Feb 14 2009
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PolíticaSociedad

Xenobia en el Norte: El peligro de no ser europeo en Europa

Nuria Gonzalez Rouco*

 
 
 
 
 
 
Europa siempre fue vista como un continente plurinacional, en donde podían convivir personas de diferentes religiones y culturas; y la creación de la Unión Europea (UE) confirmaba que las fronteras no iban a ser un obstáculo para quienes quieran vivir en sus países miembros.Sin embargo, en los últimos tiempos, se llevaron a cabo diversos sucesos que hacen pensar que Europa dejó de ser lo que era (o quizá nunca lo fue). Día a día, y excusados en la crisis económica, los gobiernos cierran aún más las fronteras de sus países y ya ni siquiera permiten el libre flujo de europeos dentro de los países de la Unión.

La crisis económica provocó que las principales economías del mundo implementen políticas proteccionistas, con la idea de reactivar la producción nacional. Pero este proteccionismo económico vino acompañado por políticas migratorias “selectivas” y de reacciones xenófobas y racistas cada vez más violentas

El odio y rencor por los extranjeros se está haciendo presente tanto en los jóvenes -que ven en la tortura hacia los foráneos una forma de divertirse- como en los trabajadores de centrales eléctricas que no quieren que trabajadores de otros países lleguen a “robarles” sus puestos laborales.

En Inglaterra unas 600 personas están llevando adelante huelgas en la central eléctrica de Langage (en el sur del país) contra la contratación de trabajadores extranjeros, tras despedir a los obreros locales.

Las movilizaciones, que ya han afectado a una veintena de instalaciones, estallaron después de que la petrolera francesa Total anunciase que la empresa italiana IREM se adjudicaba el contrato para construir una nueva unidad de procesado en Lindsey. Un centenar de italianos y portugueses trabajan actualmente en la planta, pero se espera que el próximo mes lleguen 300 obreros más, pues IREM quiere su propia fuerza laboral, integrada principalmente por mano de obra de esas dos nacionalidades.

Los trabajadores británicos han tildado de “escandalosa” la elección de empleados foráneos y han exigido al primer ministro británico, Gordon Brown, que cumpla su promesa hecha el pasado año de garantizar “empleos británicos para los trabajadores británicos”.

El Secretario de general de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), John Monks, destacó que "lo explosivo de esta historia es que se despidió a 300 trabajadores británicos, y después llegaron 300 italianos, que fueron albergados en un barco delante de la costa. Eso hace el asunto incluso más sospechoso".

Además, advirtió que estas movilizaciones son las primeras de toda una serie de medidas de fuerza que pueden desembocar en una huelga general en toda Gran Bretaña. De hecho, en el transcurso de los días posteriores, se unieron a las protestas trabajadores en más de 20 localidades de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Al mismo tiempo, el sindicalista rechaza las acusaciones de racismo dirigidas a los sindicatos británicos. "Algunos elementos nacionalistas, xenófobos y racistas han intentado inmiscuirse en el caso (de las protestas en el Reino Unido)", pero los sindicatos británicos "los han obligado a retirarse", destacó.

Por su parte, en Italia, nunca dejaron de existir grupos de jóvenes fascistas que, al igual que en la época de Mussolini, perseguían y torturaban a judíos, gitanos y extranjeros.
Pero recientemente preocupa la cantidad de casos de ataques con rasgos xenófobos y racistas que se han dado en ciudades italianas. En Nettuno (cerca de Roma), tres menores de edad, confesaron que habían quemado a un ciudadano indio desocupado y sin techo, porque se aburrían de su pueblo.

"Tomamos alcohol, nos fumamos unos porros de marihuana y decidimos después hacerle una broma. Fuimos a la estación de servicio, compramos una botella de nafta. Pero no queríamos matarlo". Solo verlo arder mientras le gritaban "¡negro sucio volvete a tu casa!", contó uno de los jóvenes de 19 años.

Días antes, un funcionario de policía de Civitavecchia fusiló a su vecino de Senegal, durante una discusión. Después dijo que el tiro se le escapó pero no explica qué hacía con el fusil en la mano. Los vecinos dijeron que el policía "odiaba al negro", que era un inmigrante regular desde hace veinte años, y se la hizo pagar.

