Nov 10 2014
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Pol铆tica

Ante el balotaje en Uruguay, reforzar la vigilia popular

La triple victoria de octubre (Bolivia, Brasil y Uruguay) aunque de desiguales magnitudes, ratifica el rumbo progresista regional que las fuerzas conservadoras de cada pa铆s vienen amenazando. Las anima la indignaci贸n racista inspirada en la concepci贸n seg煤n la cual, usurpadores de baja estofa, como indios, obreros, campesinos o guerrilleros se inmiscuyen en sus elevados asuntos e intereses, que a la vez imaginan propios de toda la naci贸n.

A excepci贸n de Bolivia, el resto de estos triunfos no estuvo exento de angustia y dramatismo. En 2010 Rousseff se impuso en el balotaje por 12% mientras ahora lo hizo por 3% y en lo que a la primera vuelta respecta, el PT decay贸 5% respecto al 2010. La intimidaci贸n no ha cesado, aunque los mayores focos de virulencia se trasladar谩n hacia Argentina y Venezuela. El panorama uruguayo es menos comprometedor ya que se logr贸 la mayor铆a parlamentaria.

Sin embargo en ambos casos se verifica una auspiciosa reconfiguraci贸n paulatina de su base electoral y potencialmente militante. Ya no se trata s贸lo de alternativas pol铆ticas ce帽idamente urbanas sino implantadas en todo el pa铆s, aunque extraviando algunos electores en sus tradicionales concentraciones poblacionales. El FA, no s贸lo gan贸 en 14 de los 19 departamentos, precisamente los m谩s ricos y poblados, sino que por primera vez permite que todo departamento cuente con 鈥揳l menos- un diputado progresista, federalizando a煤n m谩s la representaci贸n. Una gran oportunidad para que los representantes retornen frecuentemente a sus pagos y puedan rendir cuentas de su actividad a sus electores, socializar los debates e iniciativas en las c谩maras y a la vez recoger las demandas espec铆ficas de las poblaciones m谩s vulnerables del interior. Tanto en Brasil como en Uruguay, la 煤ltima etapa de cada campa帽a logr贸 apelar con 茅xito a una -crecientemente desusada- herramienta de empoderamiento popular: la movilizaci贸n masiva. Esto no significa que en las pr贸ximas elecciones departamentales de mayo el FA pueda alzarse con igual cantidad de intendencias, ya que en el interior sigue pesando m谩s el caudillismo a la vez que la unificaci贸n de facto de los partidos tradicionales se ampliar谩 aunque con algunos costos. A diferencia del total nacional en el que el FA supera en 4% a la sumatoria de blancos y colorados y a la vez creci贸 en todos los departamentos a excepci贸n de Montevideo, esta adici贸n aventaja al FA en 15 de los 19 departamentos, lo que aconseja prudencia en las proyecciones.

M谩s relevante a煤n se presenta el incremento en el interior y la captura del 60% del voto joven y debutante, al analizar que el FA perdi贸 casi 48.000 votos que se distribuyeron entre los 3 partidos autodefinidos como de izquierda radical y una proporci贸n importante de los 78.000 votos blancos y anulados, permiti茅ndole conservar casi id茅ntica magnitud proporcional que en la primera vuelta del 2009, a pesar del evidente descontento que refleja lo antedicho.uru fa5

La conclusi贸n evidente es que a diferencia de Brasil, la derecha recibi贸 en Uruguay una contundente derrota, en particular el hist贸rico Partido Colorado por cuyas grietas se filtr贸 buena parte del crecimiento del Partido Independiente y tal vez algo del conservado caudal frentista. Tampoco deben despreciarse desprendimientos y giros menores en el Partido Blanco que si bien super贸 en 2% la elecci贸n del 2009, defraud贸 sus propias expectativas, hasta el extremo de que en las redes sociales, algunos dirigentes y militantes llegaron a a帽orar el estado terrorista c铆vico-militar que, dicho sea de paso, buena parte del partido celebr贸 en su momento.

La posici贸n tanto del PI como de la izquierdista UP merece un tratamiento detenido que el espacio restante impide ahora, aunque resta saber si sus electores estaban al tanto que en vez de candidatos a la presidencia, votaban candidatos a la prescindencia.

Las buenas perspectivas no deber铆an adormilar la militancia ni transmitir confianza en automatismos. Ser谩 fundamental profundizar la derrota de la derecha en el balotaje, potenciando en primer lugar la recuperaci贸n de las calles y las plazas, sede natural del encuentro de los codos y combustible urbano del tractor electoral.

Con el masivo festejo popular, las urnas deglutir谩n sobres de alegr铆a.

*Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.
Editorial de La Rep煤blica

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