Abr 12 2012
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Sociedad

Túnez: Día de los Mártires

“Si el pueblo un día quiere la vida
Es preciso que fuerce el destino”

Abul-Kacem Echâbbi
(Poeta, prócer de la Independencia de Túnez).
Hace 74 años, bajo la colonización francesa, Túnez vivió en pleno centro de la capital, entre la sede del poder imperial (hoy su embajada) y la catedral impuesta por ello, uno de los episodios más sangrientos de la lucha por la independencia. | RASHID SHERIF.*

 

Mujeres y hombres de todas edades, en marcha pacífica, con sus pancartas exigían el derecho a un parlamento propio. La respuesta fue ametrallarlos salvajemente. Ese día, un 9 de abril, es el Día de los Mártires. Desde entonces hasta la fecha, el pueblo tunecino no ha dejado de luchar por su soberanía y desde entonces la lista de los mártires no ha dejado de alargarse hasta los sucesos sangrientos de la Intifadha entre el 17 de diciembre 2010 y el 14 de enero 2011.

 

La memoria del pueblo ha entrelazado los eventos de tal forma que los mártires de hace 74 años y los de hace poco se han hermanado en la lucha común contra los regímenes opresores de distintas épocas, patriotas unidos en la misma causa de la soberanía: lucha anticolonial en aquel tiempo, lucha anti-neocolonial hoy en día. La sangre de los unos y los otros es la misma sangre derramada que no acaba de secarse sobre el asfalto de la ciudad.

 

El lunes 9 de abril de 2012 fue precedido dos días antes por una represión violenta en la capital en contra de jóvenes desempleados con alta calificación académica. La policía antimotines a golpe de porras e insultos abrió el cuero cabelludo e hizo derramar más sangre de nuestra juventud. Aquello era un previo aviso de las autoridades islamistas en el poder para intimidar al pueblo decidido a marchar y honrar a los caídos de varias generaciones.

 

Tomando la delantera, en un gesto provocador, el ministro del Interior sacó un anuncio abusivo e ilegal para prohibir toda manifestación en el centro de la ciudad, sitio histórico y altamente simbólico de tantas batallas contra la opresión y que ha sido finalmente liberado por el pueblo durante la Intifadha. Esa medida informal e ilegal era una burda provocación en previsión del día 9 de abril.

 

Hay que recordar que los islamistas hoy en el poder fueron fuertemente reprimidos bajo el régimen anterior hasta desaparecer de la escena pública; ellos no tuvieron participación alguna en el proceso insurreccional del cual se han beneficiado. Sin embargo muestran con descaro con su vieja tendencia terrorista de los años 80 y 90, tratando de intimidar al pueblo, el mismo pueblo tunecino que perdió el miedo y se ha vuelto invulnerable al terror.

 

Emboscada, cerco y persecución

 

Es así como indignados por la represión brutal contra los jóvenes desempleados, indignados por la prohibición ilegal de marchar en el centro de la capital, miles de ciudadanas y ciudadanos, se presentaron con sus banderas y sus lemas en honor a nuestros mártires, precisamente en el punto donde cayeron sus abuelas y abuelos entre la hoy embajada de Francia y la catedral.

 

Un cordón policiaco cerraba el camino del lado de la catedral en horas tempranas del día. No había forma de negociar. De pronto, un vocero de la policía nos indicó que se podía pasar por frente de la embajada de Francia y seguir camino por la avenida central. Los manifestantes dieron pues la vuelta pero al marchar adelante cuatro cuadras se encontraron con un muro de policías antimotines cerrando la avenida y otros dos cordones policiacos más de cada lado de las calles adyacentes.

 

Era una trampa. El choque fue inevitable. Con profusión de gas lacrimógeno disparado en plena cara de los manifestantes, los represores sembraron la confusión y se lanzaron con sus porras apuntando cabezas, hombros y espaldas de mujeres y hombres de distintas edades.

