El genocidio armenio de hace 110 años y el que perpetran EU e Israel ahora

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“¿Quién recuerda hoy la matanza de armenios?”, preguntó Adolf Hitler el 22 de agosto de 1939, pocos días antes de que el ejército alemán invadiera Polonia. En ese entonces, el Führer pensaba que en pocos años dominaría el mundo. Esa pregunta fue el anuncio de su política de guerra y exterminio de judíos, rusos, homosexuales, comunistas, gitanos y opositores en los países donde su ejército y los colaboradores locales impusieron el terror.

El pasado viernes se cumplieron 116 años del inicio de la matanza en que, entre 1915 y 1923, perdieron la vida cerca de millón y medio de armenios. Los asesinos: el imperio otomano y Turquía. “Maten a cada mujer, niño y hombre armenio sin ninguna contemplación”, fue la orden que dio Talaat Pasha, el líder político del Comité de Unión y Progreso o “Jóvenes Turcos”, que detentaba en ese entonces el poder. Fueron expropiados todos los bienes de los asesinados o de los que pudieron huir para salvar sus vidas. Armenia perdió además parte importante de su extensión territorial.

“¿Quién recuerda hoy la matanza de más de 75 mil palestinos en Gaza, Cisjordania y Líbano?”, podrían exclamar Benjamín Netanyahu (prófugo de la justicia internacional) y Donald Trump, promotores de este nuevo genocidio. En el caso de los armenios, el mundo recuerda ese crimen, con excepción de Turquía y Azerbaiyán. No lo hará con el que todavía no termina en esos tres lugares.

Tampoco olvidará al ex diputado israelí Moshe Feiglin, muy amigo de Netanyahu, quien pidió la ocupación completa de la franja de Gaza. Su argumento: “cada niño, cada bebé en Gaza es un enemigo. Ni un solo niño palestino debería permanecer ahí. Estamos en guerra contra la existencia de Gaza”. Mucho menos olvidaremos al rabino Ronen Shaulov, quien instó a matar de hambre a toda la población de Gaza”, y especificó que “cada niño de Gaza debería morir de hambre” porque serán “futuros terroristas”. Eso mismo argumentaron en Turquía los partidarios de no dejar vivo a un solo armenio. Igualmente, debemos recordar la amenaza de Trump de devolver “a la Edad de Piedra” la prodigiosa cultura persa.

El 20 de enero de 1942, en un palacete que perteneció a una familia judía ubicado en el lago Wannsee, los altos jerarcas nazis acordaron “la solución final al problema judío y el de las razas inferiores”. El anfitrión, Adolfo Eichmann. Pero la figura destacada de la reunión: Reinhard Heydrich, a quien Hitler llamaba “el hombre de corazón de hierro”. Aunque la matanza ya había comenzado en Polonia, Checoslovaquia, Francia, Bélgica, Yugoslavia y la Unión Soviética, por ejemplo, en Wannsee se establecieron las normas para detener y exterminar al mayor número posible de judíos. Según Heydrich, el “tratamiento adecuado” para llevar a cabo el plan sería la utilización de las cámaras de gas combinada con fusilamientos masivos y otras “fórmulas”.

Genocidio armenio: el espejo en que mirar a Gaza y el LíbanoEn el genocidio armenio, el gobierno de los Jóvenes Turcos optó por deportar a sectores importantes de dicha población hacia el sureste de Anatolia, en lo que se conoce como la caravana de la muerte, recreada por Atom Egoyán en su película Ararat. En paralelo, fueron detenidos y asesinados más de 2 mil intelectuales, políticos y religiosos armenios en Estambul. Las matanzas las continuaron los grupos nacionalistas turcos entre 1920 y 1923. Cabe señalar que al igual que el pueblo palestino y el persa (hoy Irán), el armenio fue uno de los primeros en desarrollar la civilización humana. Además, en el año 301 de nuestra era fue el primer Estado cristiano del mundo.

La pregunta de Hitler sobre quién recordaría la matanza cometida por los turcos contra los armenios tiene respuesta en que la condenan decenas de países. Son casi 40 los gobiernos y parlamentos que ya reconocen formalmente el genocidio armenio, marcando un consenso internacional significativo. Entre ellos destacan Estados Unidos, Francia, Alemania, Rusia y Canadá. En América Latina fue Uruguay el primero, en 1965. el Senado de México oficialmente lo hizo el 8 de febrero de 2023. Pero la niega el Estado que alentó esos atroces crímenes de lesa humanidad. No debe extrañar tampoco que Estados Unidos e Israel no utilicen el término “genocidio” para calificar la matanza. Hoy, los gobernantes de ambos países se niegan a reconocer el que cometen contra el pueblo palestino. Pero el mundo no lo olvidará.

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