Jul 27 2004
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Cultura

Movimiento internacional pide renovar la Fundación Neruda

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Malos vientos soplan alrededor y en contra de los pasos del abogado Juan Agustín Figueroa, en Santiago de Chile y, no menores, en las provincias del sur donde tiene intereses de terrateniente en el territorio ancestral de la nación mapuche.

Pocs semanas atrás sucedió lo impensable: asomó en los medios de comunicación que al profesional -cuya voz suele escucharse con atención en los centros de poder- se lo vinculaba por incontinencia verbal a un tan complejo como fastidioso caso judicial; en concreto una ministra de Corte lo acusó de haber pretendido influir en un proceso que alcanza a las más altas autoridades del país.

El asunto no pasó de algunos titulares; en los medios judiciales y periodísticos de la capital chilena se habló incluso de una “operación de prensa” para proteger la imagen y el prestigio del millonario abogado, aunque nunca se la denunció ni fueron aportados elementos sobre la misma.

El jurista iracundo

En enero de 2004 el poeta Elikura Chihuailaf se preguntaba: “A través de la radio oigo al señor Figueroa alabando la ‘evidente vigencia del Estado de Derecho en Chile’. Nada dirá acerca del diligente movimiento de sus influencias ni de los testigos secretos -esto último, señal de la “modernidad de la justicia” en un país democrático-. ¿Es la reanudación del “Far West” en la región Mapuche?”

En diciembre de 2001 se produce un incendio probablemente intencional en la casa patronal del fundo (hacienda) Nancahue, propiedad de Juan Agustín Figueroa, hijo, ubicado en tierras mapuche. Hubo por esos días otros fuegos en otras propiedades de la zona.

Se sospechó de los lonko (dirigentes comunitarios mapuche): Pascual Pichún Paillalao y Aniceto Norín Catrimán -además de involucrarse en estos hechos a otras personas-. Los lonko permanecieron más de un año detenidos por esta sospecha.

“Deben pagar por los pecados de su comunidad” -refiriéndose a los lonkos Pichún y Norín-; el pueblo Mapuche debe ser asimilado “definitivamente al ciclo económico”; los indígenas deben “reciclarse a la sociedad mayor” y “se debería repetir una moderna pacificación de la Araucanía”,  son algunas de las frases decidoras de lo que pasa por la cabeza de Juan Agustín Figueroa Yávar.

En abril de 2003 los acusados por el incendio son dejados en libertad: no hubo prueba alguna que los ligara al siniestro.

Figueroa, entonces, obtuvo un segundo proceso -invocando una ley de la dictadura- y logró la condena de los acusados. El desarrollo del juicio tuvo un ambiente turbio, incluso con la participación de testigos secretos y sin rostro.

 
fotoDesde 1986 Figueroa preside la Fundación Neruda. No pocos intelectuales aseguran que la convirtió en una mercancía para turistas del primer mundo, que moviliza sin transparencia ingresos por más de 400 mil dólares al año, que ha ido armando un directorio lleno de parientes -su cónyuge, su hermana- y amigos íntimos.


 
La petición para que renuncie

Impulsada en lo fundamental por Elikura Chihuailaf, circula por el mundo -y recibe múltiples adhesiones- un documento: “Solicitud de renuncia a la presidencia de la Fundación Neruda, al señor Juan Agustín Figueroa Yávar”.

Su texto es el siguiente:

1. Desde su artículo Nosotros, los indios, publicado en la revista Ercilla, en Santiago, julio de 1969, Pablo Neruda nos está diciendo: La Araucana está bien, huele bien. Los araucanos están mal, huelen mal. Huelen a raza vencida. Y los usurpadores están ansiosos de olvidar o de olvidarse. Sigue Neruda: En el hecho, la mayoría de los chilenos cumplimos con las disposiciones señoriales como frenéticos arribistas, nos avergonzamos de los araucanos. Contribuimos, los unos, a extirparlos y, los otros, a sepultarlos en el abandono y en el olvido. Entre todos hemos ido borrando La Araucana, apagando los diamantes del español Ercilla.

2. El Señor Juan Agustín Figueroa, actual presidente de la Fundación Neruda, no ha cejado en su decisión de transformarse en uno de los promotores del encarcelamiento de los lonko y comuneros y comuneras mapuche que hoy luchan por los derechos de su pueblo.

3. Suponemos que el principal objetivo de la Fundación Neruda es dar continuidad a la Memoria del poeta Pablo Neruda, pero no sólo a su imagen física y a su extraordinaria poesía, sino también -junto con ella- a su reconocido humanismo, a su reconocido compromiso con su pueblo chileno y con el pueblo mapuche. Humanismo que, como todos recordamos, le costó la clandestinidad y el exilio.

4. En el mes que se cumple el Centenario del nacimiento de Pablo Neruda es el momento que exige aunar voluntades en torno a la figura del poeta, por lo que consideramos urgente y necesario solicitarle, respetuosamente, al señor Juan Agustín Figueroa que renuncie a la presidencia de la Fundación Neruda, pues con su accionar en contra del pueblo mapuche nos parece que ya no representa -de ningún modo- el espíritu nerudiano.

Amigas, amigos, les invitamos a adherirse a la presente solicitud. Firme y envíe a:

redchilena@bigpond.com

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