Desde octubre de 2023, la situación es especialmente tensa en Oriente Medio. Israel mantiene abiertos en la actualidad siete frentes militares de mayor o menor intensidad: contra Palestina en la Franja de Gaza y Cisjordania, Irán, Irak, Líbano, Siria y Yemen
El respaldo de los ciudadanos israelíes a las distintas campañas militares de su país es inquebrantable. En el transcurso de la actual guerra contra Irán, una encuesta del Instituto Israelí para la Democracia revela que un 82% de ellos apoya la contienda a pesar de la importante escalada que ha supuesto.

Entre las causas están una intensa campaña de demonización y deshumanización del enemigo, pero también una reducida afectación a la vida diaria de la población, cuya cifra de bajas civiles es muy inferior a las iraníes –no llega al medio centenar–.
No obstante, la crueldad de las imágenes vistas en los últimos años en la Franja de Gaza ha horrorizado al mundo y ha desgastado la percepción de Israel, que ha llegado a un nuevo conflicto con una reputación maltrecha ante la comunidad internacional. El pasado 18 de enero, el CIS publicó un barómetro en el que analizaba la opinión de los habitantes de España con respecto a la nueva guerra en Irán.
Los resultados son abrumadores: siete de cada diez españoles rechazan los bombardeos estadounidenses e israelíes contra la República Islámica, ocho de cada diez los considera un riesgo para la paz internacional y un 64% se muestra preocupado o muy preocupado.
Las críticas a Israel se oyen también al otro lado del Atlántico. La población estadounidense más joven se desvincula del discurso israelí y se vuelve especialmente crítica con las acciones tomadas por el país hebreo en territorio gazatí. “Estamos perdiendo a los jóvenes americanos para siempre”, sentencia un experto de seguridad de Israel en el Jerusalem Post.
El sector estadounidense más conservador también se resquebraja y critica a Donald Trump. El periodista conservador Tucker Carlson, fiel y abierto seguidor del republicano en su última campaña, ha criticado duramente en su espacio al presidente por estar influenciado por Israel.
Tel Aviv es consciente de que ver socavado el apoyo de sus socios, especialmente estadounidenses, podría convertirse en una debilidad militar y estratégica. Y, por ello, Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel, ya ha anunciado la apertura de su octavo frente: el de la batalla por la «verdad» y la opinión pública global.
Cómo «mejorar» la opinión pública de Israel
Los hábitos de consumo de medios están cambiando en las generaciones más jóvenes, con los índices de consumo de televisión más bajos en décadas. La generación Z, la más crítica con la política exterior israelí, se conecta al mundo a través de las redes.
Y es ahí donde Tel Aviv apenas tiene control del discurso. “Hay trabajo por hacer con la generación Z y en todo Occidente”, comentaba Netanyahu en una entrevista en el podcast británico Triggernometry el pasado mes de agosto.
Tan solo un mes más tarde se reunió con importantes influencers estadounidenses en Nueva York, a quienes animó a “abrazar la lucha” a cambio de conseguir seguidores. Podría ser una acción más enmarcada dentro de un plan de relaciones públicas. Pero que un primer ministro se reúna con creadores de contenido de redes sociales ejemplifica muy bien el interés de un gobierno en construir un marco narrativo para un público específico.
Las publicaciones en redes de perfiles vinculados al Estado de Israel responden a una gestión centralizada y organizada del relato oficial. Sus cuentas de Instagram y TikTok se han llenado de contenidos cuidadosamente seleccionados para construir una imagen determinada de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
Cautivadores videos de misiles impactando contra objetivos, reels destacando el papel de la “mujer empoderada” en la Operación Rugido del León o incluso contenidos exclusivamente dedicados al perfil de Alí Jamenei, a quien llaman “el mayor terrorista de la historia”.
Todos los contenidos de las cuentas oficiales del ejército de Israel son publicados en inglés y no en hebreo, la lengua oficial del país. No obstante, las campañas de comunicación son algo que trasciende a los perfiles oficiales y requieren de la colaboración de los influencers.
Gracias a la Ley de Registro de Agentes Extranjeros de Estados Unidos ha podido conocerse que Israel ha contratado a tres consultoras de relaciones públicas –Bridges Partners, Show Faith by Works y Clock Tower X– con las que mejorar su imagen ante la opinión pública global. A través de estas agencias, Tel Aviv paga a los creadores de contenido hasta 7.000 dólares por publicación favorable a sus intereses.
A partir de aquí, las publicaciones se dispersan por cuentas de personalidades de internet con millones de seguidores, aunque todas guardan perfiles similares: mujeres jóvenes y atractivas u hombres de mediana edad en buen estado físico. Todos sonrientes y en buena forma, haciendo bandera de su sensualidad y atractivo físico y al servicio de la imagen de sus fuerzas armadas.
Este fenómeno creciente ha sido estudiado por la Universidad de Múnich, que sostiene en un estudio basado en 200 cuentas y 500 videos cortos que Israel utiliza las redes como una herramienta de propaganda visual basada en la seducción y la sexualización explícita. Y ello lo consigue a través de bailes, trends o contenidos viralizados y mensajes que trivializan la violencia. Es, según su autor, “pornografía de guerra” y una forma de hacer agradable el consumo de propaganda.
