe; es decir, despliega las características femeninas; y la mujer queda reducida a roles limitadísimos, de insípida subordinada, en una palabra, queda reducida a hacer de hombre.

El fin del arte masculino no es comunicar (puesto que el hombre es un ser vacío, nada tiene que decir), sino disfrazar su bestialidad; recurre al simbolismo y a la oscuridad (temas profundos). La mayoría de las personas, sobre todo las cultivadas, carentes de confianza en sus propios juicios, humildes, respetuosos de la autoridad (la traducción adulta de la frase papá sabe más es: el critico entiende), aprenden fácilmente que la oscuridad, la evasividad, la incomprensibilidad, la ambigüedad y el tedio son las señales de la profundidad y de la brillantez.

El Gran Arte demuestra que los hombres son superiores a las mujeres, que los hombres son mujeres; casi todo cuanto cabe bajo la denominación Gran Arte, tal como las anti-feministas nos lo recuerdan, ha sido creado por los hombres. Sabemos que se le llama Gran Arte porque las autoridades nos lo han dicho, y no podemos afirmar lo contrario, pues sólo los dotados de sensibilidades exquisitas muy superiores a las nuestras pueden percibir y apreciar su grandeza, la prueba de su sensibilidad superior es el hecho de apreciar la mierda que aprecian.

Apreciar es cuánto sabe hacer el hombre cultivado; pasivos e incompetentes, carentes de imaginación y de ingenio, aprecian; incapaces de crear sus propias diversiones, de crear un pequeño mundo a partir de sí mismos, de influir mínimamente en su medio ambiente, deben aceptar cuanto les es dado; incapaces de crear o de comunicarse, actúan de espectadores.

La absorción de cultura es un intento desesperado y frenético de ser alguien en un mundo sin placer, de escapar al horror de una existencia estéril e insignificante. La cultura es el maná del ego de los incompetentes, el medio para racionalizar las expectativas pasivas; pueden sentirse orgullosos de sí mismos por su capacidad para apreciar las cosas más finas, ver una joya allí donde sólo hay mierda (quieren ser admirados porque admiran). Faltos de la más mínima confianza en su capacidad para cambiar algo, se resignan al status quo, necesitan extasiarse, ver la belleza en la mierda porque, solo, mierda verán.

La veneración del Arte y de la Cultura –aparte de conducir a muchas mujeres a una actividad aburrida y pasiva que las distrae de otras más importantes y rentables, y de cultivar capacidades activas– le permite al artista mostrarse como el único dotado de sentimientos superiores, percepciones, visiones, y juicios superiores, minando así la confianza de las mujeres inseguras en la validez de sus propios sentimientos, visiones y juicios.

El macho posee una sensibilidad muy limitada y, en consecuencia, son limitadas sus percepciones, visiones y juicios; necesita al artista para que le guíe, para que le diga qué es la vida. Pero, dado que el hombre artista es absolutamente sexual, incapaz de relacionarse con nada situado más allá de sus propias sensaciones físicas y nada puede expresar excepto su concepto de la vida, para él carecen de sentido y absurda; no puede ser un artista. ¿Cómo puede él, incapaz de vida, decirnos qué es la vida? El macho artista es una contradicción en sus términos. Un degenerado sólo puede producir un arte degenerado. El verdadero artista es la mujer saludable y que confía en sí misma. En una sociedad de mujeres el único Arte, la única Cultura, será la de las mujeres orgullosas, excéntricas, que se afirman entre sí con todo el universo.

La sexualidad. El sexo no interviene en una relación, por el contrario, se trata de una experiencia solitaria, no creativa, una absoluta pérdida de tiempo. La mujer, con gran facilidad –más de la que ella misma cree– puede condicionar su impulso sexual, ser completamente fría y cerebral y libre para perseguir relaciones y actividades más valiosas; pero el macho, que parece incitar sexualmente a las mujeres y que constantemente busca excitarlas, arrastra a la mujer muy sexuada al frenesí de la lujuria, arrojándola a un abismo sexual del cual muy pocas mujeres logran escaparse. El macho lascivo excita a la mujer lúbrica; tiene que hacerlo: cuando la mujer trasciende su cuerpo, se eleva por encima de la condición animal, el macho, cuyo ego consiste en su falo, desaparecerá.

