Oct 26 2020
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Pol铆tica

El giro de Angela Merkel en pol铆tica europea y el proceso de unificaci贸n

Treinta a帽os despu茅s del movimiento s铆smico en la historia universal que supuso la ca铆da del comunismo en 1989-1990, la repentina aparici贸n de unos acontecimientos transformadores podr铆a suponer un nuevo punto de inflexi贸n. Esto se va a ver en los pr贸ximos meses, tanto en Bruselas como en Berl铆n.

A primera vista podr铆a parecer un poco exagerado querer comparar la superaci贸n de un orden mundial que dividi贸 el mundo en dos campos opuestos, y la posterior expansi贸n del capitalismo victorioso, con el destino natural implacable de una pandemia que nos ha cogido desprevenidos y la subsiguiente crisis econ贸mica mundial de una dimensi贸n sin precedentes. Sin embargo, si los europeos logramos dar una respuesta constructiva a esta conmoci贸n, podr铆a servir para establecer un paralelo entre estos dos estremecedores acontecimientos.

En su momento, las unificaciones alemana y europea estaban tan relacionadas que parec铆an estar inextricablemente unidas. Hoy d铆a, cualquier relaci贸n entre esos dos procesos, manifiesta por aquel entonces, resulta menos evidente.

As铆 y todo, aunque la celebraci贸n de la fiesta nacional de Alemania (el 3 de octubre) se haya mantenido curiosamente deslucida durante las tres 煤ltimas d茅cadas, la siguiente suposici贸n parece razonable: los desequilibrios en el proceso de unificaci贸n de Alemania no son ni mucho menos la causa del sorprendente resurgir de su hom贸logo proceso europeo, aunque la distancia hist贸rica que hemos adquirido con respecto a esos problemas internos ha servido para que el gobierno federal finalmente retome la tarea hist贸rica de dar una forma pol铆tica y una definici贸n al futuro de Europa.

Esta distancia se la debemos no solo a la inestabilidad mundial que ha provocado la crisis del coronavirus, sino tambi茅n a que las prioridades de la pol铆tica nacional han cambiado de forma decisiva (sobre todo por la alteraci贸n en el equilibrio de fuerzas pol铆ticas que resulta del ascenso de la AfD [Alternative fur Deutschland]). Precisamente por este motivo tenemos ante nosotros, 30 a帽os despu茅s de aquel cambio trascendental, una segunda oportunidad para promover juntos la unidad alemana y europea.

En 1989-1990, la unificaci贸n de una Alemania que llevaba dividida cuatro d茅cadas se hizo s煤bitamente posible y, a ra铆z de eso, se desencaden贸 una inevitable alteraci贸n en el equilibrio de fuerzas. Esa perspectiva tuvo como efecto reavivar ciertos temores hist贸ricos por el retorno de la 鈥渃uesti贸n alemana鈥. Aunque Estados Unidos respald贸 las h谩biles maniobras del canciller federal (Helmut Kohl), los vecinos europeos de Alemania se mostraron alarmados por el fantasma del retorno del Reich (la 鈥減otencia intermedia鈥 que, desde los tiempos del K谩iser Alternativa para Alemania - Wikipedia, la enciclopedia libreGuillermo II, siempre hab铆a sido demasiado grande para integrarse de manera pac铆fica con los pa铆ses de su c铆rculo inmediato y demasiado peque帽a para ejercer como potencia hegem贸nica). El deseo de que Alemania se integrara en el orden europeo de forma irreversible estaba m谩s que justificado, como evidenci贸 la crisis europea a partir de 2010.

A diferencia de la primera ministra brit谩nica, Margaret Thatcher, que reaccion贸 sorprendida y horrorizada, el presidente franc茅s, Fran莽ois Mitterrand, prefiri贸 seguir adelante con valent铆a. Para frenar el ego铆smo nacionalista de un vecino que podr铆a utilizar su poder铆o econ贸mico exclusivamente en su propio inter茅s, le exigi贸 a Kohl que aceptara introducir el euro.

Los or铆genes de esta audaz iniciativa, que impuls贸 con decisi贸n el presidente de la Comisi贸n Europea, Jacques Delors, se remontan al a帽o 1970, cuando la por aquel entonces Comunidad Europea intent贸 formar por primera vez una uni贸n monetaria mediante el informe Werner. En 煤ltima instancia, ese proyecto fracas贸 por las turbulencias cambiarias y porque los acuerdos de posguerra de Bretton Woods dejaron de estar vigentes.

No obstante, en las negociaciones que mantuvieron en 1975-1976 Val茅ry Giscard d鈥橢staing y Helmut Schmidt, esas ideas volvieron a ponerse sobre la mesa. A decir verdad, Kohl actu贸 (cuando Mitterrand ya hab铆a redactado las conclusiones del Consejo Europeo del 9 de diciembre de 1989 en Estrasburgo), sin lugar a dudas, por convicci贸n pol铆tica cuando impuls贸 la visionaria conexi贸n entre la unidad nacional y el pionero Tratado de Maastricht de 1992, a pesar de la oposici贸n pol铆tica que experiment贸 en su propio pa铆s1.

En comparaci贸n con este proceso hist贸rico, hoy se pueden apreciar las consecuencias econ贸micas de una pandemia que genera deudas insostenibles en los Estados miembros m谩s golpeados de la parte occidental y meridional de la Uni贸n Europea. Esta es una situaci贸n que amenaza gravemente la propia existencia de la uni贸n monetaria y es el riesgo que m谩s temen los exportadores alemanes y que finalmente ha llevado al gobierno federal alem谩n a mostrarse m谩s receptivo con el decidido impulso del presidente franc茅s por estrechar la cooperaci贸n europea.

Emmanuel Macron y Angela Merkel instan a Erdogan a detener la ofensiva turca contra los kurdos en Siria | InternacionalLa posterior ofensiva unificada de Emmanuel Macron y la canciller 脕ngela Merkel acord贸 un Fondo de Recuperaci贸n que se financiar谩 con bonos europeos a largo plazo y que beneficiar谩, en gran medida, a los pa铆ses miembros m谩s necesitados mediante el m茅todo de subvenciones no reembolsables. Esta propuesta en la cumbre de julio de 2020 supuso un extraordinario compromiso. La decisi贸n del Consejo Europeo de emitir eurobonos comunitarios, solo posible gracias al brexit, propici贸 el primer avance verdaderamente significativo hacia la integraci贸n desde Maastricht.

Aunque la decisi贸n no estaba confirmada todav铆a, Macron habl贸 en la cumbre del 鈥渕omento m谩s importante para Europa desde la fundaci贸n del euro鈥. Como cab铆a esperar, y contrariamente a los deseos del presidente franc茅s, Merkel se mantuvo fiel a su habitual modus operandi de avanzar paso a paso. La canciller no pretende encontrar una soluci贸n institucional permanente, sino que insiste en considerarla una compensaci贸n excepcional para paliar la destrucci贸n econ贸mica que ha provocado la pandemia2. Aunque la incompleta constituci贸n pol铆tica de la uni贸n monetaria representa una amenaza para su propia existencia, los miembros de la eurozona no ser谩n los 煤nicos que asumir谩n los pr茅stamos de los Estados miembros, sino que ser谩 la Uni贸n en su conjunto. Pero claro, como todos sabemos, el progreso avanza a paso de caracol y por caminos tortuosos.

