Jun 16 2009
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PolíticaSociedad

Venezuela: primeras conclusiones del encuentro crítico de intelectuales revolucionarios

Centro Internacional Miranda*

En las jornadas de reflexión “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer” se reunieron más de 30 de los más importantes intelectuales venezolanos comprometidos con el proceso de cambio revolucionario. El objetivo: examinar y discutir en torno a los principales nudos problemáticos que enfrenta nuestro proceso. El compromiso de estos intelectuales con el proceso revolucionario y la confianza en el liderazgo del comandante presidente Hugo Chávez está tan fuera de duda que repetirlo resulta excesivo.

El objetivo general de estas jornadas fue discutir, desde nuestras propias filas, la marcha del proceso. Entre los intelectuales participantes se encuentran: Vladimir Acosta, Eva Golinger, Luis Britto, Marta Harnecker, Juan Carlos Monedero, Luis Damiani, Iraida Vargas, Emir Sader, Michael Lebowitz, Ernesto Villegas, Santiago Arconada, Rigoberto Lanz, Miguel Ángel Pérez, Carmen Bohórquez, Víctor Álvarez, Luis Bonilla Molina, Roberto Hernández Montoya, Fausto Fernández, Daniel Hernández, Filinto Durán, Mario Sanoja, Javier Biardeau, José Luis Pacheco, Arístides Medina Rubio, Aram Aharoniam, Miguel Angel Contreras, Gonzalo Gómez, Vladimir Lazo, Roberto López, Rubén Reinoso, Nieves Tamaroni, Rubén Alayón Montserrat, Elio Sayago, José Carlos Carcione, Rafael Gustavo González, Roland Denis y Paulino Núñez. En el segundo día acompañó y tomó la palabra Ana Elisa Osorio (directiva del PSUV).
 
En este encuentro se marcó un tiempo de diez minutos por ponente para analizar lo que considerara más relevante en un abanico de cuatro grandes problemas: (1) papel de los intelectuales en la superación de la IV República; (2) papel de los intelectuales en el advenimiento y consolidación de la V República; (3) luces y sombras de los diez años de Gobierno bolivariano; (4) caminos deseables para el socialismo del siglo XXI y amenazas internas o errores del propio proceso.
 
Lo más relevante del encuentro se concentró en la realización de un inventario de problemas de la revolución bolivariana, una suerte de alerta temprana (aunque demorada en el tiempo). Se abrió un espacio de crítica que se ha visto debilitado por el uso destructivo de la crítica desarrollada por la oposición y los medios a su servicio, y que ha terminado por restar una información esencial para que el proceso vaya ajustando su tarea de gobierno.
 
En este sentido, el grueso de los participantes aportó su opinión sobre todo aquello que considera mejorable en el proceso. A continuación se presenta el siguiente informe sobre algunas cuestiones planteadas durante el día y medio de debate, organizadas en bloques temáticos. Estos aspectos no deben ser considerados como conclusiones, diferidas para una reunión posterior de carácter propositivo.
Es importante resaltar, para evitar malas interpretaciones, que la primacía de los aspectos críticos sobre las valoraciones positivas tiene que ver con el interés en encontrar líneas de mejora para el proceso revolucionario, un aspecto descuidado en estos años por la intelectualidad afín a la revolución.
 
El instrumento político revolucionario
 
Otro aspecto pendiente no menor es la definición del socialismo del siglo XXI. No obstante, por un lado es una ventaja no definirlo, porque implica que no estamos repitiendo modelos; por otro lado muestra una falta de concreción que quizás lo deja demasiado abierto. El socialismo del siglo XXI, se defendió, tiene que ser del siglo XXI pero también tiene que ser socialismo. No puede fracasar en el elemento emancipador. Hay datos del proceso claramente emancipadores (reducción de la pobreza, educación, sanidad, misiones, alimentación, desigualdad, desarrollo humano…).
 