El sexo es el refugio de la estupidez. Cuanto más estúpida es una mujer, más profundamente encaja en la cultura del hombre; para resumir, cuanto más encantadora, más sexual. Las mujeres más bellas de nuestra sociedad provocan el delirio de los maníacos sexuales. Pero al ser tremendamente atractivas no se rebajan a joder –es tosco–, hacen el amor, establecen una comunión por medio de los cuerpos y de las relaciones sensuales; las más literatas afinan su tono con las palpitaciones de Eros y logran aferrarse al Universo; las religiosas tienen una comunión espiritual con la Divina Sensualidad; las místicas se fusionan con el Principio Erótico y se mezclan con el Cosmos, y las cabezas ácidas entran en contacto con las células eróticas, vibran.

Por otra parte, aquellas mujeres que no se han integrado tanto en la Cultura del macho, las menos hermosas, las almas toscas y simples para quienes joder es joder, y son demasiado infantiles para el mundo adulto de los suburbios, de las hipotecas, de los lloriqueos y de la caca de bebés, demasiado egoístas para cultivar maridos y niños, demasiado inciviles para respetar a papá, a los grandes o a la profunda sabiduría de los ancianos; que sólo confían en sus propios instintos animales, que equiparan la cultura a la mierda, cuya única diversión es vagabundear en busca de emociones y excitaciones, que provocan escenas desagradables, vulgares, desconcertantes; odiosas, violentas brujas dispuestas a atropellar a cuantos les irritan, que clavan un cuchillo en el pecho del hombre o le hunden un picahielos en el culo después, si saben que pueden largarse, en suma, aquellas que, según los parámetros de nuestra cultura, son “scum”… estas mujeres son desenvueltas y cerebrales y están dispuestas a la sexualidad.

Liberadas de los prejuicios de la simpatía, de la discreción, de la opinión pública, de la moral, del respeto a los culos, siempre horribles, sucias, viles, las “scum” llegan… a todas partes… a todas partes… lo han visto todo –todo el tinglado, el coito, la chupada, la del coño y de la polla–, han presenciado todos los números habidos y por haber, han paseado todas las calles y se han tirado a todos los puercos… es necesario haberse hartado del coito para profesar el anti-coito, y las scum han vivido toda clase de experiencias, ahora están preparadas para un espectáculo nuevo; quieren vibrar, despegar, surgir. Pero la hora de las scum todavía no ha sonado; scum permanece aún en las tripas de nuestra sociedad. Pero, si nada cambia y la bomba no estalla y acaba con todo, nuestra sociedad reventará por sí sola.

El aburrimiento. La vida en una sociedad hecha por y para las criaturas que, si no son siniestras y deprimentes, son absolutamente aburridas, sólo puede ser, si no es siniestra y deprimente, absolutamente aburrida.

El secreto, la censura, la prohibición del conocimiento y de las ideas, denuncias, y la caza de brujas: Uno de los temores más horribles, profundamente arraigados y secretos del macho es el temor de que se descubra que no es una mujer, sino un macho, un animal subhumano. Aunque la amabilidad, la educación y la dignidad bastan para impedir la revelación de la verdad en un nivel personal, el hombre debe, para evitar que se descubra la impostura general del sexo masculino y mantener sus poderes antinaturales sobre la sociedad, recurrir a los siguientes procedimientos.

La censura: El hombre que reacciona por reflejo a palabras y frases aisladas en vez de reaccionar cerebralmente a significados globales, intenta impedir el descubrimiento de su bestialidad censurando no sólo la pornografía, sino cualquier obra que contenga palabras soeces, sin importarle el contexto.

Prohibir todas las ideas y conocimientos que puedan descubrirlo o amenazar su posición predominante dentro de la sociedad. Eliminar muchos datos biológicos y psicológicos, porque constituyen la prueba de la gran inferioridad del hombre con respecto a la mujer. Asimismo, el problema de la enfermedad mental nunca podrá resolverse mientras el macho mantenga las riendas del poder, porque en primer lugar, le interesa (sólo las mujeres muy memas pueden soportar el menor intento de dominio) y en segundo lugar, el macho se niega a admitir el papel del Padre en el origen de las enfermedades mentales.

La caza de brujas: El deleite más importante en la vida del macho –en caso de que esta criatura tensa y siniestra sea capaz de deleitarse con algo– es denunciar a los demás. No importa demasiado qué descubre sobre ellos mientras sean descubiertos; así distrae la atención que podría recaer sobre él. Denunciar a los demás como agentes enemigos (comunistas, socialistas) es uno de sus pasatiempos favoritos; así se disculpa a sí mismo, a su país y al mundo Occidental. La mierda no está en su culo: está en Rusia.

