El Mossad en el sur de América

2.157

Nil Nikándrov.*

Un corresponsal de la agencia informativa iraní, N., a quien conocí en la Asociación de los periodistas extranjeros en Caracas, me contó, que antes de llegar a Venezuela había trabajado en Buenos Aires. Parecía, que todo andaba bien, en la agencia estaban contentos con sus artículos y reportajes, y planificaba quedarse en Argentina por varios años más. No pudo, todo resultó de otra manera.

Comenzó a darse cuenta que lo estaban vigilando, que desde su buzón extraían una parte de la correspondencia y que visitantes inesperados entraban a la corresponsalía con una sospechosa regularidad. Dirigirse a la policía y la contrainteligencia no le ayudaron en nada: “No tenemos nada que ver”. Aunque, le insinuaron con precaución, que un alto interés hacia él estaban revelando “los sionistas”.

“En Teherán, en mi agencia tenían conocimiento de unos casos parecidos respecto a ciudadanos iraníes y concliyeron que el Mossad preparaba una provocación en mi contra; es por eso que vine acá —explica—. Venezuela es un país amigo de Irán, aquí existen ciertas garantías de la seguridad y de la defensa en caso de la necesidad”.

Una charla parecida tuve con F., un periodista de Siria. Reconoció, que hasta en Venezuela no pierde la vigilancia, ya que la inteligencia israelita “trata de controlar totalmente y comprometer” a los sirios que trabajan en los países de América Latina. Según las palabras de F., junto con otros compatriotas suyos no excluye la posibilidad de operaciones hostiles por parte del Mossad: drogas tiradas, falsas acusaciones en los vínculos con “los terroristas árabes” o “pruebas documentales” sobre los contactos con los guerrilleros colombianos. “Estoy dispuesto a todo —me dijo F. y, al desabrochar el saco, mostró una pistola dentro de una pistolera debajo del sobaco—. Precisamente por eso obtuve un permiso oficial para portar el arma. Créeme, no es una paranoia, sino una evaluación real de la realidad”.

En el sitio oficial del Mossad están indicados los objetivos y las tareas de la inteligencia israelita: la recolección secreta de información operativa política y estratégica en el exterior, acabar con la actividad terrorista contra los objetivos israelitas y judíos, la prevención de las elaboraciones y la adquisición de reservas de las armas de exterminio masivo por los países enemigos, el cumplimiento de las operaciones especiales más allá de las fronteras de Israel. Para imaginar, qué carácter llevan estas “operaciones especiales”, es suficiente recordar la reciente liquidación por el Mossad del jefe del ala militar de la organización Hamas, Mahmud Al Mabhuh, realizada en enero de 2010 en uno de los hoteles del emirato de Dubái.

El grupo especial del Mossad, que formaban parte 11 agentes camuflados como turistas despreocupados, tomó bajo su control los accesos lejanos y cercanos a la habitación, donde se encontraba Al Mabhuh. “Los liquidadores” penetraron, neutralizaron al palestino por un "shock" eléctrico, y después lo ahogaron a sangre fría. En pocas horas los israelitas que tuvieron que ver con el asesinato, estaban ya más allá de las fronteras del emirato, partiendo del país con falsos pasaportes británicos, canadienses, irlandeses y australianos.

El carácter abiertamente demostrativo de “la liquidación” tenía una carga propagandística, el Mossad es capaz de asesinar por cualquier medio a los enemigos de Israel, en cualquier punto geográfico, con el uso de cualquier cobertura operativa. En los medios de comunicación masiva de América Latina esta operación de la inteligencia israelita se comentaba ampliamente, se publicaban abundantes fotografías de los “mossadistas”, los participantes de aquella operación, y, claro está, de su jefe, Meir Dagán de 64 años, quien hace tiempo ha merecido el apodo del “hombre con un puñal en los dientes”. A su autoría pertenecen, en particular, centenares de “liquidaciones” exitosas de científicos iraníes e iraquíes, relacionados con las investigaciones en la rama de las tecnologías militares. Estos especialistas representaban una amenaza para Israel, y por eso cayeron en “el punto de mira” del Mossad.

Según los datos de la ALAI (Agencia Latinoamericana de Información), el Mossad usa en la región no menos de 40 compañías y firmas israelitas para cubrir su actividad (además de las embajadas y otras instituciones oficiales). El número total de los agentes operativos en el continente no supera 100/110, pero el aparato ramificado de los agentes y “la colaboración patriótica” de las comunidades judías y las organizaciones de distinta índole le aseguran al Mossad una nutrida presencia informativo-exploratoria en todo el espacio de América Latina y el Caribe.