2. C贸mo encajan la unida alemana y la unificaci贸n europea

Si ahora, dada la reactivaci贸n de la din谩mica europea, repas谩ramos las tres 煤ltimas d茅cadas y quisi茅ramos establecer un paralelismo con el v铆nculo que existi贸 en un principio entre los procesos de unificaci贸n alemana y europea, tendr铆amos que comenzar por recordar las consecuencias dilatorias que tuvo la unidad alemana en la pol铆tica europea. Aunque la restauraci贸n de la naci贸n alemana se lograra, en cierta medida, gracias a la maniobra pro-integracionista de renunciar al marco alem谩n, la consecuencia no fue exactamente una mayor cooperaci贸n europea.

Para los exciudadanos de la Rep煤blica Democr谩tica de Alemania, que crecieron con una cultura y una pol铆tica totalmente diferentes, el asunto de Europa no ten铆a la misma importancia y relevancia que ten铆a para los ciudadanos de la antigua Rep煤blica Federal (de Alemania Occidental). Sin embargo, los intereses y el pensamiento de los gobiernos alemanes tambi茅n han ido cambiando desde el restablecimiento de la unidad nacional. En un principio, la atenci贸n estuvo totalmente absorbida por la inaudita tarea de adaptar la decr茅pita econom铆a de la RDA a los mercados del capitalismo renano y armonizar una burocracia estatal comunista con las pr谩cticas administrativas de un Estado democr谩tico.

Aunque, si dejamos de lado esta preocupaci贸n dom茅stica, los gobiernos de Kohl en adelante no tardaron en acostumbrarse a las 鈥渘ormalidades鈥 del recuperado Estado nacional. Los historiadores, que en aquellos d铆as elogiaron esa normalidad, puede que se apresuraran en desestimar de manera en cierto modo prematura el comienzo de una emergente conciencia posnacional en Alemania Occidental. En cualquier caso, una pol铆tica exterior mucho m谩s segura de s铆 misma (gracias al mayor peso econ贸mico de Alemania) hizo pensar a los esc茅pticos observadores que Berl铆n quer铆a poner la mira m谩s all谩 y relacionarse inmediatamente con potencias mundiales como EE.UU. y China.

Sin embargo, la unidad nacional no fue la raz贸n determinante que llev贸 a un indeciso gobierno federal a aliarse con Londres para ampliar el conjunto de pa铆ses de la UE, en lugar de acometer la aplazada tarea de profundizar en el desarrollo de las estructuras institucionales de la uni贸n monetaria. M谩s bien exist铆an otras razones pol铆ticas que solo han salido realmente a la luz durante la crisis de deuda soberana y bancaria. De cualquier modo, hasta la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, en diciembre de 2009, la UE estaba m谩s preocupada por gestionar las consecuencias institucionales y la agitaci贸n social que sigui贸 a la ampliaci贸n hacia el este de 2004.

3. El giro de Alemania en pol铆tica europea

Incluso antes de la introducci贸n del euro, que se decidi贸 en Maastricht, los expertos ya hablaban de la estructura disfuncional de la futura uni贸n monetaria. Los pol铆ticos involucrados tambi茅n eran conscientes de que una moneda com煤n que privaba a los pa铆ses miembros econ贸micamente m谩s d茅biles de la opci贸n de devaluar sus respectivas monedas seguir铆a aumentando los desequilibrios internos de la uni贸n monetaria mientras no tuviera competencias pol铆ticas para adoptar medidas compensatorias. La estabilidad de la eurozona solo pod铆a lograrse mediante la armonizaci贸n de las pol铆ticas fiscales y presupuestarias y, en definitiva, solo adoptando una pol铆tica fiscal, econ贸mica y social com煤n. Por tanto, la uni贸n monetaria fue creada por sus protagonistas con la expectativa de que podr铆a convertirse, por fases, en una uni贸n pol铆tica total.

La ausencia de posteriores reformas en ese sentido dio lugar, durante la crisis financiera y bancaria que se desat贸 en 2007, a las consabidas medidas, algunas de las cuales se adoptaron fuera del 谩mbito de la legislaci贸n europea vigente, y a los sucesivos conflictos entre los pa铆ses calificados de donantes y receptores del norte y el sur de Europa1.聽Alemania, en tanto que pa铆s exportador, se cerr贸 en banda durante la crisis y, alzando la voz contra cualquier mutualizaci贸n, rechaz贸 cualquier nuevo avance hacia la integraci贸n; y tambi茅n sigui贸 haci茅ndolo cuando Macron present贸 en 2017 sus planes de largo alcance para fortalecer la Uni贸n dando los pasos necesarios en la cesi贸n de soberan铆a.

As铆 que al ministro de Econom铆a alem谩n, y tambi茅n arquitecto de las medidas de austeridad que Alemania impuso en el Consejo Europeo, solo se le puede acusar de derramar l谩grimas de cocodrilo cuando se lamenta en retrospectiva de que: 鈥淎hora, ante todo, se necesita el coraje que no tuvimos durante la crisis de 2010 para lograr finalmente una mayor integraci贸n de la eurozona. No debemos desaprovechar esta nueva oportunidad, sino que debemos utilizar la actual disrupci贸n para expandir la uni贸n monetaria y convertirla en una verdadera uni贸n econ贸mica a trav茅s del Plan de Recuperaci贸n para Europa鈥2.

A lo que se refiere Wolfgang Schauble cuando habla de 鈥渄isrupci贸n鈥 es a las brutales consecuencias econ贸micas de la pandemia, pero: 驴por qu茅 invocan Schauble y Merkel el coraje que supuestamente les falt贸 hace diez a帽os? 驴Es solo un miedo econ贸micamente motivado ante un fracaso definitivo del proyecto europeo, que altera tanto las reglas del juego que es suficiente para explicar por s铆 solo este inesperado cambio de rumbo? 驴O son acaso los peligros de un nuevo contexto geopol铆tico mundial, que lleva tiempo cambiando, los que ponen a prueba el r茅gimen de vida democr谩tico y la identidad cultural de los europeos?

En pocas palabras: 驴qu茅 explica esta repentina, y casi secreta, aceptaci贸n de una mutualizaci贸n de la deuda que ha sido demonizada durante a帽os? Schauble, a pesar del evidente descaro de este cambio radical, puede al menos volver la vista atr谩s y apelar a su propio pasado proeuropeo de los a帽os noventa. Sin embargo, en una pol铆tica tan pragm谩tica como Merkel, que siempre mira al corto plazo y que continuamente act煤a en base a lo que dicen las encuestas, el motivo de un cambio de rumbo tan dr谩stico y repentino sigue siendo un misterio. Antes de tomar la decisi贸n de renunciar a su rol de l铆der de los 鈥渇rugales鈥 en Bruselas, no solo las encuestas han tenido que estar de acuerdo. No, como en anteriores ocasiones, tuvo adem谩s que producirse un cambio en el equilibrio de fuerzas nacionales para que cambiaran los factores relevantes y decisivos.

Lo sorprendente ha sido la ausencia de cr铆ticas internas en su partido, habitualmente autom谩ticas, ante la retracci贸n de Merkel. Pero al hacerlo decidi贸, casi de la noche a la ma帽ana, trabajar codo a codo con Macron y aceptar un compromiso hist贸rico que abre la puerta, aunque sea levemente, a un futuro hasta ahora cerrado para la UE. Pero, 驴d贸nde estaba la respuesta de la poderosa facci贸n de euroesc茅pticos de su propio partido, de la vociferante ala econ贸mica de la Uni贸n Dem贸crata Cristiana, de las principales asociaciones empresariales y de los comentaristas econ贸micos de los principales medios?75 a帽os CDU: la creaci贸n de un partido popular

Lo que ha cambiado en la pol铆tica alemana en los 煤ltimos tiempos, y Merkel siempre ha tenido un buen olfato para ello, es que por primera vez en la historia de la Rep煤blica Federal se ha instalado un partido exitoso a la derecha de la CDU y de su socio democristiano, la CSU, con un discurso que combina la cr铆tica antieurope铆sta con un nacionalismo etnoc茅ntrico de una radicalidad in茅dita que ya no es disimulada, sino manifiesta. Hasta ahora, los l铆deres de la CDU siempre hab铆an procurado que el nacionalismo econ贸mico alem谩n estuviera envuelto en una ret贸rica proeuropea, pero, como consecuencia de este cambio en el equilibrio de fuerzas pol铆ticas, una potencial ola de protestas que durante a帽os estuvo contenida en el proceso alem谩n de unificaci贸n ha encontrado su lenguaje.

