Los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende (1964-73), pese a ser de distinto signo político, dieron pasos muy importantes en la nacionalización de nuestros yacimientos de cobre que hasta entonces eran propiedad de inversionistas estadounidenses. Se iniciaba con estas administraciones un proceso que se proponía recuperar nuestra soberanía nacional partiendo por lo que era y continúa siendo la “viga maestra” de nuestra economía.

Con la Dictadura de Pinochet y los gobiernos que le siguieron, gran parte de la extracción y exportación del cobre volvió a manos de las empresas transnacionales, superando hoy lo que hace nuestra empresa estatal Codelco. Al mismo tiempo, buena parte de las generadoras y proveedoras de luz, agua y otros servicios básicos han seguido el curso de la extranjerización y hasta en el comercio interno han empezado a prevalecer las inversiones chinas, las que ya extienden sus dominios también a buena parte de nuestra agricultura, con lo cual los productores de cerezas, por ejemplo, temen que quienes son nuestros principales consumidores prefieran adquirir tierras propias para su cultivo.
A pesar de sus orientaciones vanguardistas, los últimos gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría fueron cediendo soberanía a los inversionistas foráneos, convirtiéndose Estados Unidos y el gigante asiático en nuestros principales socios comerciales. De esta forma, no hay que extrañarse que el gobierno de la Casa Blanca desee proteger a las múltiples empresas radicadas en nuestro país. Así como que un desquiciado gobernante como Donald Trump haya empezado a sancionar a las autoridades nacionales en el propósito de que nuestro país prefiera a las inversiones de su país y restringa las relaciones de todo tipo con China.
Al caducar la visa de ingreso a Estados Unidos a tres funcionarios del gobierno de Boric, más que un castigo al gobierno que ya expira, debemos considerarlo como una seria advertencia o amenaza al gobierno entrante de José Antonio Kast. Así haya recibido contundentes manifestaciones de adhesión a la administración imperial de parte de quienes en apenas 15 día más van a instalarse en La Moneda.
Pero no es solo el comercio el ámbito de interés estadounidense. Está más que claro que Trump quiere someter a Chile a todos los despropósitos de su gobierno en política exterior. Ello explica la molestia que le produjo a la Casa Blanca la decisión chilena de otorgar ayuda humanitaria a Cuba. Un país que vuelve a estar en la mira de la invasión armada como lo hizo con Venezuela y se propone, también, con Canadá, Panamá, Groenlandia y cualquier territorio que pueda satisfacer la codicia imperial.
Si nuestra soberanía popular está en entredicho por las influencias que ejercen el dinero y los poderes fácticos en nuestros diversos comicios electorales, peor aún es lo que empieza a materializarse con nuestros recursos naturales. Con la independencia, además, que pudiera ejercer Chile respecto de las relaciones militares y la adquisición de armas en un área en que Estados Unidos busca ganar hegemonía mundial respecto de otros fabricantes de armas como Rusia, la misma China y los países aliados de la OTAN.

Cincuenta estrellas exhibe el pabellón estadounidense, lo que da cuenta de la progresiva expansión territorial de esta potencia en la geografía del mundo. A éstas, su demente presidente quisiera agregar dos o tres más en el menor plazo posible, así sea mediante toda suerte de presiones, junto con alistar sus armas de destrucción masiva en todos los continentes. En efecto, la principal amenaza de guerra es la que provocan las decisiones de Trump, quien tiene también el desvarío de aspirar al Premio Nobel de la Paz.
En el caso chileno de verdad no podemos temer grandes cambios con el gobierno que asumirá el próximo 11 de marzo. En realidad, todo lo obrado en política interna por sus antecesores lo más probable es que los equipos de Kast extiendan las mismas políticas neoliberales sacralizadas, desgraciadamente, por los gobiernos de la denominada centroizquierda. Que se prolonguen situaciones como la aguda falta de viviendas, la pobreza extrema, las largas listas de espera en la salud, las profundas asimetrías entre los colegios privados y públicos, entre otras rémoras.
Aunque ojalá sea posible la disminución de la delincuencia y el temor ciudadano, pero temiendo que Kast se proponga seguir lo obrado por Bukele y el gobierno salvadoreño. Iniciativas tan cuestionadas por las organizaciones de Derechos Humanos.
En general, lo que es dable esperar es que la concentración económica se agudice y que los niveles de desempleo y bajos salarios continúen al servicio de los empresarios nacionales que le brindaron entusiasta apoyo y, entendemos, financiamiento electoral.
Pero nada o muy poco podemos esperar en materia de soberanía nacional, cuando basta comprobar cómo partidarios suyos, incluso parlamentarios de derecha, han salido a abogar para que Chile desahucie la estupenda iniciativa de conectar a Valparaíso con Hong Kong por debajo de nuestro Océano, a fin de no irritar al Trump que quieren ver convertido en guía y referente en el destino de nuestro país y de toda la Región.
Da vergüenza observar a aquellos dirigentes que desde la derecha mantuvieron en el pasado una postura nacionalista, pero hoy quieran ver arrodillado a nuestro país ante un sujeto inescrupuloso cuestionado ampliamente entre la población estadounidense y hasta por los máximos integrantes de la Corte Suprema de Justicia.
Más que confiar en las próximas autoridades nacionales, habría que esperar que lo que queda de democracia en Estados Unidos le propine contundentes derrotas electorales a Trump y que, en lo posible, sea depuesto de su rango presidencial. Si además se considera su culpabilidad en los más bullados escándalos sexuales, su enriquecimiento ilícito y otros múltiples vicios que su figura personifica.
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió el premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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