Los israelitas muestran un alto interés hacia aquellas regiones al sur del Rio Grande, donde están concentrados los procedentes de los países árabes. Como el epicentro “del potencial terrorismo islámico” en América del Sur los analistas del Mossad consideran “la zona de las tres fronteras”, en el punto del linde entre Paraguay, Argentina y Brasil. De una manera similar se presenta la isla venezolana de Margarita, donde desde los primeros decenios del siglo XX comenzaron a asentarse libaneses y sirios, quienes se ocupaban de la extracción de perlas.

Más tarde, cuando Margarita fue una zona de libre comercio, pasaron a convertirse en hombres de negocios, dedicados a la venta de calzado, productos textiles y bisutería. Surgió entonces  la mentira de que Chávez “cubre a los extremistas islámicos, asentados en Margarita”, desmentida más de una vez por el gobierno bolivariano. En una isla péquela, donde todos se conocen bien uno al otro, es imposible ocultar algo, sobre todo, “los campamentos de entrenamiento de Hezbollah”.

Durante los años de observación minuciosa de todos estos “centros del terrorismo”, el Mossad no logró revelar organizaciones ramificadas, que representaran un peligro real para Israel. Sin embargo los esfuerzos de la inteligencia israelí no han sido vanos, aunque sea porque Estados Unidos apoyó infaliblemente sus planes de despliegue de la lucha contra el terrorismo y el extremismo en América Latina con “los argumentos y los hechos”, sacados de “las fuentes fidedignas” del Mossad. Precisamente de esta manera se fabricaban “los fundamentos” para crear nuevas y nuevas bases militares de EEUU en el continente en la vecindad cercana con los países, donde gobiernan “regímenes populistas”.

Los agentes israelitas se ocupan frecuentemente del negocio legal de la venta de armas, lo que les permite establecer contactos directos de alto nivel en los círculos militares locales y en los servicios especiales.

El Mossad usa con éxito una red de sus “filiales comerciales”, que prestan una ayuda consultativa (de consejos) a los colegas latinoamericanos en la lucha contra los terroristas, “los extremistas de la izquierda”, los grupos guerrilleros y las estructuras de su apoyo, así como en la modernización del equipamiento técnico de los servicios secretos.

En este sentido se menciona frecuentemente la compañía israelí “Global CST”, dirigida por los agentes retirados del Mossad de alto rango. Así, por ejemplo, en julio de 2009 esta compañía negoció con el gobierno del Perú para reorganizar los servicios de inteligencia del país con el objetivo de elevar su eficacia en la lucha contra “las organizaciones subversivas y terroristas”, incluso contra el movimiento maoísta “Sendero Luminoso”, que de nuevo comenzó a cobrar fuerza. “Global CST” también se ocupa de la creación en el Perú de un sistema moderno del aseguramiento del control electrónico de la comunicación móvil, el internet, otras estructuras de la comunicación.

La “Global CST” se activó de una forma notoria en Colombia. Los israelitas dan a conocer a los agentes de la inteligencia militar y el DAS (la policía política) las novedades y el "know how" en la esfera de la lucha antiterrorista y el espionaje. Durante los últimos años los servicios secretos colombianos están actuando de una forma más enérgica más allá de los límites de su país, copiando abiertamente el modus operandi de sus tutores del Mossad y la CIA.

Los colombianos han creado redes de inteligencia en Brasil, Ecuador, México, Panamá y otros países de América Latina. Se lleva a cabo vigilancia permanente contra las representaciones de las FARC y el ELN. Se están practicando secuestros de “los emisarios guerrilleros”, y en algunos casos, su liquidación física.

Está operando de una forma activa en América Latina “la Agencia Internacional de Seguridad” (ISA), cuyo núcleo de cuadros lo constituyen ex comandos israelitas y agentes de inteligencia retirados. Esta agencia participó (en una estrecha colaboración con la CIA y el Mossad) en el derrocamiento del presidente legítimamente elegido de Honduras, Manuel Zelaya. Ahora los especialistas de la ISA prestan sus servicios en “la protección” del actual presidente hondureño, Porfirio Lobo, elevado al puesto del jefe de Estado como resultado de una imitación de “elecciones democráticas libres” según el modelo de aquellas, que habían sido elaboradas por Wáshington en Iraq y Afganistán.