4. AfD: El punto de contacto entre el proceso de unificaci贸n europeo y alem谩n

La AfD fue creada por un grupo nacionalista-conservador de economistas y empresarios de Alemania Occidental, para los que la pol铆tica europea que favoreci贸 el gobierno federal durante la fase m谩s aguda de la crisis de deuda soberana y bancaria de 2012 no protegi贸 adecuadamente los intereses econ贸micos de Alemania. A esto se sum贸 una especie de escisi贸n del ala nacional-conservadora de la CDU, nombrada en honor a Alfred Dregger, que hoy en d铆a se encuentra materializada en la figura de Alexander Gauland (el presidente del grupo parlamentario de la AfD).

Sin embargo, este partido no se convirti贸 en una prueba de fuego de lo intensos que fueron los conflictos durante el proceso de reunificaci贸n hasta 2015, cuando, gracias sobre todo a una mentalidad arraigada en la vieja Rep煤blica Federal (concretamente la aversi贸n conservadora hacia la generaci贸n de 1968), logr贸 hacerse con una posici贸n firme en los l盲nder de Alemania del Este, bajo la direcci贸n de Frauke Petry y J枚rg Meuthen, donde se combin贸 con temas aut贸ctonos que se basaban en una cr铆tica creciente contra las pol铆ticas de unificaci贸n.

Las cr铆ticas contra Europa sirvieron de catalizador para amalgamar los votos de protesta del este y el oeste de Alemania, que ahora se han multiplicado a causa de la crisis de los refugiados y una xenofobia en alza. El conflicto entre la CDU y la AfD no podr铆a condensarse en una escena m谩s gr谩fica y reveladora que la que se produjo cuando, el 8 de julio, el eurodiputado Meuthen se levant贸 en el Parlamento Europeo y espet贸 a la canciller (mientras presentaba el plan del Fondo de Recuperaci贸n) los mismos argumentos que ella llevaba diez a帽os utilizando para justificar la agenda de austeridad de Schauble.

Precisamente ah铆 es donde entran de nuevo en contacto los procesos de unificaci贸n europeo y alem谩n. A menudo, los cambios en el espectro pol铆tico de partidos reflejan cambios m谩s profundos en la mentalidad pol铆tica de todo un pueblo. En mi opini贸n, el cambio de Merkel en materia de pol铆tica europea revela, no solo su astucia pol铆tica, sino tambi茅n la mayor distancia hist贸rica que nos separa hoy del feliz momento que supuso recuperar la unidad nacional y de lo tortuoso que fue el proceso de unificaci贸n1.

Ser铆a demasiado f谩cil deducir esta historizaci贸n de la avalancha de libros de historia, reportajes period铆sticos y retrospectivas m谩s o menos personales que coincide con el 30 aniversario; m谩s bien, esta afluencia de publicaciones refleja que se est谩 produciendo un cambio pol铆tico y cultural en las relaciones mutuas del Este y el Oeste. Si ahora se est谩 adoptando una mayor distancia hacia los problemas derivados de la unificaci贸n alemana, el cambio puede atribuirse a la polarizaci贸n de las opiniones pol铆ticas sobre este hecho. La regresi贸n pol铆tica, que se manifiesta en la figura de la AfD, tiene un rostro desconcertantemente ambiguo: por una parte ha adquirido un car谩cter panalem谩n compartido y, por otra, adopta unas narrativas de posguerra y unas formas de pensar marcadamente diferentes en el Este y el Oeste.

La creciente distancia hist贸rica hace que las dos cosas aparezcan con mayor claridad: compartimos el conflicto con el populismo de derechas y, al mismo tiempo, este conflicto revela las mentalidades pol铆ticas tan diferentes que se han desarrollado a lo largo de las 煤ltimas cuatro d茅cadas en la Rep煤blica Federal y en la RDA respectivamente.

Los trastornos en las relaciones pol铆ticas entre el Este y el Oeste, que se han dejado ver en todo el pa铆s, han puesto de manifiesto la naturaleza panalemana del proceso de clarificaci贸n que se ha iniciado; sobre todo a ra铆z del drama que tuvo lugar en febrero de 2020 en Erfurt, tras las elecciones para el Parlamento regional de Turingia.

La cruzada b谩vara de la CSULas primeras declaraciones contundentes contra la rotura del tab煤 al elegir un gobernador del Partido Democr谩tico Libre con la ayuda de los votos combinados de la CDU y la AfD salieron de la boca de Merkel y Markus Soder (l铆der del CSU), una alemana del este y un b谩varo; el tono normativo de ambas declaraciones fue sorprendentemente n铆tido. La canciller lo denomin贸 un 鈥減rocedimiento imperdonable que tiene que ser revertido鈥 y a帽adi贸 m谩s peso a su intransigencia despidiendo al representante especial del gobierno para Alemania del Este (que se hab铆a mostrado favorable a la t谩cita alianza con la ultraderecha). Estas inconfundibles reacciones representaron mucho m谩s que simples recordatorios de las reglas del partido sobre incompatibilidad.

Hasta ese momento, los l铆deres pol铆ticos hab铆an intentado atraer a 鈥渃iudadanos preocupados鈥, pero ahora ten铆an que poner fin a su calamitoso coqueteo con los que sencillamente hab铆an considerado individuos equivocados. Dada la ca贸tica concatenaci贸n de acontecimientos en el panorama pol铆tico de Turingia y el vacilante comportamiento de los colegas regionales de la CDU, la ambigua estrategia adoptada de abrazar m谩s de lo necesario (a la derecha) ten铆a que terminar de inmediato. El reconocimiento pol铆tico f谩ctico que se dio a un partido a la derecha de la uni贸n (CDU/CSU) es algo muy distinto al hecho de que el partido simplemente exista.

Para la CDU significa renunciar a la incorporaci贸n oportunista de un electorado potencial que se encuentra m谩s all谩 de sus propios l铆mites program谩ticos y, al mismo tiempo, significa comprometerse con una pr谩ctica seg煤n la cual los votantes que dan voz a esl贸ganes militares, nacionalistas, racistas y antisemitas tienen derecho, como conciudadanos dem贸cratas, a que se les tome en serio o, lo que es lo mismo, a que se los critique sin piedad.

5. La conmoci贸n de Erfurt es un problema interalem谩n

Alemania, a煤n consternada, se pregunta por las causas de la matanza de ErfurtLo que Turingia, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Brandemburgo pusieron de manifiesto no es solo un problema de Alemania del Este, naturalmente. Las autoridades ya hab铆an fracasado estrepitosamente a escala nacional a la hora de perseguir a la Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU, por sus siglas en alem谩n) por una serie de cr铆menes cuyo alcance y circunstancias los tribunales no han aclarado todav铆a.

