Grandes potencias, interés nacional y diplomacia

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¿Qué es el interés nacional, quién lo define y cómo? Son varias las preguntas que surgen ante el replanteamiento de algunos países luego de la última Estrategia Nacional de Seguridad (ENS) de los Estados Unidos, dada a conocer por el presidente, Donald Trump, en noviembre pasado. El interés nacional definido por autores clásicos busca la seguridad del Estado, proteger su soberanía, fronteras, habitantes, cultura, tradiciones junto con identificar amenazas y proyectar su poder en un mundo internacional, definido como anárquico.  Esto debido a no existir un gobierno central global que sancione el no cumplimiento del orden internacional.

Hoy somos testigos de este desorden global donde no se respeta el derecho internacional, ni la carta de Naciones Unidas, se violan los tratados y se impone el uso de la fuerza para cambiar gobiernos, doblegar a países, asesinar autoridades o secuestrar jefes de Estado.

En las dos primeras décadas del presente siglo, el orden internacional parecía más o menos estable, sin grandes contratiempos se consolidaba la globalización. Sin embargo, en 2014 Rusia ocupó Crimea y se le aplicaron sanciones económicas parciales, pero no se asumió que podría alterar el orden internacional. Al año siguiente, en la ENS de Estados Unidos, bajo la presidencia de Barak Obama, se indicó que la agresión rusa era una amenaza al orden existente, señalando que este debía fortalecerse basado en normas y valores universales, es decir reafirmando principios del derecho internacional.

Asimismo, en sus consideraciones, caracterizaba por primera vez al cambio climático como una amenaza a la seguridad nacional. En 2017, bajo la primera presidencia de Donald Trump, el nuevo documento estratégico eliminó el cambio climático e introdujo a China y Rusia como potencias competidoras, capaces de amenazar su hegemonía global.

En 2021 el presidente Joe Biden en su ENS reafirmó el compromiso con la OTAN y con las democracias, identificando a China como el principal rival en el plano tecnológico y militar. En su segundo mandato, el presidente Trump da a conocer su estrategia identificando claramente a China como la principal amenaza a su hegemonía y determina que el hemisferio occidental debe contribuir a contener la expansión global de China proclamando que el continente americano es para los americanos, reiterando la doctrina del presidente James Monroe proclamada en 1823 y que Trump llamó como “Donroe”, para incluir su nombre.

Para los 27 países de la Unión Europea redefinir el interés nacional colectivo parece ser una prioridad que debe a su vez, adecuarse a la definición individual de cada uno de esos estados sobre su propio interés nacional. La urgencia parece estar en la fractura cada vez mayor entre los países que conforman la OTAN y su principal sostenedor, los Estados Unidos. Como se resolverá esa ecuación no lo sabemos aún, lo que si hemos conocido son las declaraciones del presidente Trump señalando que la Alianza Atlántica es un “tigre de papel”, frase repetida en varias oportunidades en el siglo pasado por el líder chino Mao Zedong, para referirse al “imperialismo norteamericano” y sus debilidades internas.

No es fácil para Washington cancelar su participación en la OTAN ya que requiere mayoría de dos tercios del senado. Además, dejaría a los países europeos sin la protección del paraguas nuclear que los ha protegido desde el término de la segunda guerra mundial, con la excepción de Francia y el Reino Unido que cuentan con armas atómicas limitadas. En todo caso cada día cobra más sentido para la Unión Europea avanzar rápidamente hacia una política de defensa y un ejército común, autosuficiente y terminar definitivamente con la dependencia de la industria militar estadounidense.

Para ello habría que avanzar hacia la creación de una Unión Europea de carácter federal, lo que significa que cada país renuncie a otra parte de su soberanía individual entregando más competencias a un órgano central, lo que hoy parece muy difícil que ocurra. La heterogeneidad de sistemas políticos, donde conviven repúblicas con monarquías parlamentarias, diferencias culturales y lingüísticas entre otras, representa un desafío mayor.

¿Y cómo se define el interés nacional en Rusia, en China, en India, en Japón o en Israel? Para todos vale el mismo principio: mantener la seguridad y soberanía, así como proyectar su poder en la escena internacional. Moscú lo hizo valer al percibir una amenaza con la expansión progresiva de la OTAN hacia el este, política iniciada bajo la presidencia de Bill Clinton, en 1999, cuando la Alianza se extendió a Polonia, Hungría y la República Checa.

No se escucharon entonces las opiniones de connotados políticos y especialistas que no recomendaban esa expansión, como lo hicieron saber Henry Kissinger o George Kennan. En 2004 se sumaron Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. El 2017 lo hizo Montenegro, el 2020 Macedonia del Norte y el año 2024 Finlandia y Suecia. Todos estos países redefinieron su interés nacional en base a una percepción de potencial agresión de Rusia.

Por su parte Moscú percibió en esta extensión hacia sus fronteras como una amenaza a su seguridad y cuando Ucrania, en 2014, expresó su interés por integrarse a la OTAN, luego de la anexión de Crimea, Rusia la invadió en una guerra que ha dado inicio a una reconfiguración del orden internacional europeo al menos. En el caso de Israel, un país que cuenta con una protección ilimitada de los Estados Unidos y un resuelto apoyo de Europa occidental decidió tomar la iniciativa y junto a Estados Unidos atacaron por segunda vez a Irán.

