Abr 18 2005
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Política

No hay democracia en Haití, ni la habrá

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Es sabido y harto exhibido el interés de Estados Unidos por la difusión en el mundo de la democracia. ¿Acaso no fue ese “ideal” una de las razones para ocupar Afganistán e Iraq? Claro que promueve una democracia a su estilo, donde salvo la elección por aclamación del jefe militar de la Guerra Revolucionaria por su Independencia, George Wáshington, todos los demás presidentes, pasaron por comicios con mayores o menores sospechas de fraude.

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Durante casi todo el siglo XX y lo que va del actual XXI –que viene muy mal gestado– EEUU apoyó y sostenido golpes militares que derrocaron por todo el globo gobiernos democráticos reemplazándolos por dictaduras. ¿O no?

Haití venía de sufrir entre 1956 y 1986, treinta años tiranizado en su mayor parte por François Duvalier –Papá Doc– y a su muerte en 1971 por su hijo Jean Claude Baby Doc Duvalier, de solo 20 años de edad. Derrocada la “dinastía” Duvalier en 1986 –y Baby Doc desde entonces en dorado exilio en Francia– se instala en Haití una lucha de jefes militares que se suceden en el poder.

Tomada la decisión de llamar a elecciones en 1990, se impuso como presidente el joven ex cura, nacido en 1953, Jean-Bernard Aristide, quien ganó popularidad combatiendo la dictadura Duvalier. Pero Aristide dura un solo año en el poder; cae tras un golpe del general Raoul Cedrás. Es entonces cuando Estados Unidos, por mandato de la ONU se ofrece a cumplir la noble tarea de reinstaurar la democracia en Haití y se presenta allí con Aristide, a quien repone como presidente. Esto ocurrió en 1994.

En el 2.000 es nuevamente reelegido Aristide, demostrando desear gobernar con ideas propias su país, uno de los más pobres del mundo. Pero como todo cambio sincero puede afectar privilegios económicos, Francia y Estados Unidos sintieron que sus intereses estaban ante un eventual peligro y, como hizo Wáshington en Chile desestabilizando al “Chicho” Allende, comenzaron a provocar disturbios, que Aristide controlaba al punto de que los sublevados no podían tomar el poder.

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Como el imperiodismo internacional habló de caos, ingobernabilidad, saqueos y sangre, Estados Unidos, en complicidad con Francia, obtuvo una nueva autorización de la ONU para volver a ocupar y “poner orden” en Haití.

Cumplida la misión yanqui de iniciar el nuevo desastre en el sufrido Haití, ante la hostilidad de la población de evidente mayoría pro Aristide y con vieja antipatía con los yanquis por facturas pendientes de anteriores ocupaciones y permanentes presiones, Estados Unidos dejó en manos de la ONU el problema. Así se constituyó la llamada Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH, su sigla en inglés).

En esta fuerza, comandada por un general brasileño, participan Argentina, con unos 500 efectivos portando cascos azules, Chile y otros países, bajo el mando formal de un general brasileño.

Para completar el trabajo sucio, Washington, antes de entregar la comandancia, puso en un avión a Jean-Bernard Aristide. Un verdadero secuestro según lo denunció repetidas veces la propia víctima.

foto El presidente fue desembarcado en República Centroafricana, un país a quien Francia dio la “independencia” en 1960, pero sigue siendo en la práctica una colonia de París, que hasta imprime y controla su moneda, el CFA. Allí estuvo Aristide unas semanas y luego se trasladó a Sudáfrica, donde se encuentra en estos momentos, siempre considerándose el presidente legal de Haití.

En realidad, según todos los testimonios, la situación de Haití es incontrolable. Las grandes potencias que prometieron ayudas para su estabilización social, no han cumplido sus ofrecimientos. Esto no debe extrañar a nadie, pues se repite una y otra vez. Como las grandes promesas de ayuda –muy publicitadas– ante el drama del Tsunami en el SE asiático, pero casi nada concretado.

Se suceden hoy en Haití las misiones de estudio con numerosos burócratas de la ONU bien “viaticados”, pero nada de fondos para paliar las urgencias alimenticias de la población. Así, reina el caos en las calles. Las bandas luchan por espacios y vidas y haciendas no son respetadas. La salud es un modelo de delito occidental y cristiano de abandono de personas.

La Universidad de Harvard y el Centro de Justicia Global de Brasil elevaron un informe a las Naciones Unidas con el irónico título de “¿Manteniendo las paz en Haití?”, donde formulan serias críticas a la conducción de brasileña, acusando a sus fuerzas de “apoyar a la policía local en su determinación de desmovilizar a los miembros del partido de Aristide, en lugar de proteger a los civiles y velar por los derechos humanos”.

Ante semejante situación, diversas organizaciones de derechos humanos denuncian abusos de los militares de la MINUSTAH. Acaba de estar hasta la semana pasada en Haití una misión encabezada por el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, acompañado por personalidades de distintos países, una de ellas la señora Nora Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.

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Según un despacho del 9 de abril en curso de la Agencia informativa de internet AGENPRESS, “Pérez Esquivel aseguró haber recibido denuncias de violaciones a mujeres, golpizas y torturas que involucraron a uniformados argentinos, brasileños y de otras nacionalidades de la MINUSTAH, pero dichas denuncias no han sido aún confirmadas, añadió”.

¿Podrán algún día los cada vez más ricos mandamases imperiales de las multinacionales, compadecerse del pueblo haitiano, donde perduran los males de la esclavitud y de la cual descienden todos sus desvalidos seis y medio millones de habitantes?

(Las fotografías han sido tomadas del portal Servicio Privado de Información – www.seprin.com).

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* Periodista argentino.

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