Feb 12 2015
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Pol铆tica

Colombia, paz y conflictos

El presidente colombiano Juan Manuel Santos, en octubre pasado, se arriesg贸 a sostener que este 2015 va a ser el a帽o de la paz para Colombia. Si bien pocos d铆as despu茅s de sus declaraciones, 茅l mismo decret贸 la primera suspensi贸n de los di谩logos de La Habana con la guerrilla de las FARC, el tiempo parece haber encaminado las cosas para que la predicci贸n tenga posibilidades de cumplimiento. Por lo menos por como Santos lo entiende.

El a帽o arranc贸 con una aceleraci贸n de las negociaciones que empezaron en 2012 y que cerraron el 2014 con cierto estancamiento en torno al tercer punto de debate, el reconocimiento y resarcimiento de las v铆ctimas del conflicto armado. El ciclo 2015, que empez贸 el pasado primero de febrero, se propone concluir 茅ste y el 煤ltimo tema acordado en el Acuerdo General para la terminaci贸n del conflicto y la construcci贸n de una paz estable y duradera de 2012, el fin del conflicto armado. Pero si bien para el gobierno esta ser铆a la 煤nica paz que Colombia necesita, los 煤ltimos acontecimientos dejan en claro que a煤n depuestas las armas, quedan muchas cosas por resolver.

col paz xa colUna paz, muchos conflictos

Si bien la l贸gica que regula el di谩logo se puede resumir en la frase 鈥渘ada est谩 acordado hasta que todo est茅 acordado鈥, se puede afirmar que en los 煤ltimos dos a帽os ha habido avances sustanciales de un proceso que a todas luces no tiene vuelta atr谩s. Los acuerdos logrados en los primeros tres puntos de los di谩logos -pol铆tica agraria, participaci贸n pol铆tica de la guerrilla y drogas il铆citas-, han generado un clima en el cual ambas partes se ven obligadas a continuar hasta lograr el efectivo fin del conflicto armado.

Existen sin embargo constantes ataques a la estabilidad de las negociaciones. Primero entre todos, la negativa por parte del gobierno y las Fuerzas Armadas colombianas a aceptar un cese al fuego bilateral por tiempo indefinido. Mientras la insurgencia ya depuso indefinidamente las armas, las fuerzas regulares contin煤an sus operaciones echando un evidente manto de desconfianza en medio de las negociaciones. A esto se le suman nuevos focos de conflicto y reivindicaciones de movimientos sociales en todo el pa铆s.

Los campesinos del Catatumbo, protagonistas de los paros agrarios de 2013 y 2014, volvieron a denunciar el incumplimientos de los acuerdos suscritos por el gobierno y un nuevo plan de acciones para este a帽o. El movimiento estudiantil por su parte ya prepara un 2015 de intensas movilizaciones por una reforma educativa.

Mientras tanto, el asesinato de Carlos Alberto Pedraza Salcedo, l铆der social del Congreso de los Pueblos, el pasado 19 de enero, puso nuevamente en la primera plana de los medios la falta de garant铆as pol铆ticas para la participaci贸n y la acci贸n popular en todo el pa铆s.

Debates de cara al futurocol santos suspende

Entre los puntos m谩s interesantes para el debate de la pol铆tica colombiana en ese sentido est谩 la interpelaci贸n que, directa o indirectamente, la insurgencia hace hacia los movimientos sociales para pensar de conjunto el post-conflicto. Los acercamientos, el establecimiento de canales privilegiados de di谩logo o pase de informaci贸n, la cercan铆a ideol贸gica o pr谩ctica en reivindicaciones concretas, que se apoyan en la idea de refundar la sociedad y pol铆tica colombiana desde sus fundamentos, hacen que buena parte de la izquierda del pa铆s se tenga que confrontar con la posibilidad de avanzar codo a codo con quienes se desmovilicen. O inclusive que 茅stos se involucren directamente en organizaciones ya existentes -cosa que parecer铆a gustar m谩s entre los militantes del ELN por ejemplo-.

Se trata de posibilidades que obviamente encuentran cierta reticencia por parte de los sectores progresistas m谩s embebidos por el discurso anti-guerrilla (falsamente enmascarado detr谩s de un pacifismo a ultranza) que ha sido terriblemente funcional a los intereses de los partidos sist茅micos tradicionales a lo largo de m谩s de 50 a帽os de conflicto.

Pero tambi茅n hay quienes entienden que se trata de una posibilidad para avanzar sobre esa misma estructura pol铆tica que ha hist贸ricamente recurrido al militarismo, la coerci贸n, la corrupci贸n y los negociados por su absoluta incapacidad de construcci贸n pol铆tica real, y que a ese connglomerado de poder econ贸mico y pol铆tico hay que responderle justamente con pol铆tica. Camino que al parecer las FARC decidieron transitar sin vuelta atr谩s. Esto revertir铆a el discurso de la derecha y el santismo, que pretenden hacer creer que desaparecidas las guerrillas desaparecer谩 el conflicto social. Nada m谩s lejos de la verdad.

El surgimiento del Frente Amplio por La Paz el a帽o pasado puede llegar a dar cuenta de este proceso. Se trata de un espacio donde convergen partidos pol铆ticos, movimientos sociales y organizaciones cuyo principal objetivo es acompa帽ar el proceso de paz, d谩ndole a su vez una expresi贸n pol铆tica de acci贸n. Su protagonismo en los 煤ltimos meses en La Habana ha sido claro. Y es muy alta la probabilidad de que se convierta en una opci贸n electoral de cara a los comicios locales y regionales de octubre de este a帽o, otro de los grandes desaf铆os de la pol铆tica colombiana.

As铆, Colombia enfrenta un a帽o intenso. La idea de una paz absoluta negociada en la mesa de La Habana choca con el grado de conflictividad social y pol铆tica propria de un pa铆s que a煤n no ha logrado garantizar el real establecimiento de un Estado de derecho moderno, inclusive en su concepci贸n m谩s liberal. Y los t茅rminos para la construcci贸n de una nueva base de participaci贸n pol铆tica se juegan en aguas a煤n terriblemente borrascosas.

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