La Desconfianza: Incapaz de comprender a los demás ni de sentir afecto o lealtad hacia ellos, centrado en sí mismo, de donde no aparta la atención a no ser para fijarla en su ombligo, el hombre nunca juega limpio; cobarde, constantemente debe hacerse la puta con la mujer en busca de su aprobación, siempre en falso no sea que se descubra su verdadera condición de macho y animal, siempre debe ocultarse, y mentir sin cesar. Vacío, constituido de nada, carece de honor o de integridad, ignora el significado de estas palabras. En resumen, el macho es traidor y la única actitud adecuada en una sociedad machista es el cinismo y la desconfianza.

La Fealdad: Como es totalmente sexual, incapaz de respuestas cerebrales o estéticas, absolutamente materialista y codicioso, el hombre, aparte de haber impuesto al mundo el Gran Arte, ha llenado su ciudad sin paisaje con horrendos edificios (por fuera y por dentro), con horribles decorados, carteleras, autopistas, coches, camiones de basura y, lo que es peor, su propio putrefacto ego.

El Odio y la Violencia: El hombre vive carcomido por la tensión, por la frustración de no ser una mujer, de no ser capaz de alcanzar alguna vez la satisfacción o el placer –no importa de qué clase–, vive carcomido por el odio –no por el odio racional dirigido contra quienes abusan de una o nos insultan– sino el odio irracional, indiscriminado… odio, en el fondo, contra su propio y mediocre yo.

La violencia le es útil como válvula de escape para su odio y, además, –como el macho sólo es capaz de una respuesta. sexual y necesita estímulos muy fuertes para excitar su yo medio muerto– incluso le provoca cierta emoción sexual.

La enfermedad y la muerte: Todas las enfermedades se curan; el proceso de vejez y muerte se debe a la enfermedad. Así, es posible no envejecer nunca y vivir eternamente. En verdad, los problemas de la vejez y la muerte podrían quedar resueltos en el plazo de algunos años si la ciencia se dedicara a ello con empeño. Sin embargo, esto no ocurrirá mientras continúe el reinado del hombre, porque:

1. Los científicos machos, que hay muchos, se apartan prudentemente de sus investigaciones biológicas, aterrados con el descubrimiento de que los hombres son mujeres, y sus programas de investigación demuestran una marcada preferencia por los objetivos viriles, la guerra y la muerte.

2. El desaliento de muchos científicos en potencia frente a las carreras científicas, debido a la rigidez, el tedio, el costo, el consumo de tiempo y la exclusividad injusta de nuestra enseñanza superior.

3. Los científicos, quienes cuidan celosamente sus puestos, mantienen una actitud oscurantista, quieren hacernos creer que sólo una reducida élite está preparada para comprender los conceptos científicos abstractos.

4. La falta de la confianza en sí mismas provocada por la educación paterna, desanima a muchas jóvenes con talento y renuncian a convertirse en científicas.

5. La automatización es insuficiente: ahora existe una riqueza de datos que, si se los clasificara y coordinara, revelarían el medio para curar el cáncer y otras muchas enfermedades, y posiblemente la clave de la vida misma. Pero los datos son tan numerosos que requieren computadoras de altísimas velocidades capaces de coordinarlos. La institución de las computadoras permanecerá interminablemente retrasada bajo el sistema de control del hombre, pues el hombre siente horror ante la perspectiva de ser reemplazado por máquinas.

6. El sistema monetario. Los pocos científicos que no están trabajando en programas mortíferos, están vinculados a los intereses de las corporaciones para las que trabajan.

7. Al hombre le gusta la muerte: le excita sexualmente y, aunque en su interior ya está muerto, desea morir.

El hombre incapaz de un estado positivo de felicidad (lo único que puede justificar la propia existencia), como máximo puede aspirar a un estado neutro de control físico que dura poco, pues enseguida el aburrimiento, (un estado negativo) lo invade. Está, por lo tanto, destinado a una existencia de sufrimiento, aliviada solamente por ocasionales, fugaces momentos de tranquilidad, estado que únicamente puede alcanzar a expensas de alguna mujer. El hombre, por naturaleza, es una sanguijuela, un parásito emocional y, por lo tanto, no es apto, éticamente para vivir, pues nadie tiene el derecho de vivir a expensas de otro.

