Elmer Pineda dos Santos
La justicia estadounidense acusa al expresidente, de 94 años, de la muerte de cuatro personas en el derribo de dos avionetas en 1996 y da un paso contundente en los planes de forzar un cambio de régimen. La acusación, un acto político sin base; busca justificar una agresión militar, revira Cuba

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, hablaba desde Washington, mientras el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, lo hacía desde La Habana, casi a la misma hora, durante la mañana del miércoles. Ambos se dirigían al pueblo de Cuba. El primero resaltaba la fecha, el 20 de mayo de 1902, como el día en que “la bandera cubana ondeó por primera vez sobre un país independiente”, una escena grabada en una foto de la época que guardó para siempre el nacimiento de la república.
El segundo, sin embargo, dijo que a esa fecha solo se le agradece una cosa: “Haber sembrado en los cubanos de entonces un sentimiento antimperialista”. Rubio vuelve a 1902 como un momento épico, pero Díaz-Canel le pide al pueblo que no olvide que el 20 de mayo marca el día de la “intervención” y la “injerencia yanqui” en su país. Ese ha sido el relato entre Estados Unidos y Cuba hasta hoy: dos gobiernos forcejeando el sentido de la historia.
El 20 de mayo fue también el día elegido por el gobierno estadounidense para que el Departamento de Justicia formalizara cargos penales federales contra Raúl Castro por su responsabilidad en la muerte de cuatro personas al ordenar derribar dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996. Castro, de 94 años, no se ha pronunciado públicamente sobre la acusación en su contra.
La gente en Cuba está acalorada, entre los casi 30 grados de temperatura y la tensión de no saber, en realidad, qué quiere decir Trump cuando habla de “liberar a Cuba” o de garantizar “un nuevo amanecer” para la isla. “Nunca un gobierno estadounidense ha puesto tanta presión a Cuba”, asegura Andy Gómez, el exdirector del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, quien ayudó a moldear la propuesta de una política entre Estados Unidos y la isla en la era Obama.

“Han puesto un nudo alrededor del gobierno cubano, un nudo que también el pueblo está sufriendo de una manera que no se ha visto ni cuando el Periodo Especial”.
“Lo que parece proponer Rubio es un modelo de relación que busque rodear al Estado cubano y fortalecer directamente al sector privado y otros actores independientes en la isla”, dice María José Espinosa, directora ejecutiva del Centro para el Compromiso y la Incidencia en las Américas (CEDA).
“La Administración Trump ha dejado claro en repetidas ocasiones que no quiere que el capital estadounidense, el turismo o el comercio fluyan a través de instituciones vinculadas a las fuerzas armadas cubanas. En ese sentido, esta “nueva relación” no es solo económica, también busca alterar las dinámicas de poder en la isla”, señaló.
Díaz Canel, que responde al ritmo de tuits a cada uno de los anuncios que llegan, retó este miércoles a Estados Unidos. “Quiten el bloqueo y vamos a ver a cómo tocamos”, les dijo sobre el mensaje de Rubio en torno al poder económico del conglomerado estatal Gaesa y el destino de Cuba.
Soberbia y frustración

Díaz-Canel, aseguró que la acusación por Estados Unidos contra el ex mandatario Raúl Castro es una “acción política” sin “bases jurídicas” que busca justificar una “agresión militar” contra la isla y sólo “evidencia la soberbia y la frustración que le provoca a los representantes del imperio la inquebrantable firmeza de la revolución y la unidad y fortaleza moral de su liderazgo”.
La declaración del mandatario cubano llegó minutos después de que el fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, confirmó que se imputó a Raúl Castro por el derribo cometido por aeronaves MiG cubanos de dos avionetas Cessna de la organización anticastrista Hermanos al Rescate, cuando volaban ilegalmente sobre aguas jurisdiccionales de la isla, el 26 de febrero de 1996.
“Estados Unidos miente y manipula los sucesos alrededor del derribo de las avionetas de la organización narcoterrorista Hermanos al Rescate, en 1996. Sabe bien, porque sobran evidencias documentales, que no se actuó de manera imprudente ni se violó el derecho internacional, como sí vienen haciendo fuerzas militares estadunidenses con sus fríamente calculadas y abiertamente publicitadas ejecuciones extrajudiciales sobre embarcaciones civiles en el Caribe y el Pacífico”, replicó Díaz-Canel.