El mensaje propagandístico israelí cruza también la barrera de la heterosexualidad. En el conflicto en la Franja de Gaza vimos imágenes de soldados portando la bandera LGBT frente a carros de combate “en un mensaje de esperanza para la gente de Gaza que vive bajo la brutalidad de Hamás”, como dice la descripción de la imagen subida por una cuenta oficial. Se trata de una herramienta para mostrar al mundo un dilema dicotómico: un país inclusivo y abierto frente a otro sin libertad sexual y sometido al imperio de la ley islámica.

En el ejército de influencers israelíes también hay soldados homosexuales que permiten adaptar el mensaje algorítmico a cualquier usuario de internet, sea cual sea su orientación sexual y posición en el espectro político.
Es una muestra más de la estrategia de venta de Israel como marca: inclusiva, abierta y divertida. Algo claramente incongruente con la política de diversidad del país hebreo, que no permite uniones civiles ni religiosas a parejas del mismo sexo.
Un blanqueamiento que le es necesario para seguir contando con el apoyo de la opinión pública mundial. Su estrategia de control del marco narrativo consiste en buscar la vinculación emocional de los usuarios de redes –especialmente jóvenes– a través de contenido sexualizado.
En el trasfondo de todos los vídeos publicados por los soldados parece subyacer la misma idea: que es imposible que un cuerpo militar con soldados atractivos que cantan, bailan, sonríen y celebran la vida después cometan crímenes de guerra, ejecuten a presos, bombardeen hospitales y escuelas, utilicen la violación como arma o lancen cadáveres desde azoteas.
Publicidad dirigida y censura periodística
Una de las consultoras contratadas por Israel, Show Faith by Works, desarrolló en Estados Unidos la mayor campaña publicitaria por geolocalización de la historia del país, de acuerdo con los archivos publicados por el Departamento de Justicia estadounidense.
La agencia identificaba dispositivos de usuarios que acudían a universidades cristianas, iglesias y centros religiosos para “distribuir información favorable a Israel” y así “fomentar entre los cristianos tener una imagen más favorable de la nación israelí y animar a los cristianos a visitar Israel con fines turísticos”.
No es la única campaña de relaciones públicas que lleva a cabo el Estado de Israel. A través de la empresa de cosméticos Moroccanoil, el país hebreo se convierte en el mayor patrocinador del festival de Eurovisión.
Tras las brutales operaciones militares llevadas a cabo en la Franja de Gaza, numerosos países –entre ellos España– pidieron a la Unión Europea de Radiodifusión la expulsión de Israel del certamen. Pero la votación para que se llevara a cabo ni siquiera se ejecutó.
Una vez construido el encuadre discursivo, la otra cara de la moneda supone necesariamente censurar el mensaje disidente. En Israel opera un órgano censor estatal, dependiente de la Dirección de Inteligencia Militar.
El Comité para la Defensa de los Periodistas denuncia que este organismo cuenta con una amplia jurisdicción y exige a los periodistas que sometan cualquier artículo a su filtro bajo el pretexto de proteger la seguridad nacional. La organización de defensa de los profesionales de la comunicación, con sede en Nueva York, sostiene que en 2024 la censura israelí retractó o modificó una media de 21 publicaciones diarias.
El conflicto contra Gaza supuso una importante vuelta de tuerca en la política de comunicación de Tel Aviv. Además del asesinato de 210 periodistas en 23 meses de conflicto –muchos de ellos ejecutados bajo la consideración de “terroristas”–, el gobierno israelí endureció las leyes de prensa y libertad de expresión. Así censuró en su territorio las emisiones y páginas web de Al Jazeera, el mayor medio de comunicación del mundo árabe.
Pero también tomó otras medidas para coartar la libertad de los periodistas internacionales, a los que se les impide filmar en zonas de impacto de misiles, transmitir imágenes de lanzamiento de misiles israelíes o compartir vídeos en redes sociales sin la revisión previa del censor.
Reporteros Sin Fronteras sitúa a Israel en el puesto 122 de 180 en su clasificación mundial de la libertad de prensa. El país hebreo se sitúa así en posiciones inferiores a países como Angola, Mozambique o Burkina Faso en términos de libertad de expresión para periodistas. Una posición en absoluto comparable a ningún país occidental.
La propaganda israelí te vigila
El «qué dirán» le importa a Netanyahu. El Ministerio de la Diáspora toma diariamente el pulso a la opinión pública global. Un detallado informe público analiza millones de publicaciones en redes sociales, espacios digitales y hasta convocatorias de manifestaciones contrarias a las acciones de Israel. El documento analiza, por ejemplo, las publicaciones en la red social X relacionadas con el ataque israelí-estadounidense contra Irán.
La publicación de estos reportes es prácticamente diaria y se hace eco de los temas candentes de cada momento, como los rumores de la muerte del primer ministro israelí tras sospechas de videos generados con inteligencia artificial: “Las narrativas emergentes incluyen afirmaciones falsas de que el primer ministro Benjamín Netanyahu está muerto, a menudo acompañadas de acusaciones de que sus apariciones recientes son falsificaciones generadas por IA”.
La estrategia de guerra de Israel no puede entenderse solo en el campo de batalla. Su existencia como país ha estado siempre ligada a la guerra y a la expansión de su territorio.
Y para legitimar sus victorias necesita ganarse el favor de gobiernos extranjeros y de la opinión pública internacional. Saber qué discurso insertar en el imaginario colectivo es tan importante como la superioridad militar. Y en ambas cosas, Israel lleva la delantera.
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