Jun 13 2008
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Sociedad

Supervivencia infantil: las comunidades en primer plano

 

Gisela Ortega*

Para reducir la mortalidad materna, neonatal y de menores de cinco años en el mundo –y lograr los objetivos del plan Desarrollo del milenio– será preciso fortalecer los sistemas de salubridad en todos sus niveles, los servicios prestados en establecimientos sanitarios, los programas oficiales de salud y, sobre todo, las alianzas comunitarias.

Cada vez es más evidente que la mejora de las prácticas higiénicas en el seno de la colectividad y en los hogares, en  conjunción con un buen acceso a los mecanismos de remisión de pacientes, pueden repercutir enormemente en la reducción de la mortalidad de los niños y niñas.

Como resultado de ello, los sistemas de salud integrados y la atención primaria en el seno de los grupos cobran de nuevo una importancia y un protagonismo creciente en las políticas nacionales y en las alianzas y programas internacionales en pro de la sanidad.

Las alianzas y la participación de la comunidad muestran un gran potencial para mejorar la higiene, la nutrición y la situación medioambiental, en especial en países con sistemas de salud poco adecuados y principalmente para las poblaciones  marginadas y más pobres. La experiencia demuestra que las asociaciones asociadas exitosas presentan varios aspectos en común:

– Organización y participación comunitaria solidaria e inclusiva.
Los programas basados en estructuras establecidas dentro de la comunidad que son socialmente incluyentes e incorporan a  sus miembros en la planificación y evaluación, así como en la ejecución se encuentran entre los más satisfactorios en los países en desarrollo.

– Ayudas e incentivos para los trabajadores sanitarios en el ámbito comunitario.
Los trabajadores sanitarios comunitarios, los  funcionarios en el tratamiento, la educación y la orientación basada en la comunidad, necesitan incentivos y apoyo para evitar su desgaste, para que cumplan con sus obligaciones y para mantener la motivación.

– Apoyo a los programas y una supervisión adecuada de los mismos. La supervisión es necesaria para mantener el interés y la motivación de los miembros de la comunidad y evitar su desgaste. Otros tipos importantes de soporte incluyen la logística y la provisión de suministros materiales.

– Mecanismos eficaces de remisión de pacientes a los establecimientos de atención sanitaria. Los hospitales y las clínicas son los complementos esenciales de una alianza comunitaria exitosa, ya que proporciona servicios que no se pueden reproducir con seguridad en otras partes, como la atención obstetricia de emergencia. Los sistemas distritales de salud sirven también como punto de enlace para la coordinación de los programas de salud publica

– La cooperación y coordinación con otros sectores. Para que un enfoque de salud materna, del recién nacido y del niño funcione es necesaria la colaboración entre los programas y los sectores dedicados a la salud, la nutrición, la higiene, las enfermedades importantes y la seguridad alimentaría –así  como la colaboración intersectorial para abordar la infraestructura de transportes y el acceso a las instalaciones de agua y saneamiento.
<– Financiamiento seguro para tener éxito a largo plazo. La financiación de las asociaciones comunitarias debe abordar elementos como la sostenibilidad y la igualad de lo actores, incluir asuntos como el reparto de los costos y la prestación de incentivos financieros para los trabajadores de la salud de ámbito comunitario.

– La integración con los programas y las políticas nacionales y de distrito. Se necesitan procesos consultivos en los que intervengan las diferentes partes interesadas para establecer estrategias y garantizar que la supervivencia materna y del niño aparezca de forma prominente en los planes y presupuestos nacionales y descentralizados, con objetivos claros y plazos concretos.

Las comunidades en acción

Muchos países, entre ellos algunos de los más pobres del mundo, han ejecutado programas de salud basados en la comunidad y han obtenido buenos resultados. Las iniciativas a gran escala implantadas en Bangladesh, India, Pakistán y otros, fueron dirigidas por organizaciones locales, a menudo agrupaciones femeninas, que aprovecharon las estructuras ya existentes en la comunidad que se extendían a otros ámbitos de desarrollo –en especial la educación y la obtención de créditos– además de la salud.

En Filipinas el éxito de los trabajadores sanitario, que prestan servicios en el ámbito de los barangays, , la división política más pequeña del país, sobre beneficios e incentivos se debe en gran medida a la ley de 1995, que contempla aspectos como la concesión de dietas, la implantación de programas especiales de formación y enriquecimiento profesional y el acceso preferencial a préstamos.

Por medio de la cooperación y la coordinación con otros programas, las organizaciones han compartido las mejores prácticas de todo el mundo. El concepto de grupo de atención destinado a reducir la mortalidad de menores de cinco años, por ejemplo, capacita a educadores comunitarios por medio de la interacción de grupo, y sus métodos se utilizan con éxito en Camboya, Malawi, Mozambique y Ruanda.