 

Los que se escapaban hacia adelante en la avenida o las calles adyacentes eran perseguidos tanto por la policía como por unas milicias vestidos de civil con armas largas y palos. Se ha observado la furia con la cual estos agentes perseguían a l@s ciudadan@s, con gritos e insultos, lenguaje escatológico; somos testigos de cómo pisoteaban a los caídos al suelo. Eran escenas absolutamente idénticas a las que conocimos bajo regímenes dictatoriales desde aquella falacia independencia de 1956.

 

Hay que notar el uso intensivo del nuevo gas mostaza lacrimógeno traído recientemente de Brasil, altamente tóxico, el cual provoca efectos duraderos de inflamación en los ojos y la garganta, creando en ciertas personas crisis asmatiforme y desplomo físico con embotamiento mental.

 

Persecución policial fuera de la avenida principal
Los grupos de manifestantes que decidieron liberar la avenida principal recuerdan a los que se habían lanzado en los días iniciales de enero 2011 hasta la huida del presidente mafioso: eran ayer como hoy audaces ciudadanos y ciudadanas decididos/as a enfrentar la dictadura sin líderes y sin partidos.

 

Al fondo de la avenida principal y perpendicular a ésta, se encuentra otra gran avenida donde radica el Parque de los Derechos Humanos. Es allí, fuera de la prohibición ilegal del ministro del Interior, donde se habían concentrado miles de militantes de partidos, sindicalistas y miembros de organizaciones sociales, entre los cuales estaban también varios representantes de la Asamblea Constituyente (AC) y varios opositores del régimen islamista. No por eso escaparon a la persecución brutal.

 

Esa avenida y el parque fueron invadidos por hordas policiacas y sus milicias. Entre los ciudadanos presentes, estaban también grupos de jóvenes provenientes del interior del país, en particular los de Sidi Bouzid que habían llegado a pie, caminando unos 300 kilómetros durante una semana, para traer el testimonio de los jóvenes desempleados con título universitario así como el estado de gran abandono de su provincia.

 

La policía los identificó, los ofendió y les ocasionó heridas profundas del cuero cabelludo y fracturas óseas. Entre ellos estaba un hombre mayor invalido a más del 80%, el cual con mucho arrojo insistió para cumplir esa marcha de la dignidad, y a nombre precisamente de los valores de la insurrección: “Trabajo, Libertad y Dignidad Nacional”.

 

La represión policiaca y de las milicias empezó temprano por la mañana y duró hasta final de la tarde, varios kilómetros más allá del centro de la ciudad, con grupos de jóvenes enfrentando a los represivos con piedras. Hubo heridos de ambas partes con un número mucho mayor, por supuesto, del lado de los manifestantes. Al igual que el régimen anterior, el ministro del interior defendió a la policía diciendo que fueron agredidos y tuvieron que defenderse de las piedras y hasta de ¡cocktail Molotov! Esto es una burda mentira y un calco perfecto de las declaraciones de ese mismo ministerio en el pasado, bajo el régimen anterior.

 

Testigos presenciales, incluyendo el que escribe entre miles de manifestantes, prensa nacional y extranjera, representantes de partidos, movimientos sociales y hasta oficiales representantes de la Asamblea Constitucional, en su testimonio unánime han visto que fueron manifestantes pacíficos caídos en emboscada en la avenida principal y perseguidos fuera y hasta muy lejos de la misma.

 

Todo ello demuestra una clara intención de desmoralizar y de romper la voluntad de lucha y de resistencia del pueblo. En realidad han conseguido el efecto inverso: cuanta más represión, más voluntad de resistencia.

 

Marchas indignadas en las provincias

 

Temprano, la noticia de la represión policiaca en la capital provocó en varias ciudades del interior amplias protestas de repudio hacia el gobierno islamista y en solidaridad con los manifestantes de la capital.

 

Mientras sucedían estos hechos indignantes, los miembros del gobierno y varios elementos islamistas de Ennahdha pretendían celebrar oficialmente el Día de los Mártires en una fría y desarticulada ceremonia haciendo caso omiso de los mártires de la Intifadha. Es de notar precisamente que todo lo relacionado con la Intifadha del pueblo se ha vuelto tabú para los islamistas de Ennahdha y su apéndice, los salafistas.