En 2018, la revuelta de la extrema derecha en Chemnitz y el sorprendentemente tortuoso despido del jefe de seguridad del Estado impulsaron un proceso de aprendizaje en el pa铆s. As铆 que, como demuestran las vacilantes medidas adoptadas contra las redes de extrema derecha en las fuerzas armadas, la polic铆a y las agencias de seguridad, los primeros signos de una infiltraci贸n en las principales instituciones del Estado democr谩tico no son un problema exclusivo de Alemania del Este.

Sin embargo, la realidad es que estos recientes acontecimientos vinieron precedidos en los l盲nder de Alemania del Este de una oleada de brotes de violencia de la ultraderecha, de desfiles nazis sin restricciones y de perturbadores casos de procesamientos pol铆ticos sesgados. Los brutales y a menudo mortales casos de violencia de la derecha ya eran lo bastante malos por s铆 solos: la 鈥渃acer铆a humana de M眉geln鈥 (en Sajonia) contra un grupo de (ocho) indios en 2007; o los excesos el a帽o siguiente de la hermandad Storm, que quer铆a crear 鈥渮onas liberadas nacionales鈥 en Dresde y alrededores; o, un a帽o antes del fin de la NSU, los ataques incendiarios y las persecuciones en coche de los matones de Limbach-Oberfrohna; o los ataques en 2015 de una masa de m谩s de 1.000 personas contra un albergue para refugiados en Heidenau; o la parecida desinhibici贸n de una turba xen贸foba en Freital y Clausnitz.

Pero peores a煤n fueron las reacciones del Estado: una fuerza policial que aconseja a las v铆ctimas que no denuncien; un tribunal parcial que no distingue entre atacantes y v铆ctimas; un servicio nacional de inteligencia que aprecia sutiles diferencias entre comportamientos 鈥渃r铆ticos con el asilo鈥 y 鈥渉ostiles con el asilo鈥; una fiscal铆a federal que tiene que apartar a una fiscal铆a estatal de un escandaloso caso de terrorismo porque, a pesar de las evidentes conexiones grupales de los acusados, solo pudo identificar a autores individuales; o un ministerio que destina un n煤mero tan reducido de agentes de polic铆a para una manifestaci贸n anunciada de antemano que ni siquiera se pudo proceder contra los participantes cuando se produjeron los inevitables disturbios. Cuando luego leo que en esas regiones del este de Alemania se est谩 extendiendo una 鈥渁ceptaci贸n t谩cita de la violencia de derechas鈥, me recuerda a la situaci贸n de Weimar1.

6. Un frente, dos visiones

Pero el caso de Turingia no solo ha servido para exponer un frente pol铆tico que atraviesa la poblaci贸n tanto del Este como del Oeste, sino que adem谩s, junto con esta nueva experiencia compartida, el caso evidenci贸 las diferentes perspectivas desde las que la poblaci贸n percibe un conflicto compartido, como consecuencia de sus diferentes historias, experiencias pol铆ticas y procesos formativos. Aun as铆, esto se aprecia m谩s claramente en un lado que en el otro.

Mientras que en el Este primero hab铆a que resolver las ideas sobre la sustancia pol铆tica de la 鈥渂urgues铆a鈥, las reacciones en el Oeste reflejaban un legado arrastrado de la antigua Rep煤blica Federal. Que la crisis del gobierno de Turingia se prolongara durante semanas, despu茅s incluso de que dimitiera el gobernador estatal que hab铆a salido elegido gracias a la AfD, fue un falso dilema en el que el grupo parlamentario de la CDU se vio atrapado solo porque su presidente federal (que es originario de Sarre) les oblig贸 a atenerse a la incompatibilidad de formar cualquier coalici贸n con la izquierda o la derecha.

File:Mike Mohring.jpg - Wikimedia Commons驴C贸mo pod铆a Mike Mohring (l铆der de la CDU en Turingia) ayudar al gabinete minoritario de izquierdas a tomar las riendas sin ensuciarse las manos por romper la obligatoria 鈥渆quidistancia鈥? La candidata del partido para la canciller铆a, Annegret Kramp-Karrenbauer, cav贸 su propia tumba al repetir como un mantra lo de 鈥渘i uno, ni otro鈥, lo que, dada la personalidad de Bodo Ramelow, el digno sindicalista cristiano de Hesse (y ministro-presidente del partido Die Linke), demostr贸 ser completamente impracticable. Fue literalmente un fragmento 鈥渕uy significativo鈥 de la historia del Oeste que se dio de bruces contra la presente realidad del Este.

A la CDU occidental, que denunci贸 a Herbert Wehner (el secretario general del partido socialdem贸crata) y al SPD con el eslogan 鈥渢odos los caminos llevan a Mosc煤鈥, ya en los carteles electorales de las primeras elecciones federales, todav铆a le costaba dar un largamente postergado adi贸s a la discriminaci贸n moralizante contra la izquierda, que desde hace tiempo sirve como ant铆tesis profil谩ctica de una obvia discriminaci贸n hist贸rica contra la extrema derecha por el per铆odo nazi. En la antigua Rep煤blica Federal, la sim茅trica devaluaci贸n moral de la derecha y de la izquierda (que durante la Guerra Fr铆a recibi贸 incluso la consagraci贸n acad茅mica en la forma de la teor铆a del totalitarismo) hab铆a sido para la CDU un pilar program谩tico fundamental en su proceso para convertirse en un partido de mayor铆a natural.

Despu茅s de todo, en la constelaci贸n geopol铆tica de la Guerra Fr铆a, el primer canciller federal, Konrad Adenauer, emple贸 un frente anticomunista para defender a las antiguas 茅lites nazis que hab铆an conservado o recuperado sus antiguos puestos en casi todas las tareas administrativas del Estado, con la sensaci贸n de haber estado siempre en el bando correcto1.

De hecho, en aquellos d铆as, el anticomunismo hizo posible que una gran parte de la poblaci贸n que hab铆a apoyado a Hitler hasta al amargo final por abrumadora mayor铆a eludiera cualquier autocr铆tica por haber participado en sus cr铆menes. El 鈥渟ilencio comunicativo鈥 sobre la propia conducta en el pasado facilit贸 una adaptaci贸n en apariencia cooperativa con el nuevo orden democr谩tico, un oportunismo que, naturalmente, demostr贸 ser mucho m谩s f谩cil de mantener gracias al creciente nivel de vida y a estar bajo el paraguas nuclear de EE.UU.

Este discutible 茅xito estaba tan integrado en el ADN del partido cristiano-dem贸crata que, d茅cadas m谩s tarde, en las elecciones federales de 1994, su secretario general, Peter Hinze, pudo emplear de nuevo la carta anticomunista bajo la forma de su ahora casi legendaria 鈥渃ampa帽a de los calcetines rojos鈥. Un electorado del Este que siempre se hab铆a mostrado abrumadoramente esc茅ptico en su actitud hacia el gobierno del comunista SED ten铆a que ser mantenido a raya. Pero en aquella 茅poca, el revolucionario eslogan contra la dictadura del partido, 鈥淪omos el pueblo鈥, hac铆a tiempo que se hab铆a transformado en 鈥淪omos un pueblo鈥.

En las primeras elecciones parlamentarias libres de Alemania del Este en marzo de 1990, cuando los mercados de la RDA aparecieron inundados de inmaculadas banderas de color negro, rojo y oro procedentes de occidente, ya se pudo apreciar c贸mo la cuesti贸n nacional pasaba a primer plano. Desde entonces, el movimiento c铆vico emancipador, animado por los dirigentes neonazis de occidente, empez贸 a dar cabida a la derecha2. En realidad, durante los cuarenta a帽os de un antifascismo impuesto desde arriba, la RDA no pudo beneficiarse del tipo de debate p煤blico que se extendi贸 como un hilo conductor por la historia de la antigua Rep煤blica Federal.

