Sep 6 2008
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Cultura

Nicanor y el fin del universo

 Virginia Vidal*

El cobre en el cielo. La educación en el suelo. ¿De qué educación estamos hablando?

Education is the inculcation of the incomprehensive to the idiot by the incompetent (Educación es inculcar lo incomprensible al idiota por un incompetente), como lo dijo no recuerdo quién. Nicanor Parra.

(Este epígrafe es posterior al suceso que contaré. Nicanor Parra escribió su artefacto sobre la educación en cuanto le conté la consigna que exhibían en una pancarta, mientras realizaban su grandiosa manifestación los estudiantes de los liceos santiaguinos) .

 

—Y pensar que no vamos a comer nunca más pan de pascua —dice Nicanor Parra mientras saboreamos uno exquisito tomando té.

—¿Por qué?— preguntan alarmadas; Gabriela y Rosita, las hijas de Evelin Sandoval, ponen los ojos redondos.

—Porque no va a haber huevos.

—¿Por qué se van a acabar los huevos?

—Porque no va a haber más gallinas.

—Pero ¿por qué? ¿De dónde sacaste esto?

Y cuando ya imaginamos un ataque de aneurisma mundial, Nicanor nos va sacando del sobresalto tan tranquilo:

—Porque dentro de cinco mil millones de años se van a acabar también todos los animales y nosotros y el planeta y las galaxias y se va a ir reduciendo todo el universo hasta convertirse en una partícula invisible tragada por un hoyo negro…

—¿De qué hablas?

—Del “big crunch”, un colapso descomunal. Pero no se asusten porque después de veinticinco mil millones de años esa partícula de materia cargada de energía se va a empezar a reproducir, a multiplicar, a convertirse en un radioso sol, a estallar en millones de mundos y otro universo jovencito estará en acción…

Como para respirar aliviadas. Con ese alivio que nos produce el ingenio, la gracia, la simpatía de Nicanor que recita a Homero en griego, considera que Shakespeare está a la par de Dios y sabe de memoria infinidad de poemas de los clásicos del siglo de oro.

Así es Nicanor, liviano de sangre y profundo en reflexiones. Sabe oír, no es reiterativo, desconoce la vulgaridad y no se le va una.

En cada encuentro en su casa austera de Las Cruces, como antes en La Reina, nos brinda su hospitalidad con la elegancia del gran señor que es y transforma el coloquio en un deleite para el intelecto y el espíritu.

Con picardía hablará de las discrepancias “ginecológicas” por las que censuraron una entrevista suya en cierto medio chilensis del exilio; nos mostrará unos retratos de poetas y escritores a los que les ha puesto unas leyendas que transforman el recorte de periódico en artefacto o hecho poético.

Al curiosear los títulos de un montón de libros de historia de Chile, es posible advertir qué lee en estos momentos para conocer más cabalmente a ciertos personajes que dejaron su huella.

Yo tengo presente nuestra conversación el día de los funerales de Neruda, en La Chascona: “La Junta quiere convertirme en poeta oficial, pero no lo va a conseguir”.

En esos años negros, creó con Enrique Lihn en Ingeniería de la Universidad de Chile un espacio para la poesía y las bellas letras.

Se divierte cuando le cuento que en Antofagasta, en la inauguración de su exposición, un señor protestó por la falta de respeto al ver el crucifijo parriano con el letrero “Voy y vuelvo”. Una dama indignada le replicó: “¿Y no cree usted que mucho mayor falta de respeto fue crucificarlo?”

Cada encuentro es la continuación de un diálogo inacabable siempre fecundado por su cordialidad, sabiduría e ingenio. Nicanor Parra, el menos imaginario de los hombres, hoy cumple noventa y cuatro años.

Nos ha prodigado su poesía, su ingenio, su conocimiento; recibe con cortesía las expresiones desmesuradas y los alardes amicales; como todas las grandes cumbres de nuestra cordillera poética, ha enaltecido el nombre de este desgarrado país.

Desde la distancia, lo abrazamos y le deseamos que cumpla feliz sus noventa y cuatro años.

* Periodista y escritora.

Dirige la revista de cultura Anaquel Austral www.virginia-vidal.com

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