El cerco petrolero decretado a finales de enero se han sumado amenazas casi semanales, sanciones a los servicios de inteligencia, presión contra el emporio militar y económico Gaesa, restricciones financieras e incluso la visita del director de la CIA a La Habana para dejar claro que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. A esto se suma lo que ha venido a ser el golpe más simbólico al castrismo: el enjuiciamiento de Castro casi al final de su vida, como si la historia lo situara ahora en una especie de paredón político.
El presidente cubano afirmó que su país actuó “en legítima defensa, dentro de sus aguas jurisdiccionales, tras sucesivas y peligrosas violaciones de nuestro espacio aéreo por connotados terroristas, de lo cual la administración estadunidense de turno fue alertada en más de una decena de ocasiones, pero hizo caso omiso a las advertencias y permitió los agravios”. Agregó que la “altura ética y el sentido humanista” de la obra de Castro “derriban cualquier infamia que se pretenda levantar en contra del general del ejército”.
La embajada de Cuba en Estados Unidos publicó el fragmento de una entrevista al fallecido líder de la revolución cubana, Fidel Castro, en la que señaló que envió un mensaje al presidente Bill Clinton (1993-2001), por conducto del legislador demócrata Bill Richardson (quien estuvo en Cuba el 19 de enero de 1996), para que los vuelos de los Hermanos al Rescate cesaran.

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, condenó en X la “farsa del gobierno de Estados Unidos de presentar una acusación ilegítima e ilegal”, y ratificó el “firme respaldo al general del ejército y el compromiso inquebrantable con la defensa de la patria”. Añadió que la acusación “es un acto que descansa en la mentira y oculta verdades históricas debidamente documentadas sobre los acontecimientos que llevaron al derribo, en espacio aéreo cubano y en legítima defensa. “Se pretende reforzar la narrativa fraudulenta para justificar la agresión reforzada contra el pueblo cubano”, sentenció.
El ministerio de Relaciones Exteriores cubano calificó la medida de “acto despreciable e infame de provocación política, que descansa en la manipulación deshonesta del incidente que llevó al derribo sobre el espacio aéreo cubano, en febrero de 1996”.
Tanto la propuesta de Rubio como la fecha histórica de la acusación a Castro y las intenciones aún oscuras de Washington sobre el futuro de la isla también despiertan otras dudas. “Una cosa sería usar la fecha para fundar una nueva narrativa que construya una nueva nación, pero este es un contexto en que la Administración de Trump ha hablado de la importancia de restablecer su dominio sobre América Latina, de la necesidad de controlar lo que pasa en el patio trasero”, plantea Michael Bustamante, profesor de la Universidad de Miami y autor del libro Cuban Memory Wars. “
“Puede que el mensaje sea otro, que lo que está proponiendo no sea simplemente una refundación de la nación cubana, sino un retroceso a una época en que Cuba padecía de una dependencia tremenda de Estados Unidos. Parte de la estrategia actual de la Casa Blanca parece ser convertir a la isla en un Estado dependiente, para que las autoridades tomen conciencia de que la única salida tiene que pasar por Washington”, añadió.
Portaviones en el Caribe
En este contexto, el Comando Sur de Estados Unidos anunció el despliegue del portaviones Nimitz y su grupo de ataque en aguas del Caribe. Destacó que la embarcación representa “la máxima preparación y presencia” y una capacidad de “alcance y letalidad sin igual”. El grupo naval está integrado por el Nimitz (CVN-68), el destructor Gridley y el buque logístico Patuxent.
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