Feb 15 2010
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Cultura

Nueva forma de autoritarismo en el siglo 21: La ocupación pacífica o la dictadura de la TV

Por Sergio Peralta *
Los símbolos son un interrogante para la vista y a veces una angustia para el alma. Por una misteriosa o mágica decisión de la naturaleza, nuestra glotis comenzó a descender hace unos 25.000 años y nos permitió emitir unos ruiditos que se separaron de los guturales que, aún hoy, pronuncian nuestros primos hermanos los chimpancés.

Ese mágico pase nos permitió diferenciarnos de ellos. Comenzó el lenguaje y con él la expresión. Pudieron surgir el arte, la religión; los sueños ya tenían agente de comunicación exterior. Los científicos, en sus viajes en el tiempo, dicen que de ser posible traer a nuestros días a un niño nacido en la edad de piedra, podría apropiarse de los conocimientos y prácticamente no tendría diferencia con un niño nacido hoy. Genéticamente, solo genéticamente, no somos distintos a nuestros abuelos sapiens.

Una radio AM de la provincia de Mendoza usa en su artística una frase que dice “interpretamos la realidad” – una definición en sí misma-, como el decir del canal de noticias TN – Todo Noticias- (del grupo oligopólico Clarín) que mágicamente se transforma en “Todos Nosotros”.

El mundo está dirigido por la imagen, el sapiens que evolucionó y pudo reflexionar y abstraer se ha transformado en lo que Giovanni Sartori ha clasificado como homo videns, un hombre que mira pero no piensa, ve pero no entiende.

La imagen ha transformado la vida cotidiana en el infierno de los cualquiera, la palabra ha quedado machacada por la representación visual. Los “presentadores de noticias” pasan a ser títeres de los intereses multimediales y mientras “interpretan la realidad” las imágenes apoyan esa interpretación. Los pié de pantallas ayudan a generar esa interpretación y aparece una nueva categoría: la intoxicación informativa. La concepción de la realidad se vuelve una caricatura en donde Walt Disney sería el mejor Director Editorial.

En esa intoxicación informativa, Hollywood es uno de los mejores ejemplos de ocupación pacífica que existe. Desde hace más de 70 años viene exportando “el estilo de vida americano” a casi la totalidad del planeta. Han justificado guerras, asesinatos, violaciones, matanzas raciales, interferencia en asuntos de otros países, todas esas acciones teñidas con una pátina artística que las hace consumibles y deseables.

La generación de productos mediáticos para el consumo es intensa e inteligente. El brillante pensador uruguayo Jorge Majfud lo dice claramente en La cultura de las máscaras: ”Cuando el capitalismo industrial evoluciona a un capitalismo de consumo —consumo de bienes, consumo de símbolos—, sus expresiones populares cambian. La expresión mediática toma una voz crítica y paródica.

En los años noventa Los Simpson realizan una importante variación al evitar el hibridismo animal y presentar el “mundo real de los humanos” sin el desdoblamiento esperado, por lo cual se constituye en un ejemplo de crítica. Pero es una especie de Lazarillo de Tormes (1554), un testimonio histórico y una parodia social realizada de arriba hacia abajo —los pobres siempre son graciosos— sin la voluntad de ningún cambio.

Al recurrir a la diversión, más que al humor, se neutraliza cualquier posible crítica, convirtiendo un drama real en una comedia fantástica. El objeto de crítica, con sus rostros (demasiado) visibles, desplaza del centro a todo un sistema político, económico y cultural. Homero Simpson es el ejemplo del obrero ingenuo y decadente con una hija inteligente, eterna promesa de un futuro cambio y con un jefe capitalista explotador, a todas luces el (nuevo) chico malo”.

Otro ejemplo del simbolismo y ocupación pacífica es la infinita tropa evangelizadora. Miles de fieles gritan por su salvación, a un tal Smith le contaron al oído el secreto de la salvación. Jesús resucitado apareció en las márgenes del río Columbia, el arca de Noé encajó su quilla maderosa en la cumbre del Monte McKinley.

Esa ocupación trabaja en los cimientos, en la esperanza de salvación, en el lavado de la culpa, usa al paraíso con destino en el cielo o en Cochabamba, donde una de esas congregaciones construyó a su imagen y semejanza un predio escapado de Utah, rodeado de una gran reja pintada de blanco. Ese paraíso de verdes prados está coronado, según la mitología popular, por un inmenso ángel de oro sólido. Compiten la cristiandad y la iglesia electrónica por salvar almas.

La tilinguería llena los estudios de televisión, la manipulación de la información es sucia, basta con mirar un canal de noticias en Argentina y la muestra demora lo que la luz tarda en activar la pantalla del televisor. La sociedad está presa de la autoridad de la pantalla, el espectador cree solo en lo que ve, consume lo que pantalla le muestra. No tiene interlocutores, en el atrio del poder su imagen plana es el único orador.

En una fiesta de la tradición gauchesca un paisano ataviado con sencilla elegancia mostraba en la faja de su cintura el lugar donde se lleva el facón, sólo que llevaba un teléfono celular en un primoroso estuche al tono.

Finalmente, Giovanni Sartori afirma en su estudio sobre el homo videns que ”actualmente, el pueblo soberano "opina" sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar; y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea”.

La propaganda informativa, la imagen manufacturada, es originada en una cultura letrada, la palabra tiene el dominio, es necesario ocupar ese lugar, tener acceso a esa palabra para decodificar, para no dejar a nuestro abuelo sapiens al costado del camino, aplastado por un homo videns que conduce su vida sin pensar.

*Especialista argentino en medios de comunicación. Ex director de radios públicas
 

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