Compañerismo y gobierno en Uruguay: La solidaridad empieza por casa

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En un gobierno de izquierda hay una tensión permanente, entre tener una versión nacional, siempre crítica de la propia acción y el compañerismo que debe existir entre los diversos integrantes, ministros y jerarcas. En estos últimos tiempos este problema se a agudizado, no es tema teórico, aunque no puede analizarse desde la suma de anécdotas.

 

Un gobierno de izquierda se fundamenta en el «nosotros» por encima del «yo». Cuando los ministros priorizan sus agendas personales, sus aspiraciones presidenciales o los intereses de sus facciones, caen en el individualismo que tanto criticamos en la oposición. La solidaridad no puede ser un discurso de campaña y el canibalismo una práctica de gobierno.

En la política moderna, las diferencias no se debaten solo en el consejo de ministros; a menudo se ventilan mediante filtraciones a la prensa para dañar al compañero de banco. Esto destruye la confianza pública, paraliza la gestión . Los gobiernos no se debilitan y pierden imagen ante los ciudadanos por la fuerza de la oposición, sino por las grietas que abren desde adentro.Presidente electo de Uruguay Yamandú Orsi presenta su gabinete

Es sano y necesario que un gabinete de izquierda sea plural (siempre hay tensiones entre los más pragmáticos y los más ideológicos). El respeto radica en cómo se procesa esa diversidad. El compañerismo permite la autocrítica feroz puertas adentro, pero exige un frente un gran respeto puertas afuera.

Ver a los jerarcas pelearse por cuotas de poder desmoraliza a la base social y a los militantes que trabajaron gratis para llevarlos ahí. La desunión en las alturas genera apatía e indiferencia hacia la política y el mejor clima para la oposición.

Mientras que los modelos tecnocráticos o neoliberales tienden a fragmentar el Estado en agencias independientes que compiten entre sí (bajo la lógica de la eficiencia del mercado), la izquierda conceptualiza al Estado como un organismo unificado orientado a la justicia social.

Para que un gobierno de izquierda sea exitoso, sus ministerios no pueden operar como «islas políticas o ideológicas» o feudos presupuestarios. El respeto y el compañerismo entre jerarcas son las condiciones que permiten la cooperación interinstitucional. Sin confianza mutua, el diseño institucional se atomiza.

Las grandes metas de un proyecto progresista (por ejemplo, mejorar substancialmente la seguridad, redistribuir la riqueza, reducir la pobreza, en particular la pobreza infantil, una profunda política industrial y de transporte, la transición ecológica o la igualdad de género) son, por definición, problemas complejos o transversales. Ningún ministerio puede resolverlos solo.

Frente Amplio. Disputas internas muestran poca claridad del proyecto ...Si el Ministerio de Economía compite con el de Medio Ambiente, o si el Ministerio de Trabajo no se coordina con el de Educación, el gobierno entra en una esquizofrenia programática. La falta de compañerismo sabotea la coherencia y los tiempos de aplicación del plan de gobierno, generando políticas contradictorias que anulan el impacto del gasto público.

La transversalidad requiere generosidad política. Un ministro debe estar dispuesto a ceder protagonismo presupuestario si eso garantiza el éxito del proyecto nacional.

En los gobiernos de coalición de izquierda con diversas corrientes internas, existe el peligro real de la balcanización: que cada facción se apropie de un ministerio y lo use como trinchera partidaria o plataforma electoral de su sector. Cuando el respeto mutuo se debilita, los canales de comunicación formal e informal se rompen. La colaboración es sustituida por el dominio burocrático.  El enemigo ya no está solo en la oposición, sino en el pasillo de al lado.

El sectarismo intragubernamental es la vía más rápida hacia la parálisis institucional. El gabinete es, inherentemente, un espacio de asimetrías. El Ministerio de Hacienda o Economía siempre tendrá más peso real que los ministerios sociales o culturales.

El respeto mutuo exige que las carteras «fuertes» no avasallen a las «débiles». La colaboración profunda implica que las decisiones económicas estén subordinadas al proyecto político global, y no al revés. Si el ala económica no respeta las metas de las alas sociales, el gobierno de izquierda pierde su identidad y se mimetiza con la tecnocracia tradicional.

En el Uruguay que pone a prueba con tanta frecuencia la ciencia política, estos temas del nivel de cooperación, de compañerismo entre los ministros de un gobierno de izquierda con varios partidos y uno con un peso dominante como el MPP, requiere de un análisis muy refinado y sutil. No alcanzan las apelaciones al compañerismo histórico, todo cambia en este mundo.

La mayoría de la militancia e incluso del pueblo frenteamplista, que obviamente es mucho mas extenso, perciben solo una parte de este cambio en el compañerismo entre los compañeros ministros. También lo percibe de otra manera el resto de la población.

No nos referimos al lamentable episodio de la directora de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia, que no está a nivel de un ministerio, pero tiene un gran valor simbólico para la izquierda, insultando de la manera más cruel, más soez a ministros y altos funcionarios, nos referimos a algo mucho más complejo y profundo a esa relación entre los grandes cambios sociales y políticos y el clima que se vive en la interna de un equipo de gobierno.

Nadie debe ni puede pedir, la santidad, la falta de diferencias y discusiones, el problema es grave cuando falta de manera manifiesta la coordinación, el respeto y el compañerismo en una tarea tan compleja como un gobierno nacional de la izquierda.

Hablamos de compañerismo, no de amistad, eso es otra cosa.

A diferencia de los entornos donde prima el individualismo o la competencia, el compañerismo en la izquierda se basa en la premisa de que la emancipación es colectiva. No se trata solo de «llevarse bien», sino de asumir un compromiso mutuo de apoyo, cuidado y defensa frente a las injusticias o las adversidades del sistema que se busca transformar.

Yamandú Orsi, jaqueado por propios y ajenos

El término «compañero/a» iguala. En la tradición de izquierda, todos los militantes tienen, en principio, el mismo valor de voz y voto y eso vale para todos los izquierdistas, no solo los ministros. Implica la escucha activa y el debate fraterno: se puede discrepar profundamente en lo táctico, pero se mantiene el respeto por el compromiso común.

Aunque a menudo se cruzan y un gran compañero puede terminar siendo un gran amigo, el compañerismo y la amistad operan bajo lógicas, orígenes y objetivos diferentes.

La Amistad nace de la afinidad afectiva y personal. Surge de la simpatía mutua, los gustos compartidos, el sentido del humor o una conexión emocional espontánea. Tú eliges a tus amigos por como son como individuos.

El Compañerismo nace de la compartición de un espacio, una tarea o una causa. Surge porque ambos coinciden en un mismo lugar (un trabajo, un centro de estudios, un partido político, un sindicato) y persiguen un objetivo común. No necesitas que la otra persona te caiga bien a nivel personal para ser un buen compañero.

Las relaciones humanas, son parte central de un proyecto político de izquierda.

*Extrabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora

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