7. La pol铆tica del pasado en la antigua Rep煤blica FederalRFA (Ucron铆a Peronista) | Historia Alternativa | Fandom

Solo estas estridentes disputas, a menudo desenfrenadas entre generaciones, explican por qu茅, en la 鈥渞ep煤blica de Bonn鈥, la inicialmente generalizada adaptaci贸n oportunista al orden pol铆tico que introdujeron las potencias vencedoras se transform贸 m谩s o menos a lo largo de las d茅cadas en un compromiso de principios con los fundamentos normativos del Estado constitucional. No obstante, el constante estallido de enfrentamientos sobre lo que el historiador Ernst Nolte denomin贸 un 鈥減asado que no desaparecer谩鈥 lo convirti贸 en cualquier cosa menos en un 茅xito seguro. Estos enfrentamientos se propagaron inmediatamente despu茅s de que finalizara el per铆odo nazi, a ra铆z de las controversias sobre los juicios de N煤remberg por cr铆menes de lesa humanidad o por libros como los de Eugen Kogon (superviviente de los campos/historiador) o Gunther Weisenborn (de la resistencia antinazi). Pero fueron sofocados como resultado de la r谩pida rehabilitaci贸n de las antiguas 茅lites nazis y de una poblaci贸n liberada por el esp铆ritu anticomunista de los tiempos. Y por eso han tenido que ser reavivados una y otra vez desde los extremos opositores, contra una extendida mentalidad de represi贸n y normalizaci贸n.

Despu茅s de una d茅cada de silencio, a finales de los cincuenta comenzaron a surgir las primeras iniciativas para 鈥渞eevaluar el pasado鈥, como lo denomin贸 Theodor Adorno. En Ludwigsburg se estableci贸 la agencia central para la persecuci贸n de cr铆menes nazis despu茅s de que se celebrara el primero de los juicios en Ulm. Al mismo tiempo, algunos miembros del SDS (Sindicato de Estudiantes Socialistas Alemanes) organizaron una exposici贸n sobre la 鈥渏usticia nazi sin castigo鈥, contra la voluntad de los dirigentes del SPD, que desat贸 una gran pol茅mica. Pero no fue hasta que se celebr贸 el juicio sobre Auschwitz en Frankfurt, que arranc贸 Fritz Bauer (un juez/fiscal jud铆o), que nada de esto adquiri贸 importancia a escala nacional. A pesar de las clementes penas que se dictaron, ya nadie pod铆a seguir ignorando Auschwitz.

Retrospectivamente, como afirma el historiador Ulrich Herbert en una de las pocas frases enf谩ticas de su notable Geschichte Deutschlands im 20 Jahrhundert [Historia Alemana del siglo XX]: 鈥淨ue, a pesar de los millones de v铆ctimas que provocaron las pol铆ticas nazis, los miembros de las 茅lites nazis e incluso los asesinos en masa de los cuerpos de seguridad y la Geschichte Deutschlands im 20. Jahrhundert - Dialogversand OnlineshopSD [el servicio de seguridad] escaparan por lo general casi indemnes y en parte hasta ocuparan posiciones de privilegio como ciudadanos respetados, fue un esc谩ndalo tan grande, y contradec铆a tan radicalmente cualquier concepci贸n de la moralidad pol铆tica, que no pod铆a seguir sin tener serias y prolongadas consecuencias para esta sociedad, sus estructuras internas y su imagen exterior. Durante d茅cadas y hasta la llegada del presente siglo XXI, a pesar de todos los 茅xitos de la estabilizaci贸n democr谩tica, actu贸 como una marca de Ca铆n para esta Rep煤blica鈥1.

Centrar los esfuerzos en la justicia fue solo el principal elemento de esta reconciliaci贸n intelectual con el pasado, que barri贸 en una serie de oleadas los sectores airados o resistentes de la poblaci贸n. Estas pol茅micas se sucedieron con mayor frecuencia hasta que la respuesta internacional a Willy Brandt, el canciller socialdem贸crata, cuando se arrodill贸 frente a un monumento al gueto jud铆o de Varsovia en 1970, confiri贸 a este tema central una dimensi贸n nueva, pol铆tica, mientras el destino cinematogr谩fico de la familia Weiss, en la pel铆cula Holocausto (estrenada en 1979 en Alemania), reverberaba por toda la sociedad. Esta respuesta al final de la d茅cada m谩s convulsa en la pol铆tica dom茅stica de la antigua Rep煤blica Federal estuvo encabezada por la protesta estudiantil que desde 1967 se fue agudizando.

Aunque naciera en un contexto internacional, adquiri贸 aqu铆 un car谩cter espec铆fico, porque por primera vez la generaci贸n joven se enfrent贸 abiertamente a sus padres nazis y repudi贸 p煤blicamente la participaci贸n del personal nazi al que se hab铆a permitido regresar a sus cargos. Pero hasta el 鈥68鈥 tuvo su propia prehistoria: los historiadores han se帽alado con el tiempo la importancia de los numerosos debates e iniciativas de 铆ndole pol铆tica que acompa帽aron, desde finales de los cincuenta, a los movimientos de protesta contra el rearmamento nuclear y las leyes de emergencia2.

Sin embargo, este hilo conductor, reiterado en esl贸ganes, de renovados llamamientos a 鈥渘unca olvidar鈥, dif铆cilmente podr铆a haber calado en una evidente cultura de la memoria, o incluso en la identidad pol铆tica oficial de la Rep煤blica. Seguramente este tema habr铆a desaparecido con las pol茅micas y peleas de los agitados setenta, que Herbert Marcuse apod贸 ir贸nicamente 鈥楥ontrarrevoluci贸n y revuelta鈥, si no hubiera sido posible, tras el cambio de gobierno de 1983, oponerse a la pol铆tica hist贸rica que impuso Kohl en el marco de un supuesto 鈥済iro moral鈥.

Helmut Kohl - Wikipedia, la enciclopedia libreLos intentos de Kohl por 鈥渄esactualizar el per铆odo nazi鈥 (Ulrich Herbert) no finalizaron con los altamente simb贸licos encuentros con Mitterrand en Verd煤n y con el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, en Bitburg; ni tampoco con los igualmente torpes esfuerzos de Kohl por intentar influir en los planes estadounidenses de construir un museo del holocausto en Washington manifestando el 鈥渋nter茅s nacional alem谩n鈥3.M谩s bien, las iniciativas ulteriores, como la creaci贸n de un museo nacional de la historia de Alemania, tendr铆an que intentar imbuir en la poblaci贸n un sentimiento de identidad y orgullo que proviniese de la historia nacional en su conjunto.

Pero el discurso de Richard von Weizsacker en el 40 aniversario del final de la guerra frustr贸 estos avances. Al menos una gran parte de la opini贸n p煤blica qued贸 conmocionada por el v铆nculo que el presidente federal estableci贸 entre la menci贸n minuciosamente detallada de los diferentes grupos de v铆ctimas asesinados en los campos de concentraci贸n por un lado y la decisi贸n de fijar el 8 de mayo de 1945 como el 鈥淒铆a de la liberaci贸n鈥 por otro. Esta redefinici贸n contrastaba deliberadamente con c贸mo la gran mayor铆a de los contempor谩neos hab铆a experimentado subjetivamente ese d铆a.