Así como la vida de los seres humanos posee prioridad sobre la de los perros, por ser mucho más evolucionados y poseer una conciencia superior, así la vida de las mujeres posee prioridad sobre la de los hombres. En consecuencia, desembarazarse de un hombre es un acto de bondad y de justicia, altamente beneficioso para las mujeres, y es, a la vez, un acto de misericordia.

Sin embargo, este punto de vista moral podría muy bien resultar académico pues el hombre se elimina gradualmente a sí mismo. Además al comprometerse en guerras y exterminios raciales honrados por la historia, los hombres se vuelven cada vez más maricas o se consumen por medio de drogas. La mujer, le guste o no, tomará el mundo a su cargo, aunque sólo sea porque debe hacerlo, pues el hombre, por razones prácticas, dejará de existir.

Esta tendencia autodestructiva se debe a que los hombres empiezan a tener una visión más clara de sus intereses. Cada vez más, se dan cuenta que el interés de las mujeres es su interés, que solamente pueden vivir a través de ellas, y que cuanto más la mujer se lanza a vivir, a realizarse, a ser una mujer y no un hombre, más próximos se sentirán ellos a algo parecido a la vida. Han llegado a percibir que resulta más fácil y brinda más satisfacción vivir a través de ella que tratar de ser ella o usurpar sus cualidades, y relegarlas, declarando que son hombres.

El marica, que acepta su naturaleza de macho, es decir, su pasividad y su excesiva sexualidad, su feminidad, también prefiere que las mujeres sean verdaderamente mujeres, ya que así puede ser más sencillo para el ser macho, ser femenino. Si los hombres fueran más inteligentes, más listos, intentarían convertirse en verdaderas mujeres, harían investigaciones intensivas en el terreno de la biología que condujera a los hombres, por medio de operaciones cerebrales y del sistema nervioso, a ser capaces de transformarse, en cuerpo y psiquis, en mujeres.

La cuestión de saber si deberá continuar el uso de mujeres para fines de reproducción o si tal función se realizará en el laboratorio es un problema. ¿Qué ocurrirá cuando cada una de las mujeres a partir de los doce años, tome habitualmente la píldora y no se produzcan más descuidos involuntarios? ¿Cuántas mujeres aceptarán deliberadamente quedar preñadas? No, Virginia, las mujeres no gozan simplemente criando como conejas, a pesar de lo que diga la masa de mujeres robots con cerebros sometidos a lavado. ¿Se deberá apartar por la fuerza a cierto porcentaje de mujeres para utilizarlas como conejas de cría en beneficio de la especie? Obviamente, esto no servirá. La respuesta es la reproducción en el laboratorio.

En cuanto a la cuestión de si debe o no proseguir la reproducción del género masculino, ya no es un problema, pues el macho como la enfermedad, ha existido siempre entre nosotras, y no debe seguir existiendo. Cuando el control genético sea posible –y lo será muy pronto– huelga decir que lo que produciremos serán seres completos, totales, no con defectos físicos o con deficiencias, incluso deficiencias generales como la masculinidad. Así como la producción deliberada de gente ciega sería inmoral, así también lo sería la producción deliberada de lisiados emocionales.

Pero, ¿por qué, reproducir mujeres? ¿Por qué futuras generaciones? ¿Para qué sirven? Cuando la vejez y la muerte se eliminen, ¿por qué seguir reproduciendo? Y aunque no se eliminen ¿por qué continuar con la reproducción.? ¿Por qué preocupamos por lo que ocurra una vez muertos? ¿Por qué preocupamos de que no exista una joven generación que nos suceda?

El curso natural de los acontecimientos, de la evolución social, conducirá a un control total del mundo por parte de la mujer. Como consecuencia dejarán, primero, de reproducir varones, y terminarán por dejar de producir mujeres.

Pero SCUM es impaciente; SCUM no se consuela con la perspectiva de las próximas generaciones; SCUM quiere actuar ya. Y si una gran mayoría de mujeres fueran SCUM, tomarían el mando total de este país en pocas semanas, simplemente rehusándose a trabajar, paralizando así toda la nación. Podrían, además, llevar a cabo otras medidas, cualquiera de las cuales bastaría para desbaratar completamente la economía y acabar con todo lo demás: que las mujeres se declararan a sí mismas fuera del sistema monetario, que saquearan los almacenes en lugar de comprar en ellos y se negaran a obedecer toda ley incordiante. La policía, la guardia nacional, el ejército, la marina y los marines no podrían controlar una rebelión de más de la mitad de la población, sobre todo al estar protagonizada por mujeres, imprescindibles absolutamente para ellos.

