Oct 22 2009
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Política

…Y al fin de cuentas ¿quién es Marco Enríquez-Ominami?

Lagos Nilsson

Lo recibe la Casa Rosada, le regala un vino a Lula, Rafael Correa lo espera, hablará con Evo Morales –Chávez sonríe–. La pregunta no es ociosa considerando que se trata de un candidato a la Presidencia de la República de Chile con posibilidades de disputar el metafórico "Sillón de O’Higgins" en igualdad de condiciones con los representantes de la oligarquía política resultante de los acuerdos que pusieron fin a la dictadura militar-cívica de 1973/90.

Conviene, primero, descifrar qué se dice cuando se dice oligarquía; tarea absolutamente inútil para una ciudadanía con conciencia de serlo, pero imperiosa cuando a los consumidores/deudores y otros sectores preteridos se les recuerda que son, precisamente, ciudadanos. Vamos por partes.

Alejado de todo espíritu contingente en materia política el inefable DRAE precisa tres acepciones:

a) Gobierno de pocos.
b) Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social.
c) Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio.

Cualquiera de las tres definiciones transcritas del término oligarquía, creemos, calza con la realidad de Chile, su gobierno y la administración del Estado.

Cuando nos preguntamos quién es alguien en política en realidad discurrimos para despejar una duda; la duda es: ¿desde dónde habla? MEO habla desde el lugar del fenómeno (un fenómeno, grosso modo, es algo que aparece en la conciencia como realidad no prevista; también puede ser algo extraordinario –lo extraordinario puede pertenecer al mundo de la belleza o de la fealdad).

De algún modo, la realidad

Hace media docena de semanas Marco Enríquez-Ominani no existía; se lo caracterizaba como un –relativamente– joven diputado con fama de díscolo; esto es: desobediente. ¿Desobediente a qué o a quiénes? La pregunta abre un abanico complejo. MEO fue elegido diputado en las listas del Partido Socialista, casi a la derecha del social-demócrata Partido Radical y con cierta vocación heredera de Fouché (a los chilenos les encanta sentirse europeos).

En términos simples: sin la verborragia izquierdista de otros díscolos (que al final arrugaron), MEO se alzó en contra de claudicaciones ideológicas y de procedimiento graves de la organización política que otrora pudo cobijar a Salvador Allende junto a Raúl Ampuero, a Salomón Corbalán y Aniceto Rodríguez, a Carlos Altamirano y a Clodomiro Almeyda (para no mencionar a "jokers" menores del enrevesado póker interno, como su actual presidente o su secretario general: hombres recios en el terreno de las secretarías, las oficinas y los dedazos).

¿Es MEO representante de la izquierda? La única respuesta honesta es que no. Otra cosa es preguntarse ¿entonces, a quiénes representa? O tal vez, y más ampliamente, ¿qué es la izquierda? Y cabe aquí una disquisición. Hay quienes buscan la desaparición del Estado porque, salvo por sus tareas represivas, es un obstáculo a la "libre empresa". Otros pretenden que el Estado es una necesidad para organizar las fuerzas productivas solidariamente, y no para que el pez más grande se coma al pequeño.

Hay una izquierda que es la revolución (la clásica del siglo XX), hay otra que busca la destrucción de las relaciones de producción y  del Estado (la clásica anarquista), otra más que pretende adaptarse a las condiciones del proceso productivo (la social-demócrata), la que se mira en el espejo de la historia rural (Pol Pot, quizá Sendero Luminoso), hay una rebelde, otra que pacta, una que muere y alguna que falleció.

Como dicen los argentinos del peronismo (y de Boca Juniors) hay también una izquierda que es sentimiento. En apariencia no racionalista privilegia el oído sobre la mirada, el optimismo sobre la tragedia (¡y el optimismo es tragedia!), la esperanza sobre el llamado a la lucha, pero que llama a luchar.

Un paseo sobre la realidad chilena muestra que ese sentimiento se abre paso. Está por verse qué resultará. Hay una mitología, una esperanza, una discusión y una espera.

De algún modo los números

Los sondeos conocidos en la segunda quincena de octubre –las elecciones son la primera quincena de diciembre– sitúan en un declive, aparente o real, a la candidatura oficialista mientras parece mostrar un fuerte ascenso de las simpatías hacia el gobierno. Incomprensible… a menos que el candidato no pueda interpretar o los electores no lo asocien al gobierno.

Dicen los sondeos también que la oposición (levemente a la derecha tradicional del conglomerado oficialista) es mayoritaria, pero transita una meseta congelada que, en todo caso, desciende de esa altura.

Dicen que la izquierda supuestamente "dura", que lleva como candidato a uno de los autores de la "deblacle" de la izquierda allendista –hombre probo, por otra parte, se reconoce–, carece de credibilidad y que la sociedad no la cree, no la sigue ni la escucha. Y que sería sólo supuestamente dura porque sus representantes parecen dispuestos a todo por dos diputados –de cuyas luces se duda.

Dicen que el programa, o al menos la personalidad, de la candidatura independiente de Enríquez Ominami gana adeptos. En algo así como tres meses del dos por ciento de los encuestados al 20 por ciento de los electores, y en alza. Obsérvese que pudo haber inscrito su candidatura algún partido político existente, pero lo rechazó: fue a buscar adherentes.

¿Los medios periodísticos lo son todo?

Suele decirse que la candidatura de Enríquez.Ominami es producto de la prensa derechista. Puede, pero cabe discutirlo cuando, según sondeos metodológicamente correctos, y al parecer serios, las adhesiones crecen. ¿En estas condiciones puede decirse que se trata de una operación mediática?

La opción MEO es, ciertamente, una incógnita. Plantea dudas serias. Por suerte para él ese planteo no hace olvidar a una derecha corrupta, gerente de 17 años de crímenes y 20 más de enriquecimiento, analfabeta y codiciosa, y a otra derecha desnaturalizada cómplice de aquella, no menos corrupta también analfabeta y, sobre todo, traicionera llamada Concertación. Los pueblos rara vez perdonan la traición.

El resto lo dirá la ciudadanía, si se rescata a sí misma del consumismo y la idiotez-tele.
 

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2 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. sylvia
    22 octubre 2009 13:17

    ¡¡¡Y no tiene verruga visible!!!

  2. Luigi
    23 octubre 2009 3:10

    Si son los medios los que contribuyen a su ascenso, sutilmente o burdamente, entonces dele por hecho, es un hombre de la extrema derecha. Seguro que es una operación mediática a pesar de sondeos metodológicamente correctos. El mundo es complicao.