Hay numerosos ejemplos de asociaciones comunitarias que han dado buenos resultados en la atención primaria de la salud para las madres y los niños en Europa central y del este y la Comunidad de Estados Independientes, Asia oriental y el Pacifico, América Latina y el Caribe, Oriente Medio y África del norte, Asia meridional y cada vez más, África subsahariana. El desafío consiste ahora en aprender de esas experiencias y en ampliar la escala de los programas y llegar a los millones de niños y niñas que no se han beneficiado todavía del sistema de salud.

A fin de acelerar los avances en materia de salud infantil será necesario aplicar las enseñanzas derivadas a lo largo de un siglo de desarrollo en el sector de la sanidad y poner en práctica enfoques eficaces orientados a fortalecer las alianzas en el seno de las comunidades, la atención sanitaria continua y los sistemas de salud.

Sobre el marco conjunto establecido por los principales organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, el Estado mundial de la Infancia 2008 ha definido cinco medidas distintas, pero relacionadas entre si, para establecer sistemas de salud en los países y territorios en desarrollo, que es preciso incorporar a los programas, las políticas y las alianzas durante la próxima década.

La primera pauta es la de reajustar los programas de salud, pasando de las intervenciones centradas en enfermedades especificas a módulos integrados de base empírica y gran repercusión para garantizar la atención continua.

Esto exige especificar los conjuntos de intervención, establecer plazos y metas para la cobertura y la prestación, y proporcionar un conjunto de servicios por medio de los tres módulos de prestación: servicios orientados a la familia prestados en el ámbito comunitario, bajo la supervisión periódica de profesionales cualificados; servicios programados orientados a la población, suministrados por profesionales sanitarios cualificados o semicualificados; y servicios  clínicos de orientación particular que requieren la atención de profesionales sanitarios con una preparación especial.

Como segunda medida, la de garantizar que la salud materna, neonatal e infantil constituya un componente fundamental de todo proceso nacional integrado de planificación estratégica para la ampliación de los servicios y el fortalecimiento de los sistemas de salud. Detectar y dar solución a los estrangulamientos que afectan a los sistemas de salud, vigilar los avances y los problemas relativos a la cobertura, introducir los módulos de intervenciones y fortalecer los sistemas de salud de manera paulatina, abordar la crisis de recursos humanos que afecta a la atención sanitaria, desarrollar los sistemas de salud en aras de obtener resultados, y fortalecer los sistemas de salud en el ámbito  de los distritos.

El tercer aspecto se relaciona con mejorar la calidad y continuidad de la financiación destinada a fortalecer los sistemas de salud. Surge consenso sobre cinco principios para financiar los planes destinados a ampliar la escala d los sistemas de salud, recompensar el rendimiento de una forma previsible mediante pactos, alinear las ayudas al desarrollo con los sistemas nacionales, fomentar la financiación basada en resultados, establecer parámetros de referencia e indicadores del desarrollo de los sistemas sanitarios y crear estrategias de financiación innovadoras y equitativas.

La cuarta medida, es la promover y mantener el compromiso político. Una vez que se constata que cuando los gobiernos toman la iniciativa y se comprometen a ampliar programas pilotos y proyectos de pequeña escala que han tenido éxito, estas iniciativas pueden alcanzar rápidamente una cobertura nacional.

El programa de trabajadores sanitarios de ámbito comunitario implantado en Brasil y la iniciativa Bolsa Familia, el programa PROGRESA de salud, nutrición y educación y el plan Seguro Popular de Salud implantados en México, la iniciativa de trabajadores sanitarios de ámbito comunitario implantada en Indonesia, y el programa de rehidratación oral de Egipto, junto con muchos otros ejemplos, demuestran su potencial de ampliación cuando los gobiernos se comprometen a apartar financiación, por escasa que sea, a programas sanitarios  y de bienestar social.

Además de aumentar la financiación de los recursos humanos dedicados a la atención primaria de la salud, los gobiernos han  de comprometerse también a crear y mantener la capacidad técnica y administrativa necesaria.

Y, por último, crear las condiciones que favorezcan una mayor armonización de los programas y alianzas mundiales en pro de la salud; se hace problemático para que los países en desarrollo estar al tanto de todos ellos, por no hablar de gestionarlos y coordinarlos. El Comité para la ayuda al desarrollo de la OCDE ha producido unas “directrices sobre prácticas optimas para la armonización de programas a escala nacional”. Estos principios pretenden mejorar la buena gestión y ejecución de programas y alianzas mundiales para fomentar el control nacional, la armonización y la alineación, así como promover la obligación reciproca de rendir cuentas sobre la salud de los niños, niñas y madres.

Para una ampliación eficaz de las tareas será necesario que los gobiernos, los donantes, los organismos internacionales y las alianzas mundiales en pro de la salud implanten nuevos métodos de trabajo en el ámbito de la atención primaria entre las partes interesadas. El tema central de este modelo de reactuación es la unidad. Las iniciativas y alianzas destinadas a mejorar aspectos de la salud materna e infantil son abundantes y aumentan, pero serán necesarias una mayor armonización y coherencia para alcanzar los Objetivos de desarrollo del milenio relativos a las madres y a la infancia.


* Periodista.
 

La entrega anterior se puede leer , donde existe enlace al primer capítulo.

 

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