La ciudad de Barcelona es simbólica para la izquierda mundial. Fue ahí donde fracasó el 19 de julio de 1936 el golpe de estado franquista contra la república española que dio inicio a la guerra civil que duraría tres años. Barcelona fue uno de los últimos baluartes en caer, el 26 de enero de 1939, cuando el ejército franquista y tropas marroquíes la tomaron.
Ahí convergieron a luchar por una revolución que vendría y que pondría fin al capitalismo, socialistas, comunistas, anarquistas trotskistas y también republicanos que defendían la segunda república del Frente Popular que encabezaba Manuel Azaña y que había vencido en las elecciones de febrero de ese año. Fue también el lugar donde llegaron las Brigadas Internacionales, voluntarios dispuestos a luchar contra el fascismo provenientes de más de 50 países, estimándose su número cercano a los 60 mil combatientes.
El pasado 17 y 18 de abril tuvo lugar en Barcelona la cumbre mundial del progresismo llamada Global Progressive Mobilisation (GPM) que reunió a políticos de América Latina y el Caribe, Europa, África y Estados Unidos, representados este último país por un senador y el gobernador de Minnesota, Tim Walz, quien sorprendió a los presentes al hablar contra “el fascismo” del presidente Donald Trump. La iniciativa de este encuentro fue coordinada por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva y el ex jefe de gobierno de Suecia y actual presidente de los partidos socialistas europeos, Stefan Lõven.
Buscan coordinar un movimiento global, una internacional del progresismo, para detener el creciente fortalecimiento de la ultraderecha que deteriora los sistemas políticos al pretender imponer una mirada autoritaria que limita el ejercicio democrático. En el plano internacional, ha sido el presidente Donald Trump quien ha logrado movilizar al progresismo al romper los principios básicos del derecho internacional en un intento de imponer políticas que buscan privilegiar los intereses de Estados Unidos por sobre los individuales.
Hoy somos testigos del uso indiscriminado del poder, ya sea castigando con la fuerza militar o económica, con aranceles, suspensiones de visas u otras medidas a todos aquellos países o personas que se nieguen a aceptar o privilegiar las políticas de Estados Unidos por sobre el interés nacional de cada país. En el caso del continente americano hemos visto la voluntad política de los dos principales países latinoamericanos, México y Brasil, cuyos presidentes asistieron al encuentro en Barcelona, demostrando independencia, liderazgo y un discurso valiente, sin temor a las rabietas del mandatario estadounidense.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, propuso destinar el 10% del gasto militar a reforestar el planeta afectado cada día más por la crisis ecológica, así como su oposición decidida a una eventual intervención militar en Cuba, junto con la defensa de la democracia terminó citando al presidente Abraham Lincoln: “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».
Por su parte el presidente Lula, quien buscará una nueva reelección en octubre próximo, criticó las políticas de la ultraderecha, así como la desinformación contra los migrantes, defendió los derechos de las mujeres y de las minorías e hizo un claro llamado de no a la guerra y de la responsabilidad que tienen las potencias del Consejo de Seguridad. Por su parte el anfitrión principal, el presidente Pedro Sánchez, quien se ha transformado en un verdadero referente europeo para oponerse y enfrentar las políticas hegemónicas del presidente Trump, también se refirió a la desinformación que abundan en las redes, a la necesidad de proteger la democracia de la ultraderecha, remarcando que España “es hija de la migración por lo que no puede ser madre de la xenofobia”.
Además, reiteró su llamado de no a la guerra y si a la paz, que ha sido su consigna.
La asistencia de alrededor de cinco mil personas refleja el interés por denunciar el estado actual en que nos encontramos. Así lo manifestaron los presidentes de Colombia, Sudáfrica, Uruguay, la primera ministra de Barbados, políticos como la exsenadora Isabel Allende, recibida con una ovación, la líder del partido democrático de Italia, Elly Schlein y muchos otros junto a mensajes grabados con saludos de Hillary Clinton, Michelle Bachelet, Zohran Mamdani o Bernie Sanders.
Todos los líderes mencionaron la necesidad de reformar el multilateralismo lo que implica el fortalecimiento del derecho internacional. La irrelevancia de Naciones Unidas se ha mostrado con crudeza en la incapacidad de prevenir o detener las guerras en curso, las invasiones, asesinatos, secuestros y violaciones a los derechos humanos que han provocado que la opinión pública mundial ya no crea en el sistema. La GPM busca hacer converger miradas similares sobre problemas como la desigualdad, el cambio climático, la guerra, el armamentismo, la inmigración, el hambre, la pobreza y otros que están en la agenda desde hace años, pero que se han transformado en palabras al viento y que seguirán así si no se actúa conjuntamente.
La única posibilidad de intentar influir y provocar un cambio es la unidad de acción sobre los principales problemas y uno de ellos es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, compuesto por los cinco miembros con derecho a veto: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Su estructura arcaica, desfasada de la realidad y basada exclusivamente en el poder de sus integrantes, es responsable de muchos de los problemas actuales.
Nada cambiará si no se modifica su estructura que en los hechos es un órgano autoritario, que administra un sistema multilateral protegido por los cinco grandes, que ha devenido en un órgano que no cumple la principal tarea encomendada debido a la defensa de sus intereses o de países bajo su protección, que pueden actuar impunemente trasgrediendo el derecho internacional que es la base de una convivencia civilizada.
La próxima elección del secretario general de Naciones Unidas estuvo en el aire durante los dos días de la conferencia. Michelle Bachelet, la más calificada de los candidatos, subrayó la importancia de fortalecer el multilateralismo, la democracia, la paz y los derechos humanos, que son la base de la convivencia internacional. Muchos coinciden en señalar que es la hora de una mujer que lidere el organismo, luego de 80 años de existencia.
El presidente español, Pedro Sánchez lo dijo con sutileza, prudencia y elegancia al señalar que “Naciones Unidas debe ser renovada, reformada y dirigida por una mujer”, por razones de justicia y credibilidad para el sistema internacional y renovar la confianza ciudadana
global en el organismo. Por su parte el expresidente chileno, Gabriel Boric, fue claro en indicar que Bachelet es la más calificada para enfrentar un proceso de reformas sustanciales. Ello será posible solo si se cuenta con el apoyo resuelto de los países que deben apuntar al corazón del sistema: el Consejo de Seguridad.
El papel del GPM será fundamental si logra mantener una coordinación y estructura funcional de apoyo, que aglutine a los países sobre objetivos concretos, pero más importante es que los cinco grandes se convenzan de la necesidad de aquello. México y Brasil son fuertes sostenedores de la candidatura, mientras el gobierno chileno del presidente José Antonio Kast, en una actitud incomprensible para el mundo, da explicaciones banales para no apoyar la candidatura que solo confirma el carácter ideológico de su conducción de la política internacional.
Barcelona, con su larga historia de triunfos y derrotas ha sido testigo en esta ocasión de este encuentro del GPM y ha renovado la esperanza del progresismo. Esperemos que se mantengan los principios y la unidad de propósitos para sostener el multilateralismo, iniciando un proceso de renovación de Naciones Unidas de la mano de una mujer que ha demostrado coraje, entereza y que deberá abrir la fortaleza del Consejo de Seguridad para que entre aire fresco, que refleje la realidad de un mundo totalmente diferente al de su creación en 1945.
* Embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa..
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