Las agresiones contra extranjeros han aumentado con la llegada de Silvio Berlusconi al poder, principalmente porque la Liga Norte, acusada de fomentar la xenofobia y el racismo, es parte del gobierno.

Esta acusación queda fundamentada en dichos de los propios ministros que acompañan a Berlusconi. El ministro de la República, Umberto Bossi, alguna vez pidió que las carretas del mar cargadas de inmigrantes de Asia y África que llegan al sur de Italia, fueran cañoneadas por las naves de la Armada.

Otro ministro de la Liga, Roberto Calderoli, pidió suspender el acuerdo de libre circulación europea para impedir la entrada de los rumanos que entraron en masa en Italia en muy poco tiempo. Pero Berlusconi afirma una y otra vez que “los italianos no somos racistas”. Esta afirmación no parece alcanzar al ministro del Interior, Roberto Maroni, quien aseguró que no le importa que le acusen de "ser un político racista del norte que no se preocupa de los derechos de los más pobres".

Desde el regreso de Berlusconi al poder en mayo del 2008, no se detuvo en su “lucha” contra los inmigrantes. Primero, lanzó una serie de medidas en contra de la inmigración ilegal, en un clima de creciente intolerancia, especialmente hacia los rumanos. Luego, hizo aprobar varios proyectos de ley y decretos leyes que establecían que la condición de inmigrante clandestino es un delito, que puede ser castigado con entre seis meses y cuatro años de cárcel.

A fines de julio, el gobierno declaró el estado de emergencia para afrontar el "persistente y excepcional flujo" de inmigrantes ilegales, y anunció que sacaría a las calle a 3.000 soldados para patrullar y vigilar los "sitios sensibles" de las principales ciudades italianas, para evitar delitos, atribuidos muchas veces a inmigrantes.

Y como si todas estas medidas hubieran sido pocas, hacia poco más de una semana, el Senado italiano aprobó la Ley de Seguridad, que aplica el ideario represivo y xenófobo de la Liga Norte sobre inmigración ilegal. El texto prevé tasar el permiso de residencia con un impuesto de entre 80 y 200 euros, fichar a todos los “sin techo”, permitir a los médicos que denuncien a los irregulares, legalizar las llamadas "rondas padanas" (patrullas de ciudadanos sin armas) y condenar hasta cuatro años de cárcel a los expulsados que no abandonen el país.

La oposición calificó de "vergüenza" la ley, y varias ONG la calificaron de "gravísimo paso atrás en derechos, integración y seguridad".

Según la jefa de los senadores del Partido Demócrata (PD), Anna Finocchiaro, resaltó que el Senado ha superado el límite y que “Italia ha pasado de regular el fenómeno migratorio a perseguir a los inmigrantes".

Las candidaturas de extrema derecha con posibilidades que en junio concurrirán a las elecciones europeas, promueven el racismo en nombre de la necesidad de reservar el trabajo a sus nacionales. El eventual crecimiento que experimenta el grupo del Europarlamento: Unión para una Europa de las Naciones (extrema derecha), ahora con 44 diputados, será una buena vara para medir la vitalidad de esta xenofobia.

En igual medida, de tal aumento será fácil deducir la incapacidad manifiesta de la UE para extender el ”europeísmo” más allá de los acuerdos firmados entre los representantes de los países miembros.

Estos nuevos ataques xenófobos no son más que el reflejo de la poca solidaridad y comprensión para con los más necesitados. En épocas de esplendor, economías fuertes y crecientes y un euro estable en las bolsas del mundo, las ciudades europeas abren los brazos para recibir a miles de inmigrantes que llegan con la idea de mejorar su situación económica principalmente.

Pero todo cambia cuando una crisis económica golpea sus economías, y parecería que es culpa de los inmigrantes, por lo tanto se sienten con autoridad para perseguirlos, torturarlos y matarlos, con la simple excusa de que llegaron a “sacarles” el trabajo.

Entonces: ¿La solidaridad internacional dónde está?¿En algún momento se podrá llevar verdaderamente a la práctica las palabras lindas que están escritas y firmadas por todos?

 

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