Sep 24 2017
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Cultura

El Pato Donald y el otro Donald

Hace cuarenta y dos a帽os, en julio de 1975, un oscuro funcionario del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos ocupado en asegurar el cumplimiento de la ley de importaciones, decidi贸 que un cargamento de libros impresos en Londres podr铆an constituir un acto de pirater铆a intelectual contra los derechos de Walt Disney, y procedi贸 a 鈥渄etener鈥, 鈥渋ncautar鈥 y 鈥渟ometer a custodia鈥 los cuatro mil ejemplares respectivos, solicitando que las partes en disputa, los editores brit谩nicos y la Disney Corporation, entregaran declaraciones legales sobre el caso antes de que se determinara el destino final de ese env铆o.

El libro que hab铆a suscitado la suspicacia del Departament of the Treasury (Finanzas), del que depende la Aduana norteamericana, era la versi贸n al ingl茅s de Para Leer Al Pato Donald, que yo hab铆a escrito con el soci贸logo belga Armand Mattelart en 1971 durante el gobierno revolucionario de Salvador Allende. Si he citado las palabras exactas con que se anunciaba el secuestro de nuestro libro es para acentuar que tal agresi贸n era una m谩s entre muchas que ya hab铆a sufrido nuestra cr铆tica a Disney despu茅s del golpe de septiembre de 1973 que derroc贸 a Allende y su experimento de socialismo democr谩tico.Resultado de imagen para com o leer al pato donald

隆Agua y fuego contra nuestro Pato!
Agua: diez mil ejemplares de la tercera tirada del libro fueron lanzados por la Armada chilena a la bah铆a de Valpara铆so. Y fuego: unos d铆as despu茅s de la asonada militar, encontr谩ndome en la clandestinidad, vi por televisi贸n c贸mo un grupo de soldados quemaban, en vivo, centenares de libros, entre los cuales se hallaba Para Leer Al Pato Donald. No me sorprendi贸 tal pira inquisitorial. Nuestro desmenuzamiento de los valores dominantes que escond铆an las historietas que Disney propagaba por nuestro pa铆s y tantas otras naciones de lo que se denominaba en esa 茅poca el Tercer Mundo hab铆a tocado un nervio en la burgues铆a chilena. Un airado automovilista hab铆a tratado de atropellarme, gritando 鈥溌iva el Pato Donald!鈥 Fui rescatado de una turba anti-semita por un camarada karateca y la casa en que viv铆amos con mi mujer y nuestro hijo Rodrigo fue el objeto de protestas de vecinos del barrio.

A煤n as铆, el espect谩culo de ver mi propio libro ardiendo por televisi贸n era particularmente inquietante. Hab铆a asumido, equivocadamente y con ingenuidad, que despu茅s de las infamantes hogueras nazis de mayo de 1933 en que toneladas de vol煤menes que se juzgaban subversivos, decadentes e insuficientemente 鈥渁lemanes鈥 hab铆an sido consignados al fuego, tales actos ser铆an considerados demasiado reprehensibles para llevarse a cabo en forma p煤blica. Pero los militares chilenos no ten铆an problemas con difundir flagrantemente su furia y odio. Y me record贸 que quienes quemaban mi libro no tendr铆an problemas con hacer algo id茅ntico o peor al cuerpo indefenso del autor. Tal experiencia ayud贸 a convencerme de que aceptara, muy de mala gana, la orden de mi partido pol铆tico para que abandonara Chile a fin de unirme a la campa帽a contra el General Pinochet en el exterior.

Esa imagen de mi libro incinerado me acompa帽贸 al exilio, incit谩ndome a meditar dilatadamente acerca del sentido profundo y desesperante de aquella hoguera. Hab铆a sido nuestra intenci贸n asar al spiedo a Disney y a su Pato, vacunar al pueblo chileno contra la plaga del American Dream of Life y su ideolog铆a competitiva, super-individualista y voraz. En vez de ello, como Chile mismo, el libro hab铆a sido consumido por una conflagraci贸n sin fin. El hecho de que los conspiradores militares y civiles hab铆an sido financiados y alentados por Washington y la CIA, que Nixon y Kissinger hab铆an desestabilizado el experimento maravilloso de Allende, le dio una sensaci贸n de derrota especialmente amarga a la quema del texto que desnudaba justamente la forma en que los Estados Unidos trataba a pa铆ses como el nuestro. Cre铆amos con tanto fervor que nuestras palabras 鈥搚 los obreros en marcha que las estimularon鈥 eran m谩s fuertes que el Imperio y ahora el Imperio hab铆a probado su poder铆o, nosotros 茅ramos los que hab铆amos sido chamuscados y digeridos y escupidos.

