Mar 19 2023
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Pol铆tica

El dominio de la comunicaci贸n y la lucha por su democratizaci贸n

El mundo cambia, la tecnolog铆a avanza -hoy hablamos hasta de metaverso y discutimos si la inteligencia artificial sustituir谩 a los periodistas- pero parece que nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados, munidos de herramientas perimidas, mientras las corporaciones medi谩ticas hegem贸nicas desatan sus estrategias, t谩cticas y ofensivas en nuevos escenarios, en guerras que pasaron de ser de cuarta y quinta generaci贸n a un nuevo formato acorde a esta etapa del capitalismo de plataformas y vigilancia.

Lo primero que debemos recordar es que la comunicaci贸n es un derecho humano. Y hoy pretendemos pelear por su democratizaci贸n, pero no bastan arcos y flechas contra los misiles inform谩ticos, los drones, la inteligencia artificial.Dominaci贸n | sendaemocional

Hoy vivimos en un feudalismo tecnodigital, lejos, muy lejos de la libertad y la equidad prometida por los mentores de las Tecnolog铆as de Informaci贸n y Comunicaci贸n (TIC). El investigador argentino Alfredo Moreno, se帽ala que bajo el manto de una ret贸rica de democratizaci贸n y acceso a la informaci贸n, progreso e innovaci贸n se esconde el m谩s puro y antiguo sistema de dominaci贸n.

Nick Srnicek en Capitalismo de Plataformas, afirma que 鈥渋nternet se ha transformado en una suerte de utop铆a neoliberal desregulada y con pocos ganadores. Las plataformas no tributan en casi ning煤n pa铆s y muchas veces ni tienen oficinas, lo que impide cualquier tipo de verificaci贸n y sometimiento a las normas y leyes de nuestros pa铆ses.

Los datos generados en la actualidad por los usuarios en internet constituyen una materia prima y las plataformas son quienes extraen la plusval铆a de 茅sta. Es una forma de reorganizaci贸n del capitalismo que, ante la ca铆da paulatina de la rentabilidad de la manufactura en los 煤ltimos a帽os,聽 se volc贸 hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento econ贸mico y la producci贸n.

Unas semanas atr谩s caus贸 conmoci贸n un robot que pas贸 exitosamente el test de Turing al producir mensajes dif铆cilmente diferenciables de los que emite un ser humano. Lo cierto es que mecanismos inform谩ticos nos suplantan progresivamente; cajeros autom谩ticos; dispositivos cibern茅ticos conducen autos, aeroplanos y drones; analistas artificiales diagnostican enfermedades o interpretan documentos jur铆dicos con mayor precisi贸n que nosotros los humanos, sus colegas biol贸gicos.Las m谩quinas escriben textos y, al parecer, mejor que nosotros - LA GACETA Tucum谩n

Las 聽m谩quinas redactan, componen m煤sica, elaboran 聽gr谩ficas e incluso compiten en ajedrez mejor que el campe贸n mundial del juego ciencia. Incrementan su velocidad y capacidades de manera vertiginosa y exponencial, mientras que las nuestras permanecen est谩ticas. Los analistas anticipan que en pocos a帽os la informatizaci贸n har谩 desaparecer m谩s del 40% de los puestos de trabajo.

Las grandes tecnol贸gicas digitales han servido para el crecimiento de la desigualdad a escala mundial. Y hoy, cada vez se hacen m谩s necesarias las pol铆ticas p煤blicas que cuiden y promuevan el bien com煤n del conocimiento, la seguridad sobre los datos y el acceso de la ciudadan铆a, de las comunidades, a los servicios basados en software e Internet. El mito del Silicon Valley californiano cay贸 junto a la acumulaci贸n escandalosa de ganancias, tecnoempresarios dictadores, desigualdades sociales indecorosas, desempleo cr贸nico, millones de pobres suplementarios y un pu帽ado de tecnooligarcas que acumularon fortunas jam谩s igualadas.

Pandemia y progesismo

Las medidas transitorias llegaron para quedarse y a medida que se prolong贸 la pandemia, los nuevos h谩bitos se incorporaron en la cotidianeidad, en un proceso paralelo al ritmo que las empresas privadas crean, implantan y expanden sus diversas plataformas digitales (durante el a帽o 2020 se decuplicaron respecto a 2019).

Esta nueva situaci贸n est谩 permitiendo registrar, recopilar, almacenar, mercantilizar y analizar las respuestas de la mayor铆a social. Porque con la implantaci贸n y obligaci贸n de las TIC, todos nuestros movimientos dejan una huella electr贸nica, datos al desarrollarse gran parte de las relaciones, transacciones y gestiones de forma telem谩tica.

