May 25 2009
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Política

Venezuela, oposición: las brújulas perdidas o como hacer la revolución con GPS

Teódulo López Meléndez*

El Norte magnético es diferente del Norte geográfico, aprendí en la escuela cuando la escuela era escuela. También que en lo sitios donde no servía la brújula era en los polos porque allí se producía la convergencia de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre. Al iniciar mi artículo me divierto porque se me ocurre buscar las palabras “Norte” y “brújula” en Wikipedia y las nociones que encuentro son exactamente las mismas que estaban en mi libro de estudiante de primaria.
 

Como todavía, como buen venezolano, soy capaz de ejecutar “complejos” procesos deductivos, llego a una conclusión de “alta inteligencia”: la definición de los modernos servidores tiene que ser la misma por la sencilla razón de que el Norte sigue siendo el Norte y la brújula sigue siendo la brújula.

Es evidente que ando distraído. ¿Debo titular brújulas perdidas o GPS perdidos? Me digo que es banal lo que me planteo. Si Jessie Chacón es el ministro del Despropósito Impopular para la Ciencia, qué diablos hago yo con estas disquisiciones triviales. Debo ira hasta China en el siglo IX para determinar como fue este estupendo invento y cómo, en sus inicios, el pedacito de mental imantado flotaba sobre el agua.

Todo lo que uno busque para definir a la Venezuela de hoy tiene que ir a buscarlo en un pasado remoto. Aquí se funciona con brújula y no con GPS y las brújulas están desaparecidas. El país perdió la brújula, los dirigentillos jamás tuvieron una, estamos en una zona donde además tales adminículos no funcionan porque la línea de la fuerza obtusa enloquece y desorienta.

La gente no sabe hacia donde ir, no hay Norte. Nadie sabe donde está el Norte. No hay Norte. Si no se señala el camino hacia el Norte es porque ninguno de estos espantapájaros sabe donde está. Aquí lo que sabemos es donde está el show. Dónde el camino paciente hacia una estatización brutal mientras el “socialismo” destruye en procura de llegar a la meta anhelada del comunismo. Dónde se puede medrar, dónde se puede cuidar al partido en espera de mejores tiempos, dónde se puede camuflar para convivir con la dictadura, dónde se puede “marchar” para dejar claro que protesta hay.

Desechemos las brújulas. Arrasemos como en la Guerra Federal. Destruyamos, que entonces no tendrá ninguna importancia donde queda el Norte o donde queda el Sur, dónde está la izquierda o dónde la derecha, que ante la ausencia manifiesta de voces podemos todavía realizar una importación de “inteligencia” para que nos oriente y nos diga de las virtudes y hasta nos permita decir que Obama es un fracaso pues anda rodeado de izquierdistas y centristas, cuando en verdad lo que hace es lo que tiene que hacer, un gobierno de centroderecha –en su primera etapa– y bipartidista como corresponde a la crisis sistémica que deberá superar y superará.

En este país hasta las “brújulas” son importadas. Todo es importado. Volvemos a tener una economía de puerto, sólo que desde los consumidores se agregan nuevos productos, como el de la inteligencia. Aquí vivimos del ridículo: “rodeen el sitio, que no saquen nada”, “esperen que esté andando la cadena nacional para realizar el allanamiento e impedir que hagan escándalo”, “después informaremos en otra cadena”, “ahora sí los tenemos”, “usan al canal para tapar negocios ilícitos”, “nadie podrá decir que los cerramos para combatir la libertad de expresión”. Ridículos. Al menos los servicios de inteligencia tampoco tienen brújulas.

Aquí nadie se plantea el uso del GPS. Cómo podrían hacerlo si ni siquiera saben usar las brújulas. Aquí se vive dependiendo de lo que el dueño de los cuatro puntos cardinales diga desde la pantalla, desde la pantalla-ojo, en esta nueva manera de gobernar que se reduce a hablarle a las cámaras. El destruir para supuestamente después edificar es de bárbaros. No son capaces ni siquiera de hacer la revolución.

Entonces deberíamos lanzar nosotros el grito: ¡Hagamos la revolución! Vamos a hacer nosotros la revolución. Vamos a producir una universidad del siglo XXI, vamos a lanzar las ideas del siglo XXI, vamos a hacernos ciudadanos del siglo XXI., vamos a definir instituciones desde el poder instituyente y dejémosle a los revolucionarios de pacotilla y embuste su poder constituido. Algo se le debería ocurrir a los productores del campo con sus empleados rurales.

Algo se le debería ocurrir a los empresarios, como por ejemplo los dedicados a la construcción iniciar un plan de vivienda popular de iniciativa privada, porque da la impresión de que sin subsidios oficiales no son nada. Los revolucionarios del gobierno hacen en la universidad lo mismo de siempre, encapucharse y quemar.

Vamos nosotros a hacer la revolución, visto que quienes tienen el poder no saben hacerla. Recurramos al poder instituyente, a los GPS, dejemos atrás a quienes no tienen ni brújulas. Comencemos a comportarnos en todo de otra manera, hagamos debates de otra manera, organicemos de otra manera muy distinta a las organizaciones tradicionales de la Era Industrial que ya terminó y con ella las llamadas instituciones intermedias que debían servir de correaje entre abajo y arriba y terminaron siendo frenos, partidocracias, cadenas opresoras. Vivimos en la Era Digital, la era de los GPS. La democracia de la Era Industrial se acabó. Hay que hacer la revolución buscando la democracia del siglo XXI.

Hagamos nosotros la revolución, antes que estos del Despropósito Impopular se metan hasta en la sopa y acogoten la sopa. Debemos ser nosotros los revolucionarios, porque ellos no lo son. Son apenas Atilas, tenientes de Atila, Ministros del Despropósito Impopular para la Destrucción. Vamos a transformar, antes que lleguen con sus excretas a demostrar como todo puede envilecerse. O sigan sentados gimoteando, ante los medios por ahora existentes, como vírgenes plañideras.
 

* Escritor, periodista.

 

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