Mar 26 2007
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Política

UN PERIODISTA CON RANGO DE TROPA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hay periodistas talentosos y complacientes con la realidad de la que informan; hay escritores sensibles que se apiadan de las llagas eternamente abiertas de la condición humana, mas prefieren el cómodo glamour de la duda y el pesimismo, y hay pensadores que abogan por un mundo mejor pero a los que siempre les falta veinte para el peso y siempre gastan por un peso y veinte.

Walsh no ejerció ninguna de esas modalidades. A fines de 1956, en el Club Capablanca de La Plata, mientras conjuraba el calor vespertino moviendo alfiles y peones, un hombre se le acercó y le dijo: “Hay un fusilado que vive”. Walsh tenía 29 años, no era peronista, ni marxista, ni liberal (en la adolescencia se había adherido a un vago nacionalismo popular), y los nidos culturales de la oligarquía empezaban a valorarlo como escritor.

Sólo que Walsh, a más de su devoción por el género policial, era un tipo bien informado. Sabía que los fusilados en junio de aquel año por los militares que derrocaron a Juan Domingo Perón (golpe que en 1955 él había exaltado en artículos y crónicas) eran civiles, eran peronistas y eran inocentes.

Hay un fusilado que vive. Cinco palabras que cambiaron todo en la vida de los argentinos: en primer lugar, la propia vida de Walsh, quien para ganar tiempo y así encontrar el sentido de la vida, reta a la Muerte a un juego de ajedrez en acto que recuerda al caballero de El séptimo sello, famoso filme de la época (Ingmar Bergman, 1957).

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Cinco palabras. Si a cada una le damos valor de un año, tenemos la edad de su hija María Victoria (Vicki), entonces. Pero si le damos diez tenemos los que vivió su padre durante el medio siglo en que los argentinos padecieron la “…pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad” (Carta a Vicki, oficial de la guerrilla montonera, caída en combate el 29 de septiembre de 1976).

El caballero Walsh reta a la Muerte. La entrevista con el fusilado sobreviviente le da la punta de un ovillo que deshilvana con la maestría practicada en el ajedrez y los cuentos policiales. “La investigación del crimen personal continúa con la investigación del crimen social y la búsqueda de la justicia –como bien dijo el crítico uruguayo Angel Rama– se amplificará hasta abarcar a la sociedad entera” . Y, de paso, sienta las bases de lo que el periodismo, la literatura y las ciencias sociales deberán sopesar en adelante si es que realmente se anhela entender la realidad, jugar en serio con la ficción y aplicar el rigor científico en aras de la verdad.

El resultado fue Operación Masacre , obra maestra del periodismo, la literatura y las ciencias sociales de América Latina. Las notas por entrega del libro, leídas por millones de trabajadores, no le franquean a Walsh las puertas de la gran-literatura-gran. Por sus explosivas connotaciones políticas la Muerte empieza a jugar recio y duro, y Walsh no tiene tiempo para atender los entretelones fantásticos del compromiso herbívoro y un “boom” editorial que califica de “trampa cultural”.

Diez años más tarde, cuando el juego va por la mitad, su pluma escribe: “El campo del intelectual es, por definición, la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra” (Mensaje al Pueblo, Confederación General de los Trabajadores de Argentina, CGT-A, primero de mayo de 1968).

Walsh buscaba romper las ataduras que someten a los intelectuales al poder, para llegar a las masas trabajadoras. Cosa que sus libros de ficción, denuncia y testimonio, artículos y crónicas en el periódico de la CGT-A, el Semanario Villero y los cursos de periodismo que impulsa en fábricas y villas miseria de Buenos Aires (1972), tendrán un corolario magistral en el efímero y extraordinario periódico Noticias (1973-74), la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA, 1975), la Cadena Informativa en la lucha contra el terrorismo de Estado (1976-77) y en su trabajo de inteligencia en la organización político-militar Montoneros.

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La historia de la que Walsh se hizo cargo, carecía de mayúsculas. No iba en busca de la Historia. La historia lo buscaba a él. Y las historias de la realidad que contaba, describía y explicaba resultaron más intensas y movilizadoras que la formidable capacidad de imaginación de sus admirados Edgar Allan Poe, Arthur Connan Doyle, H.G.Wells, Richard Matheson o Anthony Boucher.

¿Imaginaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares quién era aquel joven de apellido irlandés de 23 años cuando le dieron una Mención en el concurso literario de la revista Vea y Lea y la editorial Emecé?