Pero hay otros datos económicos que contradicen la idea de socialismo, a no ser que el socialismo, se planteó, ya signifique otra cosa radicalmente diferente a lo que ha significado históricamente y que nos llevarían, por tanto, a prescindir de la palabra socialismo (participación de las rentas del trabajo y las rentas del capital en el PIB; participación del sector público y del sector privado en el PIB; colocación de los egresados de la Misión Che Guevara; porcentaje de la economía social). En este sentido, ¿Podemos hablar de una verdadera revolución económica? ¿Dónde queda la construcción de un nuevo modelo económico productivo que asegure una verdadera transición al socialismo? ¿Cuándo y cómo se cambiarán las relaciones de producción?
 
La participación popular
 
Otro de los elementos que parece caracterizar al socialismo del siglo XXI es la idea de la participación que ha aparecido como un elemento central en lo que ha sido este proceso. Se planteó que los consejos comunales son el ejemplo por excelencia de participación, pero estarían respondiendo a una lógica muy poco participativa. Esto se explicaría porque o bien no funcionan o bien responden directamente al poder ejecutivo. Además está presente el problema de que corren el riesgo de estar siendo cooptados por el partido, lo que de alguna manera genera problemas entre la lógica institucional del partido y la lógica social de los consejos comunales.
 
Esa lógica no está siendo solventada de una manera complementaria. Existe un profundo riesgo de que la lógica institucional limite a la lógica social que ha tardado en construirse en este país 30 años, y que fue la que hizo posible la revolución y la que la defendió el 13 de abril.
Se señaló que existe el riesgo de debilitar, cooptar y acabar con la participación popular no institucional, lo cual reclama un debate para alertar sobre lo que eso significaría. La restricción de un movimiento social por un movimiento institucional nacido de arriba abajo sería una condena al avance de la democracia. ¿Cómo es posible que se pueda estar corriendo con ese enorme riesgo que destrozaría todo aquello que ha conseguido esta revolución? Se insistió en que no debe hacerse de los Consejos Comunales una forma de Comités de Defensa de la Revolución, pues sus funciones son diferentes y es importante para el proceso mantener ambas separadas.
  
La reflexión crítica como instrumento de avance revolucionario
 
El último elemento apuntó a los modos y formas en que se debe articular la critica. Incluso entre los intelectuales comprometidos con el proceso, la crítica ha perdido parte del espacio que le corresponde, especialmente entre aquellos con alguna responsabilidad institucional. No es difícil encontrar en los medios del proceso comportamientos del socialismo del siglo XX en los que se acusa de “contrarrevolucionario” o de “agente de la CIA” a cualquier persona, incluidas personas con una incuestionable semblanza revolucionaria que formula críticas en voz alta. Esto debilita fuertemente al proceso, pues el Gobierno deja de recibir insumos para su ajuste, al tiempo que se va construyendo una verdad “oficial”, que se repite aun sin creer en ella, y una verdad popular silenciada pero más real. La necesidad de condensar la verdad oficial con la verdad popular es obligación de toda revolución.
 
Esta pregunta se repitió con frecuencia: ¿Es posible que avance una revolución que no hace de la crítica el principal de sus motores? Se planteó que con esta reunión de los intelectuales afectos al proceso, la revolución se revisaba, a la vez que se fortalecía. Los asistentes se felicitaron por el hecho de que el Ejecutivo pusiera a disposición de la intelectualidad del proceso un ámbito para la crítica que en diez años no había tenido lugar. Igualmente insistieron en que con este evento quedaba demostrado que no es cierto el discurso del miedo a las críticas. Es igualmente falsa la denuncia de la oposición de que no haya libertad de expresión en Venezuela. Esta revolución es capaz de reinventarse constantemente gracias a los espacios de libertad existentes. Toda revolución, se planteó, necesita revolucionarse culturalmente cada periodo para limpiar defectos y reencontrar nuevos caminos.
 
Los intelectuales –concepto que fue ampliamente criticado por los presentes como elitista- militan con el compromiso de que es necesario aunar teoría y práctica, no olvidando que la praxis hace a la teoría útil. Igualmente se resaltó la necesidad de que los intelectuales trabajen conjuntamente para que sus resultados sean más eficientes.
 
 
 

 

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