Durante los dos a帽os siguientes, se libr贸 la denominada 鈥渄isputa de los historiadores鈥, con el intento de Nolte de relativizar el Holocausto haciendo referencia a los cr铆menes de Stalin. En el contexto de la historia pol铆tica de Kohl, la contienda era, en definitiva, sobre dos asuntos: el primero, la importancia que deber铆a adquirir Auschwitz y el asesinato de los jud铆os de Europa en la memoria pol铆tica de la poblaci贸n alemana y, el segundo, la importancia que deber铆a tener esta memoria autocr铆tica del pasado nazi en la continuada identificaci贸n de los ciudadanos con la constituci贸n de su Estado democr谩tico y, m谩s generalmente, con un estilo de vida liberal definido por el reconocimiento mutuo del derecho a la 鈥渙tredad鈥. Sin embargo, en aquella 茅poca, segu铆a sin decidirse si este compromiso deber铆a ser el elemento central sobre el que se asentar铆a la concepci贸n de los ciudadanos de la Rep煤blica Federal sobre s铆 mismos.

El firme arraigo de esta conciencia en la sociedad civil, que hoy d铆a se expresa perfectamente en las palabras y actos de un presidente federal como Frank-Walter Steinmeier, se debe en primer lugar a los agitados debates pol铆ticos sobre historia que tuvieron lugar en la d茅cada de 1990. Me estoy refiriendo con esto a la interminable cadena de reacciones p煤blicas: el provocativo libro de Daniel Goldhagen sobre los alemanes comunes entendidos como los verdugos voluntarios del Holocausto; el discurso que pronunci贸 en 1998 el escritor Martin Walser durante la ceremonia de aceptaci贸n del Premio de la Paz del Comercio Librero Alem谩n, en el que menospreci贸 鈥渆ste constante espect谩culo de nuestra verg眉enza鈥, y la espont谩nea reacci贸n contraria del entonces presidente del Consejo Central de los Jud铆os, Ignaz Bubis; la exposici贸n itinerante que organiz贸 el instituto de Jan-Phillip Reemtsma sobre la (hasta entonces) generalizada negaci贸n de los cr铆menes que hab铆a cometido la Wehrmacht durante la guerra de destrucci贸n contra el 鈥渂olchevismo jud铆o鈥; y, por 煤ltimo, la construcci贸n del Memorial del Holocausto de Berl铆n, que hab铆a sido instigado por el mism铆simo Kohl.

Estas discusiones no eran comparables, en cuanto a su fuerza y alcance, a nada de lo que hab铆a sucedido anteriormente. Provocaron profundas grietas, pero en cierto sentido tuvieron un car谩cter definitivo: hasta el d铆a de hoy, en todas las ceremonias oficiales de conmemoraci贸n, el compromiso con la democracia y el Estado de derecho no solo se proclama de manera abstracta, sino que se afirma de una forma mucho m谩s ceremoniosa como resultado de un dif铆cil proceso de aprendizaje: el vivo recuerdo autocr铆tico de los cr铆menes de lesa humanidad de los que nosotros, ciudadanos alemanes de posguerra, no somos culpables, pero de los que somos no obstante responsables y por los que asumimos una responsabilidad hist贸rica (como se帽al贸 con rotundidad Karl Jaspers a sus conciudadanos, ya desde 1946, en El problema de la culpa).

Sin embargo, en otros aspectos, estos debates no concluyeron: ante una situaci贸n completamente nueva, el proceso de aprendizaje tiene que continuar, porque una suposici贸n que dominaba la vieja rep煤blica ha demostrado en los 煤ltimos a帽os ser err贸nea. Las convicciones y motivaciones en las que se basaba el r茅gimen nazi ya no pertenecen a un pasado circunscrito, sino que han regresado al d铆a a d铆a democr谩tico con el ala radical de la AfD (incluido el lenguaje).

Tras los debates sobre el pasado nazi que se desarrollaron durante los sesenta, setenta y ochenta, los conflictos se alargaron hasta la primera d茅cada despu茅s de la reunificaci贸n y, sin embargo, segu铆an siendo un asunto casi en exclusiva del Oeste4.Tal es el caso de los iniciadores, oradores p煤blicos y participantes de estos debates y se puede apreciar, entre otras cosas, tambi茅n en la distribuci贸n geogr谩fica de las ciudades en las que la exposici贸n Wehrmacht, celebrada entre 1995 y 1999, atrajo a unos 900.000 visitantes.

Esta participaci贸n selectiva no necesita explicaci贸n, dado el antifascismo que se impuso desde arriba en el Este durante 40 a帽os; y, menos a煤n, es motivo de cr铆tica por la totalmente diferente historia de la RDA en cuanto a asumir, o m谩s bien no asumir, el pasado nazi. Durante la 茅poca de 1989-1990, la poblaci贸n del Este tuvo adem谩s que hacer frente a una serie de problemas que afectaban a su existencia diaria, y de los que el Oeste apenas se percat贸, ni tuvo idea.

8. La ausencia de la esfera p煤blica en la RDA y despu茅s

En cualquier caso, menciono esta asimetr铆a porque permite alumbrar un hecho muy importante: la poblaci贸n del Este de Alemania no tuvo acceso a una esfera p煤blica propia (ni antes de 1989, ni despu茅s), en la que los grupos en conflicto podr铆an haber escenificado debates sobre identidad. Como en 1945 un dictador sucedi贸 a otro (aunque fueran muy diferentes)1,no hubo realmente espacio durante las d茅cadas posteriores para que se produjera una aclaraci贸n espont谩nea, autodirigida y concienzuda sobre la desaparecida conciencia pol铆tica, como s铆 pudo producirse en el Oeste. Ese es un d茅ficit, involuntario, cuyas consecuencias no puedo evaluar.

Tampoco puedo juzgar a qu茅 sectores de la poblaci贸n se pueden aplicar las explicaciones que da la psicoterapeuta Annette Simon, hija de la novelista Christa Wolf, cuando habla de c贸mo la identidad antifascista que impon铆a el partido tuvo un gran impacto. Esto era porque: 鈥淥frec铆a una exculpaci贸n integral frente a los cr铆menes alemanes [鈥 Todo lo que se internaliz贸 despu茅s de 1945 en t茅rminos de disposiciones ps铆quicas, susceptibilidad a la sumisi贸n, pensamiento autoritario y desprecio por los extranjeros y los d茅biles nunca se trat贸 p煤blicamente salvo en el arte y la literatura. Rep煤blica Democr谩tica Alemana - EcuRed

En las instituciones y en las familias exist铆a ese mismo silencio que hubo originalmente en el Oeste. As铆 que se tapaba lo que hab铆a sucedido antes de 1945 en una determinada universidad, en un determinado hospital o en esta o aquella familia. La gran mayor铆a de los alemanes del Este se vieron obligados a adoptar una ideolog铆a que les impusieron los vencedores rusos y sus ayudantes de Pankow o Wandlitz. Si se aceptaba esa ideolog铆a que primero vino acompa帽ada de terror y luego de dictadura, ese doble nudo que formaban el socialismo y el antifascismo, una persona pod铆a supuestamente librarse de toda culpa y abandonar todo sentimiento de identidad alemana鈥2.

Este an谩lisis se ocupa en primer lugar de la ausencia hasta 1989 de una esfera p煤blica en la que los ciudadanos de Alemania del Este podr铆an haber celebrado una confrontaci贸n abierta sobre c贸mo comprenderse a s铆 mismos como herederos de un pasado conflictivo. La cosa cambia mucho cuando se trata de otro s铆ntoma socio-psicol贸gico f谩cilmente comprensible para el que Simon cita otros estudios: la verg眉enza de adaptarse a las expectativas e imposiciones del sistema comunista que uno hab铆a aceptado por debilidad. Esto hace referencia a la inexistente esfera p煤blica post-1989 porque, en aquel momento, la esfera p煤blica de la Rep煤blica Federal se acababa de abrir para sus nuevos ciudadanos, pero no tuvieron la oportunidad de contar con la suya propia.