La pandemia impuls贸 un in茅dito y profundo cambio social, un gran salto cualitativo (y cuantitativo) respecto de la situaci贸n previa: se est谩 consolidando y legitimando la cuarta revoluci贸n tecnol贸gica (4.0), de forma silenciosa (parad贸jicamente) y sin resistencia social. La pregunta es quien impuls贸 la pandemia鈥

M谩s all谩 de la pandemia, lo cierto es que los gobiernos progresistas nunca creyeron en la necesidad de una pol铆tica informativa, que redundara en la informaci贸n y en la formaci贸n, y en la participaci贸n ciudadana. Se recit贸 el estribillo de la batalla de ideas, pero siempre desde el s铆ndrome de plaza sitiada -hay que defenderse permanentemente de un eventual ataque enemigo- s铆ndrome que se apropi贸 de los espacios oficiales de comunicaci贸n y en la reacci贸n defensiva permanente y de corto plazo de los ataques hostiles, olvidando la agenda propia del di谩logo con la ciudadan铆a y del debate con los adversarios pol铆ticos.

Para ello colaboraron los nuevos conquistadores, que desde universidades europeas nos vinieron a vender espejitos de colores e impedir locuras como la de Telesur, que insist铆a en vernos con nuestros propios ojos despu茅s de cinco siglos de colonizaci贸n. Algunos reviven el Informer McBride 1980 (de hace 43 a帽os) cuando hoy 聽el big data permite a la informaci贸n interpretarse a s铆 misma y adelantarse a nuestras intenciones, convirtiendo a la democracia en una dictadura de la informaci贸n manejada por las grandes corporaciones. Seguimos en guerra y en ella no hay neutralidad posible.

El verso de la democracia

Tal vez ning煤n t茅rmino usado recurrentemente en el espacio p煤blico fue ultrajado de tal manera que no solo fue vaciado de contenido, sino que perdi贸 todo sentido, como la voz democracia. Hoy se exalta un concepto reduccionista de la democracia, que encierra y congela la soberan铆a y la participaci贸n popular en un palacio presidencial y un hemiciclo parlamentario.

En nuestros pa铆ses, la forma m谩s adecuada para garantizar la estabilidad gubernamental ha sido la democracia controlada o democracia de baja intensidad, que consigue la estabilidad a trav茅s de la desinformaci贸n que promueven los medios de comunicaci贸n monopolizados, que se est谩 revelando como m谩s eficiente que las dictaduras militares.

La desinformaci贸n juega un papel relevante en el sostenimiento del orden sist茅mico occidental, que controla los principales medios que llegan a la poblaci贸n, que son los que asesinan la verdad y la democracia. Los mejores contenidos period铆sticos no tienen, generalmente, ninguna consecuencia, porque el poder y los medios a su servicio los ignoran.

Es esencial que la redistribuci贸n de la riqueza est茅 en el tope de las prioridades de un gobierno del y para el pueblo. 驴Es esto posible sin hablar de la redistribuci贸n de la palabra? 驴O seguiremos siendo rehenes de la dictadura del discurso 煤nico de medios concentrados, meros ap茅ndices del poder establecido? La deuda con la comunicaci贸n popular debe ser saldada con acci贸n afirmativa valiente y no cosm茅tica. En definitiva, con pol铆tica p煤blica que permita que la libertad de expresi贸n no quede solo reservada a los patrones.

Se trata de crear medios propios, sin duda, pero no para competir por la opini贸n de las mayor铆as, sino para 驴Por qu茅 hemos de apoyar la democracia? - Construcci贸n de una Nueva Ciudadan铆aconsolidar el campo popular, a los pueblos en movimiento, al abajo que se mueve y resiste. No es algo menor.

Para nuestro Sur, ese 鈥渕odelo鈥 siempre vino de la mano de la ret贸rica de las potencias coloniales. La democracia fue asesinada en nombre de la democracia, para emplearla聽 como聽 instrumento de legitimaci贸n de las estructuras de poder, dominaci贸n y riqueza. Antes esos mismos hab铆an asesinado la verdad usando las herramientas del terrorismo medi谩tico de los medios corporativizados en todo el mundo.

Es evidente que la democracia no existe en los medios. Ese control casi absoluto ha conseguido algo que d茅cadas atr谩s parec铆a imposible: erradicar el conflicto de la percepci贸n del p煤blico. Los m谩s brutales cr铆menes pueden pasar inadvertidos si los medios se empe帽an en ello.