Tel Aviv además está bombardeando ciudades del Líbano y ocupando la parte sur del país para eliminar el peligro que representa para su seguridad el grupo chiita Hezbolá. Por su parte China, ha definido su interés nacional sobre la base de sus cinco principios de coexistencia pacífica, con la salvedad que se anexó el Tibet en 1950 e invadió Vietnam en 1979 en represalia por la invasión vietnamita a la Camboya de Pol Pot. Taiwán es considerado territorio chino por Beijín y así lo han reconocido las potencias occidentales, pero en los últimos años Estados Unidos ha relevado la importancia de la isla por su alta tecnología y su estratégica ubicación en el Asia Pacífico.

Japón y Mongolia: Acuerdo de cooperación militarJapón, aprovechando la creciente rivalidad entre Washington y Beijín, está potenciando sus capacidades militares lo que, por su pasado militarista, preocupa no solo en China sino también en ambas Coreas que fueron colonias japonesas de triste memoria, al igual que Filipinas y otros países. La India es un mundo aparte, consciente de estar llamada en el mediano plazo a ser una de las grandes economías del mundo, con poder nuclear, tecnológico y militar. Mantiene un equilibrio cuidadoso con las grandes potencias y disputas territoriales no resueltas con China.

África es un continente que continúa buscando su camino y que difícilmente se puede liberar del pasado colonial, marcado por la explotación, abusos y humillaciones que definieron sus fronteras en base a intereses de las potencias coloniales europeas. El interés nacional de cada uno de ellos está condicionado por su entorno e historia. Sudáfrica, con un pasado largo de lucha por su independencia y contra el Apartheid, tuvo un líder como Nelson Mandela, que al igual que Lumumba, Nkrumah, Nyrere, Nasser y tantos otros, no han logrado unificar un continente donde las guerras civiles, golpes de estados y hoy el cambio climático agravan la situación económica de millones de personas cuya alternativa de seguridad es emigrar.

América Latina posee riquezas inmensas de recursos naturales y humanos, pero con una gran desigualdad y pobreza urbana extendida en las ciudades y también en las zonas rurales. Desde México al sur, es una zona libre armas nucleares y de conflictos bélicos. Ningún país de la región es una nación desarrollada de conformidad con los estándares europeos. El interés nacional regional es débil y en los últimos años la ideología se antepone al pragmatismo y la cooperación. La mano firme de Estados Unidos se siente fuerte presionando a los países para que reduzcan o cierren espacios a la presencia de China en sectores considerados estratégicos. En otras palabras, Washington exige que parte de sus intereses estratégicos o de su interés nacional sea también el de los países de América Latina.

La diplomacia hoy está acallada por el sonido de las bombas y la metralla en Ucrania, en Irán, en Yemen o el Líbano entre otros lugares. Su ruido y sus efectos se sienten en todo el planeta, así como las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz que ha elevado los precios de la energía provocando una inflación global por el efecto multiplicador en la economía del alza del precio del petróleo. Cuando se dejan de respetar los tratados, la Carta de Naciones Unidas y suenan las balas, es el derecho internacional la primera víctima junto con las vidas humanas. Luego vienen los efectos económicos que pueden presionar para terminar los conflictos. De nada sirven los llamados, las voces sensatas, cuando los líderes están enceguecidos por el poder y el deseo de imponer condiciones.

El Consejo de Seguridad, que es el órgano máximo que se han dado los países para resolver los conflictos está paralizado desde hace largo tiempo por el derecho a veto de los cinco países que mantienen el monopolio de su uso. Desde su entrada en vigor en 1945, al año siguiente se usó por primera vez y hasta el año pasado se ha aplicado 282 veces siendo Rusia (129 veces) y Estados Unidos (89 veces) quienes más lo han utilizado, es decir el 77,3%.  En 51 oportunidades el derecho a veto de Washington ha sido usado en favor de Israel. Esa es la realidad. Los países tienen intereses, aliados, enemigos, alianzas, rivales, cómplices en el mundo internacional, pero ningún amigo o enemigo lo es para siempre como lo ha demostrado la historia.

La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán fue declarada como ajena por los países de la OTAN que no se han comprometido ni participan en ella. Los grandes beneficiados están siendo China y Rusia que observan el desgaste militar y político de Estados Unidos y el rechazo de la opinión pública que se extiende por el planeta. Moscú, aislado internacionalmente, vuelve a vender petróleo y los europeos se preguntarán cuando volverá a llegar el gas ruso a sus empresas y hogares.

La pregunta es qué orden internacional se está gestando bajo los liderazgos actuales. El desenfreno en el gasto militar se extiende por el planeta, todos piensan que es mejor estar preparados ante cualquier eventualidad. mientras tanto la voz de los países pequeños no se escucha.

Naciones Unidas debe ser reformada, cuanto antes mejor, para garantizar una mayor democratización en su estructura, y acabar con el monopolio de los cinco países que han demostrado que no cumplen con la tarea fundamental por la cual fue creada: preservar la paz y la seguridad internacional. La elección de un nuevo secretario general del organismo que se efectuará este año y donde América Latina debería ser protagonista con una mujer por primera vez para encabezarlo, puede abrir una posibilidad de un cambio profundo ante el fracaso del cual hoy somos testigos.

 

* Embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa

 

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