Los observadores destacan, que “el principal adversario y el objetivo primordial” del Mossad en América Latina es el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien condena los intentos de Israel de solucionar los conflictos en el Oriente Medio y Cercano por los métodos de fuerza.

En agosto de 2006, después de la agresión israelí en el Líbano, Chávez suspendió las relaciones diplomáticas de Venezuela con Israel. El embajador Shlomo Kohen y el personal diplomático (en su mayoría “los mossadistas”) debieron abandonar Caracas. Varios meses después Chávez —al hacerse eco de las solicitudes de la comunidad judía en el país, que cuenta con 12 mil personas— emprendió pasos para la normalización de las relaciones.

En enero de 2009 las relaciones diplomáticas de nuevo fueron rotas por Venezuela en señal de protesta contra los crímenes del ejército israelí en el Sector de Gaza. En el curso de esta operación perecieron más de un millar palestinos, un tercio de ellos niños. Chávez intervino por televisión y condenó Israel como “un Estado, que practica el genocidio”, “que está persiguiendo inhumanamente a los palestinos”. Evidentemente, tal evaluación fue recibida con hostilidad por la dirección israelita.

En noviembre de aquel mismo año el presidente Simón Peres declaró, sin enmascarar demasiado una amenaza, en el curso de su viaje por países de América Latina, que Chávez “pronto desaparecerá”. El líder venezolano respondió: “Sólo imagínense, que él (Peres) no tuvo pereza en arribar aquí, a nuestra América, para pronunciar estas palabras. ¿Y si nosotros hubiéramos declarado algo parecido aquí, en Venezuela, respecto a él?

El periodista y político José Vicente Rangel, el ex vice-presidente de Venezuela, está avisando con mayor frecuencia en su programa Confidencialmente sobre las maniobras secretas del Mossad, dirigidas a preparar el asesinato de Chávez. Sus cuadros han reforzado los servicios secretos en Colombia, República Dominicana, Panamá y en la isla Curazao. Según la opinión de Rangel, un especial peligro representa “la dirección colombiana”, ya que en las entrañas del DAS estaban madurando en reiteradas ocasiones complots contra Chávez, estimulados por los agentes de la CIA.

Con comentarios alarmantes intervino la abogada y periodista de origen estadounidense Eva Golinger, experta reconocida en la rama de las operaciones secretas contra la República Bolivariana. José Sant Ros, el autor de la investigación “la CIA en Venezuela”, está llamando insistentemente a las autoridades a poner atención en la actividad conspiradora del Mossad en el país.

Las acciones de los servicios secretos bolivarianos en la revelación de los agentes del Mossad tropiezan, como regla general, con las protestas bien orquestadas de la comunidad judía en Venezuela y la campaña de “solidaridad” en América Latina y Estados Unidos. Como si fuera por una orden, los medios de comunicación masiva comienzan a acusar a Chávez de antisemitismo y complot con “los extremistas islámicos”. Aunque, el tema del antisemitismo surge por distintas razones. Por ejemplo, en los casos, cuando el gobierno emprende medidas, dirigidas a establecer el orden en la esfera económico-financiera.

En el centro de Caracas, al lado del Ministerio del Exterior, en el edificio Francia se ubicaban durante varios decenios de años tiendas de joyería, que se ocupaban de la compra prácticamente no controlada y la venta de oro y piedras preciosas.

Los intentos de las autoridades de introducir este negocio dentro de los marcos legales y realizar una revisión, que hace tiempo se había madurado, de los libros de contabilidad y de otros documentos de control, los medios de comunicación masiva de la oposición los condenaron: “Están persiguiendo a los hombres de negocios judíos”. Sin embargo, la declaración sobre una revisión potencial produjo el efecto de una bomba: durante alguns horas el edificio Francia se vació completamente. Las mercaderías más valiosas fueron evacuadas en la oscuridad de la noche, sin testigos.

Los agentes de contrainteligencia venezolana observaban este ajetreo desde afuera. De vez en cuando hacían clics las cámaras fotográficas. Sólo por si acaso. No hubo nada nuevo en la información de que el Mossad está usando esa sede para realizar sus propias operaciones financieras.

* Periodista.
En El fondo de la cultura estratégica, edición electrónica (http://es.fondsk.ru).

También podría gustarte
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.