Por lo tanto, no exist铆a un espacio protegido para la postergada aclaraci贸n y reconciliaci贸n con el propio pasado y presente, para un proceso que no estuviera prejuiciado por la opini贸n predominante del 鈥渁ll谩鈥, esa opini贸n que siempre sabe m谩s: 鈥淓sa verg眉enza antigua, a menudo inconsciente y reprimida, sobre esa 茅poca de la RDA en la que los ciudadanos cedieron m谩s de lo necesario a las limitaciones, est谩 saliendo a la luz ahora de diversas formas. Y, bajo la atenta mirada de la opini贸n p煤blica y las cr铆ticas del Oeste, se convierte en un nuevo foco de聽 humillaci贸n y devaluaci贸n. Como ejemplo se podr铆a mencionar el tratamiento que se ha dado al antifascismo en la RDA, que a menudo se ha interpretado como un antifascismo indiferente鈥3.

En este caso, el proceso de reunificaci贸n no solo liberaliz贸 la prensa y la televisi贸n en el Este, sino que la conect贸 con la infraestructura de la esfera p煤blica de Alemania Occidental. Los ciudadanos de la antigua RDA no tuvieron ocasi贸n de disfrutar de su propia esfera p煤blica. Se podr铆a decir incluso que los 鈥渄esposeyeron鈥 de sus propios medios, si hasta ese momento hubiera existido una esfera p煤blica libre. Esto es cierto no solo en el caso de las empresas medi谩ticas de las que se adue帽aron, sino tambi茅n del personal sin el que la propia esfera p煤blica no podr铆a haber funcionado.

En ese sentido, la prensa de Alemania Occidental se encarg贸 de liquidar pr谩cticamente a todos los escritores e intelectuales de Alemania del Este, en cuyas palabras se hab铆an articulado y reflejado las experiencias cotidianas de la RDA hasta ese momento. En la vieja rep煤blica se les segu铆a homenajeando e incluso celebrando en t茅rminos literarios, pero en el Estado reunificado Stefan Heym, Wolf, Heiner Muller y todos los dem谩s autores ya no eran los izquierdistas que hab铆an sido, sino los gregarios intelectuales del r茅gimen de la Stasi que nunca fueron. Tampoco los intelectuales opositores de entre las filas de activistas por los derechos civiles pudieron ocupar su lugar.

Klaus Wolfram, al que expulsaron de su puesto acad茅mico en 1977 y enviaron a una f谩brica, form贸 parte despu茅s de la direcci贸n de Nuevo Foro. En diciembre de 1989 fund贸 el peri贸dico cr铆tico El otro, aunque no consigui贸 que funcionara y finalmente cerr贸 en 1992. En un discurso que pronunci贸 en noviembre de 2019, con el que consigui贸 polarizar a su p煤blico de miembros de la Academia de las Artes de Berl铆n del Este y del Oeste, lament贸 tambi茅n la inmediata 鈥渄estrucci贸n de unos medios de comunicaci贸n propios…

Dos a帽os despu茅s de 1990 ya no quedaba en Alemania del Este ni un solo canal de televisi贸n, ninguna estaci贸n de radio y casi ning煤n peri贸dico con un v铆nculo lector-peri贸dico bien establecido que no tuviera un redactor jefe de Alemania del Oeste a la cabeza. El debate general, la conciencia pol铆tica, la memoria social y la identificaci贸n propia que toda una poblaci贸n acababa de conquistar, se transform贸 en desaliento e instrucci贸n鈥4.

9. Lo que a煤n falta y lo que cuenta ahora

Alemania festeja los 30 a帽os de su reunificaci贸n - Diario Hoy En la noticiaLo que parece a primera vista solo un aspecto parcial de la conversi贸n de la econom铆a a estructuras capitalistas competitivas es, en realidad, la esencia de una cultura pol铆tica que surgi贸 del per铆odo nazi con un perfil completamente diferente. Durante esa 鈥渁bsorci贸n鈥 de un delicado tejido comunicativo que, en el mejor de los casos, fue irreflexiva, sali贸 a relucir lo ingenua que era la suposici贸n que por lo general gui贸 al gobierno federal en la triunfal confirmaci贸n de su anticomunismo. Esa ingenuidad encontr贸 su expresi贸n legal cuando se eligi贸 la v铆a constitucional para la 鈥渞eunificaci贸n鈥 de los (a煤n inexistentes) l盲nder del Este a trav茅s del art铆culo 23 de la Grundgesetz (Ley Org谩nica).

Este art铆culo se concibi贸 originalmente para una adhesi贸n del Sarre a Alemania Occidental que, en 1949, solo hab铆a estado separado cuatro a帽os; de modo que, como luego se ha podido demostrar, una conexi贸n nacional 鈥渞eforzada鈥 se pod铆a suponer entre las dos partes. Que, d茅cadas despu茅s, se partiera de la misma premisa para la reunificaci贸n, fue consecuencia de una quiz谩 comprensible, pero enga帽osa, ola de sentimientos nacionales que ignor贸 que ese m茅todo privaba a los ciudadanos del Este y del Oeste de la posibilidad de crear una tradici贸n compartida, una que solo se lograr铆a elaborando una constituci贸n recuperativa compartida que les permitiera desarrollar la duradera conciencia pol铆tica que surge de una fusi贸n querida.

La coincidencia del plan de 12 puntos de Kohl con la voluntad de una mayor铆a de la poblaci贸n de la RDA fue lo que, sumado al resultado de las elecciones de marzo de 1990 al Volkskammer (el Parlamento de Alemania del Este), hizo que la decisi贸n de reunificarse lo antes posible fuera irreversible; una decisi贸n que resultaba tambi茅n l贸gica en t茅rminos de pol铆tica exterior. La mesa redonda (un foro de organismos del SED y de movimientos pro-derechos civiles), que propon铆a otro tipo de unificaci贸n, no fue ignorada s贸lo por el Oeste.Reunificaci贸n alemana: nuevas regiones con antiguos problemas | Alemania | DW | 01.10.2020

Mientras tanto, existe una gran cantidad de literatura sobre los errores que se cometieron por la brusca manera que emplearon las 茅lites de funcionarios del Oeste para apoderarse del control de todos los 谩mbitos de la vida en la RDA.1 El hecho, de sobra conocido, de que tres d茅cadas despu茅s siga habiendo escasez de expertos de Alemania del Este en asuntos de econom铆a, pol铆tica y administraci贸n es sintom谩tico de esto. Pero, en cualquier caso, con la decisi贸n de optar por la 鈥渧铆a r谩pida鈥, se hizo inevitable la transici贸n 鈥渞obusta鈥 hacia una consonancia con los sistemas sociales de Alemania del Oeste.

De este modo, los intelectuales de la RDA y esa parte del movimiento por los derechos ciudadanos que habr铆a preferido derrocar el r茅gimen comunista de la SED con el impreciso objetivo de crear otra RDA 鈥渕ejor鈥2 quedaron simplemente marginados. L贸gicamente, el Oeste podr铆a haber mostrado un mayor grado de moderaci贸n, incluso en las condiciones de una 鈥楢nschluss鈥 democr谩ticamente elegida. As铆 y todo, la poblaci贸n de la RDA se merec铆a un mayor grado de autonom铆a para actuar de forma independiente, aunque solo fuera para cometer sus propios errores. Aunque, por encima de todo, nunca hubo un espacio p煤blico que permitiera desarrollar un proceso de reconciliaci贸n con un pasado doblemente conflictivo.