Cuando este control medi谩tico se desborda, porque la realidad resulta demasiado evidente, ah铆 est谩 la polic铆a, el golpe de Estado permanente, para reventar las protestas, o la llamada justicia para deshacer, con el lawfare, los caminos democr谩ticos. De nada han servido las leyes de medios, porque son carne de ca帽贸n para el aparato judicial聽 elitista y corrupto, aliado a los grandes intereses corporativos.

No existe algo llamado democracia, si es que alguna vez existi贸. Desde el momento en que las opiniones y las voluntades de las personas son moldeadas y manipuladas por gigantescas maquinarias que escapan a cualquier control que no sea el de las clases dominantes, entrar en el juego electoral parece no tener sentido ni futuro.

La derecha pol铆tica y medi谩tica regional repite esl贸ganes y prejuicios contra el Estado y su presencia en pol铆ticas p煤blicas de inclusi贸n social y cuidado en salud, mientras los gigantes del mundo digital abusan de la posici贸n dominante de mercado y del mega flujo de datos que alimentan sus algoritmos como 鈥渁rmas de destrucci贸n matem谩tica鈥.

驴Inteligentes?

Creemos que portamos un tel茅fono personal, inteligente. Pensamos que el celular nos pertenece, pero no hay nada menos personal. El algoritmo est谩 en nuestro querido celular, donde se esconde un tipo de sociedad, que es del conocimiento, de un sistema de poder, dicen que sostenido en una ideolog铆a algor铆tmica neutral.

Y uno va viendo c贸mo, de a poco, el celular se va apropiando de tu ser: te pide la huella digital mientras realiza sin que se lo pidas t煤 reconocimiento facial, lo tienes ligado a tu cuenta de correo digital, a tu tarjeta de cr茅dito o de d茅bito, y vas recibiendo notificaciones y noticias de instituciones y gente que ni siquiera sab铆as que existen. Y entonces te acuerdas que hab铆a algo que se llamaba intimidad y que lo fuiste perdiendo.

En un mundo capitalista donde el 1%聽 de la poblaci贸n posee el 50% de la riqueza, y el 10% 聽posee el 88%, la inmensa mayor铆a que no es propietaria de medios de producci贸n y vive de la venta de su fuerza de trabajo 聽devendr谩 in煤til en cuanto 聽las m谩quinas desempe帽en sus labores de forma m谩s r谩pida, barata y eficiente.

El capital ha esclavizado pueblos, exterminado naciones, desencadenado genocidios sin m谩s objetivo que obtener dividendos. 驴Qu茅 har谩 con una fuerza laboral suplantada por mecanismos que no exigen salarios? se pregunta el intelectual venezolano Luis Britto.

Hoy, bajo el manto de una ret贸rica de democratizaci贸n y acceso a la informaci贸n, progreso e innovaci贸n que disparan desde las ONG europeas, se esconde el m谩s puro y antiguo sistema de dominaci贸n

Seguimos neg谩ndonos a vernos con nuestros propios ojos. Seguimos viendo con ojos ajenos, del enemigo, copiando sus modelos, discutiendo las tem谩ticas que agendan las ONG europeas, muy socialdem贸cratas ellas, olvidando a nuestras gentes en nombre de la lucha por nuestro聽 futuro.Ley de Medios: lo que queda y lo que piensa Alberto | Perfil

En Argentina, la sanci贸n de la Ley de Servicios de Comunicaci贸n Audiovisual materializ贸 un marco legal propicio para avanzar en la democratizaci贸n de un 谩mbito tan crucial para el ejercicio del poder en las sociedades actuales. En t茅rminos de balance, lo m谩s evidente es la distancia entre ese marco legal y lo que se lleg贸 a aplicar. De hecho, el poder de fuego y el peso econ贸mico de los 鈥渕edios dominantes鈥, que la ley ven铆a a regular y a limitar, hoy es mayor que entonces.

La desinformaci贸n (incluyendo el bombardeo de los fakenews) juega un papel relevante en el sostenimiento del orden sist茅mico occidental, que controla los principales medios que llegan a la poblaci贸n, que son los que siguen asesinando la verdad y la democracia. Construir abajo y a la izquierda, parece ser el 煤nico camino emancipatorio posible. Porque lo 煤nico que se construye desde arriba, es un pozo.

*Periodista y comunic贸logo uruguayo. Mag铆ster en Integraci贸n. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundaci贸n para la Integraci贸n Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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