Abr 22 2013
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Participación ciudadana

Señor Lula da Silva: estamos en México.

LulaUsted, señor Lula da Silva, ex presidente de nuestra hermana República de Brasil se encuentra en el Estado de Chiapas. Viaja codo a codo con el presidente mexicano. Usted señor Lula carga sobre su cabeza y hombros una enorme aureola de popularidad porque logró grandes éxitos en su gestión presidencial brasileña.

 

Lo reconocemos como aquel líder obrero que se levantó desde aquellos lejanos días de la lucha sindical hasta lograr el máximo cargo administrativo que, quizá, jamás soñó en su niñez y adolescencia. Pero eso, señor Lula, ya pasó. Ahora se encuentra en el Estado mexicano de Chiapas, donde el hambre es una realidad cotidiana.

 

Se encuentra promoviendo una campaña contra el hambre. Quizá la misma campaña que en su país fracasó porque las empresas transnacionales, como la Nestlé y otras, le jugaron sucio porque sólo venden productos chatarras que fomentan el hambre oculta en la población que cree alimentarse, cuando en verdad sólo incorporan calorías a su organismo, sin nutrirlo adecuadamente.

 

Pero eso no es lo que quería decirle don Lula da Silva. Lo que pretendo decirle es que a escasos kilómetros de donde usted se encuentra recibiendo las generosas muestras de respeto de las autoridades mexicanas —que se las merece, es cierto— una nutrida manifestación de indígenas tzotziles y maestros chiapanecos le están diciendo
“Nosotros pueblos indígenas y campesinos sí tenemos hambre, pero de verdad y justicia para el caso Acteal, hambre de la libertad inmediata e incondicional de nuestro hermano Alberto…”

 

Ellos se refieren, por si acaso no lo sabía —aunque lo dudo dado que un ex-líder sindical y actual político internacional se precia de estar bien informado— al profesor Alberto Patishán Gómez, uno de los presos de conciencia con una injusta condena de 60 años de cárcel que dejó tras su sangriento paso por el gobierno el ex presidente Mexicano.

 

Usted, don Lula, bien sabe lo que esto significa, por lo que no ocupo explicárselo, pues estos asuntos se vieron en su Patria en miles de ocasiones. Pienso, entonces, que una expresión de apoyo de su parte a estos campesinos mexicanos y a su líder el maestro Alberto Patishtán sería bienvenida y se vería mucho más acorde con su pasado sindical y político que sus actuales actividades como político jubilado que simplemente goza del prestigio de sus pasados triunfos.

 

Por lo demás no podría esperarse otra cosa de usted sino eso: apoyo al compañero de lucha que se encuentra injustamente preso.

Atentamente,

(Firma)
Rolando González Altamirano.

P.S. Un nombre que, sin duda no le dice ni significa nada y que sólo intenta decirle, al modo de grillito de conciencia que su lucha no ha terminado, qué sólo debiera está comenzando.

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