Oct 30 2023
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OpiniónPolítica

Chile entre la ira y el desencanto

Los √ļltimos a√Īos de la vida pol√≠tica chilena hablan del descomunal fracaso de la clase pol√≠tica chilena, de la incapacidad demostrada, por ejemplo, por los gobiernos y legisladores en concordar el texto de una nueva Constituci√≥n Pol√≠tica que reemplace la Carta Magna de 1980 legada por Pinochet.

La falta de un mínimo consenso entre el oficialismo y la oposición enfrenta hoy a los ciudadanos de nuestro país a escoger entre el texto recién respaldado por la derecha o continuar con lo que hoy todavía rige como Carta Fundamental. Es realmente insólito constatar que la lucha emprendida por ponerle fin a una prolongada dictadura finalmente nos tenga ahora en la posibilidad de legitimar el régimen fundado por el Dictador tanto en el orden institucional como en el sistema económico social.

A pesar de que desde todos los ámbitos políticos se acordó la constitución de dos instancias constituyentes, las posiciones de la extrema derecha y la izquierda más radical conspiraron contra quienes podrían haber logrado un gran acuerdo político que diera un paso sustantivo en la consolidación de una democracia verdadera. Esto es, gobernada por la voluntad popular y las grandes demandas de la población.

Quienes sucedieron en La Moneda al Dictador no fueron capaces en tres d√©cadas de implementar los cambios a√Īorados por la amplia mayor√≠a de los chilenos, hasta que por fin lo que provocaron es la hegemon√≠a del pensamiento pol√≠tico de la derecha, como la fortaleza electoral e ideol√≥gica de los poderosos gremios y partidos que formaron parte del r√©gimen pinochetista. De aquellos referentes que hoy se manifiestan con enorme engreimiento y se oponen, no solo a concordar una nueva Constituci√≥n, sino a todas las reformas econ√≥mico sociales exigidas por el pueblo en sus m√ļltiples manifestaciones sociales, cuanto su leg√≠timo Estallido Social del 2018. Un fen√≥meno que, de no mediar una pandemia sanitaria mundial, se encaminaba al derrumbe de nuestro orden institucional, como hoy se reconoce tan ampliamente.

Estamos hablando de que hoy existe una democracia que poco o nada tiene de ser tan ‚Äúrepresentativa‚ÄĚ cuando los moradores de La Moneda y del Parlamento resultan de la ingenier√≠a pol√≠tica cupular, del irracional miedo al triunfo de la extrema izquierda o derecha. De las opciones azuzadas por la propaganda electoral millonaria, los poderosos medios de comunicaci√≥n y la falta de cultura c√≠vica de un pueblo realmente minusv√°lido en sus est√°ndares educacionales.

Institucionalmente, Chile hoy se encuentra en un callej√≥n sin salida. Los textos constitucionales que deben ponerse en plebiscito en diciembre pr√≥ximo, finalmente fueron redactados por las mismas manos, es decir por los pinochetistas de entonces y por los que hoy empiezan a reivindicar esos largos 17 a√Īos de interdicci√≥n ciudadana. Agregando a ellos ese conjunto de pol√≠ticos que con el tiempo transcurrido terminaron encant√°ndose con el Dios Mercado, las ideas neoliberales y la democracia acotada y tutelada por los poderes f√°cticos. Por todos los que fueron renuentes a la idea de convocar a una aut√©ntica asamblea constituyente que decidiera libremente la forma de organizar nuestro estado y darle consecuci√≥n a los derechos de la naci√≥n.

Es triste comprobar que las propuestas planteadas por el gobierno de Gabriel Boric tienen nula o escasa posibilidad de convertirse en leyes, como sucede con la postergada reforma tributaria y el injusto régimen de pensiones. Como tampoco parece posible que se sustituya el sistema privado y corrupto de salud. Acabar, como tanto se prometió, con las administraciones de fondos de pensiones y las isapres privadas de salud que, a pesar de los escándalos que ahora se les descubren, probablemente prolonguen su vigencia con apenas algunos discretos remiendos.

Ni siquiera en materia de educaci√≥n, los l√≠deres estudiantiles que arribaron al Gobierno se muestran capaces de cumplir con la demanda tan voceada en sus movilizaciones. Esto es fortalecer la educaci√≥n p√ļblica, condonar las millonarias deudas en favor de las entidades privadas con el aval del Estado. Cuando ahora se cuentan por decenas de miles los estudiantes primarios y secundarios que no asisten a sus colegios debido a la justa huelga del defraudado profesorado. Con lo cual se fortalece la educaci√≥n elitista y la pronunciada brecha cultural entre pobres y ricos.

Todo lo anterior debido a la ingenua disposici√≥n de las autoridades de lograr todo con el visto bueno de la oposici√≥n, renunciando a la movilizaci√≥n social que ha sido el verdadero motor de las transformaciones de nuestro pasado. Contenidos por las campa√Īas del terror propiciadas por el mundo patronal, los partidos reaccionarios y la prensa abyecta. Por los mismos que en todo el mundo buscan embadurnar las expresiones populares acusando sus protestas y demandas sociales como violentistas o, incluso, terroristas.

Es obvio que la clase política chilena está, además, maniatada por su connivencia con la corrupción y las impunidades que le favorecen. Ya vemos que la falta de probidad no ha tenido excepción en los nuevos gobernantes, pese a las promesas que hicieron de marcar diferencia con la conducta de sus antecesores. Empatándose de esta forma con el proceder de tantos políticos de derecha a izquierda. Ante un pueblo que observa atónito y se obliga a dirimir nuevamente entre la ira o el desencanto.

 

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió el premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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