Si todas las mujeres abandonaran a los hombres, se negaran a tener algo que ver con cualquiera de ellos, todos los hombres, el gobierno, y hasta la economía nacional se hundirían sin remedio. Incluso sin dejar a los hombres, las mujeres conscientes del alcance de su superioridad y de su poder sobre ellos, podrían adueñarse de todo en pocas semanas y someter totalmente a los hombres. En una sociedad sana el macho trotaría obedientemente detrás de la mujer. El hombre es obediente, se somete con facilidad al yugo de cualquier mujer empeñada en dominarlo. El hombre, de hecho, desea desesperadamente someterse a las mujeres, vivir bajo la autoridad de su mamá, y abandonarse a sus cuidados. Pero no vivimos en una sociedad sana, y la mayoría de las mujeres no tienen la menor idea de la verdadera relación de fuerzas.

El conflicto, pues, no se produce entre mujeres y hombres, sino entre las SCUM –las mujeres dominantes, libres, seguras de sí mismas, mordaces, violentas, egoístas, independientes, orgullosas, intrépidas, libres, arrogantes, que se consideran capaces para gobernar el universo, que han luchado contra viento y marea hasta alcanzar los límites de esta sociedad y están dispuestas a desenfrenarse y barrerlos– y las hijas de papá amables, pasivas, complacientes, cultivadas, educadas, dignas, subyugadas, dependientes, asustadas, grises, angustiadas, ávidas de aprobación, desconcertadas ante lo desconocido, que quieren seguir revolcándose en la cloaca (al menos, les resulta familiar), aferrarse a los amos, sentir a papá a sus espaldas y apoyarse en fuertes bíceps; necesitan ver una cara fofa y peluda en la Casa Blanca, demasiado cobardes para enfrentarse a la horrorosa realidad del hombre, de papá, que se han acomodado en la pocilga, han hecho causa común con las bestias, se adaptan y no conocen otra forma de vida, han rebajado sus mentes, sus pensamientos y sus percepciones al nivel del macho; que, carentes de juicio, de imaginación y de genio sólo pueden obtener estima en una sociedad masculina, que sólo pueden ocupar un lugar en el sol (o mejor, en el estiércol), como cluecas o en calidad de reposo del guerrero, que son rechazadas por las otras mujeres, que proyectan sus deficiencias, su masculinidad, sobre todas las mujeres a quienes consideran gusanos.

Pero SCUM es demasiado impaciente para esperar y aguardar a que se produzca el deslavado de cerebro de millones de agujeros. ¿Por qué las mujeres impetuosas deben seguir arrastrándose miserablemente junto con todas estas aburridas mujeres-machos? ¿Por qué el destino de los seres capaces debería cruzarse con el de los tarados? ¿Por qué las imaginativas y activas deberían tener en cuenta a las pasivas y mediocres? ¿Por qué las independientes deberían patear locas junto con las que se amparan a papá?

Un comando de SCUM puede apoderarse del país en un año, dando por el culo al sistema a todos los niveles, destruyendo selectivamente la sociedad y asesinando.

SCUM será la gran fuerza enculatoria, la fuerza del destrabajo. Los miembros de SCUM elegirán toda clase de profesiones y destrabajarán.

Por ejemplo, las vendedoras y telefonistas SCUM, no cobrarán. Las operarias y oficinistas SCUM, joderán el trabajo destruyendo el material en secreto. Las SCUM destrabajarán sistemáticamente hasta hacerse despedir, después buscarán un nuevo empleo para sabotear.

SCUM tomará por asalto los autobuses, los taxis y los puestos de vender billetes; conducirán autobuses y taxis y entregarán billetes gratuitos al público.

SCUM destruirá todos los objetos inútiles y dañinos como escaparates, Gran Arte, etc.

Después SCUM se apoderará de las antenas de radio y de T.V., se encargará de aliviar de sus trabajos a todos los empleados que impedirán la entrada de SCUM en los estudios.

SCUM arremeterá contra las parejas mixtas (hombre-mujer), que encuentre al paso y las deshará.

SCUM matará a todos los hombres que no formen parte del Cuerpo Auxiliar Masculino de SCUM. Forman parte del Cuerpo Auxiliar Masculino los hombres que se emplean, metódicamente, en su propia eliminación, los hombres que practican el bien, fueren cuales fueren sus motivos y nieguen las reglas del juego de SCUM.