Resultado de imagen para com o leer al pato donaldY, sin embargo, pese a que tantos ejemplares de Para Leer al Pato Donald hab铆an sido obliterados, el libro mismo cobraba una segunda vida en otras latitudes. Entre todas las traducciones, la que m谩s nos importaba a Armand y a m铆 era la que se hizo al ingl茅s. Si aquel 鈥渕anual de la descolonizaci贸n鈥 (como la llam贸 el gran John Berger) no pod铆a circular en la tierra que lo vio nacer, ten铆amos la esperanza de que podr铆a encontrar nuevos lectores en la tierra que le dio nacimiento a Disney.

No tardamos mucho en darnos cuenta de que el creador del Pato Donald, igual que el gobierno gringo que lo defend铆a y difund铆a, era m谩s poderoso de lo que hab铆amos anticipado. Debido a que no le hab铆amos pedido autorizaci贸n a Disney para reproducir algunas im谩genes de las historietas que Walt publicaba con tanto desparpajo masivo en nuestras naciones, ning煤n editor en los Estados Unidos estaba dispuesto a arriesgar los juicios y pleitos que una armada de abogados hab铆a ya desplegado en tant铆simas ocasiones para defender el copyright de la Disney Corporation.

De manera que cuando el Servicio de Aduanas confisc贸 los ejemplares de How To Read Donald Duck, pens谩bamos que 铆bamos a volver a perder la pelea contra Disney. Para nuestra alegr铆a y desconcierto, abogados del Center for Constitutional Rights en Nueva York convencieron al Treasury Department que no hab铆amos cometido pirater铆a al reproducir los monitos y permiti贸 la importaci贸n del libro. Con la salvedad de que, ampar谩ndose en una ley de fines del siglo XIX, decidi贸 que tan solo 1.500 copias pod铆an ingresar a los Estados Unidos. Esta decisi贸n burocr谩tica bloque贸 efectivamente a los lectores de ese pa铆s de tener acceso al libro que se convirti贸 as铆 en un 铆tem de coleccionista, por el que se paga hoy centenares de d贸lares en el mercado virtual.Resultado de imagen para ariel dorfman

Ahora, por fin, despu茅s de cuatro d茅cadas, How To Read Donald Duck va a circular en la patria de Disney como parte de un cat谩logo del Museo MAK de Los Angeles. No puedo negar que me da cierta satisfacci贸n pensar que el libro reaparece tan cerca de Disneylandia y, tambi茅n, de la tumba donde descansan los restos no tan inmortales de Walt mismo (el que no fue congelado criog茅nicamente, como murmuran las lenguas). M谩s importante, sin embargo es que nuestro texto carbonizado y prohibido ha logrado pasar subrepticiamente la frontera de los Estados Unidos en el preciso momento en que sus ciudadanos, animados por el tipo de xenofobia y nacionalismo exacerbado que recuerda mi propio Chile regentado por Pinochet, ha elegido a otro Donald (aunque se parezca m谩s al T铆o Rico MacPato que a su sobrino m谩s notorio) a la Presidencia en virtud de su promesa de 鈥淐onstruir Una Muralla鈥 y 鈥溌acer De Nuevo Grande a Am茅rica!鈥. Nos encontramos, sin duda, en una coyuntura donde reina el deseo nost谩lgico de retornar a un pa铆s que Disney concibi贸 en sus historietas como inmaculado, inocente y eterno.

Me conforta que nuestras ideas, forjadas durante la revoluci贸n chilena, hayan arribado a estas orillas precisamente cuando algunos 鈥撀emasiados!鈥 estadounidenses se pasean con antorchas en lugares como Charlottesville, haci茅ndose eco de las hogueras de Santiago y Berl铆n, pero tambi茅n en un momento cuando muchos otros compatriotas suyos se preguntan acerca de las condiciones que llevaron a Donald Trump al poder. Me pregunto si hay algo que podr铆an extraer quienes hoy son mis conciudadanos gringos de nuestra exploraci贸n de la ideolog铆a subterr谩nea de este pa铆s. 驴Es posible ver la sombra de Donald Trump dentro del libro que desnuda a ese otro Donald, el plum铆fero?

Por cierto que muchos valores que impugnamos en nuestro libro 鈥搇a codicia, la ultra-competitividad, la sujeci贸n de las razas m谩s oscuras, la desconfianza y desprecio hacia los extranjeros (mejicanos, 谩rabes, asi谩ticos), todo ello edulcorado en un himno constante a una felicidad inalcanzable鈥 anima a cantidad de entusiastas de Trump (y no solo a sus seguidores). Pero tales blancos son demasiado evidentes y f谩ciles. Tal vez m谩s crucial hoy es el pecado cardinal de los Estados Unidos que se agita en el coraz贸n de las historietas de Disney: la creencia en una innata inocencia de la patria de Lincoln, la presunci贸n de la excepcionalidad, la singularidad 茅tica y destino manifest贸 de este pa铆s.