Las historias de Walsh necesitaban de una máquina de escribir, un buen whisky y un revólver cargado en la mesa de trabajo. ¿Por qué no? Conforme sus pasos recorrían laberintos institucionales despejando las tinieblas de un poder más intrincado que el “jardín de senderos que se bifurcan”, los personajes que Walsh volcaba en el papel eran reales: militares asesinos, servicios de inteligencia tenebrosos, policías torturadores, sindicalistas corruptos, empresarios venales.

“Mi labor en el periodismo –dice en una entrevista– me puso en contacto con verdaderos investigadores, verdaderos delatores y también con algunos verdaderos héroes. Desde esta perspectiva, todo lo que pude haber inventado con anterioridad me resulta pobre, como una foto mal revelada”. Historias de un pasado que hoy se pueden analizar y opinar sobre ellas con tranquilidad y sosiego pero cuyos trágicos fragmentos, recompuestos y situados en perspectiva histórica tentaban a la Muerte.

Agitador de conciencias, como el Che (por quien sentía cariño y admiración), Walsh no era un demócrata constitucional, ni un marxista sabelotodo. Era un periodista militante que optó por jugar el ajedrez en el tablero de la vida. Y por esto fue de los primeros en prestar su inteligencia a Cuba revolucionaria, donde descifra los mensajes en clave de la CIA en los días de la invasión a Playa Girón (1961), y en la organización de la agencia de noticias Prensa Latina, dirigida por su amigo Jorge Masetti.

“Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso…”.

La ideología de Walsh es concreta. Como intuye que es la especie humana, y no el individuo, la que está herida, no sublimiza el rol del pueblo en la lucha de liberación. “Las ideas del pueblo –dice– son enteramente comunes; por lo general acertadas con respecto a las cosas concretas y tangibles”.

Sabe que tallo, germen y rama hacen al desarrollo del árbol pero que la arcilla humana, para conservar su gracia, no debe interferir a tal grado en su crecimiento con razonamientos que nieguen el derecho a equivocarnos. Decía “No reconozco ni acepto jerarquía más alta que la del coraje civil. No puedo, ni quiero, ni debo, renunciar a un sentimiento básico, la indignación ante el atropello, la cobardía, el asesinato”.

Eduardo Galeano cuenta que conoció a Walsh cuando ambos coinciden como jurados del premio Casa de las Américas en 1970. Fueron a una planta de elaboración de puros y para su sorpresa encontraron que estaban leyendo Operación Masacre. “Una vieja tradición cubana que viene de los tiempos coloniales, según la cual en las plantas de tabaco hay un lector. Un tipo que está arriba, sentado en un pupitre, leyendo”.

¿A qué más puede aspirar un escritor? ¿A la defensa de la “libertad de expresión” que acaba en la lucha contra el aumento del IVA a los libros? ¿A que no haya censura en las salas de redacción a cambio de silenciar los crímenes de un modelo económico “…que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”? (Carta a la Junta Militar, 1977).

Que Rodolfo Walsh se adelantó a Truman Capote y Tom Wolfe en la non fiction novel… Vaya. ¿Y desde cuándo el “new journalism” tuvo que dormir con un ojo abierto para vigilar a la Muerte?

Walsh, dice el escritor Osvaldo Bayer, sospechó de la miopía que crece en la rutina de los claustros académicos y califica de “periodismo” sus libros, enviándolos al depósito de mercaderías varias.

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El 25 de marzo de 1977, un comando de la Escuela de Mecánica de la Armada lo acribilló en una calle de Buenos Aires. Lo querían vivo, pero el autor de Operación Masacre se resistió con un arma de bajo calibre que a sus compañeros causaba risa: “¿Pensás enfrentarte a los milicos con eso?”. Walsh los miraba con cara de esto es para no entregarme y elegir el modo de morir.

Me queda la sensación de que a la hora de morir, Walsh recordó a Miss Jennie, su maestra de inglés del Colegio irlandés para niños pobres:

“…Me hizo extender la mano y con una de esas largas reglas negras fileteadas de acero empezó a golpearme los nudillos con fuerza, lentitud y método, contando cada golpe. Creo que si yo hubiera gritado, retirado la mano, encogido un dedo, el castigo habría cesado. Pero me limitaba a mirarla, y eso la sacaba de quicio… Cuando dijo ’¡Diez!’ y sentí el último reglazo sobre la anestesia de los anteriores, la lección estaba completa. Le había perdido todo respeto…”

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* Escritor y periodista argentino. Columnista de La Jornada de México.

Un despacho de ALTERCOM, Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.

Addenda.

CARTA ABIERTA A LA JUNTA MILITAR ARGENTINA

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Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad.

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional.

El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.

La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de los que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas.

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuentacadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento. Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.

5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes.

Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.

6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.

El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh.
C.I. 2845022.

Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

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Mas información y textos de Walsh en El Galeón.

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