He aquí algunos ejemplos de los integrantes del Cuerpo Auxiliar: hombres que matan a hombres; biólogos que trabajan en investigaciones constructivas, en lugar de preparar la guerra biológica; periodistas, escritores, redactores jefe, editores y productores que difunden y promocionan las ideas capaces de servir a los objetivos de SCUM; los maricas que con magnífico ejemplo, animan a otros hombres para desmachizarse y en consecuencia volverse relativamente inofensivos; hombres que prodigan generosamente dinero y todos los servicios necesarios; hombres que dicen la verdad –hasta ahora ninguno lo ha hecho nunca–, y guardan un comportamiento justo con las mujeres, que revelan la verdad sobre sí mismos, proporcionan a los descerebrados frases correctas que repetir y les dicen que el objetivo principal en la vida de una mujer es aplastar el sexo masculino.

Para ayudar a los hombres en esta tarea, SCUM organizará Sesiones Miérdicas durante las cuales cada hombre presente pronunciará un discurso con la frase: soy una mierda, una mierda miserable y abyecta, y acto seguido procederá a enumerar los distintos aspectos de su mierdicidad. Su recompensa por esta actuación, será la oportunidad de confraternizar después de la sesión y durante toda una hora con las SCUM presentes. Se invitará a las mujeres amables y educadas para clarificar las dudas y los malentendidos que puedan tener acerca del sexo masculino; a los fabricantes y promotores de libros, películas porno, que nos conducen al día en que en las pantallas sólo se verá chupar y joder (los hombres, como las ratas siguiendo el sonido de la flauta encantada, serán arrastrados hasta su perdición por los engañosos encantos de la gata, y desbordados, abrumados por ella, se anegarán en esa carne pasiva que han sido siempre) los propagadores de drogas que apresuran la decadencia masculina.

Pertenecer al Cuerpo Auxiliar Masculino es una condición necesaria pero no suficiente para formar parte de la lista de indultados de SCUM; no es suficiente practicar el bien: para salvar sus culos insignificantes, los hombres deben además evitar el mal. Entre los hombres más detestables y dañinos aparecen: los violadores, los políticos y todo su clan (propagandistas, miembros de los partidos políticos, etc.); los cantantes y los músicos malos; los presidentes del directorio, los ganapan, los agentes inmobiliarios, los propietarios de los restaurantes, los Grandes Artistas, los cobardes, los policías, los magnates, los científicos que trabajan en investigaciones en favor de la destrucción y la muerte o para la industria privada (casi todos los científicos), los mentirosos y los farsantes, los disc-jockeys, los hombres que se imponen aunque sea mínimamente a las mujeres, los hacendosos, los corredores de bolsa, los que hablan cuando no tienen nada que decir, los que deambulan ociosamente por las calles y estropean el paisaje con su presencia, los hipócritas, los artistas plagiarios, los sucios, los moscones, los hombres que dañan a una mujer, los que se dedican a la industria de la publicidad, los escritores, periodistas, redactores jefes, editores, etc., deshonestos; los censores, público y privado, todos los miembros de las fuerzas armadas, incluso los reclutas (LB J y McNamara dan las órdenes pero los oficiales de servicio las realizan) y particularmente los pilotos (si la bomba estalla, no será LBJ quien la arrojará, sino el piloto), en el caso del hombre cuyo comportamiento puede considerarse tanto malo como bueno, una evaluación subjetiva y completa de su persona determinará si su comportamiento es, al hacer la síntesis, bueno o malo.

Resulta muy tentador meter en el mismo saco a hombres y Grandes Artistas y a las mujeres hipócritas, etc., pero sería incómodo, pues no quedaría nadie. En toda mujer hay algo que, en mayor o menor grado huele a podrido, pero se debe a toda una vida de convivencia con los hombres. Eliminad a los hombres y las mujeres mejorarán. Las mujeres son recuperables; los hombres, no, aunque su comportamiento puede cambiar. Cuando SCUM les de una patada en el culo, las mujeres se perfeccionarán rápidamente.

Cuando dé por el culo al sistema, saquee, separe parejas, destruya y asesine, SCUM ganará reclutas. Ese será el papel de su núcleo de élite reclutadoras; el cuerpo minoritario; el líder de las actividades (las enculadoras, saqueadoras y destructoras) y el de la élite de la élite: las asesinas.

