En todo el mundo, los trabajadores de los medios de comunicación se enfrentan al riesgo de la censura, la vigilancia, el acoso legal e incluso la muerte.
En los últimos años hemos presenciado un gran aumento del número de periodistas muertos –con frecuencia atacados deliberadamente– en las zonas de guerra; 85 por ciento de los crímenes cometidos contra periodistas quedan sin investigar y sin castigo: un grado de impunidad inaceptable.
Las presiones económicas, las nuevas tecnologías y la manipulación activa también ejercen una presión sin precedente sobre la libertad de prensa.
Cuando se erosiona el acceso a información fiable, la desconfianza echa raíces; cuando se distorsiona el debate público, la cohesión social se debilita, y cuando se socava el periodismo, las crisis se vuelven mucho más difíciles de prevenir y de resolver.
Todas las libertades dependen de la libertad de prensa, sin ella, no puede haber derechos humanos ni desarrollo sostenible, y tampoco puede haber paz.
En este Día Mundial de la Libertad de Prensa, protejamos los derechos de los periodistas y construyamos un mundo en el que la verdad –y quienes la cuentan– estén a salvo.
* Secretario General de la Organización de Naciones Unidas
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