Ago 21 2016
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Cultura

Rogelio García Lupo: Adiós a un maestro

Con Rogelio García Lupo se va parte de la mejor historia del periodismo argentino y latinoamericano. En su larga trayectoria profesional de más de seis décadas –se inició como redactor de las revistas Continente y Qué, y en el vespertino Noticias Gráficas-, se convirtió en un referente del periodismo de investigación en la el continente. El viernes 20 de agosto, a los 84 años de edad, murió en Buenos Aires

“Pajarito”, como lo conocimos políticos, académicos y periodistas, fue pionero del periodismo de investigación (aunque aún no se llamaba así sino que era simplemente periodismo de calidad) de la historia argentina y latinoamericana pocas veces contada, testigo de los grandes hechos políticos del siglo pasado que reflejó siempre con su pluma certera, clara y simple, profunda, tierna y cálida a la vez.

Perseguido, prohibido y encarcelado por las dictaduras argentinas, fue uno de los primeros periodistas –junto a Rodolfo Walsh y Gabriel García Márquez, entre otros-que respondió al llamado de Ricardo Masetti y el Che Guevara para la formación de la agencia de noticias Prensa Latina.

Durante la década de 1950 había sido redactor de la revista Continente, del semanario Qué y del vespertino Noticias gráficas. Tras vivir un año en Cuba, se trasladó a Ecuador y Chiley , de regreso a la Argentina, su trabajo en Primera Plana contribuyó a modificar el lenguaje del periodismo. Entre 1970 y 1976 fue corresponsal del diario El Nacional de Caracas.

Fue corresponsal de diarios y revistas argentinas extranjeras, hasta que decidió retirarse de la profesión allá por 2007 y fue también un maestro de periodistas que regalaba experiencias y consejos sobre el oficio. Ese mismo año Gabriel García Márquez le entregó el premio Homenaje de la Fundación Nuevo Periodismo como reconocimiento a su obra. Sus méritos como informador y formador, como redactor puntilloso, claro, exquisito y a la vez sencillo, cercano al lector, han quedado representados en miles de trabajos.

García Lupo y Walsh en Cuba, 1960

García Lupo y Walsh en Cuba, 1960

Sus artículos –muchos de ellos en el semanario Marcha de Montevideo, donde logró “escribir libre de las ataduras de las empresas periodísticas”- fueron publicados con forma de libros, y así nacieron “La rebelión de los generales (1962); “Contra la ocupación extranjera” (1968) y “Mercenarios y Monopolios en la Argentina -de Onganía a Lanusse-” (1971).

También escribió textos sobre política: Diplomacia secreta y rendición incondicional (tras la Guerra de las Malvinas, en1983) y de manera especial en El Paraguay de Stroessner (1989), en donde puso bajo la lupa al banquero saudita Gaith Pharaon, lavador de dinero de la política, el narcotráfico y el comercio de armas. En la última década publicó Ultimas Noticias de Perón y su tiempo (2006) y Ultimas noticias de Fidel y el Che (2007).

Compartimos en Buenos Aires algunos almuerzos semanales entre periodistas nacionales y extranjeros –incluso durante la última dictadura- en el Club Progreso, donde se intercambiaba información, cuentos (también chismes) y se discutía sobre política…y sobre todo. La mesa “funcionaba” desde 1964 y se prolongó hasta no hace muchos años, aunque con comensales renovados. Mesas que recordamos los “sobrevivientes” y exageramos hoy en nuestros recuerdos.

De su apartamento de Barrio Norte, donde ya no cabían sus libros, se fue al viejo barrio de San Telmo, donde hasta hace unas semanas no más, caminaba sus calles ayudado por su bastón, saludaba vecinos, recibía amigos. Murió joven, a los 84.

El genial escritor cubano Alejo Carpentier supo definir la relación entre el periodismo y la historia señalando que el periodista es en sí mismo una forma de historiador: “El es el cronista de su tiempo y es el que recoge la participación inmediata del acontecimiento. El es el que nos entrega el estado vivo, el estado primero, el acontecimiento que después habrá de situarse en justa perspectiva y dimensión en un análisis histórico determinado (…) Él anima la gran novela del futuro con sus testimonios y sus crónicas”. Acaso sea ésta una descripción justa para la trayectoria y la obra de Rogelio García Lupo, ya en el panteón de nuestra grandes plumas, señala Fabian Bosoer en el diario Clarín.

Atendía el teléfono, atendía a quien lo iba a ver como si él no fuera el periodista que era. “Todo deja huella”, decía esa tarde de 2014, mirando al pasado de su vida, relata Patricia Kolesnicow. Esa era su lección: el periodismo, luego, será buscar esas huellas. El lo había hecho. Leyendo los avisos clasificados hasta encontrar conexiones cifradas allí, rastreando boletines oficiales. Datos, no palabras. O mejor: datos, ideas; después las palabras.

El fallecido periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez siempre recomendaba, como obras imprescindibles de lecgtura, La Argentina en la selva mundial, Historia de unas malas relaciones, A qué viene De Gaulle, La trama secreta de la Guerra del Golfo El Paraguay de Stroessner.

Uno de los tantos homenajes que recibió en vida fue el documental A vuelo de Pajarito, realizado por uno de sus hijos, Santiago García Isler, trabajo que recorre su obra y que pone de relieve el buen humor, la ironía que lo acompañó toda su vida. Una de sus grandes preocupaciones era qué iba a pasar con su voluminoso archivo una vez que dejara de estar entre los vivos. Aquí se lo dejamos:

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