La solución ya no es dejar que todo se derrumbe y vivir al margen. Dar por el culo al sistema, sí. La mayoría de las mujeres ya viven marginadas: nunca estuvieron integradas. Vivir al margen, es dejar el campo libre a quienes se aprovecharán de él; marginarse es hacer justo lo que quieren que hagamos los líderes establecidos; es hacerle el juego al poder, al enemigo; fortalecer el sistema en vez de minarlo, ya que está absolutamente basado en la inactividad, en la pasividad, en la apatía y en la retracción de la masa de las mujeres. Sin embargo, desaparecer es una solución excelente para los hombres, y SCUM, con entusiasmo, le dará empuje.

Buscar en uno mismo la salvación, contemplarse el ombligo, no es la solución, como nos quieren hacer creer quienes se largan a Katmandu. La felicidad se halla afuera de uno mismo, y se logra solamente por medio de las relaciones con los demás. Nuestro objetivo debería ser el olvido del propio yo, no la autocontemplación. El hombre, sólo capaz de esto último, convierte una falta fundamental en una virtud y otorga a la autocontemplación la categoría no solamente de bien sino de Bien Filosófico, y así hace que parezca profundo.

A SCUM de nada le sirven las banderas, los desfiles o las huelgas para alcanzar sus fines. Tácticas semejantes son útiles solamente para las señoras amables y educadas que escrupulosamente llevan a cabo tales acciones porque poseen la garantía de su inutilidad. Además, sólo las mujeres-machos decentes y con una vida limpia, altamente entrenadas en sumergirse a sí mismas en la especie, se confunden con la masa y la muchedumbre.

SCUM está constituido por individuos; SCUM no es una muchedumbre. Las acciones de SCUM serán llevadas a cabo por el número de personas estrictamente necesario. SCUM, además, egoísta, fría de cabeza no expondrá tontamente sus cabezas a las porras de los policías: eso es para las señoras de clase media, privilegiadas y educadas, que sienten gran estima por Papá y por el policía y manifiestan una fe ciega en la bondad intrínseca. Si SCUM realizara alguna vez una manifestación, marcharía sobre la cara estúpida y repugnante de Lyndon Johnson; si SCUM alguna vez va a la huelga, plantará largos cuchillos en la noche, no piquetes.

Las actividades de SCUM serán criminales no por simple desobediencia civil, por violar abiertamente la ley sino para ir a la cárcel, para llamar la atención sobre la injusticia. Semejante táctica entra en el sentido del sistema y sólo sirve para apenas modificarlo, para cambiar ciertas leyes específicas. SCUM está en contra de todo el sistema, contra la idea misma de la ley y de gobierno. SCUM nace para destruir el sistema, no para lograr ciertos derechos dentro de él. Además SCUM –siempre egoísta, siempre fría– siempre evitará la detención y el castigo. SCUM actuará furtiva, sibilina, taimadamente (aunque a las asesinas SCUM siempre se las reconocerá).

Tanto la destrucción como el asesinato serán selectivos y discriminados. SCUM está en contra de las revueltas histéricas e indiscriminadas, sin objetivos claros, que tan fatales resultan, a veces, para sus propios partidarios. SCUM nunca alentará, instigará o participará en revueltas de ninguna clase o cualquier otra forma de destrucción indiscriminada. SCUM, fría, furtivamente, cazará su presa y se moverá con sigilo, en la sombra, para matar. Su destrucción nunca provocará bloqueos en las rutas necesarias para el transporte de comida y abastecimientos esenciales; no contaminará o cortará el agua, ni bloqueará las calles y el tránsito hasta el extremo de que las ambulancias no puedan circular o impedir el funcionamiento de los hospitales.

SCUM continuará destruyendo, saqueando, desorganizando y matando hasta que el sistema laboral-monetario cese de existir y se establezca la automatización total, o hasta que las mujeres necesarias cooperen con SCUM para alcanzar sus objetivos sin recurrir a la violencia, es decir, hasta que suficientes mujeres no trabajen o abandonen sus puestos de trabajo, comiencen a saquear, abandonen a los hombres y se nieguen a obedecer todas las leyes impropias de una sociedad verdaderamente civilizada. Muchas mujeres engrosarán las filas, pero habrá muchas otras, que hace tiempo se han rendido al enemigo, que están tan adaptadas a la condición animal, al machismo, (adoran las restricciones y las represiones, no saben qué hacer con la libertad) que siguen siendo aduladoras serviles y lameculos, así como los campesinos que cosechan arroz siguen siendo campesinos que cosechan arroz cuando un régimen deriva a otro. Unas pocas de las más veletas lloriquearán, se enfurruñarán y arrojarán sus juguetes y trapo de cocina al suelo, pero SCUM, su apisonadora pasará, imperturbable, sobre ellas.