 

A propósito de estos últimos, no aparecieron como de costumbre para ayudar a los cuerpos represivos ya que fueron sustituidos por otras milicias de Ennahdha. Desde hace casi año y medio, este gobierno se ha dedicado en resforzar su poder de control a través del aparato del Estado y distribuir favores a su gente.

 

La economía del país está cerca de la bancarrota con un PIB en negativo. En particular, los expedientes urgentes de las familias de los mártires y los heridos de los días de la insurrección, algunos todavía llevan balas en su cuerpo disparadas por la misma policía de ahora, estas demandas no solo han sido descuidadas sino incluso en días anteriores los heridos y familiares de mártires fueron golpeados salvajemente por la policía cuando se presentaron a las puertas del ministerio que supone atenderlos.

 

De paso, recordamos que los salafistas siguen agrediendo a los ciudadanos en las calles incluso en presencia de policías que miran sin intervenir, con abierta complicidad, mientras esa misma policía agrede con furia a l@s ciudadan@s: Estos y aquellos benefician de la impunidad, algo que el pueblo no tolera más.

 

En escritos anteriores, hemos tratado de reflejar la ofensiva continua del gobierno de Ennahdha primero mediante su brazo armado fascistoide, las hordas salafistas (reemplazadas el lunes por otras milicias del Ministerio del Interior y Ennahdha), luego directamente por acción de la policía antimotines descontrolada y furibunda.

 

Todos ellos habían atacado a menudo con violencia física a todo sentido de libertad arrancada por el pueblo: libertad de expresión (prensa, internet), libertad de asociación y manifestación pacífica.

 

Se habían atacado físicamente a periodistas, intelectuales, abogados, dirigentes sindicales, militantes de partidos y movimientos sociales, estudiantes, académicos, opositores independientes, obreros, desempleados, campesinos pobres, heridos de la insurrección todavía sin cuidado médico, familiares de mártires; y se puede todavía incluir más víctimas del abuso y la rabia de estos agentes de Ennahdha.

 

Por último, se han atacado a los signos patrios, la bandera y el himno nacional así como su ataque frontal fallido en contra de la nueva constitución a través de la Charia islámica.

 

b>Agresión y respuesta

 

A todas estas agresiones y actos de violencia, la sociedad civil y el pueblo en general ha contestado pacíficamente desde la indignación de las protestas, paros laborales, sentadas y últimamente una mayor y mejor organización de sus fuerzas tanto a nivel político como sindical. En los últimos días, de los 120 partidos y grupúsculos políticos surgidos a raíz de la Intifadha –los que han ocasionado una gran dispersión y pérdida de votos en las primeras elecciones limpias jamás, el 23 de octubre último para elegir la Asamblea Constituyente— varios partidos están ya reorganizados en cuatro mayores frentes de centro-izquierda, con tendencia en crear posiblemente un solo polo patriótico en contrapeso a los islamistas.

 

Por su parte, los estudiantes se han movilizado y las últimas elecciones universitarias y en las segundarias han arrojado resultados a favor de los grupos progresistas. La reacción del pueblo ha sido unánime provocando cada vez un aislamiento de Ennahdha y su pretensión a una hegemonía fascistoide en el país: la bandera y el himno nacional han sido dignificados en muchos eventos públicos.

 

Las maniobras para hacer de la Charia islámica el fundamento de la nueva constitución ha fracasado rotundamente por la acción unitaria, decidida y combativa del pueblo solo con medios pacíficos: acciones colectivas algunas espontaneas otras organizadas en distintos sectores (mujeres, juventud, obreros, campesinos, estudiantes, desempleados) y marchas populares gigantescas, ya van seis en apenas cuatro meses desde la instalación del gobierno provisional islamista por parte de la Asamblea Constituyente.

 

Consecuencias de la represión policial y las milicias

 

El martes representantes de nuevos bloques opositores en la Asamblea Constituyente (AC) pidieron suspender la agenda del día para enfocar el tema urgente de la represión policiaca del lunes. Los representantes islamistas se negaron y siguieron su agenda como si nada. El bloque opositor salió de la sala en protesta y pidió una reunión urgente con el presidente de la AC, el cual es líder de un partido “social-demócrata” aliado a Ennahdha. No le quedó más remedio que reunirse con unos 40 representantes del bloque opositor.

