Sep 5 2012
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Opini贸nSociedad

Urgencia en Chile: democratizar el Estado

No se requiere disponer de informaci贸n de inteligencia para asentir en que Chile vive una crisis pol铆tico-institucional de envergadura que lo instala en un escenario incierto, y cuya resoluci贸n bien puede dar inicio a un ciclo de inestabilidad y violencia o entendimiento y prosperidad. Las se帽ales que circulan en la esfera p煤blica, lamentablemente, tienen un efecto desconcertante para la mayor铆a de la sociedad e inclinan progresivamente el fiel de la historia hacia un cuadro de desgobierno prolongado.| ADOLFO CASTILLO.*

 

La naturaleza singular de la modernidad latinoamericana, a la que no escapa Chile, cuyos rasgos propios han impedido que afloren y arraiguen proyectos inspirados en el viejo Occidente, parece no ser comprendida por las elites que se reproducen gracias al soporte que provee el poder pol铆tico y econ贸mico del modelo de Estado y de mercado imperante.
Posiblemente la sociedad en que vivimos se asemeje m谩s a la colonial que a ninguna otra.

 

Como aquel entonces, por un lado, minor铆as opulentas, due帽as del pa铆s, de mano de obra, establecimientos educacionales, dispositivos culturales, transportes, comercio, el capital, y controladoras del poder armado, y por otro, las mayor铆as sociales, en las modernas encomiendas de los Malls, del subcontrato, de los impuestos de siempre, obligadas a consumir y a optar por lo oficial, por lo establecido.

 

Los unos fieles al modelo, a la institucionalidad, a la doctrina, a la obra del dictador y a los acuerdos pactados en medio de las sombras entre 1988 y 1989. Los otros, viviendo lo de siempre, el desenga帽o reiterado de la ambici贸n de las elites unidas por comunes privilegios, cuya urdiembre y ajustes operan desde tiempos de la revoluci贸n emancipadora.

 

Transcurrieron casi 40 a帽os desde la refundaci贸n capitalista de Chile 鈥攃on detenidos desaparecidos, torturados, exiliados, exonerados鈥 para que el ciclo de reproducci贸n estatal se cumpliera. Las generaciones que padecieron el horror de vivir el golpe de Estado de 1973, sea como verdugos o como ajusticiados, se est谩n jubilando, y sus descendientes deben convivir con la tarea de continuar con la tarea de seguir reproduciendo un Estado que naci贸 bastardo, sin legitimidad, o superarlo.

 

A ellos se han sumado los hijos de los vencidos. Existe entonces, una elite responsable de sostener discursivamente un orden institucional ileg铆timo, donde cohabitan las generaciones de la crisis estatal, y por otro, unas generaciones que, enfrentadas al Estado de las nuevas clases privilegiadas que organizan los recursos de poder para su auto reproducci贸n, se han propuesto modificar un orden que ven ajeno.

 

Estamos ad portas de una forma de conflicto de clases en el capitalismo transnacional y la democracia neoliberal.
Su resoluci贸n, como siempre, depender谩 de las relaciones de fuerza y de la capacidad de articulaci贸n social estrat茅gica de los grupos sociales emergentes.

 

Aun es posible alcanzar grados razonables de entendimiento social y pol铆tico en Chile, entre, por un lado, las fuerzas democr谩ticas, que se encuentran ubicadas fuera y en contra de la institucionalidad antipopopular y olig谩rquica, y las fracciones dem贸cratas de amplio espectro que han sostenido y reproducido el modelo de dominaci贸n capitalista. Ese acuerdo supone concordar en modificar la base sobre el que sostiene el actual orden que perpet煤a privilegios, cual es poner t茅rmino a la Constituci贸n Pol铆tica de la dictadura militar y sentar las bases para la convocatoria de una Asamblea Constituyente genuinamente participativa.

 

A diferencia de los primeros a帽os de la pos dictadura, donde las invocaciones al orden en nombre de un nuevo realismo, textualizada como 鈥渆n la medida de lo posible鈥, hicieron posible la transformaci贸n de los dem贸cratas en testaferros y guardianes de un orden ajeno, hoy esa disciplina no existe, y la desobediencia civil parece conducir los procesos de cr铆tica ciudadana que demanda, una vez m谩s, el imperio de la soberan铆a popular, que exige el t茅rmino de los privilegios y avanza para recuperar la democracia truncada una primavera hace casi 40 a帽os.

 

La posibilidad de un nuevo entendimiento pol铆tico social impone a quienes aspiren liderar el nuevo ciclo en formaci贸n una condici贸n: abandonar las posiciones estructurales de sustento de un orden que la mayor铆a execra, e interpretar a las mayor铆as sociales.
El modo de resoluci贸n de este problema pol铆tico puede llevar a una revalorizaci贸n de la democracia o a la emergencia de la ingobernabilidad.

 

La cuesti贸n del entendimiento pol铆tico para poner t茅rmino al ciclo largo de la dictadura, demandar谩 no s贸lo de un proceso constituyente, sino de nuevos actores sociopol铆ticos con capacidad de acci贸n estrat茅gica, y especialmente vocaci贸n transformadora.
鈥斺
* Mag铆ster en Ciencias Sociales.
Director Acad茅mico,
ELAP – ARCIS
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