Sin embargo, estas son unas reflexiones contraf谩cticas que solo afectan a las oportunidades que se han desaprovechado en las 煤ltimas d茅cadas y que hoy en d铆a carecen de finalidad pol铆tica. No obstante, la presente situaci贸n de excepci贸n, vista desde la perspectiva alemana, ofrece una nueva oportunidad para logar una doble unidad, a escala tanto alemana como europea. Como hemos visto, se est谩n produciendo en la actualidad dos evoluciones complementarias en la Rep煤blica Federal: por una parte, ha aumentado tanto en el Este como en el Oeste una sensibilidad rec铆proca y una comprensi贸n de las diferencias hist贸ricas (unas diferencias que no son producto de las decisiones propias en cuanto al tipo de mentalidad pol铆tica); y, por otra, ha quedado patente la trascendencia pol铆tica de un conflicto que el establishment pol铆tico no solo se toma ahora en serio, sino que acepta.

La AfD est谩 alimentando una confrontaci贸n que podr铆a perfectamente tener sus or铆genes en los costes asim茅tricos de la unificaci贸n alemana, pero que se articula en un rechazo hacia la integraci贸n europea con un lenguaje nacionalista y racista. Esta confrontaci贸n adquiere especial relevancia en nuestro contexto porque ya ha asumido un car谩cter panalem谩n: ya no discurre por las divisorias fronteras geogr谩ficas, sino a lo largo de las preferencias de partido.

Cuanto m谩s claros sean los contornos compartidos del conflicto en Alemania, m谩s posibilidades habr谩 de que la confrontaci贸n con el populismo de ultraderecha, que ya se est谩 produciendo a escala nacional, acelere la reconocida distancia hist贸rica con respecto a los fracasos del proceso de unificaci贸n; y con ello la conciencia de que hay otros problemas cada vez m谩s frecuentes que solo podremos solucionar si actuamos juntos, tanto en Alemania como en Europa, en un mundo que se ha vuelto m谩s autoritario y m谩s desapacible.

Este cambio en la pol铆tica interna puede entenderse tambi茅n como una oportunidad para completar el proceso de unificaci贸n de Alemania, si reunimos nuestras fuerzas nacionales para dar el paso decisivo hacia la integraci贸n en Europa. Seamos sinceros: sin la unificaci贸n europea no podremos hacer frente a las consecuencias econ贸micas, por ahora imprevisibles, de la pandemia, ni al populismo de derechas de aqu铆 y de los dem谩s pa铆ses miembros de la UE.

NOTAS

1. Introducci贸n

  1. Luuk van Middelaar, Vom Kontinent zur Union. Berl铆n, 2016, pp 299ff.

  2. Sigue sin existir una voluntad pol铆tica compartida para adoptar una perspectiva com煤n aut茅nticamente europea sobre lo que est谩 por venir. En cuanto a las cr铆ticas contra el car谩cter poco ambicioso del compromiso de Bruselas, v茅anse las propuestas del director del Instituto de Econom铆a Mundial de Kiel, Gabriel Felbermayr, 鈥淲as die EU f眉r die B眉rger leisten sollte鈥, Frankfurter Allgemeine Zeitung, 7 de agosto de 2020.

3. El giro de Alemania en pol铆tica europea

  1. Ashoka Mody, Eurotragedy: A Drama in Nine Acts. Oxford University Press, 2018.

  2. Wolfgang Schauble, 鈥淎us eigener St盲rke鈥, FAZ, 6 de julio de 2020.

4. AfD: el punto de contacto entre el proceso de unificaci贸n europeo y alem谩n

  1. Fueran cuales fueran los sentimientos que pod铆an por aquel entonces seguir afect谩ndoles, los alemanes occidentales (de la edad correspondiente) pueden utilizar la ya habitual frase del 鈥渇eliz鈥 acontecimiento de la reunificaci贸n por motivos personales, porque este evento les recuerda la mera casualidad de su lugar de nacimiento y porque dio lugar a comparaciones biogr谩ficas que les daban la satisfacci贸n de que sus compatriotas m谩s desfavorecidos tendr铆an al menos la posibilidad de una cierta justicia po茅tica.

5. La conmoci贸n de Erfurt es un problema interalem谩n

  1. V茅ase el impresionante libro Der Riss: Wie die Radikalisierung im Osten unser Zusammenleben zerst枚rt. Berl铆n, 2020, pp 61, 72ff, 135ff, 145ff, 166ff y 209ff. En el libro, el periodista Michael Kraske detalla esos casos sin ning煤n atisbo de la arrogancia de Alemania Occidental. Rinde homenaje a la valent铆a de los alemanes del este que se liberaron por s铆 solos de un r茅gimen represor y a las imposiciones y los insultos que recibieron desde el principio de la hist贸rica transformaci贸n en 1990. Tampoco olvida se帽alar que la direcci贸n de las facciones de derecha que facilit贸 el potencial organizador al 谩mbito aut贸ctono provino del Oeste.

6. Un frente, dos visiones

  1. Axel Schildt, 鈥淎nti-communism from Hitler to Adenauer鈥, en Anti-communism in its Era, Ed. por Norbert Frei y Dominik Rigoll. Gotinga, 2017, pp 186-203.

  2. Kraske, op cit, p57.

7. La pol铆tica del pasado en la antigua Rep煤blica Federal

  1. Ulrich Herbert, Geschichte Deutschlands im 20. Jahrhundert. M煤nich, 2017, p667.

  2. Michael Frey, Vor Achtundsechszig. Gotinga, 2020, pp 199ff.

  3. Jacob S Eder, Holocaust-Angst. Gotinga, 2020.

  4. Eso podr铆a no ser cierto en igual medida en el caso del debate por los derechos de asilo que tuvo lugar despu茅s de la guerra de los Balcanes. En el contexto de los refugios incendiados de demandantes de asilo que quemaron por igual en el Este y el Oeste, el derrumbamiento de la ilusi贸n 鈥淣o somos un pa铆s de inmigraci贸n鈥 se convirti贸 en el tema en litigio.

8. La ausencia de la esfera p煤blica en la RDA y despu茅s

  1. Desde el punto de vista normativo del Estado de derecho resulta interesante una investigaci贸n recientemente publicada para diferenciar entre los dos sistemas: Inga Markovits, Diener zweier Herrn: DDR- Juristen zwischen Recht und Macht. Berl铆n, 2019; v茅ase la rese帽a de Uwe Wesel en FAZ, 28 de julio de 2020.

  2. Annette Simon, 鈥榃ut schl盲gt Scham鈥, en Bl盲tter, octubre de 2019, p43ff.

  3. ib铆d., p43.

  4. Berliner Zeitung, 6 de abril de 2020.

9. Lo que falta a煤n y lo que cuenta ahora

  1. Dos contribuciones hist贸ricas muy diferentes: Norbert Frei, Franka Maubach, Christina Morina y Mark Tandler, Zur rechten Zeit. Berlin, 2019; Ilko-Sascha Kowalczuk, Die 脺bernahme. M煤nich, 2019.

鈥楧iese Reise hin zu etwas, das wir noch finden wollten鈥 evocado y lamentado hoy en d铆a por Thomas Oberender, Empowerment Ost. Stuttgart, 2020.

*La versi贸n alemana de este ensayo se public贸 en Blatter f眉r Deutsche und Internationale Politik 9/2020. Traducci贸n espa帽ola de聽脕lvaro San Jos茅聽a partir de la versi贸n inglesa de David Gow.

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