Lograr una sociedad completamente automatizada es simple y rápido, en cuanto la demanda es pública. Los proyectos detallados para su creación ya existen, millones de personas trabajan en su realización, el logro apenas llevará algunas semanas. aún suprimido el sistema monetario, todos se sentirán felices de colaborar en la construcción de una sociedad automatizada. Señalará el principio de una era nueva y fantástica y el trabajo se realizará en medio de una atmósfera de fiesta.

La supresión del dinero y la institución completa de la automatización son objetivos básicos para todas las otras reformas de SCUM; sin ellas, las demás resultarían imposibles; con ellas, se producirán rápidamente. El gobierno caerá automáticamente. Por medio de la automatización completa, cada mujer tendrá la posibilidad de votar directamente por medio de una máquina de votar electrónica instalada en su casa. Como el gobierno está casi totalmente ocupado en la regulación de la economía y en legislar contra asuntos estrictamente privados, la supresión del dinero, y con él la de los machos empeñados en legislar la moral, significará que no habrá prácticamente nada que votar.

Una vez desmanteladas las finanzas, ya no será necesario matar a los hombres, se les arrancará el único poder que tienen sobre las mujeres psicológicamente independientes. Podrán imponerse solamente con las lameculos, a quienes les gusta que alguien las someta. El resto de las mujeres se ocupará en intentar resolver los pocos problemas que queden por solucionar antes de centrarse en la cuestión de la eternidad y de la Utopía. Se renovará completamente la enseñanza, y millones de mujeres podrán, en pocos meses realizar trabajos de alto nivel intelectual que en la actualidad requieren años de aprendizaje (puede lograrse con facilidad pues nuestro objetivo educacional es educar y no perpetuar una minoría académica e intelectual). Resolverán los problemas de la enfermedad, la vejez, y la muerte y rediseñarán totalmente nuestras ciudades y el hábitat.

Muchas mujeres, durante un tiempo, seguirán pensando que los hombres les interesan, pero en cuanto se acostumbren a la sociedad de mujeres y se concentren en la realización de sus proyectos, se darán cuenta de la total inutilidad y banalidad del macho.

Los pocos hombres que queden en el planeta podrán arrastrar sus días mezquinos. Podrán hundirse en las drogas o pavonearse travestidos, observar a las mujeres poderosas en acción, como espectadores pasivos, intentando vivir por delegación. También podrán ir al centro suicida del vecindario más próximo y amistoso para morir allí, en las cámaras de gas, de muerte serena, rápida, sin dolor.

Antes de que se instituya la automatización, antes de que los hombres sean reemplazados por las máquinas, el hombre debe ser útil a la mujer. Deberán recibir sus órdenes, satisfacer sus más mínimos caprichos, obedecer cualquiera de sus exigencias, adoptar una actitud de perfecta obediencia a su voluntad, en lugar de esta situación perversa y degenerada de los hombres de hoy, quienes no solamente existen, ensuciando el mundo con su ignominiosa presencia, sino que se dejan lamer el culo por la masa de mujeres que se inclinan ante ellos, los millones de mujeres que adoran piadosamente al Becerro de Oro. El perro conduce al amo, cuando en realidad, de no ser un marica travesti, lo más aceptable para el hombre es postrarse delante de la mujer, como un esclavo. Los hombres racionales desean ser aplastados, pisoteados, exterminados y masticados, tratados como lo que son, perros mugrientos, y confirmar así su ser repulsivo.

Los hombres irracionales, los enfermos, los que intentan defenderse contra su repugnancia, al ver a las SCUM cargar sobre ellos, aullarán aterrados y se aferrarán a la Gran Mamá de las Grandes Tetas, pero las tetas no les protegerán contra la arremetida de las SCUM; La Gran Mamá se aferrará al Gran Padre, quien, en un rincón, se cagará en sus dinámicos calzoncillos. Sin embargo, los hombres racionales, no patearán ni pelearán ni armarán una lamentable pataleta; se quedarán mansamente sentados, relajados, gozando del espectáculo, dejándose llevar por las olas hasta su fatal extinción.

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El artículo anterior de la serie se encuentra aquí, donde se indica el enlace al primero.

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