Jun 27 2021
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Opini贸nPol铆tica

Chile: Los Derechos Humanos de la boca para fuera

En sus primeros debates televisados, los precandidatos presidenciales no pudieron soslayar el tema de los Derechos Humanos. Imposible resulta evitar un asunto tan gravitante en nuestra historia y de tanta importancia mundial. Sin embargo, lo que predomin贸 en todos ellos fue un conjunto de 鈥渓ugares comunes鈥, nada realmente sustantivo o que pueda ser considerado una promesa firme ante el electorado. Adem谩s fue notorio el desinter茅s de los entrevistadores por exigir de los candidatos derechistas pronunciamientos m谩s contundentes sobre el tema.

A los cuatro postulantes de la derecha u oficialismo se les puede descubrir ciertamente sus faltas e inconsistencias al respecto, cuando todos ellos fueron afines a la dictadura de Pinochet y despu茅s han participado en los dos gobiernos de Sebasti谩n Pi帽era en que se han seguido vulnerando los derechos pol铆ticos, econ贸micos y sociales de amplios sectores de la poblaci贸n. Los candidatos de centro izquierda no sortearon con facilidad el acoso de los periodistas empe帽ados en demostrar su doble actitud cuando se trata de juzgar o condenar las transgresiones cometidas por聽 reg铆menes聽 como los de Venezuela, Cuba, Nicaragua o el de aquellas naciones que formaron parte de los denominados socialismos reales europeos.

Para todos los presidenciables resulta conveniente condenar las violaciones a los Derechos Humanos que se cometan en cualquier pa铆s de la Tierra. Pero ninguno de los candidatos de derecha fue capaz de criticar expl铆citamente lo acontecido bajo el R茅gimen Militar, ni tampoco explicar por qu茅 raz贸n alguien como Joaqu铆n Lav铆n y tantos otros de sus partidarios se desga帽itaron por obtener la repatriaci贸n del Dictador detenido en Londres y, as铆, asegurarle la impunidad frente a tantos cr铆menes de lesa humanidad. Tampoco los dos postulantes vanguardistas fueron capaces de emitir una posici贸n meridianamente clara respecto de lo sucedido bajo otros gobiernos acusados de violar al menos los derechos pol铆ticos de sus opositores.

Lo que se impone en el tema es la fragante relatividad. Pareciera que la tortura, el exilio forzado, las limitaciones a la libertad de prensa y otros oprobios podr铆an justificarse seg煤n quienes se encuentren en el poder. Pero lo m谩s grave de todo es la ignorancia y falta de temple de la cual hacen gala los candidatos respecto de un tema tan crucial, su grave desconocimiento respecto del derecho internacional y lo sensibles que dicen estar todos respecto de acusaciones, dict谩menes y otros que en el mundo tambi茅n incurren en el relativismo hist贸rico, pasando por alto las transgresiones de una potencia como China.

En tal sentido, es evidente que las condenas que realizan algunos organismos de DDHH de las Naciones Unidas o del propio sistema interamericano adolecen de evidentes sesgos. El f谩cil condenar a los pa铆ses chicos y pobres, pero asumen como imposible hacerlo con Estados Unidos y otras naciones que a diario vulneran los derechos de los emigrantes, de las minor铆as 茅tnicas y otros grupos segregados. El bloqueo contra Cuba, los desprop贸sitos del r茅gimen marroqu铆, los presos pol铆ticos de los catalanes independentistas nos sirven de ejemplo para ilustrar lo que se帽alamos. Y la cuenta, al respecto, puede ser muy larga.

Cientos de tumbas clandestinas con restos de ni帽os ind铆genas fueron encontradas en Canad谩Ni qu茅 hablar de la impunidad oficiada por las potencias mundiales respecto de los horrendos cr铆menes de la ex Yugoslavia, el Estado de Israel y de la propia Uni贸n Sovi茅tica. Cuando hasta en Canad谩 en estos d铆as se descubren tumbas clandestinas de ni帽os por largo tiempo desaparecidos.

Desconocer la doble actitud asumida por los candidatos presidenciales en este Debate ser铆a de un cinismo similar al de ellos mismos. Confiemos, m谩s bien, que su turbaci贸n en este tema sea por desconocimiento de lo que acontece en otras realidades y no se deba a la tan habitual doble moral de los 鈥渟ervidores p煤blicos鈥. Por lo dem谩s, es evidente que Chile sigue de espaldas a lo que sucede m谩s all谩 de sus fronteras, acatando fielmente las directrices impuestas por los medios de comunicaci贸n serviles y colonizados.

De esta forma, la suerte de los Derechos Humanos en nuestro pa铆s depender谩 de quienes lleguen a La Moneda, as铆 como tambi茅n ser谩 determinante en el perfil de nuestras relaciones internacionales. En este tema es dif铆cil que se adopten principios o valores que sean compartidos por todos los que hoy buscan acceder al poder. Nuestros lineamientos comerciales posiblemente prevalezcan frente a nuestras conveniencias y razones, como la conservaci贸n del medio ambiente y el justo valor que deben cobrar nuestras exportaciones. En las instancias multilaterales, nuestras futuras autoridades se alinear谩n con unos u otros, condenando o aplaudiendo a quienes se nos mandate desde los poderes f谩cticos mundiales. Por cierto, no ser谩 cuesti贸n de moral, sino de intereses y no necesariamente de intereses estrat茅gicos.

Menos todav铆a podremos ejercer nuestra soberan铆a si en el financiamiento de las campa帽as electorales intervienen los aportes o donaciones extranjeras, algo que ha sido tan habitual en nuestra historia pol铆tica y que, como hemos visto, puede determinar hasta la suerte de las elecciones en los Estados Unidos. Est谩 meridianamente claro que Trump no habr铆a llegado a la Casa Blanca sin la injerencia electoral del Kremlin, como que jam谩s el propio Obama habr铆a sido distinguido con el Premio Nobel de la Paz si todo fuera limpio o transparente en el concierto internacional. Y menos, tampoco, un Putin podr铆a haberse reunido con Joe Biden despu茅s de que 茅ste lo tratara p煤blicamente de asesino.

Se proclama como principio universal la 鈥渘o injerencia en los asuntos de los otros estados鈥, una sentencia del todo falaz que tambi茅n sali贸 a relucir en el debate televisivo que comentamos. Por el contrario, la causa de los Derechos Humanos justamente exige que la humanidad decididamente intervenga ante los disparates cometidos contra la dignidad humana en cualquier lugar y circunstancia, a objeto de que la condici贸n humana no siga afectada por los intereses espurios. Aunque para ello se har铆a propicio, en realidad, nacionalizar tambi茅n la pol铆tica, demasiado regida todav铆a por arquetipos y referentes que nos hablan de un pasado negro y turbulento en las relaciones internacionales.

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