 

Al final de esta reunión, se decidió convocar una reunión plenaria de la AC, y allí convocar al ministro del Interior para pedirle cuenta de los graves sucesos de la represión policiaca del lunes —y días anteriores también—. Esta reunión extraordinaria plenaria de la AC tendrá lugar este jueves por la tarde. Varios partidos y movimientos sociales piden la demisión del ministro del Interior y una comisión especial para indagar acerca del personal del ministerio, su pasado y presente en cuanto a elementos que han incurrido en crímenes contra la población.

 

Como habíamos también indicado en escritos anteriores, el régimen derrocado no lo ha sido verdaderamente con solo la huida del presidente mafioso. El había atrofiado a las fuerzas armadas desconfiando de ellos y creó una enorme fuerza policiaca con varios tentáculos, la que ha constituido la verdadera columna vertebral del régimen despótico. Esa columna y su ramificación en el cuerpo del Estado todavía siguen intactas.

 

Y precisamente, el movimiento Ennahdha en el poder que había sufrido con la represión de ese mismo cuerpo policiaco, hoy con un sentido agudo de la perversión, asume la dirección de esa misma fuerza represiva para de nuevo utilizarla contra el pueblo, igual que en el pasado y así tratar de asentar de forma autoritaria su poder: es algo que los manifestantes no dejan de soslayar al denunciar a Ennahdha como heredero perverso de la dictadura.

 

Finalizamos ésta nota, escrita con premura durante el transcurso de los acontecimientos, diciendo que las acciones ofensivas de Ennahdha con el uso directo de sus milicias, la salafista y la para-policial, han fracasado rotundamente frente a la resistencia cada día más y mejor organizada del pueblo.

 

Contrariamente a lo publicado por las agencias de prensa occidental las que apoyan con complacencia y complicidad a lo que llaman “islamistas moderados” y a veces hasta “islamismo democrático”, y según las cuales en Túnez existe una pugna entre religiosos (Ennahdha) y laicos (“occidentalizados”), afirmamos aquí que la realidad es otra: cada día el pueblo en su clara visión de los hechos se hace consciente de una línea roja de separación entre los patriotas y los vendepatria.

 

Abul-Kacem Echâbbi, poeta y prócer de la Independencia de Túnez, con la exigencia de su juventud proclama con fuerza: “No hay espacio en Túnez para el traidor”. No es de extrañar que éste poema —que dio base al himno nacional— sea tan irritante para los islamistas, los que llegaron al descaro de pretender cambiar nuestro himno nacional y nuestra bandera.

 

Estamos lejos de avanzar un simple maniqueísmo. Por lo contrario, intentamos una lectura que tiene en cuenta por una parte las abiertas complicidades de los islamistas y su apéndice “social-demócrata” con las fuerzas imperiales de EEUU, OTAN, Israel y las autocracias del Medio Oriente (Saudí y Qatar). Por otra parte, tenemos en cuenta la necesidad imperiosa de un profundo cambio económico y social para solucionar las graves distorsiones de la sociedad en su conjunto ocasionadas por un sistema económico dependiente neocolonial. Este es el verdadero contexto de la pugna entre patriotas y vendepatria.

 

Desde ya, con su espíritu de victoria, nuestro pueblo se dio cita para el Primero de Mayo simbólicamente en la avenida principal de la capital de nuevo liberada y que debería llamarse Shârâa Ettahriir (Avenida de la Liberación) haciendo eco a Sâahet Ettahriir (Plaza de la Liberación) del Cairo.

Estamos conscientes de llevar a cabo con determinación y por medios pacíficos una lucha patriótica de liberación nacional garante de los valores irrenunciables de la Intifadha, bandera de la juventud, las mujeres y el bravo pueblo en su conjunto con su lema: “Trabajo, Libertad & Dignidad Nacional”.
——
* Médico y combatiente social.

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