Resultado de imagen para walt disneyCuando escribimos el libro nos refer铆amos a la incapacidad 鈥搎ue sigue hoy鈥 de la naci贸n que Walt exportaba como un modelo de perfecci贸n a reconocer su propia historia. Si se desmorona la amnesia recurrente de la violencia y trasgresiones pret茅ritas (la esclavitud, el extermino de nativos, las masacres de obreros en huelga, la persecuci贸n y deportaci贸n de inmigrantes y rebeldes, tantas aventuras militares en suelo extranjero, tantas invasiones y conquistas de territorio ajeno, y la complicidad con autocracias y dictaduras en todos los continentes), lo que se derrumba es la cosmovisi贸n supuestamente pr铆stina de Disney, abriendo espacio para que otro tipo de pa铆s haga su lenta aparici贸n.

Aunque escogimos a Walt Disney como el ejemplo excelso de esta inocencia, ella se encarna hondamente, por cierto, en los pre-juicios de la inmensa mayor铆a de los norteamericanos, aun entre los m谩s ilustrados. Una casi imperceptible muestra de ello es la reciente decisi贸n de Ken Burns, el documentalista m谩s celebre y admirable de las costumbres y trayectoria de su pa铆s, de comentar en su nueva serie televisiva sobre Vietnam, que esa intervenci贸n desastrosa y genocida en una naci贸n lejana fue iniciada 鈥渄e buena fe y por gente decente鈥 y que se trataba de un 鈥渇racaso鈥 y no de una 鈥渄errota鈥.

Es una advertencia de cu谩n dif铆cil ser谩 deshacerse de la idea abismalmente arraigada que los Estados Unidos, pese a sus fallas, es una fuente incuestionable de benevolencia en el mundo. Solo un pa铆s que contin煤a a ba帽arse en la mitolog铆a de esta inocencia, de una virtud otorgada por Dios y por lo tanto destinada a imperar en toda la Tierra, puede haber producido una victoria como la de Trump. Solo el reconocimiento de cu谩n perversa y enceguecedora viene a ser aquella inocencia puede conducir a una comprensi贸n m谩s amplia de las causas de la ascendencia de Trump y su dominio alucinante sobre tantos seguidores suyos, un reconocimiento al que nuestro libro quisiera contribuir, aunque fuera en forma m铆nima.

Hay, sin embargo, un aspecto de How To Read Donald Duck que tal vez ofrezca una contribuci贸n de otro tipo a la b煤squeda colectiva en que tantos estadounidenses perplejos est谩n empe帽ados. Volviendo a leer este texto nuestro lo que me sigue inspirando hoy es su tono rebelde, la insolencia, el humor, la euforia que fluye por sus p谩ginas. Es un libro que se r铆e de s铆 mismo mientras se burla de Donald y sus sobrinos y sus compinches. Detr谩s de su deseo de un nuevo lenguaje para la liberaci贸n puedo escuchar a un pueblo que no se deja avasallar. Me devuelve al inmenso salto imaginativo que exige toda demanda de un cambio radical, Y captura algo que a menudo falta en esta era de cat谩strofes y derrotas: la certeza de que m煤ltiples realidades alternativas son posibles, que est谩n a nuestro alcance si tenemos el coraje y la inteligencia y la osad铆a de enfrentar el futuro sin miedo. Para Leer Al Pato Donald fue y sigue siendo una celebraci贸n de la alegr铆a que acompa帽a el desborde de la imaginaci贸n, una alegr铆a que es su propia recompensa, que no puede ser quemada en Santiago o desaparecer en la bah铆a de Valpara铆so.

Es esa alegr铆a liberadora, ese esp铆ritu de resistencia que me gustar铆a compartir con lo mejor que tiene Estados Unidos por medio de un libro que no lograron liquidar los soldados de Pinochet ni bloquear del pa铆s de Martin Luther King los abogados de Disney. Espero que en este momento confuso y terrible sea un modo modesto de recordar que de veras no tenemos por qu茅 dejar el mundo tal como lo heredamos al nacer. Si pudiera re-escribir ese libro hoy, es probable que un mejor t铆tulo ser铆a, quiz谩s, Para Leer a Donald Trump.

* Ariel Dorfman es el autor de La Muerte y la Doncella y, m谩s recientemente, la novela Allegro. Vive con su mujer en Chile y en Carolina del Norte, donde es profesor em茅rito de Literatura en la Universidad de Duke. Publicado en P谩gina 12

 

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    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      26 septiembre 2017 22:05

      Buen铆simo este texto del antiguo profesor de 芦La Celestina禄 en el c茅lebre Pedag贸gico, antes de que la dictadura lo separara de la Universidad de Chile.
      Luego de una atenta lectura, no queda m谩s que desempolvar esa frase del m谩s renombrado alem谩n que ha existido y que cambi贸 el pensamiento del mundo: 芦En cinco mil a帽os de historia, el hombre a煤n no abandona las cavernas禄.