Jun 21 2015
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Sociedad

Obscenos despilfarros

Seg煤n Evangelii gaudium, la exhortaci贸n apost贸lica del papa Francisco, en la cultura predominante el primer lugar est谩 ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo r谩pido, lo superficial, lo provisorio. Y explica que una de las causas de esta situaci贸n es la relaci贸n que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos sin problema su prevalencia sobre la persona y la sociedad.

Pues bien, reconocido esto, podemos afirmar que una de sus principales consecuencias es el despilfarro irresponsable en distintas 谩reas de la vida. Hay despilfarro de alimentos, de agua, de energ铆a. Despilfarro en los gastos militares, en la asignaci贸n de los fondos p煤blicos, en la din谩mica del motor capitalista que apuesta por una producci贸n y consumo sin l铆mite. Despilfarro en el mundo del deporte y la tecnolog铆a, y en el estilo de vida de los sectores y pa铆ses ricos. Veamos algunos datos.papa con cordero

La Organizaci贸n de las Naciones Unidas para la Alimentaci贸n y la Agricultura calcula que el volumen mundial de despilfarro de alimentos ronda los 1,600 millones de toneladas y que solo un bajo porcentaje de los alimentos desperdiciados es compostado; una gran parte termina en los vertederos y representa un porcentaje elevado de los residuos s贸lidos urbanos. Asimismo, reporta que el volumen total de agua que se utiliza cada a帽o para producir los alimentos que se pierden o desperdician equivale al caudal anual del r铆o Volga en Rusia, o tres veces el volumen del lago de Ginebra. En la producci贸n de esos alimentos se usan 1,400 millones de hect谩reas, equivalentes al 28% de la superficie agr铆cola del mundo. El monto en met谩lico del despilfarro de alimentos (excluyendo el pescado y el marisco) alcanza los 750 millones de d贸lares anuales.

Con respecto al despilfarro en gastos militares, los datos son escandalosos. Seg煤n el Instituto Internacional de Investigaci贸n para la Paz de Estocolmo, en 2014 los gastos militares en el mundo sumaron 1,747 billones de d贸lares. Los cinco mayores inversores en defensa fueron Estados Unidos, con 581,000 millones de d贸lares; China, 129,000 millones; Arabia Saud铆, 81,000 millones; Rusia, 70,000 millones; y Reino Unido, 62,000 millones de d贸lares. En promedio, se estima que en el mundo se gastan unos dos mil millones de d贸lares por minuto en armas. Un dato obsceno si consideramos la precariedad en la que viven millones de seres humanos y la necesidad de paz mundial que demandan los pueblos.

Por otra parte, la acad茅mica espa帽ola Adela Cortina denomina a la 茅poca actual como la 鈥渆ra del consumismo鈥. Y explica que sociedad consumista no es lo mismo que una sociedad en la que todo el mundo consume, porque es l贸gico y evidente que toda la gente debe consumir para sobrevivir. Una sociedad consumista es aquella en la que se consumen bienes fundamentalmente superfluos. Si esto es as铆, la mentalidad consumista conduce al derroche in煤til y pernicioso de recursos. De ah铆 la necesidad de propiciar estilos de vida orientados a reducir el nivel de consumo. El modelo despilfarrador se basa en la producci贸n constante de nuevas necesidades, por ello la reducci贸n del consumo de bienes superfluos es imprescindible para caminar hacia una sociedad sostenible en la que se pueda vivir mejor con menos tenencias. Es decir, la sencillez como alternativa para el futuro. O dicho en palabras de Mahatma Gandhi, 鈥渘ecesitamos vivir simplemente para que otros puedan simplemente vivir鈥.

Otro despilfarro ofensivo es la del 谩mbito del f煤tbol entre los equipos con presupuestos millonarios. Seg煤n World Soccer World, en 2014, el salario anual de los 10 jugadores mejor pagados ascendi贸 a m谩s de 300 millones de d贸lares. Con ese dinero se podr铆a financiar, por ejemplo, dos presupuestos del pago de pensiones en El Salvador (actualmente, el monto anual es de 128 millones de d贸lares). Tambi茅n el derroche de fondos p煤blicos en obras de infraestructura o programas de inversi贸n social mal planificados y administrados que terminan siendo fuente de corrupci贸n. Derroche ofensivo es, adem谩s, el mostrado por las personas m谩s ricas del mundo, que gastan parte de sus fortunas en extravagancias.

Ahora bien, la pregunta ineludible es 驴c贸mo contrarrestar la cultura del derroche y propiciar procesos de una nueva cultura de solidaridad y austeridad? Esto es, c贸mo cambiar la competitividad individualista por la cooperaci贸n competente y cordial; la acumulaci贸n excluyente de la riqueza por el acceso equitativo a los bienes que garanticen la satisfacci贸n de las necesidades fundamentales; el consumismo sin l铆mites por el uso racional de los recursos. En definitiva, c贸mo pasar del af谩n egoc茅ntrico al esp铆ritu de concordia. Citamos dos textos que en su momento fueron cr铆ticos y propositivos en este sentido, y que siguen siendo de actualidad en lo que respecta a valores que propicien un nuevo estilo de vida.

El primero es de Robert Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy, quien en un conocido discurso en la universidad de Kansas, en 1968, plante贸 la diferencia entre el producto interno bruto y la felicidad interior bruta:

EEUU Robert F. Kennedy Jr.Durante demasiado tiempo parec铆a que hab铆amos cambiado la excelencia personal y los valores de la comunidad por la mera acumulaci贸n de cosas materiales. Nuestro producto nacional bruto (鈥) cuenta la contaminaci贸n del aire y la publicidad de los cigarrillos, y las ambulancias que borran la carnicer铆a de nuestras carreteras. Cuenta las cerraduras especiales para nuestras puertas y las c谩rceles para las personas que las rompen. (鈥 ) Cuenta el napalm y cuenta las ojivas nucleares y los coches blindados de la Polic铆a para luchar contra los disturbios en nuestras ciudades (鈥) A pesar de ello, el producto nacional bruto no permite medir la salud de nuestros hijos, la calidad de su educaci贸n o la alegr铆a de su juego. No incluye la belleza de nuestra poes铆a o la fortaleza de nuestros matrimonios (鈥) Tampoco mide ni nuestra inteligencia ni nuestro valor, ni nuestra sabidur铆a ni nuestro aprendizaje, ni nuestra compasi贸n ni nuestra devoci贸n a nuestro pa铆s; en definitiva, mide todo, salvo lo que hace que la vida valga la pena.

El segundo texto es de Ignacio Ellacur铆a, quien al proponer un cambio radical de civilizaci贸n que vaya a la ra铆z de los problemas y en direcci贸n contraria al orden dominante, habla de una civilizaci贸n 鈥渄onde la pobreza ya no ser铆a la privaci贸n de lo necesario y fundamental debido a la acci贸n hist贸rica de grupos, clases sociales o naciones, sino un estado universal de cosas en que est茅n garantizadas la satisfacci贸n de las necesidades fundamentales, la libertad de opciones personales y un 谩mbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparici贸n de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los dem谩s hombres, consigo mismo y con Dios. [Una civilizaci贸n] que realmente da espacio al esp铆ritu, que ya no se ver谩 ahogado por el ansia de tener m谩s que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podr谩 entonces florecer el esp铆ritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del Tercer Mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposici贸n de modelos culturales m谩s desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso m谩s humanos鈥.
*Director de radio YSUCA, El Salvador

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